Era alto y delgado, muy ancho de espaldas,
su rostro mal encachado,
su negra mirada un aire le daba
al buitre de la montaña.
Sus pies campesinos usaban guarachas
y a veces a raíz andaba.
Pero le gustaba pagar los mariachis,
la plata no le importaba.
Con una botella de caña en la mano
gritaba ¡viva Zapata!.
Porque era ranchero, era indio suriano,
un hijo de buena mata.
Gabino Barrera dejaba mujeres
con hijos por donde quiera,
por eso en los pueblos donde se paseaba
se la tenían sentenciada.
Recuerdo la noche que lo asesinaron,
venía de ver a su amada.
Dieciocho descargas de mauser sonaron
sin darle tiempo de nada.
Gabino Barrera murió como mueren
los hombres que son bragados.
Por una morena perdió como pierden
los gallos en los tapados.
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