HIMNOS (1)

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Juan R.

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May 4, 2026, 1:39:13 AM (8 days ago) May 4
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HIMNOS (1)

 

Los himnos son salmos de alabanzas, tehillim. Expresan reconocimiento de la grandeza de Dios, de sus atributos y de sus obras, reconocimiento que mueve a loara Dios ensalzando la gloria de su nombre. Su expresión más simple se condensa en una sola palabra: “aleluya” (hallelu-ya, alabad a Yahvéh), término que aparece como sobrescrito en algunos de estos poemas (146, 148, 149, 150). Con frases variables el himno es una invitación a loar a Dios justificada por los más diversos motivos.

Los cánticos de alabanzas a la divinidad eran comunes a otros pueblos (Babilonia y Egipto, por ejemplo), pero en Israel adquieren la calidad correspondiente a un conocimiento depurado de Dios, fruto de la revelación divina a Través de la palabra y de acontecimientos históricos. Ya en los albores de su historia Israel entonó su primer cántico de liberación tras la destrucción del ejército egipcio en aguas del mar Rojo (Éxodo 15). En ocasiones posteriores el himno sería testimonio no sólo de la piedad gozosa de la comunidad redimida, sino también del fervor individual de personas especialmente bendecidas y agradecidas a Dios, como se ve en el cántico de Ana (1º Samuel 2).

Con el tiempo, los himnos ocuparon un lugar especial en las celebraciones religiosas que tenían lugar durante las grandes fiestas anuales, acompañadas de la presentación de ofrendas.

Paste de la celebración litúrgica era, al parecer, la procesión de la multitud hacia el santuario, a cuyas puertas se iniciaba el canto del himno (Salmo 100:4). A la voz del sacerdote que invitaba a “entrar por sus puertas con acción de gracias y por sus atrios con alabanzas” podía responder el pueblo: “Venid, aclamemos alegremente a Yahvéh; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación, Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos” (Salmo 95:1-2). En algún momento los cánticos podían ir acompañados de movimientos corporales como alzar las manos (Salmo 63:4; cf. Nehemías 8:6), prosternación (Salmo 95:6; 99:5, 9) o batir las palmas (Salmo 47:1; 98:8).

Normalmente los himnos eran cantados con acompañamiento de instrumentos musicales, tanto de viento como de cuerdas y de percusión (Salmo 150). El volumen sonoro de la orquesta en ningún caso debía ahogar las voces de los cantores. La alegría debía mover a éstos a “levantar la voz”, de tal modo que sus cantos pareciesen vítores entusiastas (Salmo 98:4). El conjunto debía sonar como si retumbase “el mar y cuanto contiene” (Salmo 98:7). Gunkel compara este canto con el de los serafines, el cual “resuena con tal fuerza que hace temblar el palacio celeste” (Isaías 6:4). Y añade: “El “aleluya” se asemejaba al estruendo del mar. El rumor de los días de fiesta (teruha) es denominado hamon, que quiere decir grito, bramido (Salmo 42:4; cf. Amós 5:23); el rumor se compara al de una batalla (Éxodo 32:17; Lamentaciones 2:7) y resuena por todo el país (Esdras 1:13; Nehemías 12:43” (H. Gunkel, Introducción a los Salmos, 79).

Continuará>

 

SALMOS ESCOGIDOS

José M. Martínez

 

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