EL LIBRO DE LOS MÁRTIRES (294)
Por John Foxe
HISTORIA DE LOS MÁRTIRES CRISTIANOS
Surgimiento y progreso de la religión protestante en Irlanda; con un relato
de las bárbaras matanzas de 1641
Continuación:
En el castillo de Lisgool fueron quemados vivos hasta ciento cincuenta hombres, mujeres y niños, todos juntos; y en el castillo de Moneah no menos de cien fueron pasados a cuchillo. Una gran cantidad fueron también asesinados en el castillo de Tullah, que fue entregado a M'Guire con la condición de que se les diera cuartel; pero apenas si este desalmado había ocupado el lugar que ordenó a sus hombres asesinar al pueblo, lo que fue ejecutado de inmediato, y con la mayor crueldad.
Muchos otros fueron muertos de la manera más horrenda, en formas que sólo hubieran podido ser inventadas por demonios, y no por hombres. Algunos de ellos fueron echados con el centro de sus espaldas sobre el eje de un carruaje, con las piernas apoyadas en el suelo en un lado, y sus brazos y cabezas en el otro. En esta posición, uno de aquellos salvajes azotaba a la pobre víctima en los muslos, piernas, etc., mientras otro lanzaba perros salvajes, que desgarraban los brazos y las partes superiores del cuerpo; así, de esta terrible manera, eran privados de su existencia. Muchos de ellos fueron atados a colas de caballos, y lanzados los animales a todo galope por sus jinetes, las desgraciadas víctimas eran arrastradas hasta que expiraban. Otros fueron colgados de altas horcas, y encendiéndose fuego debajo de ellos, terminaron sus vidas en parte por colgamiento, en parte por asfixia.
Tampoco escapo el sexo débil en lo más mínimo a la crueldad que podían proyectar sus inmisericordes y furiosos perseguidores. Muchas mujeres, de todas las edades, eran muertas de la más cruel naturaleza. Algunas, de manera particular, fueron atadas con la espalda contra fuertes postes, y, desnudadas hasta la cintura, aquellos inhumanos monstruos les cortaron los pechos derechos con tijeras de esquileo, lo que, naturalmente, les causó las agonías más terribles; y así fueron dejadas hasta que murieron desangradas.
Tal fue la salvaje ferocidad de estos bárbaros que incluso bebés no nacidos eran arrancados del vientre para ser victimas de su furia. Muchas desdichadas madres fueron colgadas desnudas de ramas de árboles, descuartizadas, y su inocente descendencia arrancada de ellas y echada a los perros y a los cerdos. Y, para intensificar lo horrendo de la escena, obligaba al marido a verlo antes de sufrir él mismo.
Continuará>
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