LOS QUE SE JUSTIFICAN POR LA LEY, DE LA GRACIA CAEN

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J. Rivera

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Feb 25, 2016, 3:03:00 AM2/25/16
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Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la epístola del apóstol Pablo a los Gálatas. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

 

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LOS QUE SE JUSTIFICAN POR LA LEY, DE LA GRACIA CAEN

 

GÁLATAS 5:2-4

 

Pasemos ahora al versículo 2 de este capítulo 5 de Gálatas:

2Ciertamente, yo, Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.

 

El rito de la circuncisión era el distintivo de la ley. Y un distintivo indica digamos, a quién o a qué organización pertenece usted. Pensamos que sería muy bueno que los cristianos utilizaran cierto tipo de insignia o distintivo, porque esa sería la única forma de saber que algunos son cristianos. En este pasaje, Pablo dijo que si ellos llegaban al punto de aplicarse la marca o el distintivo de la Ley, que era la circuncisión, entonces Cristo no les serviría de nada.

Si se le agrega algo al principio de la gracia, a la provisión completa que uno tiene en Cristo y que ha aceptado por la fe, entonces está invalidando la obra de Cristo en su vida.

Observemos cuidadosamente lo que el apóstol Pablo estaba diciendo. Si uno dice haber confiado en Cristo, y pretende añadir algo más a esa obra de salvación, entonces, no es salvo. Si un creyente de aquella época llegaba al extremo de circuncidarse, que sólo era la marca distintiva de la Ley de Moisés, o si intentaba pasar por alguna otra experiencia para basar en ella su salvación, como podría ser el caso de una persona de nuestro tiempo, entonces la obra redentora de Cristo no le serviría para nada. El Señor no podrá serle de ningún provecho, porque usted ha preparado su propia medicina, y usted no confió completamente en Él para su salvación. El apóstol Pablo lo expresó de una forma muy fuerte cuando les dijo a los Gálatas: “si os hacéis circuncidar, Cristo no os servirá de nada”.

Siguiendo esta línea de pensamiento podemos decir, y no lo decimos nosotros sino que lo dijo el apóstol Pablo, que si una persona confía en algo o alguien que no sea el Señor Jesucristo, esa persona no es cristiana. Ésa no es nuestra interpretación propia sino la de las Sagradas Escrituras.

Leamos ahora el versículo 3, de este capítulo 5 de la epístola a los Gálatas:

3Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la Ley.

 

Usted no puede elegir entre los preceptos de la ley aquellos que le gustaría practicar. Y usted no podría dejar de lado el tema de los castigos por las infracciones y muchos otros detalles del cumplimiento de los preceptos. Usted tendría que adoptar todos los preceptos de la Ley, o ninguno de ellos. Yo me alegro de no estar bajo el régimen de ese sistema legal. Tengo libertad por estar unido a Cristo. Confieso, como muchos cristianos, que tengo el problema de no agradarle siempre. Estoy seguro de que mi conducta no siempre le agrada. Pero es a Él a quien quiero complacer. Y no estoy siguiendo ningún sistema de normas legales obligatorias.

Leamos ahora versículo 4 del capítulo 5 de Gálatas:

4De Cristo os desligasteis, los que por la Ley os justificáis; de la gracia habéis caído.

 

Pablo les estaba diciendo a los creyentes de Galacia y a las generaciones futuras, que si habían sido salvos por confiar en Cristo y después descendían al nivel de vivir la vida cristiana regidos por la Ley, habían caído del principio rector de la gracia de Dios. Esto es lo que realmente significa “caer de la gracia”.

Pensamos que esta frase ha sido mal interpretada. El “caer de la gracia”, no significa caer abiertamente en algún pecado o conducta descuidada o negligente y al hacerlo, perder la salvación de manera que hay que ser salvo otra vez. No tiene relación con esa posibilidad. El “caer de la gracia” es lo opuesto a “una vez salvo, siempre salvo”, aunque ambas expresiones están expresadas con una terminología desafortunada. Pablo trató este tema de la caída de la gracia en el resto de este capítulo; y también lo trató en su carta a los Romanos. En su carta a los Romanos comenzó viendo al hombre en el lugar de la bancarrota total, sin justicia, completamente depravado, inútil e improductivo como un fruto podrido. El hombre es un pecador ante Dios. Entonces, en la conclusión a la epístola a los Romanos usted puede ver al hombre al servicio de Dios, y aconsejado a realizar ciertas cosas. No sólo se le pide que haga ciertas cosas, él está completamente separado para Dios y en consecuencia, tiene que obedecer a Dios.

Hay dos grandes obras de Dios que están entre el hombre en su condición caída y el hombre en el servicio de Dios. Ahora, ¿cuáles son? La salvación y la santificación. Ahora, como ya hemos visto en esta carta a los Gálatas, la salvación viene en justificación por fe. Y esto es algo de suma importancia. La santificación quiere decir que después de que usted ya es salvo tiene que pasar a un nuevo nivel de vida. Sería una gran falacia creer que el servicio cristiano es un elemento esencial de la vida cristiana, en el sentido en que usted tiene que ocuparse inmediatamente de algo. Sabemos que la iglesia primitiva estaba más preocupada con la forma de vida de la iglesia, y de que esa vida fuera un testimonio ante el mundo.

En la actualidad hemos descuidado mucho ese aspecto tan importante. El mundo exterior mira a la iglesia y la deja de lado porque estamos tan ocupados como las mismas hormigas, pero no tenemos vidas que respalden nuestro testimonio cristiano. En vez de concentrarnos en hacer las cosas bien, deberíamos vivir una vida que agrade a Dios, porque al mismo tiempo esa vida será un testimonio vivo ante el mundo de lo que la gracia y misericordia de Dios puede lograr en pecadores que han sido salvos. Porque si estamos complaciendo a Cristo, también estaremos obrando bien. Personalmente creo que se habla más sobre la santificación en las cartas del apóstol Pablo a los Romanos y a los Gálatas, que en cualquier otra parte de las Sagradas Escrituras.

Ahora, ¿cómo hace Dios, bueno, a un pecador salvado? Pues bien Él nos ha dado una nueva naturaleza. ¿Puede entonces el pecador cumplir con la ley o las normas de Dios? No, enfáticamente no. Eso no quiere decir que ha de quebrantar la ley, pero él ha sido llamado a vivir en un plano superior. No hay nada de bueno en la vieja naturaleza. Pablo descubrió esa realidad y descubrió a partir de su propia experiencia que no hay ningún poder de inclinación al bien en la vieja naturaleza controlada por el pecado. Esa condición personal fue elocuentemente expresada en su carta a los Romanos capítulo 7, versículo 18, cuando dijo, en cuanto a la salvación: “Yo sé que en mí, esto es, en mi naturaleza pecaminosa, no habita el bien”.

Y en el mismo pasaje nos dijo que también descubrió lo siguiente: “Porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”.

Y luego, en el versículo 24 de este mismo capítulo 8 de Romanos y como un hombre salvo exclamó: “¡miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?”

Él no tenía temor de que fuera a perder la salvación, pero era un cristiano derrotado. Pero Dios siempre da un nuevo principio. Este nuevo comienzo que nosotros vamos a encontrar aquí en este mismo capítulo 5, de la epístola a los Gálatas, es el fruto del Espíritu.

El vivir la vida cristiana por este método, es para algunos creyentes algo tan inverosímil, tan inalcanzable como vivir en otro planeta. Ellos nunca esperaron poder vivir allí. Quizás ni siquiera han oído hablar de esa posibilidad.

Estimado lector, ésta es la clase de vida que Dios quiere que vivamos, y esa calidad de vida sólo puede ser experimentada por la fe. O sea, que la fe debe abarcar la vida en toda su extensión, desde el principio hasta el final. Comenzamos la vida cristiana al ser salvos aceptando por la fe la gracia y misericordia de Dios. Y debemos continuar viviendo bajo la gracia y por la fe.

Estimado lector, esperamos que ésta sea también su propia experiencia personal.

 

***

"Venid a mí,

todos los que estáis cansados y cargados,

y yo os haré descansar" Mateo 11:28

 

http://amorfraterno.org/

 

Gálatas 5.2-4.mp3
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