PROFESOR ANAYA
unread,Aug 24, 2008, 3:38:13 PM8/24/08Sign in to reply to author
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to PARADIGMAS DE COMUNICACIÓN
El avance social y sanitario conseguido en los países desarrollados
durante estas décadas, ha sido el responsable de un aumento en la
esperanza de vida del hombre actual. Se da la paradoja de que también
nos encontramos en una de las épocas de la Historia de la humanidad
donde más enfermedades se han detectado, muchas de ellas nuevas.
¿Estamos cada vez más enfermos? Para un grupo numeroso de médicos e
investigadores se trata de enfermedades inventadas. Un suculento
negocio de las industrias farmacéuticas, que no han tenido escrúpulos
en convertir nuestra salud en un valor de mercado. Texto: Mariló
Hidalgo
¿Una sociedad cada vez más enferma?
Desde 1990 hasta ahora el gasto sanitario público ha crecido de manera
continuada. Sólo en el 2003 a través de recetas oficiales se gastaron
8.491 millones de euros. Se calcula que para el 2015 el desembolso sea
totalmente insostenible. ¿Estamos cada vez más enfermos? ¿Consumimos
más medicamentos de los que deberíamos? Este es un tema que no sólo
trae de cabeza a la Sanidad Pública de todos los países, sino que
también es objeto de estudio de muchos médicos e investigadores.
La farmacéutica Arancha Desojo, experta en cooperación sanitaria,
advierte que "son las empresas farmacéuticas las que se empeñan en
ofrecer una visión pesimista de la salud del mundo, cuando la realidad
es que las enfermedades mortales son cada vez menores y la esperanza
de vida se alarga hasta los 80 años". ¿Cómo se explicaría entonces el
aumento del gasto farmacéutico? "Un buen número de médicos y algunas
compañías farmacéuticas se han empeñado en hacernos creer que la
actualidad es una de las épocas con más enfermedades, muchas de ellas
nuevas, de la historia de la Humanidad. Han convertido en estados
patológicos procesos que no lo son con el fin de poder someter a
tratamiento a pacientes con síntomas reales que conforman falsas
dolencias. Cuando se consulta con los especialistas, éstos se empeñan
en defender que, efectivamente, se trata de enfermedades a las que
hasta ahora no se había concedido importancia pero que la han
adquirido con la mayor exigencia de la población por su bienestar o la
menor tolerancia a la mínima incomodidad. Síntomas leves se confunden
con una enfermedad, y se le asocia a factores de riesgo para que
automáticamente sea obligatorio seguir un tratamiento que, en el mejor
de los casos, será infructuoso". ¿Son pues enfermedades inventadas? Se
trataría de procesos o problemas humanos que algunos -léase empresas
farmacéuticas- han decidido que sean médicamente relevantes para poder
asignarle un tratamiento. El científico y periodista Jörg Blech
desenmascara los intereses ocultos de la industria farmacéutica en su
libro, Los inventores de enfermedades, número uno de ventas en
Alemania. En él explica cómo funciona este negocio multimillonario de
difícil acceso: "Los grupos farmacéuticos contratan a cientos de
empresas especializadas en realizar ensayos, las cuales por su parte,
colaboran con miles de médicos. Estos son finalmente los que reclutan
a las personas en las salas de espera y reciben primas a cambio. Es la
industria farmacéutica quien tiene en estos momentos un papel clave en
la medicalización". Primero se crea el medicamento en cuestión; luego
se redefine la dolencia y se organizan congresos donde invitan a
médicos para informarles de los últimos estudios -realizados por ellos
mismos- y hablarles de esa nueva enfermedad-; y luego explican a qué
pacientes va dirigido. Paralelamente se ponen en marcha campañas
publicitarias, aparecen artículos en los periódicos sobre esa nueva
enfermedad. En una palabra, empieza a llegar de manera insistente
información al ciudadano "para hacerle creer que la suya es una
enfermedad de importancia cuando, la mayoría de las veces, es una
cuestión de carácter, de disconformidad con sus circunstancias vitales
o de conducta impropia. Esta confusión aumenta la disconformidad con
la propia vida y aumenta falsamente el número de enfermos", asegura
Arancha Desojo.
Algunas "no enfermedades"
Cada enfermedad tiene su propio medicamento y cada medicamento tiene
su propia enfermedad. En los últimos tiempos, procesos normales de la
vida como el envejecimiento, el embarazo, el parto, la infelicidad o
la muerte, tienen un fármaco a su servicio. En cuanto a los
pacientes... se libran muy pocos. Porque, quién no ha sufrido alguna
vez fatiga o cansancio, ha pasado una temporada deprimido sin ganas de
nada o tiene kilos de más... Luego, sólo se trata de unir síntomas,
convencer a la gente de que tiene algo hasta ahora desconocido,
preparar una campaña de información (periódicos, televisiones,
testimonios de gente famosa) y tendremos en marcha una "enfermedad
inventada". No debemos de olvidar aquí la importancia de los números.
"La mayoría de los datos de la población relativos a la salud -apunta
Blech en su libro- se recogen por orden de empresas y clínicas y
llegan a los medios de comunicación a través de agencias de relaciones
públicas. Prácticamente nunca es posible verificar los datos y las
cifras de las noticias de prensa. Estos datos, en el mejor de los
casos, se basan en pruebas aleatorias sobre las que se realiza un
cómputo aproximado aplicado a toda la población. Pero con bastante
frecuencia, la cifra defendida de los casos clínicos se reduce a
estimaciones arbitrarias". Después de introducida la enfermedad en la
mente colectiva, serán ya los pacientes y la Seguridad Social quienes
paguen los "nuevos" medicamentos y tratamientos.
Cuáles podrían considerarse enfermedades inventadas, nos preguntamos.
Blech señala cinco variantes del comercio con enfermedades que nos
pueden dar una pista. Vender un proceso normal de la vida como un
problema médico (la caída del cabello, por ejemplo); vender problemas
personales y sociales como un problema médico (un estado de ánimo
pasajero); vender un riesgo como una enfermedad (la eterna lucha
contra el colesterol); vender síntomas poco frecuentes como epidemias
de extraordinaria propagación (disfunción eréctil o disfunción sexual
femenina); y por último, convertir síntomas leves en indicio de una
enfermedad grave (síndrome del colon irritable). Podrían incluirse en
ese listado de "no enfermedades", la menopausia, el estrés, el
tabaquismo, la depresión, el sobrepeso, la osteoporosis, alergias,
impotencia, insomnio, la dermatitis, la calvicie, la celulitis, pecas
y manchas, el embarazo, el parto, y un largo etcétera que podría
añadirse. Detengámonos en alguna de ellas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de calificar a la
osteoporosis como la epidemia del siglo XXI, basándose en un dato:
cada 30 segundos se produce en Europa una fractura a consecuencia de
esta enfermedad. Esta declaración convierte en pacientes a 2 millones
de mujeres y 750.000 hombres, sólo en España. La osteoporosis -
disminución de la masa ósea y alteración de la estructura de los
huesos- es un efecto secundario natural de la vejez que amenaza
especialmente a mujeres después de la menopausia. Es crónica, no se
cura con medicamentos pero sí se puede prevenir, evitar y combatir los
factores de riesgo. Obliga a llevar una vida sana con ejercicio
moderado, alimentación rica en lácteos, vitaminas, etc. Antes de
recurrir a los fármacos hay otras prioridades.
Se calcula que este año cerca de 7,5 millones de mujeres en España
tendrán 50 años, edad media de la llegada de la menopausia. El 52% de
los españoles padece ya andropausia (disminución de la producción de
testosterona que puede conllevar alteraciones físicas). Aunque son dos
cuestiones diferentes, en el mercado existen un listado de productos
que intentan paliar los efectos de ambos procesos naturales a los que
se les ha colgado el cartel de "enfermedad". Parches transdérmicos,
píldoras, geles, inyecciones intramusculares e incluso implantes
subcutáneos, son algunos de los compuestos hormonales recetados en
ambos casos. La publicidad de estos fármacos hablan de aumento de
bienestar, incremento de apetito sexual, aumento de la densidad ósea,
pero apenas informan de los importantes efectos secundarios.
La menopausia y la andropausia han pasado de ser etapas que exigen
cambios y renovación en la forma de vida, a ser un cúmulo de factores
de riesgo.
El colesterol está presente en todas las células y es necesario para
el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. En un 80% es fabricado
por nuestro organismo aunque también lo asimilamos a través de
determinados alimentos. La cantidad exacta de colesterol "necesario"
es muy difícil de determinar ya que los parámetros varían en función
de la edad, sexo, y luego, no todo el mundo elimina las grasas de la
misma forma. Con ello, las últimas investigaciones dan un nuevo
enfoque sobre el tema al demostrar que el colesterol no es uno de los
principales factores de riesgo cardiovasculares como nos dan a
entender comúnmente, lo que pone en tela de juicio ese vivir
obsesionado por el control del colesterol como norma general. Y en el
caso que fuese necesaria esa vigilancia recomiendan utilizar en primer
lugar fórmulas naturales antes que recurrir directamente al fármaco.
El médico e investigador alemán Matías Rath que lleva años estudiando
el tema y ha escrito libros al respecto, denuncia que "las campañas de
marketing lanzadas para la venta de fármacos que reducen el colesterol
convierten este factor de riesgo en el 'chivo expiatorio'. Hoy en día
millones de personas utilizan el más reciente descubrimiento de este
tipo de fármacos, las estatinas, que bloquean la síntesis del
colesterol, con la esperanza de recibir un tratamiento para su
enfermedad. Sin embargo, la debilidad subyacente de las paredes
arteriales sigue sin recibir tratamiento alguno.
Además, según la edición del 3 de enero de 1996 de JAMA, estos
fármacos producen cáncer y tienen otros efectos secundarios graves así
que hay que evitarlos siempre que sea posible".
Blech también recoge en su libro abundantes testimonios de médicos que
apuntan en esta línea. El cardiólogo alemán Harald Klepzig lanzó un
reto: "Nos consideraríamos afortunados si se pudiera presentar un solo
estudio médico controlado que demostrara que la vida humana se salvará
con la reducción del colesterol. Sin embargo no resulta difícil
seleccionar diez estudios que muestren que una reducción de las grasas
va incluso acompañada de una mortalidad más alta".
¿Cuántos millones de pastillas se están ingiriendo diariamente para
controlar el colesterol por norma? Todos ellos insisten en señalar que
hay que tratar los riesgos, no el nivel de colesterol.
Por supuesto, no se trata de prescindir de los medicamentos sino de
consumir con lógica, de informarnos, y sobre todo de entender que la
salud también es cosa nuestra.
Dentro de este listado de "no enfermedades con tratamiento", llama la
atención la aparición de los denominados "síndromes". Tomen nota de
algunos: Síndrome de las piernas inquietas, síndrome de Sisí, síndrome
de la depresión del paraíso, síndrome del colon irritable, síndrome
del déficit de atención en los niños, síndrome de la feminidad,
síndrome de Zappelphilipp (niños hiperactivos), etc. Todos ellos
cuentan con cuadros clínicos completos.
Cómo funciona el marketing
"Primero se difunde el conocimiento, se crea la necesidad, luego se
publicita el remedio, se fomenta la demanda y finalmente, el consumo.
Las leyes del mercado hacen el resto", explica Desojo. "Aceptamos con
naturalidad que los medicamentos más novedosos que se investigan y
comercializan sean los que proporcionan un remedio, a veces más
imaginario que real, a los padecimientos de los calvos, los impotentes
o los gordos. Y creemos que hay enfermedades que matan sin remedio.
Suerte que sólo enferman y mueren por ellas los desgraciados y pobres
ciudadanos de tierras remotas". Unos medicamentos son rentables y
otros no, por eso no se producen ni son objeto de investigación. Hoy
por hoy la salud se ha convertido en un negocio donde lo importante
son las cifras. Pocos se atreven a hablar de todo esto. La revista
Discovery DSalud lleva años investigando y denunciando estas prácticas
y también aportando otras alternativas: "Los nuevos fármacos no se
investigan porque exista detrás la intención real de ayudar a quienes
sufren sino porque proporcionan pingües beneficios. Por eso la
industria farmacéutica no busca medicamentos para las enfermedades
minoritarias: no son rentables. En las juntas de accionistas de los
grandes laboratorios no se plantean aspectos humanos y éticos: sólo se
habla de réditos, beneficios, nuevas inversiones para obtener más
ganancias. No se habla de salud, se habla de enfermedad. En las
Agencias del Medicamento y en los ministerios de Sanidad de todo el
mundo pasa otro tanto. Están infiltrados por la mafia que controla el
actual sistema sanitario. Como lo están los colegios médicos y
farmacéuticas. Lo mismo ocurre con la clase política y periodística.
Los grandes laboratorios alquilan con mucha facilidad la conciencia de
los periodistas. Con la misma estrategia con la que sobornan a los
médicos. No sólo usan dinero, viajes, ordenadores, etc., también les
pagan satisfaciendo su ego otorgándoles 'premios periodísticos' e
invitándoles a recepciones, comidas o cenas con grandes
'personalidades' intentando que surja la empatía a nivel personal y
sean luego lo más acríticos posible con quienes tan amables han sido
con ellos. Y no hablemos de lo sencillo que es comprar la complicidad
o cuando menos, el silencio de los grandes medios de comunicación
social. Casi ningún empresario se arriesga a perder las campañas de
publicidad de las empresas detrás de las cuales está la industria
farmacéutica", denuncia José Antonio Campoy, director de esta
publicación.
Como decimos son pocos los que se atreven a denunciar, cosa lógica
después de lo antes comentado. Pero todos los que lo hacen coinciden
en los mismos datos.
En este proceso de marketing la figura de los visitadores médicos es
esencial. Nos referimos a esos señores/as trajeados de punta en blanco
y con maletín, que aparecen en la sala de espera de las consultas y
sin esperar turno, se cuelan -no sin antes disculparse- prometiendo
que sólo va a ser un minuto. Pues estos señores tendrían que ser en
teoría quienes informasen al médico de los últimos productos que ha
sacado al mercado la multinacional a la que representan. La realidad
es que como además son vendedores, sus argumentos giran más hacia esta
segunda faceta. En sus manos tienen la posibilidad de ofrecer a los
facultativos dinero, regalos, viajes, a condición de que receten su
línea de medicamentos. Mientras los médicos aseguran que los regalos
que reciben -en muchos casos sólo de propaganda-, no les influyen a la
hora de recetar, las cifras que manejan las multinacionales parecen
decir otra cosa. Una multinacional farmacéutica puede gastarse hasta
tres mil millones de dólares en publicidad y regalos promocionales de
un nuevo medicamento que quieran sacar al mercado. Por supuesto, éste
no será nunca un dinero perdido, sino invertido.
La consecuencia de este tipo de prácticas no tiene por qué afectar a
la salud del enfermo. A veces se trata de recetar una marca comercial
concreta porque por ella el médico recibe un beneficio y por otra no.
Hay también medicamentos muy caros que el enfermo no los compraría
nunca pero si un médico le expande una receta oficial, ese medicamento
llega al paciente abonando sólo un porcentaje o nada si se trata de un
pensionista. Por esto también el médico es remunerado. Luego está
también la figura del farmacéutico encargado de compras en un
determinado centro (hospital, clínica, residencias). En manos de esta
persona está la inversión en material clínico, así como las marcas que
se van a consumir en todo el hospital, mientras que cada médico será
el que libremente determine el tipo de medicamento a prescribir. Ni
que decir tiene la importancia que para las farmacéuticas representa
este personaje y la presión que ejercen sobre él para hacerse con ese
mercado. Hay que señalar que este tipo de actuación no condiciona la
calidad del producto que al final recibe el paciente, ya que sólo es
una cuestión de marcas. Se trata "sólo" de un fraude social. ¿Esta
práctica es habitual en todos los médicos? ¿Todos los visitadores son
iguales? No, pero estamos hablando de un comportamiento que está ahí y
es más habitual de lo que nos suponemos.
Nuestro sistema sanitario
Si estos fraudes son habituales y también conocidos, ¿nadie puede
poner fin a ello? "La Administración, consciente de que el gasto
sanitario es una especie de agujero negro capaz de devorarlo todo,
trata de tomar medidas. Y una de las más últimas -copiada de una
recién implantada en EEUU- que ha levantado mucha polémica es sobre
las relaciones entre visitadores y médicos", explica en su artículo
Corrupción en el sistema sanitario español(1), Antonio Muro,
colaborador de Discovery DSalud. "Esta normativa prohíbe a los
visitadores mantener reuniones con un solo facultativo, regula los
horarios de visitas y estipula que esa actividad 'no perturbe' la
atención de los pacientes. Con ello, es la propia Administración quien
indirectamente reconoce la existencia de ese problema oculto dejando
entrever lo que es un clamor sordo: que la actual relación visitador-
médico se ha convertido en muchos casos en una relación viciada en la
que los laboratorios aprovechan la lamentable situación sociolaboral
de muchos médicos para 'alquilar' voluntades y conciencias".
Entonces, ¿las farmacéuticas han ganado el pulso a los sistemas
sanitarios nacionales? Las Administraciones se están rebelando y
estudiando medidas. "No deja de ser paradójico -apunta Muro- que las
alarmas hayan comenzado a sonar no por los efectos reales de los
medicamentos o por la adecuación de los mismos, no por el hecho de que
la gran mayoría de los nuevos medicamentos sean sólo variantes de
otros ya existentes en el mercado pero más caros, sino a consecuencia
del constante aumento del gasto presupuestario". El tema va a ser
difícil de atajar a no ser que se realice una renovación muy profunda
ya que hay muchas cuestiones que incluso están por encima de la propia
Administración. Asegura Campoy que "buena parte de los miembros del
actual Parlamento Europeo son ex ejecutivos de las grandes
multinacionales farmacéuticas. Los han puesto ellas allí. Como también
están en los gabinetes jurídicos de los ministerios de Sanidad, en la
Policía, en los servicios de inteligencia y hasta en la Judicatura.
Están en todas partes. No son muchos pero sí poderosos. Prácticamente
imbatibles salvo que la gente empiece a entender que está siendo
vilmente engañada, que su salud depende de cada uno y no de un médico,
un fármaco o un sistema sanitario".
Varios datos que dan para pensar: En el año 2002, un año de crisis
generalizada, los beneficios de las diez empresas farmacéuticas más
grandes crecieron más de un 13%. La industria de la salud ganó en
EEUU, según la revista Forbes, más de cien mil millones de dólares
limpios el pasado año. Casualmente, esta misma industria
farmacéutica(2) fue la que costeó parte de la maravillosa ceremonia de
inauguración de George W. Bush. Su generosidad en este acto de
"coronación", confirmó el interés que la industria farmacéutica ha
puesto en la reelección del republicano. De las contribuciones
electorales, su partido se llevó el 75% del total, frente al 25% que
se fue al partido Demócrata. La farmacéutica Lourdes Girona, miembro
de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Salud
Pública(3) explica que "por su contribución a la victoria de Bush, los
fabricantes farmacéuticos esperan detener el movimiento para regular
el coste de los medicamentos prescritos con patente, frenar la
fabricación de sustitutivos genéricos y evitar la reimportación de
medicamentos 'cuya pureza y eficacia no puedan ser garantizadas'. Todo
un ideario que conviene conocer, ya que es la industria americana la
que domina el mercado farmacéutico mundial".
Sin duda con esos millones se pueden comprar muchas cosas en muchos
estamentos. "Quizás algún día a alguno de nuestros políticos -en el
poder o en la oposición- le dé por plantear la necesidad de regular el
antes y el después de la trayectoria profesional de quienes en algún
momento, ejerciendo altos cargos en la Administración, tienen en su
mano la posibilidad de beneficiar o no en un momento dado determinados
intereses", apunta Muro.