HECHOS DE LOS APÓSTOLES 211
FE Y ACCIÓN
Hechos 27:27-32
“27 Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; 28 y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. 29 Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. 30 Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa. 31 Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. 32 Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse”.
Continuación:
La capacidad de un hombre de Dios, vv. 30-32.
Y es en esta situación cuando aparece Pablo, que por alguna razón sospecha que los marineros lo que pretenden es abandonar el barco haciendo ver que maniobraban con el esquife para soltar las anclas de proa. El apóstol no dudaba de la promesa de Dios, pero sabía que no estaba reñida con la acción. Era un hombre de fe que tocaba con los pies en el suelo. Por eso instó al centurión y a los soldados a que tomaran medidas para que los marineros no abandonaran la nave. Así los soldados cortaron las amarras del esquife dejando que se perdiera llevado por el oleaje. Por el hecho de que las operaciones de los marineros eran del todo lógicas y normales, algunos comentaristas interpretan que la intervención de Pablo seguida de la orden del centurión puso en mayor peligro la nave pues no echaron las anclas de proa y dejaron perder el esquife que podían haber usado como bote salvavidas. F. F. Bruce dice que “cortaron las amarras del esquife” posiblemente malentendiendo el aviso de Pablo, o sea, que no debían permitir que los marineros desertaran del barco pero eso no significaba que el esquife no fuera de utilidad y podía tirarse al mar.
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Hechos de los Apóstoles de Pedro Puigvert. 1995