LIMPIEZA DE LO QUE CONTAMINA CUERPO Y ESPÍRITU

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J. Rivera

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Aug 20, 2015, 2:31:24 AM8/20/15
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Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre las epístolas del apóstol Pablo a los Corintios. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

 

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LIMPIEZA DE LO QUE CONTAMINA CUERPO Y ESPÍRITU

 

2ª CORINTIOS 7:1

 

En nuestro estudio de hoy llegamos al capítulo 7, de esta segunda epístola del apóstol San Pablo a los Corintios. Como dijimos en nuestro programa anterior, éste es el último capítulo en esta serie que trata el tema del consuelo de Dios. El tema concreto es el consuelo de Dios en el corazón de Pablo. Vamos a poder apreciar lo personal que es este capítulo. El capítulo anterior también era personal, pero no tanto como éste que tenemos ante nosotros en esta ocasión.

Como antecedente de este capítulo necesitamos recordar que había habido en la iglesia de Corinto un hombre que había caído en un grave acto de inmoralidad. Había tenido una relación incestuosa y adúltera con la esposa de su propio padre, es decir, con su madrastra. La iglesia no había enfrentado esa situación y, en su primera carta, el apóstol les había reprendido por ello, urgiéndoles a que trataran ese caso. Ahora, cuando les estaba escribiendo su segunda carta, ellos habían tratado el problema con el resultado de que el hombre se había arrepentido, confesando su pecado. La iglesia había tratado correctamente a aquel creyente y la carta de Pablo había logrado el efecto deseado. Tito había venido a ver a Pablo con el informe de que este hombre había estado llorando y lamentándose por su pecado y que se sentía completamente indigno de cualquier reconocimiento por parte de la iglesia. Y fue precisamente a este asunto que Pablo se estaba refiriendo.

Leamos el versículo 1, de este capítulo 7 de la segunda epístola del apóstol san Pablo a los Corintios:

1Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de cuerpo y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

 

¿De qué promesas estaba hablando?

Se estaba refiriendo a las citadas al final del capítulo 6, en los dos últimos versículos. Dios había dicho que si le obedecíamos, el sería un Padre para nosotros, y nosotros seríamos para Él hijos e hijas, y que Él nos trataría de acuerdo con esa relación. Ésta era la promesa. Y Pablo no estaba diciendo aquí que si no nos apartábamos de todo aquella impureza íbamos a perder la salvación. Lo que quiso decir fue que si no vivíamos una vida pura, Dios no podía tratarnos como un Padre.

Muchos de nosotros no conocemos por experiencia el Padre maravilloso que tenemos porque no le damos la oportunidad de serlo. Y Él quiere serlo. ¿Cómo podemos cambiar esta situación? Bueno, Pablo nos dijo en este versículo 1: Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de cuerpo y de espíritu.

 

¿Cómo podemos purificarnos?

Nosotros no podemos limpiar nuestra propia conciencia de la culpa del pecado. No podemos borrar una mancha de nuestra conciencia culpable, pero Dios lo ha hecho por medio de la muerte de Cristo y el derramamiento de Su sangre. Después de haber sido limpiados de nuestros pecados por la sangre de Cristo, nuestros corazones aún necesitan una limpieza diaria de la contaminación que adquirimos cada día. Cuando recibimos la Palabra por la fe, y actuamos en base a esa Palabra, somos limpiados de toda esa contaminación del cuerpo y del espíritu. Eso es lo que el Señor Jesús quiso decir con aquellas palabras registradas en el Evangelio de Juan capítulo 17, versículo 17: “santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.

 La mejor sustancia de limpieza en el mundo es la Palabra de Dios. Ella nos purificará de verdad. Y el Espíritu Santo nos capacitará para tratar con el pecado en nuestras vidas.

Pablo dijo que debíamos limpiarnos de todo aquello que pudiera contaminar nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Todo pecado constituye una impureza ante la vista de Dios. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre los pecados del cuerpo, y los pecados del espíritu?

Los pecados del cuerpo tienen que ver con los deseos impuros, las pasiones desenfrenadas, los excesos del alcohol, la glotonería, el libertinaje, los afectos equivocados. Éstos son los pecados de la naturaleza humana, éstas son, pues, las cosas impuras. Necesitamos ser conscientes del hecho de que estamos viviendo hoy en un mundo que da una cierta respetabilidad a los pecados del cuerpo. Como ejemplos de este pecado de pecados cabe destacar el alcoholismo y el daño que pueda causar en una sociedad. Incluso en círculos seculares se levantan voces de advertencia sobre los efectos del alcohol en el comportamiento de las personas. Concretamente, el elevado número de accidentes debido a los efectos del alcohol en los conductores está creando una alarma social. Y existe preocupación porque en nuestro país los jóvenes comienzan a beber descontroladamente a una edad temprana. ¿Y qué diremos de los efectos de la bebida en las relaciones humanas, y en la agresividad y actos de violencia que provocan?

Otro ejemplo de los pecados del cuerpo es el avance de la pornografía, que supuestamente exalta el cuerpo y el sexo, pero que en realidad degrada a las personas, y rebaja la dignidad humana a sus niveles más bajos y acaba produciendo hastío, y un aburrimiento que exige una búsqueda insaciable de un placer que sacie, pero que no se acaba encontrando. Éstos son, pues, ejemplos de pecados del cuerpo y de su efecto destructivo. En esta sociedad permisiva, la Palabra de Dios condena estos pecados del cuerpo. Si un cristiano se deja arrastrar por ellos, entonces Dios no le puede tratar como un Padre, y ese creyente, aunque continúe siendo Su hijo, no podrá disfrutar de una relación de compañerismo con Él. Y tendrá que sufrir las consecuencias de su alejamiento espiritual.

También se menciona en este pasaje la contaminación del espíritu. ¿Cuáles son los pecados del espíritu? Pues, podemos mencionar, por ejemplo, los chismes, el cotilleo y la calumnia. Hay gente que nunca sería capaz de tomar en sus manos un arma y disparar contra alguien. Pero sí será capaz de utilizar el puñal de un rumor malicioso, de la difamación, y herir a alguien por la espalda, cuando esa víctima suya no le esté escuchando e ignore lo que se trama sin su conocimiento. Hay cristianos que, a veces, se implican en estas prácticas.

¿Y, qué podemos decir de pecados secretos del espíritu como la vanidad y el orgullo el engreimiento, la altanería, la incredulidad, la codicia?

Hay cristianos que se han impuesto a sí mismos una serie de reglas sobre lo que deben o no deben hacer, pero se dejan arrastrar por estos pecados del espíritu que acabamos de mencionar.

Pablo dijo: limpiémonos de toda contaminación de cuerpo y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

El escritor del libro de los Hebreos, lo expresó de la siguiente manera, en el capítulo 12, versículos 13 y 14: “Haced sendas estrechas para vuestros pies, para que la pierna coja no se descoyunte, sino que se sane. Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.

 

Cristo es mi justicia, Él es mi santidad. El problema es que mi vida y Su perfección están muy alejadas entre sí. Dios nos dice que no tiene que haber tanta diferencia, porque Él quiere que vivamos una vida de santidad.

 

***

"Venid a mí,

todos los que estáis cansados y cargados,

y yo os haré descansar" Mateo 11:28

 

http://amorfraterno.org/

 

2ª Cor. 7.1.mp3
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