ELECCIONES MUNICIPALES EN PELAGATOS

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Apr 19, 2006, 11:38:41 AM4/19/06
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El patricio Abelardo Gamarra ("El Tunante"), refiriéndose a las
elecciones municipales, severamente las enjuició en un artículo
denominado "Municipalidad". Por ser de evidente interés y,
además, de incuestionable actualidad, se trascribe el mismo.
Hildebrando Castro-Pozo Díaz

"... Gamarra es uno de nuestros literatos más representativos. Es,
en nuestra literatura esencialmente capitalina, el escritor que con
más pureza traduce y expresa a las provincias. Tiene su prosa
reminiscencias indígenas. Ricardo Palma es un criollo de Lima; el
Tunante es un criollo de la sierra. La raíz india está viva en su
arte jaranero".

"No es su obra la de un simple costumbrista satírico. Bajo el
animado retrato de tipos y costumbres, es demasiado evidente la
presencia de un generoso idealismo político y social. Esto es lo que
coloca a Gamarra muy por encima de Segura. La obra del Tunante tiene un
ideal; la de Segura no tiene ninguno".

José Carlos Mariátegui, "7 ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA
REALIDAD PERUANA", El Proceso de la Literatura

ELECCIONES MUNICIPALES EN PELAGATOS
Por: Abelardo Gamarra "El Tunante"

"¡Qué antojo, qué ansiedad, qué desesperación, qué angurria de
la gente de este lugar por ser municipales!". "Seria menester que
hubiera tantos puestos en el Concejo, como habitantes tiene Pelagatos,
para dejar satisfecha la aspiración de todos. En el diluvio de
calamidades que afligen a este país, la casa consignatorial es como el
arca en que tratan de salvarse los gamonales de Pelagatos, con sus
mujeres, sus hijos, y las mujeres de sus hijos; embarcando a todos los
animales puros e impuros de la familia; clamoroso estado decadente de
la localidad, sino porque tienen perfectamente deletreadas las
necesidades particulares de cada uno, y no hallan para ellas otro
remedio que embarcarse para apechugar con la tajada".

Dos son, en la actualidad los móviles que empujan a las gentes a la
ranfuña de los puestos municipales; el primero, disponer de influencia
para tener como dar algo a los que sean sus correligionarios
políticos; y antes que éste, el poder agregar al modo de vivir de
cada uno, todas las buscas y rebuscas que proporciona el cargo de
miembro de esta corporación de lanzas, en que se pierden de vista
hasta los alguaciles".

En Pelagatos no se come sino carne de chivo y el vigilador de este
camal, que suele ser el más camote de la cofradía, desde que se hace
cargo del puestecillo, tiene gratis los riñoncitos de todos los
cabritos y comen seco diario él y su parentela, sin desembolsar un
cuartillo, amén de los riñoncitos redondos y lucientes, que por tales
o cuales mamadas suelen aflojar los matanceros para mejor sazón del
seco del señor municipal".

No hay puesto en la municipalidad de Pelagatos que no tenga más
salidas de escape que Palacio, no hay uno solo sin doscientos mamadas:
hasta el inspector de corrales donde se suele sembrar flores, tiene
para su casa y las de sus amigos, ramilletes, ramos y coronas, cruces y
liras y canastillos y canastas, de las mejores, sin gastar un centavo.

Nada decimos, por supuesto, del que vigila fiestas, que amén de mil
regalos, tiene privilegio de soplarse en cuanto fandango hay grande o
pequeño él y su quinta generación.

Después de estos rebuscadores a la minuta tenemos a los galifardos de
las contratas; a los encargados de obras públicas, los cuales se
llevan a cada la mitad de los materiales, como adobes, ladrillos,
maderas de construcción, pinturas, hasta clavos. Dividen el importe de
los trabajos con sus ahijados los negociantes del Concejo y se
constituyen una entradita extra de 4, 8, 10, 15 o más miles de soles
según el adefesio que proyectan para el vecindario.

Estos viven como Penélope, tejiendo y destejiendo, componiendo y
descomponiendo la población. El tesorero, como el gusano metido en su
capullo, compra sueldos por segunda mano, y usa un tira y afloja con
los dineros del común, y se da tales trazas, que, sin que los huela
nadie, de la noche a la mañana, apercolla capital y amarra en la punta
de su pañuelo las libras esterlinas, como quien no es capaz de quebrar
un plato.

Todo es gansería y corrupción tan artísticamente combinadas, que
más se diría que es un Concejo de prestidigitadores que de
representantes del pueblo.

El que cuida de las casas de empeño, después del usurero, es el
mimado de la fortuna, porque escoge como un barbecho las mejores
alhajas, las más bonitas prendas, que adquiere a huevo y sin más que
hacer un poco de la vista gorda con los abusos de los que exprimen a
los necesitados.

El maestro de higiene y los señores químicos ¡uf!, el mejor vinito,
las conservas más delicadas, el cognac fino, etc., etc., mientras el
diablo se lleva al vecindario envenenado por 1.000,000 y 400,000
brebajes y por 200,000 de causas de insalubridad.

Pasadas de navaja, _mocha, pases de bandola, fórmulas, apariencias,
mucho de notas, circulares y palanganadas escritas; y en el fondo la
abominación más inconcebible, el descuido más craso, la ignorancia
más absoluta.

Eso sí, gravamen hasta el aire que se respira; y multa por quitá esas
pajas, al chino, al pordiosero, a todo aquel que no tiene padrinos y el
favoritismo entronizado y hecho rey; nadie en su puesto; pero todos
colgados de la caja de sueldos a manos llenas para una cáfila de
ociosos que no salen del rutinarismo sempiterno, cada cual procurando
llenar el expediente de la mejor manera posible, sin cuidar para nada
de avanzar una línea en el camino del progreso".

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