Aon
unread,Jun 27, 2008, 10:52:22 AM6/27/08Sign in to reply to author
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to Alquimia auto Transformadora
En efecto, el cuerpo humano es un mundo (microcosmo) semejante al
mundo exterior (macrocosmo), el del Cielo y la Tierra, como se dice en
chino. El hálito, que desciende al vientre merced a la respiración, se
une allí a la esencia, encerrada en el campo de cinabrio inferior, y
esta unión produce el espíritu, que es el principio rector del hombre,
le hace obrar bien o mal y le confiere su personalidad. Este espíritu,
a diferencia de lo que llamamos alma, es temporal: formado por la
unión del hálito, venido de fuera, y de la esencia, encerrada en cada
hombre, queda destruido al separarse ambos elementos en el instante de
la muerte; para fortalecerlo es preciso acrecentar el hálito y la
esencia mediante prácticas adecuadas.
El cuerpo está dividido en tres secciones: superior (cabeza y brazos),
media (pecho) e inferior (vientre y piernas). Cada una tiene su centro
vital, una especie de puesto de mando; son los tres campos de
cinabrio, así llamados porque el cinabrio es el ingrediente esencial
de la droga de la inmortalidad. El primero, el "palacio de
Nihuan" (término derivado de la voz sánscrita nirvâna), se encuentra
en el cerebro: el segundo, el "palacio escarlata", está junto al
corazón; y el tercero, el "campo de cinabrio inferior", se halla
situado bajo el ombligo. Imaginemos en el centro del cerebro nueve
casillas de una pulgada formando dos hileras superpuestas, una de
cinco casillas y otra de cuatro, con un vestíbulo de entrada entre las
cejas (probablemente una representación burda y esquematizada de los
ventrículos cerebrales). Abajo, a la entrada, está la sala del
gobierno; detrás, la cámara del arcano, seguida del campo de cinabrio
y luego el palacio de la perla oscilante y el palacio del emperador de
jade; encima, la corte celestial, el palacio de la realidad de la gran
cumbre, el palacio del cinabrio misterioso, situado justo sobre el
campo de cinabrio, y finalmente el palacio del gran augusto. En el
pecho sirve de entrada el pabellón escalonado (tráquea), que conduce a
la sala de gobierno y a las casillas siguientes; el palacio de la
perla oscilante es el corazón. En el vientre, el palacio de gobierno
es el bazo, y el campo de cinabrio se encuentra a tres pulgadas debajo
del ombligo.
Los tres campos de cinabrio tienen sus respectivos dioses, que residen
en ellos y los defienden contra los espíritus y hálitos negativos.
Ahora bien, estos entes maléficos están muy cerca de sus dioses
guardianes. Tres de los más perniciosos, los tres gusanos (o tres
cadáveres), fueron instalados en el interior del cuerpo antes del
nacimiento. Cada uno de ellos habita uno de los tres campos de
cinabrio: el viejo azul mora en el palacio del Ni-huan, en la cabeza;
la doncella blanca en el palacio escarlata, en el pecho; el cadáver
sangriento en el campo de cinabrio inferior. No sólo causan
directamente la decrepitud y la muerte atacando los campos de
cinabrio, sino que tratan también de acortar el tiempo de vida
asignado al hombre que los aloja, subiendo al cielo para referir sus
pecados. Es porque después de la muerte, en contraste con las almas
que van a los infiernos o se quedan en la tumba, según su especie, los
tres gusanos salen a vagabundear; se les da el nombre de "fantasmas".
Así, cuanto antes muera su «hospedero», antes obtendrán su libertad.
El adepto debe deshacerse de ellos lo más rápidamente posible, y para
eso ha de «renunciar a los cereales», pues de la esencia de los
cereales nacen y se nutren los tres gusanos.
La abstinencia de cereales, destinada a acabar con esos entes dañinos,
es la base de todos los regímenes dietéticos taoístas, regímenes muy
severos que excluyen especialmente el vino, la carne y las plantas de
sabor fuerte para no incomodar a las divinidades del cuerpo a quienes
repugna el olor de la sangre, la cebolla y el ajo. Mas esto aún no
basta para destruirlos; hay que tomar también ciertas píldoras que
provocan su muerte (existen numerosas fórmulas), y ello puede durar
muchos años. Por lo demás, tales regímenes sólo surten efecto a la
larga y son tan duros que no pueden llevarse a la práctica sino
gradualmente, como lo hizo, por ejemplo, T'ao Yen, que a los quince
años comenzó su abstinencia de cereales suprimiendo de buenas a
primeras casi toda alimentación normal (carne, arroz, etc.), salvo la
harina; más adelante suprimió también ésta, para terminar comiendo
únicamente azufaifas. Mientras quede algo del «hálito de la comida
sangrienta», todo progreso es imposible.
La destrucción de los tres gusanos concluye una especie de etapa
preparatoria. Sólo después de su expulsión cobran plena eficacia la
mayoría de las prácticas, pues sólo entonces puede sustituirse la
alimentación corriente por el régimen ideal, el llamado «alimentarse
de hálitos» o «respiración embrionaria», que confiere al cuerpo
ligereza e inmortalidad.
Los médicos chinos dividen los órganos del cuerpo en dos clases: las
cinco vísceras y los seis receptáculos. De todos estos órganos
dependen las funciones esenciales para la vida: respiración, digestión
y circulación (hoy se sabe que la medicina china conoció desde épocas
remotas la circulación, más no su mecanismo). La respiración se
descompone en dos tiempos: inspiración, que es una bajada del aliento
(aire exterior) desde la nariz a través del bazo hasta el hígado y los
riñones, y espiración, por la que el mismo aliento sube al corazón y
los pulmones, pasando también por el bazo, y sale luego por la boca.
Una vez que los alimentos sólidos han bajado por el esófago hasta el
estómago, son allí digeridos por el bazo, que transforma las
sustancias útiles en los «hálitos de los cinco sabores». Estos hábitos
de los cinco sabores se reúnen en el bazo, donde se mezclan con el
agua llegada allá por un conducto especial diferente del esófago
(hasta el siglo XI, los médicos chinos creyeron que había en el fondo
de la boca tres conductos distintos, uno para el aire, otro para los
alimentos sólidos y el tercero para el agua), constituyendo de este
modo la sangre. Cada vez que el aliento espirado o inspirado atraviesa
el bazo, arrastra fuera de él la sangre que, así empujada, avanza tres
pulgadas por las venas. De esta suerte, o sea en estrecha dependencia
unas de otras, van realizándose las tres funciones básicas:
respiración, digestión y circulación.