HECHOS DE LOS APÓSTOLES 209
INTERVENCIÓN DE PABLO
Hechos 27:21-26
“21 Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida. 22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. 23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, 24 diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. 25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. 26 Con todo, es necesario que demos en alguna isla”.
Estaban tan desanimados todos lo que iban en el barco que ni siquiera querían probar bocado. Es en ese momento crucial que interviene Pablo para levantar los ánimos.
Les exhorta a tener buen ánimo, vv. 21-22.
Empieza el apóstol su alocución recordándoles que les había aconsejado no partir de Creta pero como no le habían hecho caso, ahora están sufriendo las consecuencias. Sus palabras no deben entenderse como que se vanagloriaba por haber aconsejado lo correcto, sino como fundamento para tener credibilidad y que le hagan caso en lo que va a decirles. En la forma no se observa siquiera una censura por lo ocurrido. Cuando todos están desesperados, se puede escuchar una voz de aliento y esperanza que le comunica que ninguno va a morir, solamente el barco se perderá.
Les informa de la revelación que ha recibido de Dios, vv. 23-26.
Sus palabras anteriores carecían de pruebas para poder sostenerlas, pero ahora hace partícipes a sus compañeros de viaje de que Dios le ha hablado por medio de su mensajero o ángel comunicándole lo que sucederá. La construcción de la frase en RVR “el ángel de Dios” puede hacer pensar en una teogonía, cosa imposible por cuanto Cristo ya había venido, muerto, resucitado y estaba glorificado. Además, Pablo hubiera distinguido la presencia de Cristo de la de un ángel. Por tanto, en lugar del artículo determinado debe leerse con artículo indeterminado “un ángel de Dios”. El mensajero celestial le ha anunciado que es la voluntad de Dios de que él comparezca delante de la justicia imperial y le ha concedido kejaristai soi (de la raíz jaris, gracia) -seguramente como respuesta a sus oraciones- la vida de todos sus acompañantes. Es por eso que deben tener buen ánimo porque está firmemente confiado de que va a suceder como se le ha comunicado porque su fe en el “Dios de quien soy y a quien sirvo” es absoluta.
Ser de Dios implica tanto para Pablo como para nosotros. Con todo, no deben permanecer con los brazos cruzados esperando acontecimientos, sino que era necesario encontrar alguna isla para ponerse a salvo. Ésta es la actitud de Pablo que vemos a lo largo de todo el libro y un ejemplo para los creyentes de todos los tiempos.
***
Hechos de los Apóstoles de Pedro Puigvert. 1995