EL CÁNTICO DE UN LIBERADO (7)
SALMO 116
1 Amo a Yahvéh, pues ha escuchado la voz de mis súplicas; 2 porque inclinó hacia mí su oído. Le invocaré todos los días de mi vida. 3 Me rodearon lazos de muerte, me sorprendieron las redes del sheol; en angustia y dolor me encontraba yo. 4 Entonces invoqué el nombre de Yahvéh; “¡Oh Yahvéh, salva mi vida!”.
5 Misericordioso y justo es Yahvéh, compasivo nuestro Dios. 6 Yahvéh guarda a los sencillos; estaba yo postrado y me salvó. 7 Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Yahvéh te ha hecho bien.
8 Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas y mis pies de resbalar. 9 Andaré delante de Yahvéh en la tierra de los vivientes. Mantuve mi fe, aun cuando decía: “¡Muy desgraciado soy!”, 11 y en mi turbación llegué a decir: “Todos los hombres son mentirosos”.
12 ¿Qué pagaré a Yahvéh por toda su bondad para conmigo? 13 Alzaré la copa de salvación e invocaré el nombre de Yahvéh. 14 Cumpliré mis votos a Yahvéh delante de todo su pueblo. 15 Mucho vale a los ojos de Yahvéh la muerte de sus santos. 16 Oh Yahvéh, yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, tú desatas mis ligaduras. 17 Te ofreceré sacrificio de alabanza e invocaré el nombre de Yahvéh. 18 Cumpliré mis votos a Yahvéh en presencia de todo su pueblo, 19 en los atrios de la casa de Yahvéh, en medio de ti, oh Jerusalén. ¡Aleluya!
La reflexión subsiguiente (5, 6a, 7, 15, 16)
Continuación:
El versículo 15 nos ofrece otra de las conclusiones a que ha llegado el poeta: “Mucho vale a los ojos de Yahvéh la muerte de sus santos”. Según Maclaren, “el significado es que la muerte de los santos de Dios no es a los ojos de Dios cosa trivial que se permita a la ligera. La forma más corriente para expresar la idea del versículo 15 es “su sangre será preciosa ante sus ojos” (Salmo 72:14) (compárese el pensamiento contrastado en el Salmo 44:12)”. Dios no es indiferente al destino de sus hijos; no le es lo mismo que sigan viviendo o que la muerte haga presa de ellos. La muerte de los santos es importante para Dios, porque lo es la vida de ellos, y le resulta costosa si les priva de seguir sirviéndole. En algunos casos él permite la muerte -a veces de forma trágica- de sus siervos, porque así está determinado en la sabiduría de sus propósitos; pero cuando no es así, él deshace las ligaduras mortíferas y destruye las redes del sheol. El mensaje cristiano vendría a iluminar radiantemente esta verdad, pues “si vivimos, del Señor somos; y si morimos del Señor somos. Ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos” (Romanos 14:8). El cristiano prefiere “partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”; pero si “el vivir en la carne” redunda en beneficio de la obra de Dios, no sabe que escoger (Filipenses 1:21-23). Mejor es que escoja Dios y que él decida la hora de nuestra partida. Antes de esa hora, nada ni nadie podrá acabar con nuestra vida. Ésta puede llegar a verse seriamente amenazada, pero Dios siempre intervendrá para salvarla. Ésta fue la experiencia del salmista.
Continuará>
SALMOS ESCOGIDOS
José M. Martínez
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