CONCIENCIA. LA CLAVE PARA VIVIR EN
EQUILIBRIO
Mundos Privados (Terecera parte)
La mente siempre está
en el pasado o en el futuro. No puede estar en el presente, es absolutamente imposible para la mente estar el
presente. Cuando estás en el presente, la mente ya no está ahí, porque mente equivale a pensar. ¿Cómo puedes
pensar en el presente? Puedes
pensar en el pasado; ya se ha convertido en parte de la memoria; y la mente,
puede trabajar con ello. Puedes
pensar en el futuro; todavía no está aquí, y la mente puede soñar con
ello. La mente puede hacer dos
cosas: puede moverse hacia el pasado, donde hay espacio de sobra para moverse, el vasto espacio del pasado,
en el que puedes seguir y seguir penetrando; o puede moverse hacia el futuro, donde también hay un espacio
infinito, en el que puedes imaginar
y soñar sin límites. Pero ¿cómo va a funcionar la mente en el presente? En el
presente no hay espacio, para que
la mente haga ningún movimiento. El
presente es sólo una línea divisoria, nada más. Separa el pasado del futuro, no
es más que una línea
divisoria. Puedes estar en el presente, pero no puedes pensar en él; para
pensar, se necesita espacio. Los pensamientos necesitan espacio, son
como los objetos. Recuérdalo: los pensamientos
son cosas materiales, muy sutiles, pero son materiales. No puedes pensar en el presente. En el instante en que empiezas a
pensar, ya es pasado. Ves salir el Sol y dices:
«Qué bello amanecer.» Cuando lo dices ya es el pasado. Cuando el Sol está saliendo no hay espacio suficiente ni siquiera,
para decir «Qué bonito», porque cuando pronuncias esas dos palabras; «qué bonito», la
experiencia ya se ha convertido en pasado. La mente ya lo ha archivado en la memoria; Pero
en el momento exacto en que sale el
Sol, el momento exacto en que el Sol apareé sobre la línea, ¿cómo puedes pensar? ¿Qué puedes pensar? Puedes estar con
el Sol que sale, pero no puedes pensar. Hay espacio suficiente para ti, pero no para los
pensamientos. Ves una hermosa flor en el jardín y dices: «Qué bonita rosa.» En ese
momento ya no estás con la rosa; es ya un
recuerdo. Cuando la flor está ahí; y tú estás ahí, los dos presentes
ante el otro, ¿cómo podrías pensar? ¿Qué
podrías pensar? ¿Cómo va a ser posible el pensamiento? No hay espacio para él. El espacio es tan estrecho; de
hecho, no hay nada de espacio, que tú y la
flor no podéis ni siquiera existir como dos seres, porque no hay espacio
suficiente para dos. Sólo puede existir
uno. Por eso; en una presencia profunda,
tú eres la flor y la flor se convierte en ti. Cuando no hay pensamiento, ¿quién es la flor y quién es el observador? El
observador se convierte en observado. De
pronto, desaparecen las fronteras. De pronto, te encuentras con que has
penetrado en la flor y la flor ha
penetrado en ti. De pronto: ya no sois dos; solo existe uno. Si empiezas a pensar, nos convertimos de nuevo en dos.
Si no piensas, ¿dónde está la dualidad?
Cuando existes con la flor, sin pensar, es un diálogo. No un duólogo, sino un
diálogo.
Cuando existes con tu amante,
es un diálogo, no un duólogo, porque allí no hay dos. Sentado aliado de tu amante, cogiéndole de la mano, simplemente
existes. No piensas en los días ya
pasados; no piensas en el futuro, que vendrá. Estás aquí y ahora; es tan hermoso
estar aquí y ahora, y tan intenso, que
ningún pensamiento puede penetrar en esa intensidad. Y la puerta es estrecha. La puerta del presente es estrecha. Por
ella, no pueden entrar dos juntos, solo
uno. En el presente no es posible pensar, no es posible soñar, porque soñarno
es sino pensar con imágenes. Las dos cosas
son materiales. Cuando estás en el
presente sin pensar, eres espiritual por primera vez. Se abre una nueva dimensión, la dimensión de la
conciencia. Como no has conocido esa dimensión, Heráclito dice que estás dormido, que no eres
consciente. La conciencia significa estar en el momento de un modo tan total que no hay movimiento
hacia el pasado ni hacia el futuro. Todo
el movimiento se detiene. Eso no significa
que te quedes estático. Se inicia un nuevo movimiento, un movimiento con profundidad. Hay dos tipos de
movimiento, y ese es el significado de la cruz de Jesús: muestra dos movimientos, un cruce de caminos. Uno de
los movimientos es lineal: te mueves
siguiendo una línea, de una cosa a otra, de un pensamiento a otro, de un
sueño a otro sueño. De A pasas a B, de B a
C, de C a D. De ese modo te mueves en una línea horizontal. Este es el movimiento del tiempo; es el movimiento
de los que están completamente dormidos.
Puedes ir como una lanzadera, adelante y atrás; la línea está ahí. Puedes ir de B a A o puedes ir de A a B; la línea está
ahí. Hay otro movimiento, que tiene lugar
en una dimensión totalmente diferente. Este movimiento no es horizontal, es vertical. No vas de A a B y de B a C;
vas de A a un A más profundo, de Al
a A2, A3, A4, cada vez más abajo... o más arriba. Cuando el pensamiento
cesa, comienza el nuevo movimiento. Ahora caes a las profundidades, como si cayeras en un abismo. Las personas que meditan
profundamente llegan tarde o temprano a
ese punto; entonces les entra miedo, porque les parece que se ha abierto un abismo sin fondo... sientes vértigo, tienes
miedo. Te gustaría agarrarte al antiguo movimiento porque era algo conocido; esto se parece a la muerte.
Ese es el significado de la cruz de Jesús:
es una muerte. Pasar de la horizontal a la
vertical es la muerte, es la verdadera muerte. Pero solo es muerte vista
desde un lado; vista por el otro lado, es
resurrección. Es morir para nacer; es morir en una dimensión para nacer en otra dimensión. En horizontal eres Jesús; en
vertical te has convertido en Cristo.
Si te mueves de un pensamiento a otro,
sigues estando en el mundo del tiempo. Si te mueves hacia dentro del momento, no del pensamiento, te mueves
hacia la eternidad. No estás estático; no hay nada estático en este mundo, nada puede ser
estático. Surge un nuevo movimiento, un
movimiento sin motivación. Recuerda estas palabras. En la línea horizontal,
te mueves por motivaciones. Tienes que
alcanzar algo: dinero, prestigio, poder o a Dios, pero tienes que conseguir algo. Hay una
motivación.