DAVID FINGE ESTAR LOCO
David, comienza ahora un periodo de exilio que no terminará hasta que Saúl yace muerto en el campo de batalla. La primera parada en la huída fue el santuario de Nob.
“1Vino David a Nob, al sacerdote Ahimelec; y se sorprendió Ahimelec de su encuentro, y le dijo: ¿Cómo vienes tú solo, y nadie contigo? 2Y respondió David al sacerdote Ahimelec: El rey me encomendó un asunto, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío, y lo que te he encomendado; y yo les señalé a los criados un cierto lugar. 3Ahora, pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que tengas. 4El sacerdote respondió a David y dijo: No tengo pan común a la mano, solamente tengo pan sagrado; pero lo daré si los criados se han guardado a lo menos de mujeres. 5Y David respondió al sacerdote, y le dijo: En verdad las mujeres han estado lejos de nosotros
ayer y anteayer; cuando yo salí, ya los vasos de los jóvenes eran santos, aunque el viaje es profano; ¿cuánto más no serán santos hoy sus vasos? 6Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había otro pan sino los panes de la proposición, los cuales habían sido quitados de la presencia de Jehová, para poner panes calientes el día que aquéllos fueron quitados” (1º Samuel 21:1-5).
Nob era ciudad sacerdotal un poco al norte de Jerusalén, lugar donde se encontraba el Tabernáculo, del que no se había hecho mención alguna desde los días de Elí. Procurando armas y vituallas y, sobre todo, para saber cuál era la voluntad de Dios, David acude ahora a este lugar. Busca a los siervos de Dios; necesita despejarse de dudas de muerte.
El Señor Jesús citó este pasaje en su controversia con los fariseos (Mateo 12:3), para mostrarles que por encima de los ritos y las ceremonias está la misericordia y debe tener prioridad el atender a la necesidad humana. ¡Magnífica lección de hermenéutica bíblica!
El sacerdote se limita a saber si los que acompañan a David están limpios, y entonces saca del santuario los panes de la proposición y con ellos los alimenta.
“7Y estaba allí aquel día detenido delante de Jehová uno de los siervos de Saúl, cuyo nombre era Doeg, edomita, el principal de los pastores de Saúl.
8Y David dijo a Ahimelec: ¿No tienes aquí a mano lanza o espada? Porque no tomé en mi mano mi espada ni mis armas, por cuanto la orden del rey era apremiante. 9Y el sacerdote respondió: La espada de Goliat el filisteo, al que tú venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un velo detrás del efod; si quieres tomarla, tómala; porque aquí no hay otra sino esa. Y dijo David: Ninguna como ella; dámela.
10Y levantándose David aquel día, huyó de la presencia de Saúl, y se fue a Aquis rey de Gat” (1º Samuel 21:7-10).
No era solamente comida lo que precisaba David, sino armas también. Lo único disponible era la espada de Goliat. David la pide al sacerdote Ahimelec, y éste se la entrega. Pero esta ayuda generosa del sacerdote tendría consecuencias funestas. Un siervo de Saúl se encontraba presente y tomaba nota de lo ocurrido.
“11Y los siervos de Aquis le dijeron: ¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿no es éste de quien cantaban en las danzas, diciendo:
Hirió Saúl a sus miles, Y David a sus diez miles?
12Y David puso en su corazón estas palabras, y tuvo gran temor de Aquis rey de Gat. 13Y cambió su manera de comportarse delante de ellos, y se fingió loco entre ellos, y escribía en las portadas de las puertas, y dejaba correr la saliva por su barba. 14Y dijo Aquis a sus siervos: He aquí, veis que este hombre es demente; ¿por qué lo habéis traído a mí? 15¿Acaso me faltan locos, para que hayáis traído a éste que hiciese de loco delante de mí? ¿Había de entrar éste en mi casa?” (1º Samuel 21:11-15).
David continuó su viaje. Salió del territorio de Israel y llegaría a territorio filisteo.
Esta etnia se hallaba enclavada en la llanura costera mediterránea de Palestina. Tenían cinco principados, a uno de ellos, a Gat, donde era rey Aquis, se dirigió David.
Con temores, porque sabía que su nombre era bien conocido por haber luchado contra los ejércitos filisteos. ¿Qué podía esperar en tierra de extraños y enemigos? El temor se le metió en los huesos y en el alma.
No podemos juzgar su actitud con extrema severidad. Es cierto que el admirable creyente David hizo uso en ocasiones de mentiras y disimulos; pero no era más que un hombre afligido por las mismas deficiencias que nos afligen a nosotros. Aunque tampoco debemos justificar su conducta.
En esta ocasión recurrió a simularse loco.
¿Habría sido maltratado manteniendo su dignidad y confiando enteramente en el Señor?
Creemos que Dios no le habría desamparado, y le habría hecho vivir experiencias maravillosas de liberación. Pero así nos ocurre, nos perdemos magnificas ocasiones de vivir experiencias enriquecedoras porque cedemos a los temores.
Como el mismo David reconocería y escribiría:
“Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores” (Salmo 34:4).
¡Confiemos en el Señor, Él nos guardará aun entre los “filisteos” enemigos!