MINISTERIO DE PABLO EN ATENAS

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J. Rivera

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Sep 4, 2013, 9:55:43 AM9/4/13
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Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la iglesia primitiva. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

 

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MINISTERIO DE PABLO EN ATENAS

 

HECHOS 17:17-23

 

Continuamos hoy estudiando el capítulo 17 de este libro de los Hechos. Y el versículo 17 continúa diciendo:

17Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.

 

Ahora, este mercado queda al pie de la Acrópolis. Y podemos imaginarnos a Pablo caminando por allí hablaba del Señor Jesucristo.

Continuemos con el versículo 18:

18Algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos discutían con él. Unos decían:

— ¿Qué querrá decir este palabrero?

Y otros:

—Parece que es predicador de nuevos dioses.

 

Esto decían porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.

La filosofía de los epicúreos era más o menos hedonista, o sea, que proclamaba la búsqueda del placer como fin supremo de la vida. Los estoicos en cambio eran un grupo que creía en la circunspección y la moderación. Los epicúreos creían que uno no debía restringirse. Creían que uno debía darle al cuerpo todo lo que quería tener. Ahora, por contraste, los estoicos creían que se debía ejercer un dominio total sobre el cuerpo.

Pues bien, vemos aquí al pueblo griego, es decir, a los filósofos de ambos grupos, que vinieron para oír lo que Pablo tenía que decir. Pablo había estado hablando mucho y por eso lo llamaban charlatán. Ahora, su tema era algo nuevo para ellos. Consideraban el nombre de Jesús y la idea de la resurrección, como “nuevos dioses”.

Pero, observemos que aquellos filósofos griegos, no lograron comprender a Pablo. Quizás Pablo era demasiado profundo para ellos. Y la filosofía griega estaba en una fase de decadencia en Atenas, especialmente en esa época. Sin embargo, la gente quiso escucharle.

Continuemos con el versículo 19 de este capítulo 17 de los Hechos:

19Lo tomaron y lo trajeron al Areópago, diciendo:

— ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?,

 

El Areópago se encontraba en una formación de roca muy peculiar sobre cuya parte alta, en la acrópolis, se habían erigido el Partenón y los demás edificios que tenían relación con aquel gran centro religioso y cultural griego. El Areópago era un tribunal griego formado por un consejo de nobles, que se reunía al aire libre. Francamente, éste era un ambiente estéticamente atractivo, con edificios y estatuas hermosos. Sin embargo, debemos recordar que a pesar de su belleza, la ciudad estaba completamente entregada a la idolatría.

Pues, bien, los filósofos griegos le dijeron a Pablo que querían saber más acerca de esta nueva doctrina. En otras palabras, estaban en una completa oscuridad espiritual. Estaban en peores circunstancias que los gálatas, los filipenses, y los tesalonicenses. Sin embargo, se creían grandes sabios. Las personas de este tipo son las más difíciles de alcanzar con la Palabra de Dios y con el evangelio. Y así sucede también con los que no son verdaderos creyentes, es decir, con aquellos que profesan ser cristianos pero no lo son, porque creen que no necesitan más que el conocimiento superficial que tienen. Parece que no se dan cuenta que en verdad, necesitan un Salvador, no solo para salvarles del pecado, sino también para salvarles en su vivir diario, a fin de que sus vidas sean dignas de ser vividas y tengan valor para Dios. Continuaron pues los atenienses hablando con Pablo y le dijeron en los versículos 20 y 21:

20pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. 21(Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo).

 

Muchas personas creen saber algo, cuando en realidad solo tienen un conocimiento superficial de las realidades trascendentes; y desconocen el hecho más importante en todo el universo. Hay quienes dicen que Pablo fracasó en el Areópago, pero no estamos de acuerdo con tal afirmación. Es más, creemos que éste fue uno de los más grandes mensajes que Pablo jamás predicara.

Continuemos con el versículo 22 de este capítulo 17 de los Hechos:

22Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo:

—Atenienses, en todo observo que sois muy religiosos,

 

Vemos que Pablo comenzó su mensaje de una manera muy formal, diciendo: “Varones atenienses”. Luego dijo que percibía que eran muy religiosos. Los atenienses en verdad eran muy religiosos. Atenas estaba llena de ídolos. El panteón de los dioses que los atenienses y los griegos tenían era interminable. Había dioses pequeños y dioses grandes. Tenían un dios para casi toda circunstancia o situación. Eso es lo que Pablo estaba diciendo. En ese sentido, eran verdaderamente muy religiosos. A veces oímos preguntar a muchas personas hoy en día, en cuanto a la necesidad de enviar misioneros a ciertas regiones del mundo. Dicen que la gente ya tiene su propia religión. ¿Por qué es necesario entonces enviar misioneros? Ahora, ¿Cuál piensa usted estimado lector, que sería la respuesta del apóstol Pablo en cuanto a esto? ¿Por qué fue él a predicar a Atenas?

Fue porque esta gente tenía ya su religión. Éste precisamente era su problema. Eran muy religiosos. Vivían una religiosidad que les apartaba de Dios y de la persona de Jesucristo.

Ése es el gran problema que muchos enfrentan hoy. No se trata de que las personas sean demasiado malas para ser salvas. Éste no es el verdadero problema. El problema es que algunos se creen muy religiosos, dignos y buenos. Otros, en cambio, desde una postura materialista, también se consideran tan humanos, compasivos y solidarios, que no necesitan a Dios. La verdad es que tenemos que predicar el evangelio, el mensaje de las buenas noticias porque los seres humanos lo necesitan y están perdidos sin Cristo.

Y por este motivo, Pablo fue a Atenas. Los atenienses necesitaban escuchar el mensaje del evangelio. Y destacaremos el hecho de que en Atenas, Pablo no fue a la sinagoga. Comenzó su discurso magistral dirigiéndose a “los varones atenienses”. Y, después que hizo esta observación de que eran muy religiosos, continuó diciendo aquí en el versículo 23 de este capítulo 17 de los Hechos:

23porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: “Al dios no conocido”. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerlo, es a quien yo os anuncio.

 

Pablo les dijo: “pasando y mirando vuestros santuarios”. Es decir, Pablo había visto los objetos de su adoración. Había visto sus altares, sus ídolos, y sus templos. Había ídolos por todas partes. Y Pablo había tomado nota de esta circunstancia, y de que entre todos los ídolos, había encontrado un altar que tenía esta inscripción: “AL DIOS NO CONOCIDO”. Ahora, eso podía significar varias cosas, pero entraremos en su consideración Dios mediante, en nuestro próximo programa.

Sólo nos queda reflexionar sobre la gran cantidad de dioses e ídolos que las personas de la sociedad secularizada de nuestro tiempo adoran. Nos referimos a los valores y prioridades materiales de la sociedad de consumo, que los seres humanos estiman hasta tal punto, que no pueden prescindir de ellos. Y el egoísmo les ha hecho alejarse de Dios y, como consecuencia, se han apartado de sus semejantes. Y cuando estiman conveniente aparentar una relación trascendente, acuden a formas y apariencias de religiosidad. Y con esas falsas apariencias, pueden engañar a otras personas, preservando así una cierta respetabilidad social. Pero Dios ve el interior de los seres humanos, como un lugar vacío, como una fuerza destructiva que se encamina hacia la perdición eterna.

En este libro, en el capítulo 3, vimos a San Pedro predicando su segundo sermón. Y fue interesante el hecho de que lo predicó ante una puerta llamada la Hermosa, que debió ser la puerta principal del templo. Allí, en aquel lugar tan emblemático y ante una gran multitud, después de proclamar a Jesucristo muerto y resucitado, les dirigió a sus oyentes una invitación que ha permanecido válida durante el transcurso de los siglos y que se dirige a los seres humanos de nuestro tiempo:

“Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados”.

 

***

"Venid a mí,

todos los que estáis cansados y cargados,

y yo os haré descansar" Mateo 11:28

 

www.amorfraterno.org

 

Hech. 17.17-23.mp3
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