Telenoticias y Don Pepe
Por: Camilo Rodríguez Chaverri
El
agricultor Natán Ceciliano, de Santa María de Dota, a sus 40 años ingresó
al Ejército de Liberación Nacional, en marzo de 1948. Don Pepe le nombró
sargento. Don Natán consiguió un casco, botas militares, y camisa de
caqui. Pero a los días se notó que estaba extraño. A veces
preguntaba, “¿cuándo avanzaremos? ¿cuándo iremos a atacar San José? Si de
esta salimos con vida, ¡Dios lo quiera!, ¿cuándo podremos volver a casa?”.
Un coronel le contó a Don Pepe. “Mi Comandante: yo le he dicho a usted que
estos ejércitos de reclutas son una calamidad. Esta gente no conoce
ninguna regla de disciplina. Figúrese que se le ha ocurrido al Sargento
Ceciliano, ¡solicitarme autorización para hablar con usted, mi
Comandante!. Esta gente nada sabe de respeto al superior. A un amigo le
dijo que está con ganas de ir a su casa. Si va y no vuelve, ¿qué hacemos?.
Lo último que se debe hacer en campaña es fomentar las deserciones. ¿Qué
le parece que hagamos con el sargento, mi Comandante?” Don Pepe le dijo,
“tráigame al sargento a la oficina. Yo le sacaré lo que piensa”. Tan
pronto como se quedaron solos, don Natán se confesó. “Don Pepe, toda la
vaina está en que yo tenía el rastrojo raspado, listo para sembrar, cuando
dijeron por radio que usted pedía gente; y me vine. Ahora estamos casi en
abril, y el tiempo está poniéndose de lluvia. Usted sabe: ahí donde
nosotros, si no se siembra en seco, la cosecha no es lo mismo. ¿Y qué
vamos a comer el año entrante si no sembramos, y si de esta jugada nos
saca Dios vivos?.. ¡Y que no haya ni un lote pa’ los chiquillos!... Don
Pepe: yo en tres días voy, siembro y vuelvo. Y lo pior es que yo había
revuelto ya el maíz y los cubaces de semilla. Se siembran revueltos, usted
sabe. Costaría mucho volver a escogerlos. Y hasta la macana dejé escondida
allá, junto con la semilla, debajo de un tronco de cedro dulce, ¿Y los
ratones de monte?... ¿Y lo que siente uno por dentro a estas horas sin
sembrar?”. Don Pepe preguntó, “¿cuánto siembra usted?”. Le contestó, “eso
es variable, Don Pepe. Esa semilla de donde nosotros es algo menuda. A
veces con tres o cuatro cuartillos se siembra una manzana. Y el rastrojo
mío es pequeñón. Además, eso va también en la persona que hace la siembra.
Usted sabe, don Pepe: no hay dos cristianos que claven la macana a la
misma distancia. Sembrando tupido, cabe más semilla; sembrando ralo, cabe
menos semilla”. Don Pepe tomó pluma y papel: “El Sargento Ceciliano irá en
misión mía, confidencial, a un recorrido militar de tres días”. A los tres
días, llegó a la oficina de Don Pepe el Coronel junto al Sargento
Ceciliano. “Mi Comandante: el Sargento Ceciliano desea informar sobre su
gira. Solicito autorización para retirarme”. Se fue. ¡Para qué lo hizo! Al
cuarto de segundo Don Natán se le echó encima a don Pepe.
Emocionado, casi llorando, murmuró a su oído: “¡qué gran parada, don
Pepe!, ¡cupieron cinco cuartillos!”. En la eternidad, en el cielo o en las
raíces de un árbol, que era donde quería estar Don Pepe cuando muriera,
esté donde esté,
desde allá el caudillo le manda un abrazo
al personal de Telenoticias, porque ha hecho por nuestros frijoleros lo
que el gobierno es incapaz, incluyendo el cascarón en que convirtieron el
Consejo Nacional de Producción que con tanta visión creó el estadista
de esta historia.