SEÑAL DE DIOS A ACAZ
Los versículos 10 al 16 hablan de la confirmación de la señal del nacimiento del Mesías a la casa de David.
“10Habló también Jehová a Acaz, diciendo: 11Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto. 12Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová. 13Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios? 14Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. 15Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. 16Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada” (Isaías 7:10-16).
Versículos 10 y 11. Recordemos que Siria e Israel (las diez tribus y media del norte) se habían aliado para ir contra Judá. Pero Dios envió a Isaías para que tranquilizara al rey Acaz porque Él había determinado que ellos iban a fracasar. Dios no lo iba a permitir.
Ahora, Dios le dice al rey Acaz que pida señal, de que la alianza de Siria e Israel no prevalecerá contra Judá. Y Acaz rehúsa, fingiendo piedad y humildad.
Versículo 12.
“No pediré ni tentaré al Señor”. Esta respuesta de Acaz puede parecer piadosa y humilde, pero él era uno gran hipócritas.
Versículo 13. Dios detesta la falsa piedad. El Señor quedó disgustado con la actitud del rey. Pero a pesar de ello, le da señal, no solo al rey, sino a toda la casa de David.
Versículo 14: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.
Como muchas de las profecías en las Escrituras, ésta parece haber tenido un cumplimiento parcial en tiempo del rey Acaz, y su cumplimiento completo en la primera venida de Cristo.
La profecía dada por Isaías al rey Acaz, ésta puede interpretarse como dirigida principalmente a Acaz, con respecto a la ruptura de la alianza de Siria e Israel. La joven doncella, sería una virgen cuando Isaías pronunció esta profecía, pero después se casaría y tendría un niño.
Es evidente que la señal tiene que haber tenido algún significado para la situación histórica en que fue revelada. De lo contrario, Acaz no habría podido recibir esa señal como prueba de que los reyes de Damasco (Siria) y Samaria (Israel) fracasarían en el intento de arrebatar el trono al descendiente de David, Acaz. Por tanto, la madre del niño debió de ser una mujer conocida de Acaz. Y esta señal implicó el nacimiento, y el nombre del niño, que sería Emanuel, cuyo significado es: “Dios con nosotros”, que aseguraría al pueblo de Judá la presencia de Dios con ellos. El significado de ese nombre debió indicar al profeta Isaías que ese nacimiento, por encima de las circunstancias históricas de aquel tiempo, señalaba la intervención de Dios en la historia futura con la llegada de un niño que, como Mesías, establecería el reino mesiánico. De ese modo, esta profecía de Emanuel rebasaba su realización inmediata, y los evangelistas, como es el caso de Mateo, reconocerían en esta profecía un anuncio del nacimiento de Cristo.
Versículo 15. “Comerá mantequilla y miel”. Nos habla de que el niño nacido de la virgen, viviría humildemente, “hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno”. Posiblemente unos 3 o 4 años.
Versículo 16. La señal dada al rey Acaz implicaba un período de tiempo (3 o 4 años). Contando el tiempo de embarazo y hasta que el niño reconociera la diferencia entre el bien y el mal, entonces la alianza sería rota.
El rey Acaz, viéndose amenazado por los reyes de Siria e Israel, fue a Damasco para entrevistarse con Tiglat-Pileser, y le entregaría la plata y el oro que había en el templo del Señor y en el tesoro del palacio real (2º Reyes 16:7-10).
Después, Tiglat-Pileser derrotó a Siria y mató a su rey Rezín. Eso ocurriría en el año 732 a. C., cuando el rey asirio Tiglat-Pileser destruyó Damasco.
En aquella ocasión a Acaz le gustó un altar que vio en Damasco e hizo preparar un dibujo del mismo con todos los detalles, para que un altar similar fuera erigido en Jerusalén. No sorprende, que Dios e Isaías estuvieran airados con Acaz.
Así que, incluso después de que la alianza fuera rota por el asirio Tiglat-Pileser, el reino de Judá no disfrutó de paz. Aunque Asiria no derrotaría al reino de Judá, este reino tuvo que pagar cuantiosos tributos a Asiria.
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“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesalonicenses 5:19-23).