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(IVÁN): ORAR CON YESHUA (JESUCRISTO) ES VIVIR FELICES PARA DIOS:

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valarezo

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Oct 27, 2010, 5:23:52 PM10/27/10
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Sábado, 23 de octubre, año 2010 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica


(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

(MINEROS SE FUERON CON DIOS EN MINA COLAPSADA: Nos hubiese gustado
mucho encontrar a los mineros ecuatorianos vivos. Pero la verdad es
otra. Ellos ya no están con sus familiares ni con sus amigos, sino con
nuestro Padre celestial, en el reino angelical: porque nuestro Señor
Jesucristo vino al mundo para llevárselos al cielo, para que sigan
viviendo sus vidas eternas con sus ángeles celestiales de siempre.

Los cuatro mineros gozan de bendiciones eternas en la presencia
sagrada de nuestro Padre celestial, porque nuestro Señor Jesucristo
derramó su sangre santísima y expiatoria, para que puedan regresar a
los brazos de su Dios y Creador de sus almas vivientes y así no se
vuelvan alejar de Él ni de su paraíso celestial, para siempre en la
eternidad celestial. Nuestras condolencias son para las familias y
amistades de los mineros desaparecidos y, sobre todo, que nuestro Dios
consuele cada día sus corazones y sus días por venir para que las
familias de los mineros en vigencia, en nuestra América, no vuelvan a
sufrir ningún mal como los ocurridos recientemente, en Chile, Colombia
y Ecuador, por ejemplo.

Esperamos que sus condiciones de trabajo y seguridad personal mejoren
cada vez más al entrar a sitios peligrosos como las minas de nuestros
pueblos, las cuales de pronto se derrumban por razones de la
naturaleza o por descuido de ellos mismos. ¡Amén!)

ORAR CON YESHUA (JESUCRISTO) ES VIVIR FELICES PARA DIOS:

Acontecía siempre que nuestro Señor Jesucristo subía al monte a orar,
y pasaba toda la noche orando a nuestro Padre celestial, para que le
entregase su ministerio de perdón, salud, bendición y de vida eterna
para Israel y así también para la humanidad entera, entonces las
tinieblas huían de su presencia y su luz santísima resplandecía como
sobre el Sinaí. Y nuestro Rabino Yeshua jaMashíax subía al monte a
orar siempre, porque así él se comunicaba con nuestro Padre celestial
para que le entregase su bendición santísima, como sólo un Padre puede
bendecir a su Hijo, por ejemplo, gracias al Espíritu Santo de amor
infinito que los une desde la eternidad y hasta la eternidad.

Y es precisamente éste mismo Espíritu Santo que en su día el hombre
Adán salió de Dios y de la carne sagrada del árbol de la vida para ser
un ser viviente entre los ángeles del cielo, llevando fantásticamente
su imagen celestial para ser por siempre de acuerdo a la semejanza
misma de Dios para la nueva eternidad celestial. Además, ésta
bendición de nuestro Padre celestial hacia su Hijo amado, nuestro
Señor y salvador Jesucristo, era muy necesaria en su vida para empezar
cualquier obra que tuviese por delante para bien eterno de Israel y
las naciones, y sin la bendición de nuestro Padre celestial, entonces
nuestro Señor Jesucristo no hacia nada por nadie sea quien sea la
persona.

Por ello, cuando nuestro Señor Jesucristo se arrodillaba para orar
delante de nuestro Padre celestial, entonces no lo hacia así por si
mismo, sino por todos los hombres, mujeres, niños y niñas de Israel y
de las naciones, para que las tinieblas de las mentiras del paraíso
mueran y la luz del fruto de la vida viva por siempre. Porque la misma
luz santísima que vio Moisés en su día sobre el Sinaí, entonces con
nuestro Señor Jesucristo orando ante el Padre celestial por la
bendición de Israel y así también por las naciones, entonces
resplandecía grandemente con ese mismo fulgor antiguo para disipar las
tinieblas mentirosas y destructivas de Satanás en las gentes.

Por lo tanto, la oración de nuestro Señor Jesucristo sobre cualquier
monte, en donde sea que se encontrase en todo Israel, predicando,
sanando y haciendo maravillas y milagros para dispar las tinieblas
mentirosas y crueles de Satanás para redimir a las almas perdidas de
Israel, entonces su luz brillaba como en su día sobre el Sinaí
libertador, por ejemplo. Y sin esta luz de oración e intercesión por
Israel desde lo alto del Sinaí, entonces nuestro Señor Jesucristo ya
sea como el Rey Melchisedec o como el Cordero del sacrificio continuo
de sangre expiatoria o como el sumo sacerdote o unigénito, o sea, el
Rabino Yeshua jaMashíax, no podía, de ninguna manera, empezar su gran
obra mesiánica en todo Israel.

Realmente, nuestro Señor Jesucristo no necesitaba orar para que
nuestro Padre celestial lo bendiga, ya que él mismo es Dios redentor
en la tierra para los hombres así como siempre lo ha sido para las
huestes angelicales en el cielo, por ejemplo; pero para el hombre
necesitaba orar a cada hora, dada por su condición espiritual de
esclavitud eterna al pecado. Visto que, la condición espiritual del
hombre pecador y de la mujer pecadora, como Adán y Eva, los mantienen
lejos de nuestro Padre celestial para no ser ofendido por ellos ni por
sus pecados, por ejemplo; más, cuando nuestro Señor Jesucristo ora por
ellos o viene a ser parte de sus vidas, entonces su santidad celestial
los protege del pecado infinitamente.

Por ello, desde el día del nacimiento del hombre y la mujer en el
cielo, entonces nuestro Padre celestial hizo que la oración sea tan
parte de sus vidas así como su Hijo Jesucristo es parte de su vida
santísima y de los ángeles también, para que su Espíritu Santo se
mueva siempre libremente para hacer muchas de sus cosas gloriosas. Y
lo mismo sigue siendo verdad hoy en día no solamente en todo Israel
sino también en cada una de las naciones a pesar de su estado
espiritual caótico, de no conocer nada de Dios y de su gran Espíritu
Santo de amor eterno entre Dios mismo y su Hijo amado, nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, por ejemplo.

Porque inicialmente nuestro Padre celestial concibió al hombre para
que sea no solamente parte de su gran creación y adoración angelical
de cada día, sino también para que por medio de él entonces crear
nuevos mundos con nuevas vidas jamás vistas por los ángeles gloriosos
del cielo, por ejemplo, pero siempre todo por medio de la oración
fiel, en su Jesucristo. Por eso nuestro Padre celestial no solamente
concibió al hombre en su imagen y conforme a su semejanza celestial en
el cielo para darle de comer del fruto del árbol de la vida, sino que
también lo puso en la tierra para seguir ofreciéndole de comer y beber
de la vida misma de su Hijo amado, ¡nuestro Rabino Yeshua jaMashíax!

Y esto es, sin duda alguna, de comer de la carne santa y beber de la
sangre bendita y llena de vida eterna de su Hijo Jesucristo para que
el hombre, la mujer, el niño y la niña de todas las naciones se
conviertan en sus hijos legítimos e hijas legitimas para adoración y
creación de nuevas cosas sumamente gloriosas. Por ello, toda obra del
hombre y de sus retoños, entonces siempre tiene que ser por medio de
la oración elevada hacia su Dios y Creador de sus almas vivientes, y
sólo por medio del nombre glorioso de su Hijo amado, nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, para que las cosas comiencen a suceder debidamente
en su día y sin problema alguno.

En otras palabras, nuestro Padre celestial no puede oír a ningún
hombre, mujer, niño o niña en toda la tierra, sino se presenta delante
su presencia santísima con la santidad gloriosa y todopoderosa de su
Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que entonces haya
verdadera comunicación de modo definitivo entre Él y el hombre de toda
la tierra. Porque es la presencia santísima de nuestro Señor
Jesucristo como el Cordero de la sangre santa y expiatoria, o como el
sumo sacerdote entre Dios y el hombre, para que entonces ésta santidad
sumamente gloriosa haga posible la comunicación entre Dios y el alma
viviente del hombre a pesar de toda distancia conocido o desconocida
aún, por todos nosotros.

Es decir, que todo lo que nuestro Padre celestial hace en el cielo
para los ángeles o sobre la tierra para el hombre, entonces tiene que
ser con su Hijo, nuestro Señor Jesucristo; así también el hombre como
los ángeles no puede hacer nada de nada en su vida terrenal, sin la
oración debida de su salvador Jesucristo, sin duda alguna. De otra
manera, no hay comunicación posible entre Dios y el hombre, ni mucho
menos con santos de palo, piedra, madera, metal o de cualquier otra
cosa o cuadros colgantes, por ejemplo, porque en ningún objeto creado
o fundido por el hombre pecador puede haber santidad posible para
perdón, bendición, salud, protección constante y salvación eterna,
sino solamente en Jesucristo.

Por esta razón, nuestro Padre celestial nos ha dado a su Hijo amado
como nuestro Rabino Yeshua jaMashíax en Israel, no solamente porque él
es su unigénito o el Santo de Israel, por ejemplo, sino que él es
nuestra oración completa (o perpetua) delante de su presencia
santísima y sobre su altar glorioso en el reino angelical, para ser
oídos siempre. Por lo tanto, cuando nuestro Padre celestial oye
nuestras oraciones, peticiones, ruegos, rezos, mediaciones por
nosotros mismos o por otros, entonces cosas comienzan a suceder en
nuestras vidas y en la vida de los demás, porque el Espíritu Santo
comienza a derramar de sus dones poderosos para enriquecer nuestras
vidas en todo lo que necesitemos.

Además, nuestro Padre celestial oye nuestras oraciones no solamente
porque nuestro Señor Jesucristo está con nosotros (o en nosotros) o
por amor a su nombre santísimo y salvador, sino porque cada oración,
ruego, rezo, confesión e intercesión personal o por los demás está
grandemente saturada por su Espíritu Santo a pesar de la distancia
entre el cielo y la tierra. Por ende, lo único que puede subir del
hombre hacia nuestro Padre celestial que está en el cielo, en verdad,
es su oración y alabanzas de glorias y honras a su nombre santo, pero
todo siempre en el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax; porque el nombre salvador de nuestro Jesucristo está
lleno del Espíritu Santo.

Y es ésta llenura del Espíritu Santo de Dios lo que hace que nuestras
oraciones, peticiones, ruegos, rezos, intercesiones y demás sean
potentes y conmovedoras delante de nuestro Padre celestial para que
actúe a favor nuestro concerniente a cualquier cosa o situación que
necesitemos su bendición y ayuda personal, y esto es en cualquier hora
o lugar en toda las naciones. Por ello, cada oración hecha a nuestro
Padre celestial está grandemente saturada por su Espíritu Santo,
porque lo hacemos nosotros, ya sea en el nombre santo y salvador de
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax o porque ya es nuestro Señor y
salvador personal de nuestras almas vivientes, por ejemplo, y sólo
entonces tenemos respuesta del cielo inmediatamente y sin demora.

Es decir, que dondequiera que esté el nombre santísimo de nuestro
Señor Jesucristo, entonces ahí mismo está el Espíritu Santo de Dios
para asistirnos en nuestras oraciones, peticiones, ruegos, rezos e
intercesiones delante de nuestro Padre celestial para que nuestras
oraciones u obras queden escritas en los corazones de los ángeles y
así también en los libros antiguos del cielo. Es decir, también que
las huestes angelicales son testigos fieles de nuestras oraciones ante
nuestro Padre celestial y así también son testigos fieles de nuestros
pasos por toda la tierra y por cada obra que hayamos hecho para gloria
de nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado,
¡nuestro Señor Jesucristo!

Por eso el Espíritu Santo del nombre bendito de nuestro Padre
celestial y de sus mandamientos justamente cumplidos y glorificados en
la vida mesiánica de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax como el Hijo de
Dios siempre está con cada uno de nosotros al mismo tiempo a pesar de
la distancia y el tiempo, porque el Espíritu Santo es omnipresente en
todo momento. En realidad, nosotros no sabemos siempre como hablar con
Dios o que palabras decirle a Él para que nos oiga en nuestras
oraciones, peticiones, ruegos, rezos, mediaciones y demás, sino que
sólo nuestro Señor Jesucristo y su Espíritu Santo saben verdaderamente
como orar delante de Él; por eso, el Espíritu Santo nos ayuda
fielmente a orar a Dios en todo momento.

Es decir, que cada vez que nosotros doblamos rodillas delante de
nuestro Padre celestial que está en el cielo, entonces su Espíritu
Santo, en el nombre glorioso de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, también dobla rodilla con nosotros para orar para bien
eterno nuestro; es decir, que el Espíritu Santo nos ayuda fielmente en
nuestras oraciones siempre. Porque el Espíritu Santo sabe orar en el
nombre de nuestro Señor Jesucristo delante de la presencia de Dios y,
por tanto, sabe decir las palabras correctas para mover grandemente el
corazón de nuestro Padre celestial para bien eterno de cada uno de
nosotros; por eso, el Espíritu Santo ora, llora y clama por todos
nosotros siempre, cuando oramos en Jesucristo.

Por eso siempre es bueno invocar el nombre sagrado de nuestro Padre
celestial, porque el sólo hecho de invocar éste gran nombre conocido
por los siglos y de los siglos del Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro
Señor Jesucristo, entonces el Espíritu Santo del nombre de Dios y así
también de los mandamientos infinitamente glorificado se manifiesta en
nuestras vidas grandemente con autoridad. Y siempre cuando el Espíritu
Santo de Dios se manifiesta, sin duda, es para bien eterno de todos
nosotros, en nuestros millares, por toda la tierra, no importando
jamás en donde nos encontremos para bendecirnos grandemente en el
nombre sagrado de nuestro Padre celestial y de su Hijo amado, ¡nuestro
Señor y salvador Jesucristo!

Es precisamente aquí cuando comenzamos a recibir grandes ayudas del
cielo para resolver nuestros problemas, dificultades, enfermedades y
demás cosas terribles que suelen suceder en la vida endeble del
hombre, de la mujer, del niño y de la niña de las naciones, para que
ya no vivamos más bajo las mentiras del malvado, sino en la verdad de
nuestro Señor Jesucristo. Además, cuando nosotros invocamos el nombre
sagrado de nuestro Señor Jesucristo, entonces él mismo no solamente se
manifiesta en nuestras vidas como el Hijo de Dios sino también como
nuestro Gran Rey Rabino, Yeshua jaMashíax, para que con su sangre
expiatoria y sus oraciones santísimas nos asistan en lo que
necesitemos de Dios, en todo momento crucial de nuestras vidas.

Porque la verdad es que nuestro Señor Jesucristo es nuestro Gran Rey
Rabino Yeshua jaMashíax en la tierra y así también en el reino
angelical, como en La Nueva Jerusalén santa y poderosa del cielo, por
ejemplo, en donde nuestro Rabino Yeshua jaMashíax actúa como Sumo
Sacerdote para bien eterno de nosotros con su sangre expiatoria en sus
rituales de siempre. Porque los rituales bíblicos que nuestro Padre
celestial siempre recibía del hombre, en este caso de Israel, por
ejemplo, entonces no era necesariamente de la mano del hombre, sino
del mismo Rey Melchisedec o Rabino Yeshua jaMashíax, porque sólo él es
nuestro Cordero de sangre sagrada y salvación progresiva sobre la Mesa
del SEÑOR y, además, nuestro único Sumo Sacerdote.

Es decir, que nuestro Señor Jesucristo jamás uso la sangre de animales
en la tierra para los rituales religiosos de Israel y así también en
el reino angelical sobre el altar de nuestro Padre celestial y de su
Espíritu Santo, sino que siempre uso su misma sangre santísima y
expiatoria para perdonar a Israel y a las naciones todos sus pecados.
Entonces la sangre de los animales del sacrificio de noche y día de la
vida de Israel jamás pudieron cubrir sus pecados delante de nuestro
Padre celestial y de su Espíritu Santo, pero la sangre santa y
expiatoria del Rey Melchisedec o de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax,
como el Cordero y su Sumo Sacerdote de Dios, si pudo siempre.

Porque es la sangre santísima y expiatoria de nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax como el Hijo de Dios en el reino angelical y así también en
la tierra, empezando por Israel mismo, es que verdaderamente cubre
todo pecado del hombre antes y después, para que nuestro Dios no
recuerde jamás ninguno de nuestros pecados en toda la nueva eternidad
celestial. Entonces cuando nuestro Señor Jesucristo se alejaba de sus
discípulos, por ejemplo, siempre era para orar sobre el monte santo y
con su sangre expiatoria, para que nuestro Padre celestial con su
Espíritu Santo lo bendiga a él grandemente para bien eterno de cada
uno de nosotros, en nuestros millares, de todas las familias de las
naciones, comenzando por Israel mismo.

Y nuestro Señor Jesucristo siempre ascendía hacia la cima de cualquier
monte del área para orar, porque no solamente lo acercaba a nuestro
Dios y Padre celestial, sino que era la cumbre o la altura en donde
posteriormente entregaría toda su vida y sangre santa y expiatoria
para perdón y salvación eterna de las naciones, comenzando por Israel
primeramente. Porque la salvación eterna que nuestro Padre celestial
le entrega al mundo entero, primeramente es para Israel y luego para
las naciones, para que todos vivan juntos con él en esta vida eterna
que jamás terminara en la eternidad, porque no tiene principio ni fin
en la vida gloriosa y celebre de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax,
¡como su Hijo amado!

Entonces la vida santa que hemos recibido de nuestro Padre celestial,
por medio de su Jesucristo como el fruto de la vida en el paraíso o en
la tierra de Israel, por ejemplo, como el Cordero de Dios que quita el
pecado del mundo, nos da una vida eterna, sin principio ni fin, para
vivirla gozos y sin pecado para siempre. Por esta razón, cada vez que
nos presentamos delante de nuestro Padre celestial y Dios de nuestras
almas viviente, invocando el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax, entonces estamos, espiritualmente hablando,
sobre la cima de la roca eterna o la altura próxima del sacrificio
supremo de sangre expiatoria, para perdón, protección, salud y
bendición eterna.

Aquí está la vida santa que nuestro Padre celestial siempre intento
darnos desde el comienzo de las cosas en el paraíso, la vida misma de
su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, una vida eterna de oración
sin fin y de alabanzas sumamente gloriosas hechas hacia él y su nombre
santísimo para toda la eternidad venidera del nuevo reino celestial.
Así es, cada vez que invocamos el nombre sagrado de nuestro Señor
Jesucristo con nuestros labios, primeramente creyendo en nuestros
corazones, entonces nos encontramos enseguida sobre el monte santo de
Jerusalén y con la sangre santísima del pacto eterno entre Dios y el
hombre de toda la tierra, para que Dios mismo nos oiga nuestras
oraciones fielmente y las conteste siempre.

Por cierto, ésta es una vida de oración eterna y de nuevas alabanzas
jamás alcanzadas o cantadas por las huestes angelicales delante de
nuestro Padre celestial, de su nombre santísimo y de sus mandamientos
infinitamente justos y cumplidos en la vida de nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, para cumplir con toda verdad y justicia celestial en estos
días y siempre. Y esto sucede en todos los lugares de la tierra de hoy
en día, en donde el hombre, la mujer, el niño y la niña se acercan con
toda confianza a nuestro Padre celestial y Dios de nuestras vidas
inmortales, para que nos perdone y nos bendiga grandemente en todo lo
que le pidamos por nosotros y por los nuestros también.

Es decir, que nuestro Padre celestial nos bendice siempre sobre todo
lo alto del monte santo de La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del
cielo, porque ahí mismo su Hijo amado como nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax y sumo sacerdote de nuestras almas vivientes, en las afueras
de Jerusalén y lleno del Espíritu Santo, oró por nosotros para bien
eterno. Ciertamente, nuestro Padre celestial es Todopoderoso para
establecer doquiera su altar del sacrificio de sangre expiatoria para
perdón y bendición eterna de todas las almas vivientes de las naciones
con el fin no solamente de perdonar y salvar a todos los hombres,
mujeres, niños y niñas, sino para que sepan también que tienen un Dios
enormemente santo en los cielos.

Y éste es un Dios sumamente santo e infinitamente glorioso, por
cierto, que los ama profundamente como jamás nadie los amara en la
tierra, ni los querrá jamás así en los siglos venideros de la nueva
eternidad celestial de su nuevo reino angelical, como La Nueva
Jerusalén santa y perfecta del cielo, en donde todo es amor infinito
para todos. Por eso podemos confiar en nuestras oraciones que hacemos
siempre hacia nuestro Padre celestial que está en el cielo, por medio
de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que nos limpie
de todo pecado con su sangre expiatoria de cada día del sacrificio
continuo y así podamos alcanzar fácilmente muchas bendiciones eternas,
para miles de generaciones venideras.

Porque si vivimos en pecado, por no amar a nuestro Padre celestial por
medio de su Hijo amado, nuestro Señor y salvador Jesucristo, entonces
no podemos esperar nada de él jamás, en esta vida ni en la venidera
tampoco, para que nuestras vidas sean siempre libres de todas
tinieblas de la perdición eterna del más allá, como el infierno, por
ejemplo. Por ello, en las oraciones que siempre hagamos delante de
nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado,
nuestro Cordero escogido del sacrificio de sangre expiatoria y
continua de cada hora, entonces somos oídos en el cielo para que
nuestras oraciones y peticiones sean siempre contestadas a tiempo,
para felicidad en todo momento de nuestros corazones eternos.

Además, nuestro Padre celestial contestara siempre nuestras peticiones
a tiempo, por más pequeñas que sean todas ellas, y en cualquier lugar
o distancia de la tierra, y siempre será por amor a la fidelidad
infinita de su Hijo amado, ¡nuestro Rabino Yeshua jaMashíax! Y nuestro
Padre celestial contestara siempre a tiempo nuestras peticiones,
ruegos, rezos y demás intercesiones por nosotros mismos y por los
demás, porque estaremos siempre llenos de su Espíritu Santo, gracias a
la presencia gloriosa de su Hijo amado en nuestros corazones por haber
creído en él y en su gran obra salvadora y antigua de sangre sumamente
santa y expiatoria.

Puesto que, cuando nuestro Señor Jesucristo entra en nuestros
corazones, porque hemos creído en su nombre santísimo y salvador, de
acuerdo a las Escrituras, entonces el Espíritu Santo entra en nosotros
cómo el nombre perfecto e infinitamente glorioso de nuestro Padre
celestial y los mandamientos perfectamente cumplidos de cada día, en
la tierra y así también en la eternidad. Porque la verdad es que el
Espíritu Santo de Dios en nuestras vidas, sin duda alguna, es a cada
hora el cumplimiento de los mandamientos gloriosos de Dios y de su
nombre bendito en nuestras vidas, para perdón, bendición, protección y
salud eterna, en la tierra y en el cielo también, en nuestros días y
eternamente y para siempre.

Efectivamente, la presencia santísima del Espíritu Santo de Dios en
nuestras vidas de cada día, y siempre gracias a nuestro Señor
Jesucristo y su sangre santísima de expiación continua por nuestros
pecados en el paraíso y en toda la tierra, es el cumplimiento absoluto
y perfecto de los mandamientos y glorificación infinita del nombre
bendito de nuestro Padre celestial. Por eso nuestro Padre celestial
siempre desea que le honremos por medio de su unigénito, nuestro Señor
Jesucristo, para que nuestras oraciones y así también ruegos sean
fielmente recibidas y sin ningún problema en su presencia santísima,
para contestarlas con mucho gusto y con mucho amor para gloria y honra
de su nombre bendito delante de sus huestes angelicales.

Pero si no hacemos nuestras oraciones en el nombre sagrado de su Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo, entonces su sangre expiatoria e
infinitamente perfecta de su holocausto continuo no podrá jamás borrar
nuestros pecados, ni menos escribir nuestros nombres en el libro de la
vida eterna de su nueva vida infinita, La Nueva Jerusalén santa y
gloriosa del cielo. Así es, si la sangre santísima y expiatoria de
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax no borra nuestros pecados, porque sólo
él es nuestro verdadero sacrificio continuo de sangre santa y
reparadora de nuestras almas vivientes, entonces vivimos en problemas
y desprotegidos en la tierra y así también en la eternidad para
siempre, para mal eterno.

Aquí es cuando Satanás junto con sus malvados y mentiras de siempre,
entonces se aprovecha de nosotros para contarnos toda clase de
mentiras para alejarnos cada vez más de la luz brillante sobre el
monte Sinaí o sobre el monte santo de Jerusalén, por ejemplo, nuestro
Señor Jesucristo orando a Dios en su sangre expiatoria por amor eterno
hacia a nosotros. Porque cuando somos desobedientes a nuestro Padre
celestial, orando en otro nombre desconocido por su devoción
desconocida, entonces nuestras oraciones jamás podrán levantarse ni
mucho menos traspasar el reino angelical o su altar del sacrificio de
sangre expiatoria y continua del más allá, sino que se quedaran en
nosotros sin respuesta, como los muertos en sus tumbas, por ejemplo.

Porque toda oración hecha a nuestro Padre celestial sin el
reconocimiento santísimo de su Jesucristo en nuestros corazones,
entonces no tienen valides alguna delante de Él y de su Espíritu
Santo, por ende, no podrán ser oídas jamás por falta de santidad, en
la tierra y en el cielo; porque son oraciones hechas en rebelión hacia
Dios y sus preceptos justos. Históricamente, como dice la Escritura,
Deuteronomio 4: 7, 8, por ejemplo: ¿Qué nación tiene Dioses tan cerca
como los tiene Israel? ¿O qué nación tan grande existe en toda la
tierra que tenga leyes y preceptos tan justos como los que tiene
Israel en Sus Diez Mandamientos eternos?

Realmente, ninguna nación tiene una historia tan grande, profunda y
sumamente gloriosa como la de Israel, en donde Dios mismo habito con
sus hijos e hijas para llevarlos por el camino antiguo y redentor de
su Rabino Yeshua jaMashíax para que sea por siempre su protector
constante de un holocausto progresivo de sangre expiatoria de una vida
nueva para la eternidad. Entonces sólo Israel tiene Dioses justos y
misericordiosos, como nuestro Padre celestial y su Rabino Yeshua
jaMashíax, quien no solamente es su unigénito, sino que también es su
Cordero del sacrificio continuo de sangre santa y expiatoria para
borrar eternamente los pecados de Israel y así también las del mundo
entero, para bendecirnos abundantemente y sin medida con su Espíritu
Santo.

Y esto es siempre y cuando, hoy en día, que las naciones, por más
ciegas que sean, al igual que Israel, crean infinitamente en sus
preceptos y leyes tan justas cumplidas grandemente en la vida de su
Hijo amado, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Señor y salvador
Jesucristo, el Todopoderoso, ¡el Santo de Israel y de la humanidad
entera! Por ello, el precepto principal de Dios es siempre que se ame
primero a su Jesucristo delante de su presencia santísima, por su
nacimiento único del vientre virgen de la joven hebrea, por vivir una
vida consagrada al Espíritu Santo de su nombre bendito y de sus
mandamientos perfectos, por su crucifixión y muerte gloriosa, para
resucitar triunfante en el tercer día.

Porque la verdad es que en el tercer día que nuestro Señor Jesucristo
se levanto glorioso del abismo, después de haber predicado su
evangelio en las profundidades, entonces también derrotó grandemente
al ángel de la muerte, para que la muerte ya no sostenga más a ningún
hombre en sus cavernas perdidas, sino que se levanten todos al paraíso
para vida eterna. Es decir, creer en nuestro Padre celestial, en su
Jesucristo y en su Espíritu Santo como un sólo Dios santísimo que dan
testimonio de toda verdad y justicia en el cielo con los ángeles y así
también para con el hombre, la mujer, el niño y la niña de todas las
familias de las naciones, empezando por Israel, entonces es vida.

Porque cuando nuestro Señor Jesucristo oraba al Padre celestial que
está en el cielo, entonces lo hacia sobre lo alto del monte
sangriento, simulando la roca eterna o el monte santo de Jerusalén,
para ser infinitamente lleno del Espíritu Santo y así también de la
vida misma de cada hombre, mujer, niño y niña, empezando por Adán y
Eva. Porque cuando nuestro Señor Jesucristo nació del vientre virgen
de la joven hebrea, entonces nació lleno de Dios y de su Espíritu
Santísimo para empezar una vida sumamente santa y jamás vivida por el
hombre en Israel y así también de todas las naciones con el fin de
empezar un nuevo reino angelical, para bien eterno de muchos en la
eternidad.

Por lo tanto, cuando nuestro Señor Jesucristo era acusado falsamente
por los mentirosos, entonces en ese mismo momento nuestro Padre
celestial junto con su Espíritu Santo de su nombre bendito y de sus
mandamientos infinitamente glorificados era acusado también por los
mismos labios mentirosos del pecador y de la pecadora de todos los
tiempos, por ejemplo, para mal eterno. Y cuando nuestro Señor
Jesucristo fue llevado a juicio por el Sanedrín (Tribunal Hebreo),
entonces también nuestro Padre celestial junto con su Espíritu Santo
fue llevado por los acusadores mentirosos a juicio para que sean
condenados por las mentiras de los labios mentirosos y sin escrúpulos
de los pecadores y de las pecadoras no sólo de Israel sino de todas
las naciones.

Es decir, que cuando nuestro Señor Jesucristo fue encontrado culpable
por las mentiras de los malvados mentirosos, entonces nuestro Padre
celestial y así también con su Espíritu Santo fue encontrado culpable
por unas mentiras que jamás salieron de ninguno de ellos; y el cielo y
la tierra como testigos fieles saben muy bien que esto es verdad, para
siempre. Por lo tanto, cuando nuestro Señor Jesucristo fue condenado a
muerte de cruz, entonces también nuestro Padre celestial junto con su
Espíritu Santo fue condenado a muerte de cruz, y de la manera más
cruel posible, para que su sangre expiatoria con toda su vida
santísima se regara sobre toda la tierra de Israel y así también por
todas las naciones.

Y éste es el poder infinito del Espíritu Santo (Gn 1:2) del evangelio
eterno enviado fielmente con poder y autoridad al mundo entero, desde
mucho antes de la fundación del cielo y la tierra, para perdón, salud,
protección y salvación eterna con todas sus bendiciones de cada hora
para cada hombre, mujer, niño y niña de todas las naciones. Por todo
ello, cuando nuestro Señor Jesucristo caminaba hacia el monte santo de
Jerusalén, condenado por las mentiras crueles de sus adversarios,
entonces también nuestro Padre celestial caminaba junto con su
Espíritu Santo ha ser clavado a los árboles cruzados de Adán y Eva,
para derramar la sangre salvadora de la humanidad entera, para bien
eterno de las naciones.

Físicamente, cuando nuestro Señor Jesucristo sufría gravemente los
insultos y los clavos en sus manos y en sus pies, entonces nuestro
Padre celestial y así también con su Espíritu Santo sufría los mismos
dolores de nuestros males eternos para darnos perdón, bendición y
salvación eterna, en la tierra y así para la vida eterna de La Nueva
Jerusalén inmortal del cielo. Por esta razón, cuando nosotros oramos
en el nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo, entonces no
solamente estamos llenos del Espíritu Santo delante de nuestro Padre
celestial, sino que también somos infinitamente llenos de milagros,
maravillas y de prodigios antiguos y modernos también que nos
pertenecen legalmente, y créelo así siempre, para que sean parte de
nuestros días y para la eternidad.

Por ello, toda vez que doblamos rodillas ante nuestro Padre celestial,
en el nombre sagrado de su Rabino Yeshua jaMashíax, entonces estamos
sobre el monte sangriento de la Jerusalén del cielo, para hablar con
nuestro Padre celestial cara a cara así como Moisés hablaba con él a
cada hora, para que nos oiga y bendiga grandemente en todo. En verdad,
orando a nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo
amado, nuestro Señor y salvador Jesucristo, entonces entramos, para
jamás salir de él, a un mundo lleno de milagros y maravillas que sólo
nos pertenece legalmente, y por voluntad de nuestro Padre celestial, a
cada uno de nosotros de todas las familias de las naciones.

Por lo mismo, siempre es bueno confiar en el nombre sagrado de nuestro
Señor Jesucristo para vivir infinitamente libre de todo mal de las
mentiras de Satanás y de sus malvados de siempre, con el fin de que
nuestro Padre celestial nos vea llenos del Espíritu Santo de su nombre
glorioso y de sus mandamientos eternamente honrados en nuestras vidas.
Y estos son mandamientos de leyes y preceptos tan justos que ningún
hombre en toda la tierra, comenzando por Moisés mismo quien los
recibió de la mano de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax como el Cordero
de Dios para liberación inmediata de Israel del cautiverio egipcio, en
realidad él mismo jamás pudo cumplirla en su vida, pero Jesucristo si
los cumplió grandemente.

Por eso siempre es bueno amar grandemente a nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax como el Hijo de David, por ejemplo, o como el Sumo Sacerdote
entre Dios y las almas de los hombres de todas las naciones, para que
nos vea llenos del Espíritu Santo del cumplimiento de los mandamientos
y de la glorificación infinita de su nombre bendito en nuestras vidas.
Y así nuestro Padre celestial nos vea con mucho amor hacia todos
nosotros para perdonarnos nuestros pecados, llenándonos de las
riquezas increíbles del Espíritu Santo de su nueva vida infinita de La
Nueva Jerusalén santa y colosal del cielo, para ya no vivir más
engañados por Satanás y sus mentiras de siempre, sino llenos del
Espíritu Santo de la verdad inmortal.

Porque en la tierra en donde nacimos estamos llenos de las mentiras
que Adán y Eva creyeron por error en el paraíso y de boca de la
serpiente antigua, más cuando entramos en oración delante de nuestro
Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo Jesucristo, entonces
estamos en el mundo de toda verdad y de justicia para bendición
eterna. Por eso es que con nuestro Señor Jesucristo viviendo en
nuestros corazones como nuestro Gran Rey Rabino Yeshua jaMashíax,
entonces somos más que vencedores delante de nuestro Padre celestial y
así también delante de cada uno de sus adversarios para ser por
siempre triunfantes en toda batalla, en el nombre sagrado de su Hijo
amado, ¡nuestro Señor y salvador Jesucristo!

En nuestros días, cuando nos presentamos delante de nuestro Padre
celestial con los dolores increíbles de nuestro diario sufrimiento por
razones de nuestros problemas, dificultades, enfermedades y hasta
amenazas increíbles de muertes, entonces nuestro Dios junto con su
Espíritu Santo ya lo conocen todo muy bien en sus cuerpos celestiales,
para asistirnos poderosamente con gran amor y misericordias
progresivas. Porque cuando nuestro Señor Jesucristo subió al monte
santo de Jerusalén sobre los árboles cruzados de Adán y Eva, entonces
también nuestro Padre celestial junto con su Espíritu Santo fue
clavado al espíritu humano del hombre para jamás volvernos a alejar de
nuestro Dios y Fundador de nuestras nuevas vidas eternas del cielo.

Por ello, cada vez que nos arrodillamos a orar delante de nuestro
Padre celestial, en el nombre sagrado de nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, entonces estamos siendo llenos del Espíritu Santo del
nombre bendito de Dios y de sus mandamientos infinitamente cumplidos,
para que la impureza de nuestros pecados ya no brille más, sino sólo
la santidad de nuestro Salvador y Sumo Sacerdote. Porque nuestro Padre
celestial sólo desea ver en nosotros, en nuestros millares, de todas
las razas, familias, linajes, pueblos y reinos la santidad pura de su
Rabino Yeshua jaMashíax, porque sólo nuestro Señor Jesucristo es su
Hijo amado delante de sus ángeles del cielo y así también de la tierra
con el hombre, la mujer, el niño y la niña.

Pues entonces, ya que exploramos brevemente la verdad entre el
Espíritu Santo de amor eterno y antiguo entre nuestro Padre celestial
y su Jesucristo, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, sin demora, oremos
delante de su presencia santísima en la tierra para que delante de su
sacrificio continuo de sangre expiatoria del cielo nos reciba con
mucho amor y poderosas bendiciones sin fin. Porque la verdad es
también que el orar delante de nuestro Padre celestial, en el nombre
sagrado de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, entonces estamos
llenos del Espíritu Santo de cada una de las ricas bendiciones que
deseamos recibir a cada hora de nuestras vidas, para enriquecernos
grandemente en todas las cosas que necesitamos día a día, para bien
eterno.

En otras palabras, cada una de las cosas o situaciones de nuestras
vidas de cada día, ciertamente están llenas del Espíritu Santo de
nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado:
entonces para que lleguen a nosotros, pues, tenemos que orar para que
nos llenemos grandemente del Espíritu Santo que las traen a nuestras
vidas sin parar jamás. Por ello, muchas gentes no reciben de nuestro
Padre celestial lo que desean tener en sus vidas de cada día, porque
no solamente no las están pidiendo adecuadamente en el nombre sagrado
de nuestro Señor Jesucristo, quien llena nuestras vidas del Espíritu
Santo de las bendiciones del cielo y de la tierra, sino que le piden
en otro nombre desconocido.

Y todos los que le piden a nuestro Padre celestial en oración y por un
nombre desconocido en el cielo por Él y por sus ángeles santísimos,
entonces se llenan sus oraciones o cosas o situaciones, por ejemplo,
de ese espíritu desconocido o de error, por lo tanto, lo que piden
jamás llega a sus vidas, por más que sigan orando. Pero si las mismas
personas cambian su manera de orar, rezar o mediar delante de Dios por
ellos mismos o por los demás, abandonando sus ídolos e imágenes, por
ejemplo, por la verdadera presencia del Espíritu Santo y de su
Jesucristo, entonces sus oraciones serán llenas del Espíritu Santo de
las cosas que piden, y llegan a sus vidas para bien eterno.

Por ejemplo, como gentes religiosas que se arrodillan ante ídolos de
madera, metal o imágenes colgantes de papel o pintura, lo cual va
directamente en contra del Espíritu Santo del nombre bendito de
nuestro Padre celestial y de sus mandamientos infinitamente cumplidos
en la vida gloriosa del Gran Rey Mesías de todos los tiempos, nuestro
Jesucristo, entonces no reciben nunca nada. Porque la verdad es que
cada persona que se arrodilla para orar ante un ídolo o imagen
colgante en la pared o en algún otro lugar, entonces está ofendiendo
en lugar de agradar al Espíritu Santo del nombre bendito de nuestro
Padre celestial y de sus mandamientos cumplidos en la vida gloriosa de
su Jesucristo, en la tierra escogida de Israel.

Por eso los que oran a Dios delante de ídolos o imágenes o doctrinas
hechas por las manos pecadoras de los hombres y de las mujeres, por
ejemplo, entonces se están llenando del espíritu de error cada vez más
para jamás volver a recibir ninguna de las ricas bendiciones infinitas
de nuestro Padre celestial, en el cielo y en la tierra. Por esta
razón, debemos de amar siempre a nuestro Padre celestial por medio del
Espíritu Santo de su nombre bendito y de sus mandamientos
infinitamente cumplidos y glorificados grandemente en la sangre
gloriosa del sacrificio continuo de su Hijo amado, nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, para así recibir todas nuestras bendiciones eternas,
principalmente su perdón para regresar al paraíso desde ya.

Entonces una oración llena de nuestro Padre celestial y de su
Jesucristo (nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, el sacrificio siempre
presente en nuestras vidas), es una oración sumamente llena del
Espíritu Santo en la tierra y así también en el paraíso y en la misma
Jerusalén santísima del cielo, por ejemplo, en donde todos son santos
para Dios y para siempre. Visto que, éste es el propósito de nuestro
Padre celestial, de su Hijo amado y de su Espíritu Santo el hacer a
cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones
infinitamente santos delante de su presencia santa, y sólo por la
oración hecha en el nombre sagrado de su Cordero escogido, ¡nuestro
Señor y salvador Jesucristo!

Porque es la sangre expiatoria la que tiene vida y bendición no
solamente en el paraíso, sino también en la tierra y así también en la
nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo,
en donde jamás volveremos a conocer los enemigos de Dios y de su
Jesucristo, sino solamente la llenura del Espíritu Santo, por
supuesto. Porque es únicamente en la llenura del Espíritu Santo que
podemos siempre orar y, además, servir a nuestro Padre celestial por
medio de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para vivir
perpetuamente felices y gozosos bajo esa gran protección celestial, la
cual jamás se alejara de nosotros, como la Shekinah, porque seremos
una oración perpetua con Jesucristo delante de Dios.

Así es, si oramos delante de nuestro Padre celestial, en el nombre
sagrado de nuestro Señor y salvador Jesucristo, entonces viviremos por
siempre protegidos por los poderes sobrenaturales del Espíritu Santo
de su palabra viva y de su nombre Todopoderoso, para sólo conocer el
bien de las cosas cada día por la tierra y para siempre en el cielo.
Porque la verdad es que nuestro Padre celestial nos ha confiado su
Espíritu Santo desde el comienzo de todas las cosas en el cielo y por
toda la tierra también (Gn. 1:2), para que seamos llenos de Él y de su
luz brillante y todopoderosa en nuestras vidas, para que jamás las
tinieblas de las mentiras crueles de Satanás nos hagan daño.

Pensar, orar, confiar siempre delante de nuestro Padre celestial,
entonces abre puertas en donde no hay puertas, para hacer caminos de
escape y de grandes bendiciones increíbles en donde no existen caminos
ni bendiciones posibles: puesto que, nuestro Padre celestial nos
entrega grandemente del Espíritu Santo de sus bendiciones, y sin
medida, para vivir en paz, protegidos y por siempre prósperos. Y una
vida prospera, en verdad, es una vida sumamente ganada por nuestro
Señor Jesucristo por los poderes sobrenaturales de cada día de su
sangre expiatoria sobre el altar de nuestro Padre celestial en el
reino angelical, para entregarnos en todo momento todo lo que le
pedimos a Él para nosotros y para los nuestros y hasta para nuestras
amistades también.

Entonces oremos para cambiar nuestra manera de recibir todas nuestras
cosas de nuestro Padre celestial y de sus muchos frutos de su árbol de
la vida eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo! Imagínate, entonces, por
unos momentos, todo tu ser lleno del Espíritu Santo de cada una de las
ricas bendiciones que deseas tener (o alcanzar) en tu vida de cada día
por toda la tierra, para que de este modo seas feliz tú y con cada uno
de los tuyos también, en donde sea que te encuentres en toda la
tierra.

Así pues también son todas las familias de las naciones delante de
nuestro Padre celestial, lleno del Espíritu Santo de su nombre bendito
y de sus mandamientos infinitamente cumplidos en la vida gloriosa de
su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para vivir por siempre
bañado de muchas ricas bendiciones y sus protecciones sin fin. Y una
nación de familias llenas del Espíritu Santo de cada una de las
bendiciones de nuestro Padre celestial y de su árbol de la vida
eterna, nuestro Señor Jesucristo, entonces es una nación infinitamente
llena del Espíritu Santo del amor eterno de Dios y de su nuevo reino
angelical para vivir desde ya la felicidad infinitamente e inmortal.

Por ende, una nación llena del Espíritu Santo de las ricas bendiciones
eternas de nuestro Padre celestial y de su Cordero escogido, nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax, entonces es una nación líder que le da vida a
las demás naciones para transformar a la tierra en un paraíso
terrenal, en estos días y para siempre en la eternidad venidera, con
toda seguridad. En estos días, en el cielo, nuestro Señor Jesucristo
está inclinado sobre el monte santo y sangriento para orar delante de
nuestro Padre celestial para perdón de tu alma eterna y así tú puedas
recibir salud, protección y salvación eterna con todas sus ricas
bendiciones antiguas.

Arrodíllate, pues entonces, con él delante de nuestro Padre celestial
para que su Espíritu Santo te llene de sus muchas y ricas bendiciones
de dones sobrenaturales para que milagros y maravillas comiencen a
tomar lugar en tu vida y en la vida de los tuyos también, para bien
eterno. Arrodíllate a orar, pensando en Jesucristo; ora en la
privacidad de tu hogar y ora sin cesar en tu corazón para que días
buenos vengan a tu vida, siempre llenos del Espíritu Santo de Dios y
de sus muchas maravillas, gracias a Jesucristo que ora por ti en el
cielo, porque es tu Sumo Sacerdote en estos días y para siempre.

Ora al SEÑOR del cielo y te oirá, en el nombre de su Jesucristo,
porque la mentira es como las tinieblas que pronto desaparecen entre
la luz, más la verdad es para siempre, porque brilla como el Rostro
santo de nuestro Padre celestial y hasta es más brillante que el sol
mismo que nos alumbre cada día desde el cielo. Vivir cada día con
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax en nuestros corazones, en verdad, es
vivir con nuestro holocausto de sangre santa y expiatoria a cada hora,
para perdón, bendición, protección y salvación eterna de nosotros
mismos, de nuestros familiares y hasta de nuestras amistades también,
no importando jamás en donde estén en todas las naciones de la
tierra.


El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):

"'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!'
Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!' Y
todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el pueblo
dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!' Y todo
el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el pueblo dirá:
'¡Amén!'

"'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!

SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu Hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver qué clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.


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