Y como en la Kabballah, el cuento se transforma en una enseñanza
oral,
que enlaza el entretenimiento con la enseñanza, y evoluciona a lo
largo del tiempo.
El cuento narrado viaja entonces del corazón a la palabra, y de la
palabra al corazón. Y es así como despierta imágenes e incrementa la
capacidad de abstracción. Pero este cuento de hadas, no nació para
ser
contado sólo para niños. Detrás de su apariencia, se esconden
numerosas claves esotéricas y astrológicas.
Revelador de arquetipos, el cuento de hadas tradicional, funciona
como
un poderoso catalizador de emociones, y es capaz por sí solo, de
invocar el sueño, de calmar, de provocar un movimiento interno
terapéutico y consolador.
Contar cuentos, es como contar números, requiere un despliegue lineal
a lo largo de un tiempo, y elabora un espacio interno para llenarlo
con un mundo mágico. Como es oral, responde a las leyes de la
tradición viva, como las enseñanzas impartidas por los druidas de la
sociedad céltica. Los druidas enseñaban sus secretos por medio de
versos, facilitando así su memorización. Los sabios de esta cultura
desdeñaban la palabra escrita, porque no querían divulgar sus
conocimientos sin saber a quién iban dirigidos, pero también porque
la
escritura, decían, fomentaba la pereza. El escribir es perder fe en
la
memoria, y la memoria es patrimonio de los pueblos.
Este principio aún hoy en día es seguido por antiguas tradiciones por
ejemplo como la budista, cuyos lamas transmiten de maestro a
discípulo
las enseñanzas fundamentales de su doctrina.
Recordemos que la Francmasonería es un cuento narrado, la trama de la
historia es la Vida, Muerte y Resurrección de Hiram Abiff, un mítico
héroe solar.
Al pasar de boca a boca y de generación en generación, el cuento se
cualifica. De padres a hijos, de juglar a pueblo. Cada narrador
agrega, suprime o modifica elementos o y situaciones que dentro de su
ámbito cultural adquiere determinado valor, y así, crece y
evoluciona.
En cuanto alguien escribe los cuentos, los petrifica y les impide el
crecimiento, los congela en una estructura. Esta vía oral, tan frágil
y poco rigurosa, estaba plena de espiritualidad, pues
inconscientemente, el narrador, sea éste una madre amorosa o un
trashumante trovador, transmitía imágenes conocidas, arquetipos
enclavados en la profundidad de una imaginación popular rica y sabia.
La alquimia del cuento
Viajero de tiempos y espacios, el cuento maravilloso vistió
diferentes
ropas para ocultar una misma esencia: y su esencia es sin lugar a
dudas, como muchos estudiosos lo demuestran, alquímica y
transmutadora. La palabra alquimia según algunos, proviene de Cam,
que
era el hijo de Noé, y habría sido el primer artesano. Otros dicen que
deriva de als, que es la sal, y quimia que quiere decir fusión. Así,
la alquimia indica la permutación de la forma por la luz, el fuego o
el espíritu, y éste es el verdadero sentido de lo que se llama el
“lenguaje de los pájaros”.
Eruditos como Paul Sain-Yves, autor del Astronomicon, tempranamente
desaparecido, y Jean de Vries, ven en ellos una extraordinaria
experiencia iniciática. Y la iniciación implica la transposición
hacia
otros planos, ¡lo cual se parece mucho a la idea de la muerte!. Pasar
hacia planos superiores es morir en cierto sentido. Y es iniciarse.
Astrología
En la Astrología, la casa 8 del zodiaco es la casa de la muerte, la
transmutación y el cambio profundo, y sus regentes son Marte y
Plutón.
La muerte, como la iniciación, es una labor de índole plutoniana. Y
el
ocho, indicativo de la casa de la muerte, es la imagen matemática del
infinito y la base del caduceo mercurial. Mercurio, ese dios de la
mente y por lo tanto de la salud, es el lenguaje mismo, y es a través
de la palabra sagrada que el hombre se transforma. Es la mente
superior la que permite la transformación del hombre inferior, a
veces
el animal, en el príncipe ú hombre superior, la transformación de la
bella que muere en una durmiente preparada para el despertar, o la
transformación incluso de dulces muñecos de jengibre en niños de
carne
y hueso. Y más modernamente, es la transformación que permite al
Pinocho de pinotea, ser un niño responsable.
Plutón
También tiene Plutón una conexión íntima con el sexo, un tema que
está
implícito también en numerosos cuentos de hadas, como el cuento de
Piel de Asno en donde se juega el tema del incesto. Olvidado por el
colectivo literario, el hombre moderno no tiene acceso a la verdad
profunda que las fábulas ocultan.
La característica curativa del cuento, es como la magia y la
psicoterapia, también dominio de Plutón, el planeta que acude al
subconsciente, lo destapa como un volcán en erupción, lo derrama, lo
modifica. Y si el carácter oral del cuento lo emparienta con la
tradición esotérica, su cualidad cíclica también lo une a la
cosmogonía, pues todo el movimiento de protagonistas y escenas de
maravilla en el cuento, van dirigidos a un mismo fin: demostrar que
el
camino del iniciado necesita un período de crisis, de putrefactio
alquímica, para poder llegar a la sublimación total de la materia
basta, y esta es la esencia del acontecer kármico de este mundo
fenoménico en donde los astros nos ligan al ritmo, y el pensamiento,
a
la Verdad Última.
Plutón es el último planeta en ser descubierto en el cielo por el
hombre. Los antiguos lo intuían, pero no poseían instrumentos para
captar su imagen. Como se trata de un planeta que simboliza lo
escondido, lo misterioso, es él mismo una incógnita, y a diferencia
de
los demás planetas, es dibujado de diferentes formas. El glifo que
indica el iniciado maestro Serge Reynaud de Laferrière, resulta una
maravillosa síntesis gráfica de las analogías de Plutón
Al mirar este símbolo, podríamos casi imaginar un volcán, el fuego
interior de la tierra que emerge a través de una chimenea geológica
al
expulsar la lava, esparciéndola sobre la superficie del planeta. Así
son también las fuerzas internas del hombre, que emergen por el sutil
conducto o Kundalini, hasta salir fuera del ser... la fuerza psíquica
que se transmuta en poder Espiritual o Anapana.
Analicemos un poco más este dibujo. El centro es un círculo, desde el
cual la energía asciende, hacia la cabeza o Brama Rundra. La pequeña
barra horizontal indica la separación del cuerpo físico. Plutón está
relacionado, como ya dijimos, con Marte. Y en relación con él, es su
octava superior, indicando Marte la energía y Plutón el dinamismo
violento, Marte la actividad y Plutón la superpotencialidad. En la
mitología grecorromana, Plutón o Hades es el dios del submundo,
dominio de los tristes desencarnados y de las fuerzas oscuras e
incontrolables del hombre. Y el satélite de este planeta, Caronte, es
el siniestro barquero que lleva las almas por el río Leteo, el río
del
Olvido, a los que pasan al más allá. Como consecuencia del
conocimiento mitológico, Plutón es entonces la memoria como Caronte
es
el olvido: Ambos al servicio del renacimiento tanto como de la
muerte.
A su vez recordaré, que el 8vo. Signo del zodiaco es morada de
Escorpio, que en un tiempo perteneció a dos constelaciones, la
Serpiente y el Águila. El escorpión al igual que la serpiente o el
cocodrilo, era ya un símbolo de los colegios sagrados del sur y del
oriente, que fuera reemplazado por los iniciados occidentales(de los
colegios del norte) con el Tótem del águila... El águila es también
el
símbolo del Fénix que renace de sus cenizas. Escorpio es el águila de
la transmutación hacia el absoluto. Y Escorpio, según Saint Yves
d’Alveydre, caracteriza al hombre alquimista, que es capaz de
transformación de las fuerzas psíquicas en espirituales. Es pues, el
paso del plomo al oro.
Y no es otra cosa el cuento de hadas, que la narración sublimada de
una poderosa, exuberante transformación, que sólo se logra después de
fuertes pruebas, voluntad inquebrantable y aprendizaje disciplinado.
Pero no es Plutón el único planeta relacionado con los cuentos de
hadas, que como en una danza cósmica, nos transmiten la historia de
la
humanidad iniciática.
Si Plutón es alquímico y como tal está siempre presente en los
cuentos
de maravilla, Neptuno es otra clave simbólica, porque es el sueño, el
ensueño, la magia y el engaño. Es el que mueve a Aladino, a convocar
al genio, es el que lleva a la Bella al palacio de la Bestia, el que
camufla o disfraza al anciano, al hada, a la hilandera vieja. Es la
mentira de la madrastra de Blanca Nieves y también por supuesto, las
ciudades sumergidas, las ciudades encantadas. Caracteriza también la
compasión y el amor sobrehumanos que movilizan al héroe o la heroína.
Y es Neptuno el que logra que todos los protagonistas sean anónimos,
que casi de ninguno de ellos se conozca un nombre real, sino más bien
epítetos: la Bella, Blancanieves, Rosaflor, etc. Los héroes de los
cuentos de hadas son arquetípicos, tienen su morada natural en la
casa
12. Sin olvidar la relación de esta casa pisciana con el
subconsciente
y con los pies. Neptuno es la devoción, la mística y la revelación.
Es
el amor celeste, y caracteriza las ciencias ocultas, rige lo secreto,
las cosas del mar, del subconsciente, y está presente en los cuentos
por cuanto éstos son también la representación de los miedos y las
fantasías arcaicas del ser humano. Es el sueño de la bella, el
hechizo
del príncipe o del cuervo, la magia y la hechicería.
Es la receptividad, también la locura, y está presente en el limo
original, en la negra materia primera, o en el agua primordial o el
polvo cósmico. Es la disolución o indiferenciación. Él es el agua,
los
animales grandes, la confusión y el humo. Neptuno es en fin, la
maravilla.
De Neptuno se dice que es el “planeta de los fenómenos psíquicos, es
el que permite alcanzar las esferas etéricas y hace posible entender
la música celestial”. Está presente en la actividad compasiva y
amorosa del héroe o heroína, en su extrema inocencia y su capacidad
de
ensueño, como la que muestra la Cenicienta, o el mágico escenario en
donde transcurre el cuento de la Bella y la Bestia.
Plutón por lo tanto es provocador de dramáticos cambios, así como
Neptuno el sueño, el encierro y la traición, el amor, la profundidad
subconsciente, pero será Urano el que trae la rápida aparición y
desaparición de hadas, objetos, castillos y situaciones. Como el Deus
ex machina de la tragedia griega, trae de los sidéreos espacios la
revelación súbita, los protectores y los ángeles, las hadas y los
genios o djinnas. Es también, el pensamiento sublimado, el proyecto
fraterno o comunitario. Para Serge Reynaud de Laferrière, Urano es
“El
Eter, el Azoth de los Antiguos, el Prana de los Hindúes, el Mercurio
filosofal (es el planeta Urano que simboliza también la
desintegración
del átomo, el plano que se desprende del mundo ) es el elemento sutil
que facilita el trampolín al plano mental que servirá para alcanzar
la
Conciencia Universal.
Urano
En este nivel, Urano está emparentado por la Conciencia, su esencia
mental – es signo de aire – es lumínica. No es extraño entonces que
corresponda a elementos notables que irrumpen de pronto, como
animales
parlantes, hadas, ancianos magos, etc., que pueden dar la luz, el
brillo, el pensamiento repentino, la salida inesperada. Y como es
mente, octava superior de Mercurio, es también Conciencia y
supraconsciencia. Urano es dentro de la Revolución Francesa, la
Libertad, como Libra la Igualdad y Géminis la Fraternidad. Los tres
signos de aire permean el espíritu de uno de los acontecimientos
dramáticos del devenir histórico del hombre. Para la tradición
esotérica, Urano corresponde a la edad en que el principio del hombre
recibía ya el espíritu Universal que planeaba sobre su todavía
incipiente caparazón terrena. Esta relación con lo celeste lo une a
la
aparición repentina de personas y circunstancias mágicas, y a menudo
irracionales.
Plutón, Neptuno y Urano, al decir de Don Necromand, ilustre astrólogo
francés, “están nítidamente emplazados en correlación con las tres
edades azoicas del globo, y nos conducen a la aurora de la Vida”. Se
consideran entonces ancestrales colaboradores de la formación del
cosmos, de la tierra y del hombre, por lo cual están presentes en
cuentos arcaicos que a pesar de sus múltiples ropajes siguen
manteniendo la conciencia de su ejemplarizante mensaje. Ellos
caracterizan la estructura básica de un cuento de hadas, que es
también la narración de un camino iniciático, como las doce hazañas
de
Hércules, o la Odisea.
Saturno
Pero el cuento de hadas es la narración de una serie de
circunstancias
difíciles y poco felices: será el planeta Saturno, presente en las
narraciones, el que represente los límites y obstáculos que llevan al
héroe a perseguir su sueño o a obtener su redención. A menudo está
Saturno expresado en la figura de un maestro o maestra, camuflados de
ancianos, o de Sabios. Es indicativo del tiempo, es el Kronos de los
Griegos, es el Padre – tiempo, y es Brama para los hindúes, o Abraham
para los hebreos. El valor numérico tanto para Brama como para
Abraham
en la tabla gemátrica griega (no la hebrea), es 144, número que lo
emparenta con el término Zeós, Zeus que también suma 144. Por otra
parte Saturno es el Plomo, metal cuyo número de electrones es igual a
82, y éste número se obtiene del cuadrado de 9 + la unidad, es decir,
81+1. Esto da en el lenguaje oculto, precisamente el simbolismo del
tiempo que igual a 81 y es también Kronos, es Dios, es el Abraham de
la raza, el que la empuja hacia el cambio a través de las pruebas.
Este anciano limitador y aparentemente inflexible, es el impulsor del
cuento. Sin pruebas, el aprendiz no inicia su camino, no insiste en
el
aprendizaje, no acude al maestro, no se disciplina. A veces el cuento
tiene una presencia saturnina explícita, como el anciano o la
Hilandera, contrapartida de Kronos y hermana de las Parcas. Otras
veces es una circunstancia temporal, por ejemplo los 100 años que
transcurren en el sueño de la Bella o los 100 años de Rip van Winkle,
o el año de prueba que la Bestia da al anciano. Y otras, en la forma
de montañas, castillos inexpugnables como el de Rapuntzel, o el del
ogro de Pulgarcito. Saturno puede aparecer en figuras de ancianas, a
veces deleznables, como la de Hänsel y Gretel.
A medida que nos acercamos a los planetas más personales, nos
encontramos con analogías más simples y directas. Sol y Luna son
representaciones de los padres cósmicos, son el Rey y la Reina, o el
Príncipe y la Princesa cuando logran su encuentro. Venus está
presente
en la belleza de la protagonista, su amor a menudo escondida bajo
cenizas, harapos o pieles como ocurre con la princesa de “Piel de
Asno”. Marte, es el arrojo, la valentía o las situaciones de destreza
que obligan al protagonista a tomar armas. Júpiter es siempre la
benevolencia, la tolerancia, el sentido filosófico y ético, el
contacto con lo religioso y lo místico.
Mercurio
¿Y Mercurio? Nada más mercurial, más hermético, que el mismo cuento.
Y
no olvidemos que Hermes es Mercurio. Representante de la mente y la
conexión, es el Gato con Botas, es Pulgarcito, es Ulises con sus
astucias y su juego de nombres, es el sultán disfrazado que camina
por
su ciudad. Puede ser un mensajero, un intermediario benéfico o
negativo, el animal consejero, a veces la flor o la rama dorada.
Adopta todos los disfraces, es dueño del habla y del silencio. Es la
conciencia de Pinocho, el grillo parlante, es el Hombre y
protagonista
de la historia en su faz humana, es el que tiene la cualidad de la
conciencia de sí, sin sus recursos mentales no podría tampoco llevar
adelante la historia. Mercurio como hijo que es de Zeus y Maia, (la
diosa de la ilusión, que rige los fenómenos impermanentes), es el
dios
que narra, el mensajero, el que lleva y trae, el trashumante. Es
pues,
la fábula misma, lo que se fabla, lo que se habla.
El hilo narrativo del cuento de hadas ofrece circunstancias
interesantes: si habláramos desde el punto de vista astrológico, sus
principales puntos se caracterizan por las casas de agua,
emocionales,
maleables y receptivas. Comienzan todos los cuentos por un hogar, o
por la falta del mismo, por una madre o un padre ausentes.
Astrológicamente estaría representando la casa IV (Cáncer). Luego, la
caminata del héroe o la heroína en la búsqueda de un tesoro, un
reinado o un objetivo, pass por diferentes casas hasta hacer una
crisis típica de la casa 12 (Piscis) y llega a la dolorosa
transformación (casa 8, Escorpio) que le permite en las alquímicas
bodas (casa 7, Libra) ejercer una labor jerarquizada y en donde se
separa lo oscuro de lo claro(casa 6, Virgo) para llegar por fin al
éxito, el reino (casa V, Leo). Es un viaje que se realiza en sentido
sinistrógiro y al revés de lo que tradicionalmente se conoce como
casas zodiacales.
Cuando el sapo se transforma en príncipe, la princesa dormida en una
despierta doncella, cuando, en casa V, total y poderosamente, el
aprendiz adquiere la sabiduría maestra y encuentra el centro, su
morada, su contacto con el Yo Soy Superior, entonces culmina el
cuento. Esta casa que considero la verdadera finalidad del camino que
preconizan los cuentos de hadas, posee un número altamente
significativo. No es pequeño su significado, dice Cornelio Agrippa.
Es
el número de la Creación, es base de la principal construcción
sagrada, es decir el Templo de la Sabiduría, que es imagen del
Universo. Presente en el número de oro, o sección áurea, representa
al
hombre integrado, consciente de sí mismo y dominador de sus
potencialidades. Es la primer suma del primer número par y el primer
impar, está por lo tanto compuesto como varón y hembra.
Es también, el omfalos, el ombligo, y se sabe en el estudio de
proporciones sagradas, que el ombligo divide el cuerpo humano adulto
según la razón 1,618. Es en el omfalos en donde el hombre acude a su
centro interno, es en Delfos, el omfalos en donde el griego acudía
para obtener respuestas divinas, el oráculo sacratísimo. Y en la
palabra “ombligo” castellana, se advierte el pasaje de la sílaba
bija,
la sílaba “om”, el sonido con la cual comienza el mundo...
Con la llegada a la casa V, el cuento tiene su feliz final. Como un
ejemplo de Alquimia, esa ciencia nacida en Oriente, patria al mismo
tiempo del misterio y la maravilla, se fue expandiendo por occidente
a
través de tres grandes vías: bizantina, mediterránea e hispánica. Y
el
cuento de hadas viene de su abrazo.
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Respuesta
Recomendar Eliminar Mensaje 2 de 2 en la discusión
De: Mampostero Enviado: 08/08/2008 06:25 a.m.
Hay piedras que se resquebrajan al tratar de labrarlas.
En cierta ocasión un masón se encontró a un joven que salía de una
tenida de exaltación.El joven le dijo: ahora rehuyo, a estos hombres,
porque sólo se ocupan de trivialidades. ¡He permanecido aquí por
años
para iluminarme de su sabiduría, y me ofrecen un cuento infantil!
Pensé que esto sería más serio. El masón autentico le dijo al joven,
hay mil libros, todos escritos para ilustrar un millar de mentiras, y
la humanidad las toma como verdades. Sin verificar nunca, su
autenticidad.
Hay un solo cuento que contiene un millar de verdades dentro del
mismo relato. Si no fuese porque muchos piden la apariencia antes que
la relevancia, la primera frase de una simple historia de niños sería
suficiente para instruir al hombre.
Es debido a que los aspirantes a masones son de tan pobre calidad
por lo que los verdaderos masones tienen que repetir, remarcar, y
hacer como en este foro relatos voluminosos que de otro modo el
aspirante a masón no sería incapaz de ver, si no fuera tan
repetitivo; talvez a tanto repetir algo comprenderán.
Temiendo ahora, cualquier forma de profanación, los verdaderos
masones siempre se han impuesto la disciplina del silencio.
Solamente
han hablado imponiéndose una prudente reserva y únicamente en
presencia de masones probados, no con cualquier tipo de masón. Sin
embargo, la verdad masónica debía de ser puesta al alcance de quienes
la pretenden y están en condiciones de apreciarla.
Es así que las masonería, la ha puesto en diferentes medios, como en
poemas, cuentos e historias etc. que contienen enseñanzas masónicas
Respuesta
Recomendar Mensaje 1 de 1 en la discusión
De: <NOBR>mæxtro</NOBR> (Mensaje original) Enviado: 07/08/2008 13:07
Clave Esotérica -La enseñanza oral
Cuando uno habla de cuentos de hadas, se piensa en la niñez. Se tiene
entonces la imagen de la mamá, la abuela, o la nana, contando mil y
una vez los mismos cuentos, a uno o más niños fascinados.
Y como en la Kabballah, el cuento se transforma en una enseñanza
oral,
que enlaza el entretenimiento con la enseñanza, y evoluciona a lo
largo del tiempo.
El cuento narrado viaja entonces del corazón a la palabra, y de la
palabra al corazón. Y es así como despierta imágenes e incrementa la
capacidad de abstracción. Pero este cuento de hadas, no nació para
ser
contado sólo para niños. Detrás de su apariencia, se esconden
numerosas claves esotéricas y astrológicas.
Revelador de arquetipos, el cuento de hadas tradicional, funciona
como
un poderoso catalizador de emociones, y es capaz por sí solo, de
invocar el sueño, de calmar, de provocar un movimiento interno
terapéutico y consolador.
Contar cuentos, es como contar números, requiere un despliegue lineal
a lo largo de un tiempo, y elabora un espacio interno para llenarlo
con un mundo mágico. Como es oral, responde a las leyes de la
tradición viva, como las enseñanzas impartidas por los druidas de la
sociedad céltica. Los druidas enseñaban sus secretos por medio de
versos, facilitando así su memorización. Los sabios de esta cultura
desdeñaban la palabra escrita, porque no querían divulgar sus
conocimientos sin saber a quién iban dirigidos, pero también porque
la
escritura, decían, fomentaba la pereza. El escribir es perder fe en
la
memoria, y la memoria es patrimonio de los pueblos.
Este principio aún hoy en día es seguido por antiguas tradiciones por
ejemplo como la budista, cuyos lamas transmiten de maestro a
discípulo
las enseñanzas fundamentales de su doctrina.
Recordemos que la Francmasonería es un cuento narrado, la trama de la
historia es la Vida, Muerte y Resurrección de Hiram Abiff, un mítico
héroe solar.
Al pasar de boca a boca y de generación en generación, el cuento se
cualifica. De padres a hijos, de juglar a pueblo. Cada narrador
agrega, suprime o modifica elementos o y situaciones que dentro de su
ámbito cultural adquiere determinado valor, y así, crece y
evoluciona.
En cuanto alguien escribe los cuentos, los petrifica y les impide el
crecimiento, los congela en una estructura. Esta vía oral, tan frágil
y poco rigurosa, estaba plena de espiritualidad, pues
inconscientemente, el narrador, sea éste una madre amorosa o un
trashumante trovador, transmitía imágenes conocidas, arquetipos
enclavados en la profundidad de una imaginación popular rica y sabia.
La alquimia del cuento
Viajero de tiempos y espacios, el cuento maravilloso vistió
diferentes
ropas para ocultar una misma esencia: y su esencia es sin lugar a
dudas, como muchos estudiosos lo demuestran, alquímica y
transmutadora. La palabra alquimia según algunos, proviene de Cam,
que
era el hijo de Noé, y habría sido el primer artesano. Otros dicen que
deriva de als, que es la sal, y quimia que quiere decir fusión. Así,
la alquimia indica la permutación de la forma por la luz, el fuego o
el espíritu, y éste es el verdadero sentido de lo que se llama el
“lenguaje de los pájaros”.
Eruditos como Paul Sain-Yves, autor del Astronomicon, tempranamente
desaparecido, y Jean de Vries, ven en ellos una extraordinaria
experiencia iniciática. Y la iniciación implica la transposición
hacia
otros planos, ¡lo cual se parece mucho a la idea de la muerte!. Pasar
hacia planos superiores es morir en cierto sentido. Y es iniciarse.
Astrología
En la Astrología, la casa 8 del zodiaco es la casa de la muerte, la
transmutación y el cambio profundo, y sus regentes son Marte y
Plutón.
La muerte, como la iniciación, es una labor de índole plutoniana. Y
el
ocho, indicativo de la casa de la muerte, es la imagen matemática del
infinito y la base del caduceo mercurial. Mercurio, ese dios de la
mente y por lo tanto de la salud, es el lenguaje mismo, y es a través
de la palabra sagrada que el hombre se transforma. Es la mente
superior la que permite la transformación del hombre inferior, a
veces
el animal, en el príncipe ú hombre superior, la transformación de la
bella que muere en una durmiente preparada para el despertar, o la
transformación incluso de dulces muñecos de jengibre en niños de
carne
y hueso. Y más modernamente, es la transformación que permite al
Pinocho de pinotea, ser un niño responsable.
Plutón
También tiene Plutón una conexión íntima con el sexo, un tema que
está
implícito también en numerosos cuentos de hadas, como el cuento de
Piel de Asno en donde se juega el tema del incesto. Olvidado por el
colectivo literario, el hombre moderno no tiene acceso a la verdad
profunda que las fábulas ocultan.
La característica curativa del cuento, es como la magia y la
psicoterapia, también dominio de Plutón, el planeta que acude al
subconsciente, lo destapa como un volcán en erupción, lo derrama, lo
modifica. Y si el carácter oral del cuento lo emparienta con la
tradición esotérica, su cualidad cíclica también lo une a la
cosmogonía, pues todo el movimiento de protagonistas y escenas de
maravilla en el cuento, van dirigidos a un mismo fin: demostrar que
el
camino del iniciado necesita un período de crisis, de putrefactio
alquímica, para poder llegar a la sublimación total de la materia
basta, y esta es la esencia del acontecer kármico de este mundo
fenoménico en donde los astros nos ligan al ritmo, y el pensamiento,
a
la Verdad Última.
Plutón es el último planeta en ser descubierto en el cielo por el
hombre. Los antiguos lo intuían, pero no poseían instrumentos para
captar su imagen. Como se trata de un planeta que simboliza lo
escondido, lo misterioso, es él mismo una incógnita, y a diferencia
de
los demás planetas, es dibujado de diferentes formas. El glifo que
indica el iniciado maestro Serge Reynaud de Laferrière, resulta una
maravillosa síntesis gráfica de las analogías de Plutón
Al mirar este símbolo, podríamos casi imaginar un volcán, el fuego
interior de la tierra que emerge a través de una chimenea geológica
al
expulsar la lava, esparciéndola sobre la superficie del planeta. Así
son también las fuerzas internas del hombre, que emergen por el sutil
conducto o Kundalini, hasta salir fuera del ser... la fuerza psíquica
que se transmuta en poder Espiritual o Anapana.
Analicemos un poco más este dibujo. El centro es un círculo, desde el
cual la energía asciende, hacia la cabeza o Brama Rundra. La pequeña
barra horizontal indica la separación del cuerpo físico. Plutón está
relacionado, como ya dijimos, con Marte. Y en relación con él, es su
octava superior, indicando Marte la energía y Plutón el dinamismo
violento, Marte la actividad y Plutón la superpotencialidad. En la
mitología grecorromana, Plutón o Hades es el dios del submundo,
dominio de los tristes desencarnados y de las fuerzas oscuras e
incontrolables del hombre. Y el satélite de este planeta, Caronte, es
el siniestro barquero que lleva las almas por el río Leteo, el río
del
Olvido, a los que pasan al más allá. Como consecuencia del
conocimiento mitológico, Plutón es entonces la memoria como Caronte
es
el olvido: Ambos al servicio del renacimiento tanto como de la
muerte.
A su vez recordaré, que el 8vo. Signo del zodiaco es morada de
Escorpio, que en un tiempo perteneció a dos constelaciones, la
Serpiente y el Águila. El escorpión al igual que la serpiente o el
cocodrilo, era ya un símbolo de los colegios sagrados del sur y del
oriente, que fuera reemplazado por los iniciados occidentales(de los
colegios del norte) con el Tótem del águila... El águila es también
el
símbolo del Fénix que renace de sus cenizas. Escorpio es el águila de
la transmutación hacia el absoluto. Y Escorpio, según Saint Yves
d’Alveydre, caracteriza al hombre alquimista, que es capaz de
transformación de las fuerzas psíquicas en espirituales. Es pues, el
paso del plomo al oro.
Y no es otra cosa el cuento de hadas, que la narración sublimada de
una poderosa, exuberante transformación, que sólo se logra después de
fuertes pruebas, voluntad inquebrantable y aprendizaje disciplinado.
Pero no es Plutón el único planeta relacionado con los cuentos de
hadas, que como en una danza cósmica, nos transmiten la historia de
la
humanidad iniciática.
Si Plutón es alquímico y como tal está siempre presente en los
cuentos
de maravilla, Neptuno es otra clave simbólica, porque es el sueño, el
ensueño, la magia y el engaño. Es el que mueve a Aladino, a convocar
al genio, es el que lleva a la Bella al palacio de la Bestia, el que
camufla o disfraza al anciano, al hada, a la hilandera vieja. Es la
mentira de la madrastra de Blanca Nieves y también por supuesto, las
ciudades sumergidas, las ciudades encantadas. Caracteriza también la
compasión y el amor sobrehumanos que movilizan al héroe o la heroína.
Y es Neptuno el que logra que todos los protagonistas sean anónimos,
que casi de ninguno de ellos se conozca un nombre real, sino más bien
epítetos: la Bella, Blancanieves, Rosaflor, etc. Los héroes de los
cuentos de hadas son arquetípicos, tienen su morada natural en la
casa
12. Sin olvidar la relación de esta casa pisciana con el
subconsciente
y con los pies. Neptuno es la devoción, la mística y la revelación.
Es
el amor celeste, y caracteriza las ciencias ocultas, rige lo secreto,
las cosas del mar, del subconsciente, y está presente en los cuentos
por cuanto éstos son también la representación de los miedos y las
fantasías arcaicas del ser humano. Es el sueño de la bella, el
hechizo
del príncipe o del cuervo, la magia y la hechicería.
Es la receptividad, también la locura, y está presente en el limo
original, en la negra materia primera, o en el agua primordial o el
polvo cósmico. Es la disolución o indiferenciación. Él es el agua,
los
animales grandes, la confusión y el humo. Neptuno es en fin, la
maravilla.
De Neptuno se dice que es el “planeta de los fenómenos psíquicos, es
el que permite alcanzar las esferas etéricas y hace posible entender
la música celestial”. Está presente en la actividad compasiva y
amorosa del héroe o heroína, en su extrema inocencia y su capacidad
de
ensueño, como la que muestra la Cenicienta, o el mágico escenario en
donde transcurre el cuento de la Bella y la Bestia.
Plutón por lo tanto es provocador de dramáticos cambios, así como
Neptuno el sueño, el encierro y la traición, el amor, la profundidad
subconsciente, pero será Urano el que trae la rápida aparición y
desaparición de hadas, objetos, castillos y situaciones. Como el Deus
ex machina de la tragedia griega, trae de los sidéreos espacios la
revelación súbita, los protectores y los ángeles, las hadas y los
genios o djinnas. Es también, el pensamiento sublimado, el proyecto
fraterno o comunitario. Para Serge Reynaud de Laferrière, Urano es
“El
Eter, el Azoth de los Antiguos, el Prana de los Hindúes, el Mercurio
filosofal (es el planeta Urano que simboliza también la
desintegración
del átomo, el plano que se desprende del mundo ) es el elemento sutil
que facilita el trampolín al plano mental que servirá para alcanzar
la
Conciencia Universal.
Urano
En este nivel, Urano está emparentado por la Conciencia, su esencia
mental – es signo de aire – es lumínica. No es extraño entonces que
corresponda a elementos notables que irrumpen de pronto, como
animales
parlantes, hadas, ancianos magos, etc., que pueden dar la luz, el
brillo, el pensamiento repentino, la salida inesperada. Y como es
mente, octava superior de Mercurio, es también Conciencia y
supraconsciencia. Urano es dentro de la Revolución Francesa, la
Libertad, como Libra la Igualdad y Géminis la Fraternidad. Los tres
signos de aire permean el espíritu de uno de los acontecimientos
dramáticos del devenir histórico del hombre. Para la tradición
esotérica, Urano corresponde a la edad en que el principio del hombre
recibía ya el espíritu Universal que planeaba sobre su todavía
incipiente caparazón terrena. Esta relación con lo celeste lo une a
la
aparición repentina de personas y circunstancias mágicas, y a menudo
irracionales.
Plutón, Neptuno y Urano, al decir de Don Necromand, ilustre astrólogo
francés, “están nítidamente emplazados en correlación con las tres
edades azoicas del globo, y nos conducen a la aurora de la Vida”. Se
consideran entonces ancestrales colaboradores de la formación del
cosmos, de la tierra y del hombre, por lo cual están presentes en
cuentos arcaicos que a pesar de sus múltiples ropajes siguen
manteniendo la conciencia de su ejemplarizante mensaje. Ellos
caracterizan la estructura básica de un cuento de hadas, que es
también la narración de un camino iniciático, como las doce hazañas
de
Hércules, o la Odisea.
Saturno
Pero el cuento de hadas es la narración de una serie de
circunstancias
difíciles y poco felices: será el planeta Saturno, presente en las
narraciones, el que represente los límites y obstáculos que llevan al
héroe a perseguir su sueño o a obtener su redención. A menudo está
Saturno expresado en la figura de un maestro o maestra, camuflados de
ancianos, o de Sabios. Es indicativo del tiempo, es el Kronos de los
Griegos, es el Padre – tiempo, y es Brama para los hindúes, o Abraham
para los hebreos. El valor numérico tanto para Brama como para
Abraham
en la tabla gemátrica griega (no la hebrea), es 144, número que lo
emparenta con el término Zeós, Zeus que también suma 144. Por otra
parte Saturno es el Plomo, metal cuyo número de electrones es igual a
82, y éste número se obtiene del cuadrado de 9 + la unidad, es decir,
81+1. Esto da en el lenguaje oculto, precisamente el simbolismo del
tiempo que igual a 81 y es también Kronos, es Dios, es el Abraham de
la raza, el que la empuja hacia el cambio a través de las pruebas.
Este anciano limitador y aparentemente inflexible, es el impulsor del
cuento. Sin pruebas, el aprendiz no inicia su camino, no insiste en
el
aprendizaje, no acude al maestro, no se disciplina. A veces el cuento
tiene una presencia saturnina explícita, como el anciano o la
Hilandera, contrapartida de Kronos y hermana de las Parcas. Otras
veces es una circunstancia temporal, por ejemplo los 100 años que
transcurren en el sueño de la Bella o los 100 años de Rip van Winkle,
o el año de prueba que la Bestia da al anciano. Y otras, en la forma
de montañas, castillos inexpugnables como el de Rapuntzel, o el del
ogro de Pulgarcito. Saturno puede aparecer en figuras de ancianas, a
veces deleznables, como la de Hänsel y Gretel.
A medida que nos acercamos a los planetas más personales, nos
encontramos con analogías más simples y directas. Sol y Luna son
representaciones de los padres cósmicos, son el Rey y la Reina, o el
Príncipe y la Princesa cuando logran su encuentro. Venus está
presente
en la belleza de la protagonista, su amor a menudo escondida bajo
cenizas, harapos o pieles como ocurre con la princesa de “Piel de
Asno”. Marte, es el arrojo, la valentía o las situaciones de destreza
que obligan al protagonista a tomar armas. Júpiter es siempre la
benevolencia, la tolerancia, el sentido filosófico y ético, el
contacto con lo religioso y lo místico.
Mercurio
¿Y Mercurio? Nada más mercurial, más hermético, que el mismo cuento.
Y
no olvidemos que Hermes es Mercurio. Representante de la mente y la
conexión, es el Gato con Botas, es Pulgarcito, es Ulises con sus
astucias y su juego de nombres, es el sultán disfrazado que camina
por
su ciudad. Puede ser un mensajero, un intermediario benéfico o
negativo, el animal consejero, a veces la flor o la rama dorada.
Adopta todos los disfraces, es dueño del habla y del silencio. Es la
conciencia de Pinocho, el grillo parlante, es el Hombre y
protagonista
de la historia en su faz humana, es el que tiene la cualidad de la
conciencia de sí, sin sus recursos mentales no podría tampoco llevar
adelante la historia. Mercurio como hijo que es de Zeus y Maia, (la
diosa de la ilusión, que rige los fenómenos impermanentes), es el
dios
que narra, el mensajero, el que lleva y trae, el trashumante. Es
pues,
la fábula misma, lo que se fabla, lo que se habla.
El hilo narrativo del cuento de hadas ofrece circunstancias
interesantes: si habláramos desde el punto de vista astrológico, sus
principales puntos se caracterizan por las casas de agua,
emocionales,
maleables y receptivas. Comienzan todos los cuentos por un hogar, o
por la falta del mismo, por una madre o un padre ausentes.
Astrológicamente estaría representando la casa IV (Cáncer). Luego, la
caminata del héroe o la heroína en la búsqueda de un tesoro, un
reinado o un objetivo, pass por diferentes casas hasta hacer una
crisis típica de la casa 12 (Piscis) y llega a la dolorosa
transformación (casa 8, Escorpio) que le permite en las alquímicas
bodas (casa 7, Libra) ejercer una labor jerarquizada y en donde se
separa lo oscuro de lo claro(casa 6, Virgo) para llegar por fin al
éxito, el reino (casa V, Leo). Es un viaje que se realiza en sentido
sinistrógiro y al revés de lo que tradicionalmente se conoce como
casas zodiacales.
Cuando el sapo se transforma en príncipe, la princesa dormida en una
despierta doncella, cuando, en casa V, total y poderosamente, el
aprendiz adquiere la sabiduría maestra y encuentra el centro, su
morada, su contacto con el Yo Soy Superior, entonces culmina el
cuento. Esta casa que considero la verdadera finalidad del camino que
preconizan los cuentos de hadas, posee un número altamente
significativo. No es pequeño su significado, dice Cornelio Agrippa.
Es
el número de la Creación, es base de la principal construcción
sagrada, es decir el Templo de la Sabiduría, que es imagen del
Universo. Presente en el número de oro, o sección áurea, representa
al
hombre integrado, consciente de sí mismo y dominador de sus
potencialidades. Es la primer suma del primer número par y el primer
impar, está por lo tanto compuesto como varón y hembra.
Es también, el omfalos, el ombligo, y se sabe en el estudio de
proporciones sagradas, que el ombligo divide el cuerpo humano adulto
según la razón 1,618. Es en el omfalos en donde el hombre acude a su
centro interno, es en Delfos, el omfalos en donde el griego acudía
para obtener respuestas divinas, el oráculo sacratísimo. Y en la
palabra “ombligo” castellana, se advierte el pasaje de la sílaba
bija,
la sílaba “om”, el sonido con la cual comienza el mundo...
Con la llegada a la casa V, el cuento tiene su feliz final. Como un
ejemplo de Alquimia, esa ciencia nacida en Oriente, patria al mismo
tiempo del misterio y la maravilla, se fue expandiendo por occidente
a
través de tres grandes vías: bizantina, mediterránea e hispánica. Y
el
cuento de hadas viene de su abrazo.