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unread,Oct 1, 2008, 6:19:19 PM10/1/08Sign in to reply to author
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to PARADIGMAS DE COMUNICACIÓN
Astillero
Julio Hernández López
■ Fiestas privadas
■ Desfile militar, no cívico
■ Veracruz: el góber tramposo
El mes patrio cierra con Felipe Calderón dedicado a atender a los
príncipes de la corona de la que casi doscientos años atrás se buscó
independencia. Boato imperial en un país devastado por los asesinatos
cada vez más aterradores, comidas de honor y brindis sonrientes
mientras la Patria se deshace. Allí va el políticamente revocado
michoacano a su estado natal para encabezar un fugaz desfile militar
de compromiso, 34 minutos de blindado rito cuando en otras ocasiones
el recuerdo oficial del natalicio de José María Morelos se lleva unas
cuatro horas. Discurso demagógico, irritantes promesas reincidentes de
apoyos irrestrictos (más y más soldados, más y más policías) y de
castigos sin perdón (¿por qué habrían de esperar perdón los verdaderos
autores materiales e intelectuales de los atentados del 15?).
El ocupante provisional de la jefatura del gobierno federal se
sostiene con los alfileres de las apariencias: el lunes recorrió
Morelia, en compañía del desplazado e intimidado Leonel Godoy (al que
le ha implantado un cogobierno militar) y de la pareja principesca
hispana. No hubo multitudes saludando ni gente en las calles, más allá
de las escenografías básicas de acompañamientos forzados (una especie
de leva ceremonial) que han debido improvisar en la inmediatez física
de los actos formales. Allí Calderón reinó sobre el territorio
desolado, mariscal en jefe desde el mismísimo balcón donde el pasado
15 Godoy había hecho sonar las campanas mientras a decenas de metros
de él estallaban granadas de acuerdos incumplidos y de provocaciones
desde el poder, o los poderes (fácticos o reales).
Privatización armada del calendario cívico, ceremonia pública
realizada en la intimidad de los vuelos de helicópteros y cazas, de
las calles expropiadas por el miedo pero también por las ya
tradicionales vallas castrenses, los detectores de metal, la exigencia
de credencial de identidad como nuevo salvoconducto entre calles de la
misma ciudad, los francotiradores en las azoteas, los secos
interrogatorios de soldados a los ciudadanos comunes y la conversión
de toda cotidianidad civil en riesgo de seguridad nacional. El
comandante Calderón presidió la ceremonia del Siervo de la Nación en
el mismo lugar de los crímenes recientes junto al gobernador local
ahora colocado bajo tutela militar, pero esos presuntos desplantes de
fuerza, esas amargas demostraciones de “normalidad”, sólo confirman la
trágica distancia entre el poder de utilería y la realidad sombría.
En Veracruz gobiernan la corrupción, el cinismo y la marrullería.
Fidel Herrera es un ejemplo de la manera en que los recursos públicos
pueden ser puestos al servicio de planes empresariales compartidos y
de proyectos políticos chantajistas y defraudadores. Producto
histórico del peor priismo, el afortunado Herrera (de vez en cuando se
saca la Lotería) trabaja para las elites, aunque reparte tramposamente
migajas de rentabilidad electoral entre las masas susceptibles de ser
fotografiadas en arrebatos de agradecimiento para propaganda ególatra
de quien se dice precandidato presidencial con la esperanza de más
delante canjear sus pretensiones inviables por garantías de impunidad
transexenal y acaso algún nuevo cargo de consolación presupuestal. El
rojo promotor de la Fidelidad tuvo ayer momentos de fuego, cuando un
persistente buscador de audiencias decidió rociarse de gasolina e
inmolarse en protesta por la desatención crónica del gobierno
veracruzano a un problema de tierras. Ciento siete veces fue cancelado
el ofrecimiento de que al fin los recibiría Herrera. Pero ayer, apenas
se supo de la protesta extrema, una oficina del gobierno estatal
informó que el presidente de la Comisión Pro Derechos Humanos de la
Sierra de Soteapan, Ramiro Guillén Tapia, tenía cita con el mandatario
unos minutos después de atentar contra su vida y que además ya había
firmado un documento con acuerdos precisos para recibir millones de
pesos como indemnización por las tierras en conflicto. El góber
tramposo tiene especialidad en fingir arreglos y sembrar cizaña. Así
lo hizo en el caso de la indígena asesinada en la Sierra de Zongolica,
cuyos familiares fueron virtualmente secuestrados por enviados del
gobierno estatal para que se abstuvieran de declarar a periodistas e,
instalados fuera del estado, recibieron ofertas de ínfimas ayudas
económicas a cambio de silencio o indiferencia. Ahora nada más falta
que el fidelismo veracruzano culpe al inmolado de incumplir una cita
programada, la 107, y de armar escándalos ardientes para no recibir
los pagos y los beneficios que ya estaban a punto de ser entregados,
virtualmente en las manos de quien no quiso o no supo esperar. Fiestas
privadas del poder constituido, desgracias públicas del pueblo
desesperado.