Símbolos Masónicos Capitulares
+La Cruz+
Es uno de los símbolos, como veremos, de mayor trascendencia en toda
la simbología masónica y el más evidente en el Grado 18º del “REAA” de
Caballero Rosa-Cruz y de las Ordenes Masónicas Templaria y Malta.
Debido al uso que se ha hecho del signo de la cruz en los últimos
siglos, adquirió una connotación religiosa que vincula sus enseñanzas
solo con la Iglesia y religión cristiana, y por lo tanto pareciera que
los Grados/Ordenes masónicos que lo incluyen también quedarían como
vinculados a una religión en particular. Pero no es así, la cruz es un
símbolo universal y pertenece a la humanidad. En China era consagrada
a la adoración del Altísimo, y en el Asia septentrional y entre muchos
pueblos de la América precolombina se han encontrado grandes piedras
en forma de Cruz.
En el evangelio de San Felipe encontramos las siguientes palabras: “La
verdad no vino al mundo desnuda, sino que vino en forma de tipos e
imágenes. No existe otra forma de recibir la verdad... El novio debe
entrar en la verdad a través de la imagen"
Así podemos escudriñar el verdadero significado de la representación
simbólica de distintos tipos de cruces, en distintos lugares, tiempos
y culturas; sumergirnos en el origen e interpretación que se le
asociaba a las cruces: “dentro del círculo”, Ansata, Tau, Gamada,
Griega, Romana, Templaria (paté), de Malta, San Andrés.
Desde la más remota antigüedad la cruz simbolizaba la intersección de
la línea celeste “horizontal”, equinoccial, que une en el horizonte
los signos “Aries-Picis/Virgo”, con la línea “vertical”, solsticial,
“Cáncer/Capricornio”, observando el movimiento del sol cuando cubre
sucesivamente esos puntos. Por eso simboliza o marca los puntos del
mito solar dentro del ciclo zodiacal: nacimiento, vida, muerte y
resurrección. O del ciclo diario amanecer, mediodía, atardecer y
noche, hasta que asoma la “Stella Matutina” y canta el Gallo
anunciando el nuevo Sol.

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El diseño de la cruz latina estaba vinculado, por sus proporciones,
simbólicamente con el cubo, con el hombre perfecto. La piedra cubica
es uno de los primeros símbolos que estudiamos en masonería, se
profundiza su simbolismo al volverla a estudiar en el 13º grado como
la piedra cubica de ágata en la que Henoch gravara la Palabra Perdida,
la piedra angular del Templo, que está colocada en una de las esquinas
del Templo, en los cimientos, distinta a la piedra “Clave de la
Bóveda” que da por finalizada la Obra y es colocada “desde arriba”, no
hay que confundirlas pues significan distintos principios místicos. La
Piedra Cubica es por su forma uno de los “Sólidos Platónicos” y a la
vez incluye los demás.
Dice Fulcanelli: “Con raras excepciones el plano de las iglesias
góticas adopta la forma de una cruz tendida en el suelo” (que plegada
sobre sí misma forma un cubo). Sigue Fulcanelli refiriéndose a la cruz
interpretándola como el jeroglífico alquímico del crisol. “Es en el
crisol donde la materia prima, como el propio Cristo, sufre su Pasión;
es en el crisol donde muere para resucitar después, purificada,
espiritualizada, trasformada” … “Y es así como el plano del edificio
cristiano nos revela las cualidades de la materia prima, y su
preparación, por el signo de la cruz; lo cual, para los alquimistas,
tiene por resultado la obtención de la primera piedra, piedra angular
de la Gran Obra Filosofal. Sobre esta piedra edificó Jesús su Iglesia
(Mateo 16,18); y los francmasones medievales siguieron simbólicamente
el ejemplo Divino. Pero, antes de ser tallada para servir de base a la
obra de arte gótica, y también a la obra de arte filosófica, dábase a
menudo a la piedra bruta, impura, material y grosera, la imagen del
diablo”
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Para la cristiandad, la introducción de la cruz latina en el culto
oficial no comienza hasta pasado un tiempo, los símbolos habituales
del cristianismo eran el mástil, el pez, también el cordero, como
representación del dios de la primavera cuando el sol entra en Aries
convirtiéndose en el “cordero de Dios que quita los pecados del mundo”
vale decir los males introducidos en la tierra durante el invierno;
todos ellos eran representativos de la nueva religión.
Uno de los hechos históricos que darían un impulso al uso de la cruz
por la iglesia cristiana llegaría con el Emperador Constantino al
aparécele, en una visión, la leyenda “In Hoc Signo Vinces” inmerso en
una cruz, antes de la batalla Puente Milvio (contra Masquentio o
Magencio) atribuyéndole el poder que le dio la victoria. Así fue que
la imagen de la cruz se comenzó a utilizar en estandartes y otras
representaciones cristianas y oficiales con asiduidad.
Hay otra historia distinta, que teniendo en cuenta el hecho de que
Constantino solo permitió que lo bauticen (si es que) en su lecho de
muerte, en el año 337, y conociendo que todo cristiano lo primero que
hace es bautizarse muchos historiadores dudan, afirman incluso lo
contrario, que Constantino nunca fue cristiano, si tolerante con los
cristianos (necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir contra
Magencio) y estos adaptaron su culto y festividades a las normas
imperiales para complacer al Emperador y acumular poder terrenal. Esto
asume más credibilidad cuando tomamos conocimiento que la famosa
“visión” la tuvo Constantino en momentos de entrega espiritual dentro
de un templo pagano consagrado al dios Apolo gálico en Vosgos o en
cercanía de Autun. Esta “visión” consistió en un sol, un dios Sol,
conocido como “Sol Invictus”, Sol Invencible. Su reinado se conoció
como “El Imperio del Sol”, este culto pagano, de origen Sirio y
esencialmente monoteísta, fue impuesto en el imperio romano un siglo
antes de Constantino, y armonizaba perfectamente con el culto a Mitra
que era mayoritario en esos tiempos del Imperio y que también adoraba
al Sol, creían en la inmortalidad del alma, un juicio futuro y la
resurrección de los muertos.

La historia continúa y durante el año 680 se aprobó oficialmente el
uso de la cruz latina, en el sexto sínodo de Constantinopla (Canon
82), agregándole una imagen de Cristo clavado a la cruz, lo que fue
confirmado por el Papa Adriano I, desde ese momento fue considerada
como instrumento de suplicio y muerte, la Cruz representa lo espinoso
que es para el hombre el camino de la vida y la igualdad que entre
ellos establece la muerte.
Si queremos profundizar el significado de este símbolo, de la imagen
de Cristo en la cruz, podemos hacer un análisis del texto bíblico de
Juan 3.14-15, que nos lleva a Números 21:4-9.
Pero veamos estas otras cruces:

La cruz griega, la primera cruz que usaron los miembros de la orden
templaria por el año 1118 sobre su brazo izquierdo, sobre un manto
blanco.
Es el símbolo de la naturaleza y sus ciclos, por la conjunción de una
línea horizontal, que simboliza lo femenino, con una vertical que
simboliza lo masculino y así veían la dinámica de la Generación.
La cruz, con sus cuatro brazos representan los 4 estados de la
materia (sólido, líquido, gaseoso, e ígneo o luminoso), igualmente es
símbolo de los 4 elementos de la naturaleza que nombrados en hebreo:
IAMMIN (agua), NOUR (fuego), ROUAHH (aire/Espíritu), IEBESCHAH
(tierra), nos evidencian las letras iniciales de “IGNE NATURA
RENOVATUR INTEGRA”, por la ignición (el fuego) la naturaleza se
regenera íntegramente.
El 4, número de letras con que se escribe Dios en todos los idiomas,
nos trae otro símbolo de gran importancia en la Orden: La Tetractis
Pitagórica.

La cruz Paté, de ocho puntas, Deriva directamente de la Cruz celta que
representa los tres mundos: Abred. Gwenwed. Keugan. Y de la vieja
rueda druídica el Crismón de ocho radios. Este símbolo, el Crismón,
evoca el inicio, los ciclos (la serpiente que se muerde la cola) y es
también un símbolo solar que tiene su máxima expresión en los
resplandecientes rosetones de las Catedrales e Iglesias de origen
Templario.
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La Cruz Patriarcal se dice que es el diseño usado por el Gran Maestre
y los Oficiales de la Orden del Temple en su vestimenta. La leyenda de
esta cruz dice que en el año 326, la “Santa Emperatriz” Helena, madre
de Constantino, encontró 5 trozos de madera que pertenecían al madero
sagrado (Cruz de Cristo) con los cuales construyó la cruz. Santa
Helena regaló esta cruz al Patriarca de Jerusalén quien la mandó a
colocar en una Capilla de la Iglesia del Santo Sepulcro.

La simbología más evidente de la Cruz Patriarcal, es la que aparece al
partir la cruz de forma que en la parte superior nos muestra una cruz
griega y en la parte inferior una cruz tau. Es decir, la cruz
exotérica, la griega, y la cruz esotérica, la Tau. Su unión produce el
símbolo del sincretismo religioso y filosófico que animó y marcó el
devenir de la historia del Temple.
Esta interpretación es acorde con lo que nos dice el Secretario del
Papa Honorio III, respecto a cómo el Santo Padre configuró el Lignum
Crucis que envió a los templarios a Segovia:
“...Tomó de un fragmento del brazo derecho de la Cruz del Salvador del
que formó dos cruces y reunidas la una sobre la otra en forma de cruz
patriarcal...”
Podemos decir también que Godofredo de Bouillon, duque de Lorena y
virtual rey de Jerusalén, adoptó esta cruz como insignia de sus
estandartes durante su primera cruzada, cosa más que curiosa porque
dicha cruz era utilizada por los cristianos Orientales, no por los
Occidentales. Los caballeros del Santo Sepulcro también se la hicieron
suya, aunque posteriormente el mismo Godofredo se apresurase a
quitársela en 1099 cuando creó la Orden de Notre Dame du Mont de Sion
de la que saldrían los Templarios como brazo armado en 1114.

La Cruz de ocho puntas, también conocida como de Malta es
representativa de los Templarios, Hospitalarios y Malteses. Es
conocida como la cruz de las ocho Beatitudes y de las ocho
Bienaventuranzas. Es una cruz de “meditación” en su aspecto geométrico
y se dice que sirve como clave para la construcción y desciframiento
del alfabeto secreto de los Templarios.
Primero sepamos cuales son las ocho Beatitudes: 1ª Poseer el contento
espiritual. 2ª Vivir sin malicia. 3ª Llorar los pecados. 4ª Humillarse
al ser ultrajados. 5ª Amar la justicia. 6ª Ser misericordiosos. 7ª Ser
sinceros y limpios de corazón. 8ª Sufrir con paciencia las
persecuciones. Tras leer sus significados entenderemos la importancia
que tuvo esta Cruz como símbolo de Espiritualidad, Humildad, Honor y
Amor al prójimo.
Geométricamente podemos observar que si unimos las puntas de esta cruz
con una línea dibujamos un octógono, que es el trazado de las capillas
mistéricas templarias. Los arquitectos templarios, a estas ocho partes
periféricas le agregaban simbólicamente un elemento central, una cruz
(no me extrañaría si esta cruz central fuera una Tau), como símbolo de
unidad, como centro supremo, invisible a los ojos pero sin la que no
existiría manifestación material.
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La cruz Tau, siguiendo una tradición antiquísima la encontramos entre
los símbolos religiosos de la que hace una referencia Ezequiel 9:4:
“El Señor le

dijo: Atraviesa por el medio de la ciudad de Jerusalén y marca una Tau
en la frente de los hombres que lloran y gimen por todas las
abominaciones que se cometen en medio de ella.
Después escuché que les decía a los otros:
Atravesar la ciudad tras él y matar. Y no tengáis piedad de ninguno,
viejos, y jóvenes, muchacha niños y mujeres; ir matándolos hasta
exterminarlos. Pero no tocar a ninguno que lleve la cruz Tau”
La cruz TAU representa la marca de los elegidos por Dios, es su firma
más personal. Y no sólo aparece aquí como su signo predilecto ya que
en el Apocalipsis de San Juan, también aparecen marcados por la TAU
los elegidos para la salvación el día del Juicio Final. Allí se
especifica que la TAU es la marca del “Verdadero y Viviente Dios
Altísimo”.
Y casi al final, en el Apocalipsis de San Juan, capítulo 7, versículos
del 2 al 3, leemos:
“Después de esto vi cuatro ángeles, cada uno de ellos en pie sobre uno
de los cuatro ángulos de la tierra. Sujetaban a los cuatro vientos de
la tierra, para que dejaran de soplar sobre la tierra y el mar, y no
se moviera ni una hoja de un árbol. Luego vi aparecer otro ángel por
levante, por donde sale el sol. Era portador del gran sello del Dios
vivo, y gritó a gran voz a los cuatro ángeles que habían recibido el
poder de dañar la tierra y el mar: ¡Esperad! No hagáis daño a la
tierra ni al mar ni a los árboles hasta que no hayamos sellado en la
frente a los siervos de nuestro Dios.”
El uso de la Tau dentro del simbolismo cristiano es signo de
Salvación, no de martirio, y tiene una evidente vinculación con
escuelas iniciáticas y corrientes filosóficas pre-cristianas.
Algunas Órdenes cristianas utilizaron la cruz TAU, la primera de
ellas, la Orden de Antonio el Ermitaño o de San Antón (que padeció su
martirio en una cruz “T”), dedicada al servicio de los leprosos y todo
tipo de marginados; San Antonio Abad vivió en los siglos III y IV. La
orden de los caballeros del hospital de San Antonio, conocida
comúnmente como los “hospitalarios” o la “orden de los antonianos” es
fundada aproximadamente en el 1095 y canónicamente unida a la Orden de
Malta en el año 1777 por el Papa Pio VI. Los monjes de esta orden
vestían unos negros hábitos con una cruz TAU en medio. En el Camino de
Santiago se encuentran numerosos restos de esta orden, por ejemplo en
Castrojeriz el camino atraviesa las ruinas del hospital de San Antón.

La razón de la vinculación de la TAU con San Antón, es porque según
cuenta Santiago de la Vorágine, en la Leyenda Aurea, el bastón que
siempre llevaba San Antón, tenía esta forma, en la imagen podremos ver
una réplica del siglo XV.
San Francisco la convertiría en su señal y firma. Con ella marcaba
paredes, sanaba heridas, probablemente se vio muy influido por la
doctrina de los antonianos y además por la alocución en la que el Papa
exhortó a los presentes en el Concilio de Letrán de 1215. Allí éste
describió la lamentable situación de los Santos Lugares, que por aquel
tiempo volvían a estar en manos de los sarracenos, haciendo mención de
la profecía de Ezequiel, por la que los marcados por la TAU, serían
los elegidos.
Podemos encontrar la cruz TAU a lo largo y ancho de la geografía de
las posesiones templarias, siempre representada con absoluta
discreción, cuando no oculta.
Los Templarios evidentemente habían captado el uso que de la cruz Tau
dieron anteriores cultos y así lo tomaron, considerándolo también como
suyo. Era evidente que el simbolismo de la cruz los trasladaba a la
tradición primordial como el símbolo del conocimiento de las
tradiciones arcanas.
Estas tradiciones llegaron principalmente de Oriente, siendo la
representación del Dios único y unificador, Dios de todas las culturas
y credos, y que la Orden en su afán ecuménico incorporaba en su bagaje
simbólico.
El Caduceos de Hermes era una consecuencia de la cruz de TAU dónde
estaba la serpiente de Bronce sostenida. También podemos verla
representada en el cuerpo humano como representación de las 33
vértebras de la columna mas los dos huesos de la clavícula. Muchas
observaciones nos llevan hacia el Kundalini. Esa energía vital,
simbolizada por el fuego que regenera y eleva la materia a otro estado
de manifestación.
Su simbología, se remonta a cuando el hombre, en su búsqueda de lo
superior y trascendente, observa la bóveda celeste, estudiando las
revoluciones que anual y cíclicamente realizan los astros, sus
posiciones y la influencia que operan en la naturaleza, e identifica
una constelación de estrellas en el horizonte equinoccial, la que
conocemos como Tauro, iniciando su era astrológica en el año 4619 ac
aproximadamente. Por tanto su culto y símbolo queda asociado en origen
a lo celeste y sus fenómenos, como el rayo o la tempestad. Así el
hombre de las primeras civilizaciones conocidas, tiene a la
representación del toro como una de sus predilectas, tanto desde el
punto de vista profano, como para un uso sacro e incluso mágico.
Es por ello que tanto el símbolo como la representación animal en sí,
siempre se asociaría o relacionaría a la deidad de mayor importancia,
como Zeus griego, Júpiter romano, Mithra asiático, Osiris egipcio... ,
hasta llegar a Jesucristo, al que también llegaría a identificársele
mediante una cruz. Obviamente tras oficializarse su culto y pasar a
ser la religión del Imperio.
La cruz TAU, es por tanto la cruz primitiva y visto su probable origen
primigenio es razonable que la encontremos en uno de los primeros
cultos debidamente registrado por la historia: Babilonia. Donde se le
rendía culto al dios TAMMUZ: la TAU quedaría como representación de
éste Hijo de Dios babilónico. Los sacerdotes de Mithra, el Sol-Dios de
los persas, hacían el signo de esa TAU o de la Cruz, sobre la frente
de sus iniciados. Era un signo que representaba una guía de senderos,
como monumento de ciencias y artes.
Podemos observar la continuidad del hilo iniciático si tenemos en
cuenta la influencia de la tradición Zoroástrica y persa que llegó a
Jerusalén con Zorobabel y los demás que fueron liberados por Ciro con
el propósito y los recursos materiales para construir el segundo
templo, porque según las profecías allí predicaría el Mesías (Jesús).
Es importante destacar que la Tau fue usada por los sacerdotes Esenios
en sus bendiciones sanadoras y sus escuelas iniciáticas en las
cavernas del Mar Muerto.

Otro capítulo importante en el uso de la cruz TAU, sería en los cultos
egipcios, y sobre todo en el culto táurico de APIS.
En las creencias egipcias, la cruz vive dentro de círculo de dios y al
salirse de Él forma la TAU egipcia o cruz ankhada, ésta es portada por
numerosas deidades del panteón egipcio, y excepcionalmente
representada con el toro Apis, entre cuyos cuernos se incluye el disco
solar, símbolo a su vez de la de Deidad Suprema. Un epílogo a éste
culto sería la asimilación del toro Apis tras su muerte, por Osiris,
dando lugar a Serapis, que no era otro que Apis hecho hombre. Su culto
se extendió por todo el mundo greco-romano, solía representársele con
la cruz TAU en el pecho.
También se ha encontrado la inscripción de la letra Tau en la Gran
Pirámide. Sus medidas resumen la regla con la que se construyó la obra
así como diversa medidas terrestres y celestes, que profundizaremos al
estudiar la “cuadratura del círculo” y el “octógono”. Sus
proporciones se repiten en la arquitectura y diseño empleado en la
construcción de las catedrales. Es la expresión de la ley de la
creación, el principio del equilibrio.
Es importante destacar la revolución monoteísta del Faraón Akenaton,
que impulsaba la creencia en un Dios único e impersonal simbolizado
por la cruz Ansata (la Tau con el Disco solar).

Sabemos que en Egipto, Moisés era un iniciado en estas tradiciones y
que se llevó esos conocimientos con los que fundó los principios de la
nueva religión del pueblo hebreo; se ha querido ver en ella la vara de
Aarón que Moisés convirtió en serpiente, por ello también la podemos
encontrar bajo la definición de cruz egipcia. Estos hechos los podemos
leer en el libro del éxodo 7, versículos del 8 al 13:
“El Señor dijo a Moisés y a Aarón: “Cuando os hable el faraón y os
diga: Haced algún prodigio, tú dirás a Aarón: Toma tu bastón y échalo
delante del faraón. El bastón se convertirá en serpiente.” Moisés y
Aarón fueron ante el faraón e hicieron como el Señor les había
ordenado. Aarón tiró su bastón delante del faraón y de sus siervos, y
se convirtió en serpiente. El faraón llamó también a los sabios y
encantadores, y ellos, los magos de Egipto, hicieron lo mismo con sus
encantamientos. Tiró cada uno su bastón y se convirtieron en
serpientes; pero la serpiente que había salido del bastón de Aarón se
comió a las otras serpientes. El corazón del faraón se endureció y no
les escuchó, tal y como había dicho el Señor.”
En la mitología escandinava, el Dios del rayo, Thor, aparece con un
martillo de doble cabeza que se relaciona con esta TAU.
La cruz Tau, es un símbolo que en masonería aparece velado en su forma
geométrica como dos escuadras juntas o ángulos de 90º (que suman 180º,
igual que la suma de los ángulos interiores de un triangulo),
simbólicamente comparable al mallete del Venerable Maestro y los
Vigilantes de la Logia, y al mazo con el que dieron muerte a Hiram Abí
golpeándolo en la frente.
Tres dobles escuadras decoran el Mandil de los Ex. Venerables
Maestros, sumados sus ángulos totalizan 540º, una vuelta y media al
círculo. Originariamente eran los únicos cualificados para ingresar a
la Orden del Santo Real Arco, donde se encuentran estas dobles
escuadras unidas en su base, formando esta unión una cuarta doble
escuadra, totalizando 720º, equivalente a dos circunferencias.
Importantes conclusiones podemos sacar teniendo en cuenta que el
círculo es otra forma geométrica de la Tetractis pitagórica, además de
ser símbolo de Dios.

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El fanatismo producto de las doctrinas ateas intolerantes o del
dogmatismo religioso (sin distinción) destruyó mucha información,
desmembró escuelas de sabiduría, un ejemplo de ello fue la Orden
Templaria, debiendo los portadores del conocimiento ocultarse hasta
casi ser imperceptibles, igual suerte corrieron las comunidades de
Cátaros (puros), Arrianos, y demás que no compartían a rajatabla la
ortodoxia y fueron tachados de “herejes”, su suerte fue marcada por
las rejas, la espada y los leños. Otro ejemplo: la tradición
zoroástrica, que fue sistemáticamente eliminada, al punto de carecer
hoy de elementos de estudio y muchos historiadores terminan por
confundir fechas y hechos históricos con míticos, y hay pocos estudios
históricos serios que aportan certezas científicas acerca de sus
enseñanzas. Otro ejemplo más: La tradición iniciática egipcia y
atlante. Los masones conocemos muchos ejemplos más puesto que también
fuimos y somos perseguidos y condenados no solo por la terrible y
ciega inquisición, sino también por todos los regímenes totalitarios
sean monarquías absolutas o regímenes de derecha o de izquierda. Donde
no exista tolerancia religiosa y libertad de pensamiento, debemos
ocultarnos para no ser presa de la ignorante intolerancia dogmatica.
Solo algunos textos, que fueron especialmente ocultados para evitar su
destrucción u ocultamiento en bibliotecas secretas (como la del
Vaticano) pudieron llegar a nuestros días, incluso hoy no es fácil
evitar que corrieran la misma suerte: la calumnia, el descrédito, la
indiferencia, la hipocresía de los “grandes críticos”, autoproclamados
sabios y jueces, son los enemigos de quienes deseamos difundir el
conocimiento.
Gran fue la sorpresa de estos dogmaticos en el año 1945, cuando fueron
descubiertos los 52 tratados gnósticos en el pueblo egipcio de Nag
Hammadi. En ellos se interpreta una fusión de conocimientos herméticos
con cristianos. Según los escritos de Waite aquí es donde se originó
la leyenda de los Hermanos Kadosh, los Caballeros de la Mañana y de
Palestina. Todos ellos asomaron a la existencia real de las Órdenes
establecidas por Pacomius en el año 323 d de C. En le región de
Tebaida. Y cuando él murió en el año 346 d. de C., la biblioteca de
Nag Hammadhi fue enterrada para que no la detectaran, porque de
encontrarla hubiera sido destruida como tantas otras.
“Comprendo el odio de la Iglesia contra la Francmasonería: los frenos
para las pasiones, los consuelos morales y demás cosas de la misma
índole que aquélla vende a buen precio, ésta los da gratis y
pródigamente”. CLEMENCEAU
En este trabajo analizamos muchos símbolos que evocan principios
filosóficos trascendentes, algunos olvidados; redescubrimos la cruz
como símbolo ancestral de la vida y los ciclos de la naturaleza que
están vinculados al hombre enseñándole la idea de la trascendencia y
la vida después de la muerte, luego del invierno, en pascuas, se
recrea la vida. Distintas culturas lo han interpretado unívocamente
como símbolo de la inmortalidad.
La cruz nos enseña los ciclos de la vida: los cortos (días), medianos
(años), largos (más allá de ésta encarnación), son los ciclos o eras
que nos trascienden porque nuestro termino de vida física no nos
permite llegar a ver los frutos de lo “sembrado”. Y que cada ciclo
conlleva un esfuerzo y un salario, que esencialmente es el
conocimiento necesario para que al renacer al siguiente ciclo lo
vivamos mas iluminados.
Los primeros pueblos agricultores, sedentarios, entendían el universo
y todo lo que les rodea, como una exteriorización de sí mismos, una
imagen del mundo que habita en su interior, entendían los ciclos y
vivían el tiempo de esta manera: cíclica; no como hoy lo hacemos en
occidente que vivimos un falso “tiempo lineal”.
Sabían que dentro de cada ciclo había que “calificar” la energía que
invertían de manera precisa para lograr el propósito y vivían en paz
sabiendo que había tiempo para sembrar, y para cosechar, tiempo para
el trabajo y el descanso, tiempo para la nutrir la mente y tiempo para
el espíritu … estos tiempos estaban indicados en los ritos que se
representaban en la vida religiosa de cada comunidad, y que era
estrechamente vinculada a la naturaleza y la vida. Distinto de lo que
hoy vemos en las grandes ciudades, era otra forma de vida que
difícilmente podamos imaginar. Sin embargo es allí donde encontraremos
la enseñanza más práctica y útil del símbolo de la cruz.
En este sentido, como símbolo de resurrección y de trascendencia de
este ciclo de vida a otro “más allá de la muerte”, podemos ver la
enseñanza del símbolo de la cruz, en un movimiento cíclico no cerrado
(empezando y terminando en el mismo punto), sino como una especie de
escalera caracol: el fin de un ciclo es una oportunidad para dar un
salto cualitativo y dar comienzo de otra instancia superior, a la que
accedemos para vivir experiencias nuevas que nos aportaran mayores
conocimientos de Dios, la naturaleza, de nosotros mismos, pasando de
la escuadra al compas hasta ser una versión mejorada de nosotros
mismos.
Es un símbolo de esperanza en una vida nueva, que nos impulsa en
primer lugar a lograr la transformación de nuestra personalidad,
iluminar nuestro ser interior, convertirnos no solo en personas de
alta moral, sino también a reencontrarnos con Dios, la Palabra
Perdida, y transformarnos en seres útiles para la comunidad, aptos
para desempeñar funciones de gran responsabilidad en lo social,
ejercer el liderazgo sanamente y llevar en alto las banderas de los
ideales libertarios de la humanidad, siempre enseñando con el ejemplo.
Un Iniciado.
Nuestros ritos, ceremonias, se cumplen a modo de ciclos en los que
cada acción tiene su oportunidad, de la misma manera que la tierra
gira alrededor del sol marcando la primavera antes que el verano y
nuestro sistema solar de igual modo con las constelaciones, enseñando
que hay un momento y un orden para cada acción. Según Albert Gallatin
Mackey, las lecturas inglesas antiguas, que fueron asumidas por la
Gran Logia Unida de Inglaterra en 1813, en el tiempo en el que fue
adoptado el sistema de Hemming contenían el siguiente pasaje: "Existen
en la Masonería doce puntos originales, los cuales forman la base y
comprenden el sistema entero de la iniciación. Sin la existencia de
esos puntos, ningún hombre puede ser admitido legalmente, ni jamás
puede ser aceptado en la Orden. Toda persona que se haya hecho masón,
debe estudiar estas doce formas o ceremonias, no solamente en el
primer grado, sino en cada uno de los posteriores."
Los doce puntos originales y perfectos, en uso en las antiguas
Lecturas, son: 1º Apertura o Principio; 2º Preparación o Disposición;
3º Reporte, Informe o Comunicación; 4º Ingreso; 5º Plegaria u Oración;
6º Deambulación o Viajes; 7º Adelanto o Avance; 8º Obligación; 9º
Recomendación o Cargo; 10º Investidura o Instalación; 11º Posición,
Colocación o Ubicación; y 12º Clausura.
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La Apertura de la Logia. Antes de comenzar la ceremonia de iniciación
es preciso que los trabajos en la Logia estén abiertos sobre la
escuadra, el compas y el VLS. Se simbolizaba este momento por la tribu
de Rubén, porque éste fue el primer vástago de su padre Jacob (nieto
de Abraham y Sara), a quien llamaba "el principio de su energía". Por
consiguiente era debidamente apropiada y adaptada como el emblema de
esa ceremonia, que es esencialmente el comienzo de toda iniciación.
La Preparación del Candidato, luego verificamos que el candidato se
encuentre debidamente preparado teniendo los oo:.vv:., el b:.d:.,
p:.i:. y r:.i:. dd:., el p:.d:. en ch:., y una s:. con n:.corr:. al:.
del c:. y haya permanecido un tiempo prudencial dentro del Cuarto de
Reflexiones. Este momento, siguiendo a Mackey, era simbolizado por la
tribu de Simón, porque éste preparó los instrumentos para el degüello
de los Siquemitas, los hijos del príncipe Siquem, quien había tomado y
violado a Dina, la hermosa hija que había parido Lía a Jacob. Y esa
parte de la ceremonia que describe las armas ofensivas, se practicaba
como señal de nuestra condena por la implacable crueldad desatada en
aquel incidente.
El Informe del Primer Diácono. El VM demanda una explicación ante la
presencia de un extraño a las puertas del Templo, debiéndose
identificar éste al llegar y que previamente los hermanos hayan tomado
conocimiento de su persona mediante informes favorables y los avales
requeridos previos a su ingreso. Se simboliza este momento por la
tribu de Leví, porque en la masacre de los Siquemitas se supone que
Leví dio la señal a Simón su hermano, para atacar juntos a dicho
pueblo, que se encontraba indefenso y sin preparación para el combate.
Ingreso: estando debidamente preparado e informados positivamente los
hermanos respecto al candidato, éste hace su ingreso al Templo,
asegurándose todos de que lo haga por propia voluntad. La Entrada del
Candidato a la Logia estaba simbolizada por la tribu de Judá, porque
fueron los primeros en cruzar el Jordán y penetrar en la tierra de
Promisión; ellos que venían del servilismo y la ignorancia (el
desierto) e ingresaban a la tierra de la Luz y la Libertad (Canaan).
Plegaria: se invoca la bendición del GADU sobre nuestros trabajos
antes de continuar. La Invocación estaba simbolizada por la tribu de
Zebulón, decimo hijo de Jacob (con Lía) en razón de que la oración y
la bendición de Jacob fueron proporcionadas a Zebulón, en preferencia
con respecto a su hermano Isacar, el quinto hijo de Lía.
La Circunvalación, conocidos en el ritual como viajes, el candidato es
guiado siguiendo una determinada dirección pasa sucesivamente por los
Vig.´. ante quien es presentado y se le realizan una serie de
preguntas. Aparece referida a la tribu de Isacar, la que considerada
inútil e indolente, aunque valiente en extremo, requería de un
director o gía que los elevase, paulatinamente, a la misma altura o
nivel de desarrollo de las demás tribus, a fin de que pudieran sacar
provecho de su tierra, una de las secciones más fértiles de entonces,
incluyendo la extensa llanura de Jezreel, con el Jordán como su
límite.
Avance: En este momento el candidato avanza hacia Oriente, según la
Marcha del Aprendiz y es instruido en las enseñanzas de este Grado. El
Avance del Candidato hacia el Ara, era simbolizado por la tribu de
Daniel, el noveno hijo de Jacob (con Bilha, sierva de Raquel), cuyos
integrantes se tornaron anárquicos e idólatras, para demostrarnos por
oposición que debemos avanzar hacia la verdad y la perfección
(santidad), tan rápidamente como aquella tribu se precipitaba a la
idolatria de los becerros dorados y de la serpiente bronceada.
La Obligación que toma (asume - mediante el juramento) el Candidato,
estuvo simbolizada por la tribu de Gad, séptimo hijo de Jacob (con
Zilpah), guerreros a los que Moisés les permitió establecerse al este
del Jordán, con la condición de que ayudaran en la conquista de
Palestina occidental; los gaditas cumplieron con esa condición y por
siglos formaron la tribu israelita más allá del Jordán. Hayu un pasaje
muy confuso, de Jefté, hombre valiente, hijo de una ramera, al cual
había engendrado Galaad. Jefté era descendiente de la tribu de Gad. en
su lucha territorial contra los amonitas, Jefté hizo al Señor el
siguiente voto: "si entregas a los amonitas en mis manos, el primero
que salga de la puerta de mi casa a recibirme, cuando yo vuelva
victorioso, pertenecerá al Señor y lo ofreceré en holocausto". Luego
atacó a los amonitas y los derrotó, tomando veinte ciudades. Cuando
Jefté regresó a casa, le salió al encuentro su única hija. Jefté, a
pesar del dolor que ello le produjo, cumplió su promesa y la sacrificó
al Señor.
Cargo: se le enseñan los signos del grado y se le dirigen unas
palabras acerca de la Orden, conocidas como Old Charges, Antiguos
Cargos. La Responsabilidad o Compromiso que se confía al Candidato con
respecto a los Misterios de la Orden, se simbolizaba por la tribu de
Asher, el octavo hijo de Jacob, segundo con Zilpah, cuyo nombre
significa Felicidad, porque era él quien por entonces era el heredero
de las opulencias de su padre. De esa misma manera, se muestra que en
esta parte de la Ceremonia el Candidato recibe los ricos frutos del
Conocimiento Masónico.
La investidura con el Mandil de piel de cordero, por la cual se
declara Libre al Candidato, se relaciona con la tribu de Neftalí, la
que fue investida por Moisés con una Libertad singular, al decirle:
"Oh, Neftalí! confórmate con los beneficios, pues el Señor te ha
colmado con sus favores y , por ello, posees el Occidente y el Sur".
Finalizando así el ciclo de nuestros rituales de iniciación, que se
repiten en cada ceremonia.
Que entiendo por Iniciación? Seleccioné estas frases de la obra “De
Belén al Calvario” de Alice Bailey que se refiere a la Iniciación en
estos términos: “la Iniciación es una serie graduada y positiva de
expansiones de conciencia, una creciente y constante percepción de la
divinidad y todas sus implicancias; estas expansiones de conciencia
revelan progresivamente al hombre la calidad de su naturaleza superior
e inferior … La iniciación está relacionada con la conciencia y es
simplemente una palabra que empleamos para expresar la transición que
el hombre establece entre la conciencia del reino humano y la
conciencia del reino espiritual, el reino de Dios … El Iniciado es
quien ha agregado una sensata comprensión intelectual a las cualidades
básicas de una sana devoción y carácter moral.”
Lo que tú siembras (Corintios 15.36) no se vivifica sino muere antes.
Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano
desnudo, sea de trigo o de cualquier otra especie. ¿No explico Jesús
que “de cierto te digo, el que no naciere de nuevo no puede ver el
reino de Dios?. Nicodemo le dijo:¿Cómo puede nacer un hombre siendo
viejo? ¿puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre,
y nacer? Respondió Jesús: “En verdad, en verdad te digo que el que no
naciere del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de
Dios” (Juan 3.3). El bautismo, cuyo significado es “retornar a las
aguas para volver a nacer”.
La vía de exaltación ESPIRITUAL es “vertical”, mejor dicho “axial”. Un
símbolo axial, o del “axis mundi”, evoca las ideas de indivisibilidad,
inalterabilidad, inmutabilidad, eje en torno del cual se efectúa la
revolución de todas las cosas y de la

cual no participa. Así conocemos la Plomada, pendiendo de la mano del
GADU desde la estrella polar, o desde la Cruz del Sur para los que
vivimos de este lado del planeta, señalando una vía ascendente y que
podríamos compararla simbólicamente con “la espada”, o “la daga”, que
también es un conocido símbolo del Verbo o La Palabra, con poder para
destruir o crear (ver Apocalipsis, I, 16 y XIX,15). En San Mateo, X,
34, podemos leer que Cristo ha dicho “no vengo a traer paz, sino
espada”. La espada entendida así, nos trae la idea de “armonización”,
porque el eje es el lugar donde todas las oposiciones se concilian y
desvanecen, lugar de equilibrio, invariable Medio. Justicia.
La Espada, interpretada en este sentido, nos vincula al simbolismo de
la “gran guerra santa”, tanto los místicos musulmanes como cristianos
consideraban la “gran guerra santa” como la que se realiza en la
intimidad de nuestra alma, nuestro interior y coinciden en que es la
batalla más difícil de ganar y la más cara de perder; esta guerra debe
tener el propósito de establecer el equilibrio y la armonía, es la
paz.
Desde el punto de vista iniciático lo que da a esta guerra santa su
valor es que simboliza la lucha que el hombre debe llevar contra los
enemigos que porta en sí mismo, contra todo lo que en su interior sea
contrario al orden y la unidad.
Como el propósito de esta guerra es lo que la convierte en “santa”
exige mayores cualidades al guerrero (“kshátriya”): que a la vez “sea
como un monje”, o un ser consagrado a un propósito de orden
espiritual. Una actitud que a la vez de “marcial”, es como “religiosa”
teniendo muy presente que masonería nos es religión, ni secta, ni nada
por el estilo, me refiero a una “actitud” ante lo trascendente del
propósito de nuestra “guerra” interior; el simbolismo, los rituales y
demás materias de estudio que nos presenta la vida en la Masonería
carecería de importancia de no asumir la “guerra santa” como propia,
desarrollando las cualidades que la misma requiere, para poder
alcanzar el propósito de convertirnos en seres esclarecidos.
Cab. Javier Lazcano Colodrero, 18º (& KT)