Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la iglesia primitiva. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
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PABLO APELA A SU CIUDADANÍA ROMANA
HECHOS 22:23-30
Continuamos estudiando el capítulo 22 de los Hechos de los Apóstoles.
Pablo mencionó a los no judíos porque había estado entre esa gente, hablándoles de Jesucristo. Los judíos lo habían oído y ya sabían que él lo había hecho. Pero en el momento en que el Apóstol Pablo mencionó a los no judíos, fue como si hubiera encendido una mecha, y los judíos ya no quisieron escucharle más.
Y leemos aquí en los versículos 23 y 24 de este capítulo 22 de los Hechos:
23Y como ellos gritaban, arrojaban sus ropas y lanzaban polvo al aire, 24mandó el comandante que lo metieran en la fortaleza y ordenó que fuera azotado para que hablara, a fin de saber por qué causa gritaban así contra él.
Cuando el Apóstol Pablo dejó de hablar en griego y empezó a hablar en hebreo a la multitud, el comandante se quedó allí sin poder entender lo que Pablo decía. No podía entender lo que estaba ocurriendo, ni tampoco le fue posible comprender en qué consistía el problema. Todo lo que pudo hacer cuando la multitud se enardeció, fue llevar a Pablo dentro de la fortaleza. Y como Pablo era un prisionero, pensó que podría averiguar la verdad de todo este asunto azotándole, como era la costumbre en esos tiempos.
Pero veamos cómo, en el versículo 25, Pablo apeló a su ciudadanía romana.
25Pero cuando lo ataban con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente:
— ¿Os está permitido azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?
Aquí vemos que al Apóstol Pablo le habían entendido mal en todo. Los judíos creían que él había llevado a Trófimo al Templo, pero él no lo había hecho. El comandante había pensado que él era egipcio, que era un provocador de disturbios, y resultó que no lo era. Pero observemos quien era. Era un hebreo que hablaba griego con soltura. Hablaba griego perfectamente. Además, era un ciudadano romano. Y entonces Pablo apeló a su ciudadanía romana para evitar recibir los azotes que recibían los presos.
Y veamos lo que ocurrió en los versículos 26 al 28 de este capítulo 22 de los Hechos:
26Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al comandante, diciendo:
— ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano.
27Se acercó el comandante y le dijo:
—Dime, ¿eres tú ciudadano romano?
Él dijo:
—Sí.
28Respondió el comandante:
—Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía.
Entonces Pablo dijo:
—Pero yo lo soy de nacimiento.
Es sorprendente ver que este tribuno había sido antes un esclavo. Quizás él había ahorrado dinero o lo había conseguido por otros medios y de esa manera había podido comprar su libertad. Después había progresado en el ejército romano hasta lograr ascender al grado de comandante. Y el comandante se encontraba asombrado de tener como prisionero a un ciudadano romano que había nacido libre, sin haber tenido que comprar su libertad y ciudadanía. Y dicen los versículos finales, los versículos 29 y 30 de este capítulo 22 de Hechos:
29Así que, al punto se apartaron de él los que le iban a dar tormento; y aun el comandante, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberlo atado. 30Al día siguiente, queriendo saber con certeza la causa por la cual le acusaban los judíos, lo soltó de las cadenas, y mandó venir a los principales sacerdotes y a todo el Concilio, y sacando a Pablo, lo presentó ante ellos.
El oficial romano entonces se dio cuenta que tenía en su presencia a un hombre extraordinario. Era un hombre culto que hablaba griego; era judío, pero también era un ciudadano romano, y de ninguna manera era un delincuente común. El comandante resolvió entonces, no tratar a Pablo como tal. Sin embargo, quiso averiguar cuáles eran las acusaciones que se presentaban contra Pablo, y resolvió celebrar una audiencia ante los principales sacerdotes y la junta suprema para oír esas acusaciones.
Vemos, pues, que Pablo tenía muchas ventajas que le convertían en el hombre apropiado para ser un misionero ante el Imperio Romano. El tenía una visión global de su actividad. Su formación griega le había preparado para tener esa perspectiva cristiana cósmica. También había sido educado en el sistema legal de Moisés, lo cual le preparó para interpretarlo a la luz de la venida de Cristo, Su muerte redentora y resurrección. Y una ventaja de no poca importancia era su ciudadanía romana, que finalmente le abrió la puerta para visitar Roma.
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"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28