EL CÁNTICO DE UN LIBERADO (5)

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Juan R.

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Mar 16, 2026, 2:28:55 AM (yesterday) Mar 16
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EL CÁNTICO DE UN LIBERADO (5)

 

SALMO 116

 

1 Amo a Yahvéh, pues ha escuchado la voz de mis súplicas; 2 porque inclinó hacia mí su oído. Le invocaré todos los días de mi vida. 3 Me rodearon lazos de muerte, me sorprendieron las redes del sheol; en angustia y dolor me encontraba yo. 4 Entonces invoqué el nombre de Yahvéh; “¡Oh Yahvéh, salva mi vida!”.

5 Misericordioso y justo es Yahvéh, compasivo nuestro Dios. 6 Yahvéh guarda a los sencillos; estaba yo postrado y me salvó. 7 Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Yahvéh te ha hecho bien.

8 Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas y mis pies de resbalar. 9 Andaré delante de Yahvéh en la tierra de los vivientes. Mantuve mi fe, aun cuando decía: “¡Muy desgraciado soy!”, 11 y en mi turbación llegué a decir: “Todos los hombres son mentirosos”.

12 ¿Qué pagaré a Yahvéh por toda su bondad para conmigo? 13 Alzaré la copa de salvación e invocaré el nombre de Yahvéh. 14 Cumpliré mis votos a Yahvéh delante de todo su pueblo. 15 Mucho vale a los ojos de Yahvéh la muerte de sus santos. 16 Oh Yahvéh, yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, tú desatas mis ligaduras. 17 Te ofreceré sacrificio de alabanza e invocaré el nombre de Yahvéh. 18 Cumpliré mis votos a Yahvéh en presencia de todo su pueblo, 19 en los atrios de la casa de Yahvéh, en medio de ti, oh Jerusalén. ¡Aleluya!

 

La experiencia vivida

 

Continuación:

Pese a lo dramático de su situación, el salmista no perdió su fe (v. 10). En su turbación podía pensar y decir cosas impropias de una persona equilibrada; podía cometer errores, pero conservaba lucidez suficiente para ver que la única salida pasaba por la oración. Su fe se mantuvo y con su fe clamó a Yahvéh.

 

Liberación (4, 6b, 8).

Esta experiencia comienza con el clamor ardiente a Dios (v. 4). Siempre, pero sobre todo en las situaciones límite, Dios es el gran “amparo y fortaleza”, “luz y salvación”, de quienes en él confían. Nuestros recursos humanos para resolver problemas a menudo son inútiles. Pero Dios es el Omnipotente; para él nada es imposible; y cuando él decide intervenir en las situaciones humanas todo puede cambiar de manera asombrosa (cf. Salmo 107). Es lo que sucedió en el estado del salmista. Fue librado de la muerte; cesaron sus ojos de verter lágrimas; sus pies fueron afirmados para no resbalar. De este modo recibía más de lo que había pedido. No sólo se le había concedido ser librado de la muerte; también recibe consolación y firmeza renovada para seguir andando en los caminos de Dios. Esta era la perspectiva que se abría ante el poeta (v. 9). En ella veía su seguridad y su gozo. También su deber.

 

SALMOS ESCOGIDOS

José M. Martínez

 

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