lamentablemente este es el México que existe en la actualidad y es muy
triste e indignante saber que no podemos ya ni siquiera expresarnos
como ciudadanos, ya que si decimos lo que nos incomoda, si damos la
cara o nos revelamo ante las injusticias que suceden corremos el
peligro de que nos maten, o de que nos hagan algo. Es por eso que
mucha gente y me incluyo vivimos con el miedo de salir a las calles, y
bueeno ya hasta de hablar en público de lo que esta sucediendo en
México. La verdad nosé que gane o que obtenga este tipo de gente al
asesinar a la gente, ya no les basta con robar, secuestrar, violar y
lo que le sigue, sino que ademas de todo asesinan a personas inocentes
y que no se merecen la muerte, que lastima que les pase este tipo de
cosas a la gente que realmente vale la pena y de la que México carece
como es Alejandro "El padrino"; en que México vivimos??,,, y peor aun
las autoridades, que ellos tambien estan dentro de toda esta porqueria
que se dice llamar Zetas, que vergüenza.
On 28 sep, 10:37, PROFESOR ANAYA <
futbolsco...@gmail.com> wrote:
> De la coluimna del Duende preguntón.www.eluniversal.com.mx
>
> Les cuento lo ocurrido ayer en Villahermosa (24 septiembre) y si
> tuvieran un poco de dignidad y conciencia, cualquiera de los tres
> secretarios que niegan sus fallas deberían renunciar o salir a
> explicarnos qué pasa en este descontrolado país.
> Alejandro Fonseca Carrillo era un joven locutor que todas las mañanas
> alegraba y entretenía a las familias tabasqueñas con un programa de
> radio llamado El Padrino. Padres de familia y niños lo oían juntos al
> empezar el día e interactuaban con él sobre temas de interés y
> entretenimiento.
> Como muchos ciudadanos en este país, un buen día Alejandro, a quien en
> Villahermosa conocían como El Padrino Fonseca, por su programa,
> decidió que era momento de hacer algo y que no podíamos quedarnos de
> brazos cruzados mientras la delincuencia y el narcotráfico desatados
> corrompían policías y autoridades, imponían su ley de venganzas
> sangrientas y nos infundían el miedo haciéndonos sentir que ellos son
> la autoridad en este país.
> Desde su programa, que se transmitía a través de la estación local de
> EXA- FM perteneciente al grupo MVS, este joven comenzó a hacer una
> campaña contra el secuestro, delito que en Tabasco, como en el resto
> del país, se ha vuelto cada vez más frecuente y violento, y del que se
> culpa a los grupos de sicarios de Los Zetas, que desde hace años
> controlan la delincuencia y el narcotráfico en la entidad del sureste,
> donde han comprado lo mismo a policías que a procuradores y
> funcionarios.
> En esa labor, el locutor llamaba a no dejarse vencer por el miedo, a
> denunciar, a darles la batalla a los delincuentes que nos amedrentan y
> nos quieren quitar la vida. Si ya su valor para denunciar y darle voz
> a la gente en el tema de los secuestros debió molestar a más de uno de
> esos animales —porque no creo que los secuestradores sean humanos—,
> Alejandro debió molestarles aún más cuando decidió ir más allá del
> micrófono.
> Se organizó con sus colaboradores y con sus radioescuchas y comenzaron
> por toda Villahermosa una campaña de colocación de mantas en calles en
> las que llamaba a la población a organizarse y hacer algo ante la
> corrupción e ineficacia de las autoridades, tanto las del estado como
> las federales. “El secuestrador vive hasta que el ciudadano quiere”,
> “No al miedo, al secuestro, a la impunidad, a las mentiras”, decían
> algunas de las mantas que Alejandro y su grupo habían colocado.
> El martes a las 9 de la noche, cuando colocaba una de esas mantas de
> aliento a la gente en uno de los cruces más transitados de
> Villahermosa, unos cobardes asesinos, armados y encapuchados —porque
> ni siquiera dan la cara los muy cerdos—, le dispararon a Alejandro
> Fonseca en varias ocasiones. Pasada la medianoche de ayer, en el
> hospital a donde fue llevado de emergencia, murió El Padrino, un
> valiente, cuyo único delito, pajarracos, fue alzar la voz y denunciar
> a los cobardes asesinos y a las corruptas autoridades.
> Y mientras los valientes mueren asesinados, los cínicos nos dicen muy