Editorial
AL PRESIDENTE OLLANTA HUMALA
Revista Agronoticias
“Un buen gobierno es como una digestión bien regulada: mientras funciona, casi no lo percibimos”, sentenció metafóricamente el gran pensador y escritor estadounidense Erskine Caldwell, para explicar la correlación práctica entre el poder político y el pueblo.
●Pues bien, Presidente Ollanta Humala Tasso, estamos a sólo año y medio del término de su administración y el Perú entero es testigo de la creciente indigestión social que amenaza con paralizar y desquiciar a la precaria institucionalidad democrática que todos debemos fortalecer y defender, pero empezando por quienes tienen en sus manos —como usted— el decisivo poder político. Pues la única forma de gobernar digna y eficazmente a un país es con el ejemplo.
●Obviamente, el empobrecido y siempre menospreciado agro nacional que alimenta a todos los peruanos, no sólo no es ajeno a esta dispepsia nacional, sino también es el más afectado; tanto que por esto ya parece haber perdido hasta el instinto de quejarse.
●Sin duda, lo reseñado sucede porque su gobierno no asimila —autodestructivamente— una elemental práctica que se desprende de lo sentenciado por el sabio Cicerón, unos 50 años antes de Cristo: “Dios le dio al hombre dos oídos y una sola boca, para que hable menos y escuche más”. Mucho más todavía en un país megadiverso como el nuestro, donde el poder político —monolingüe, monocultural y casi íntegramente citadino-metropolitano— requiere escuchar a los 75 grupos etnolinguísticos y no menos de 10 franjas mestizas adicionales, para lograr un mínimo de entendimiento en pro de la gobernabilidad democrática de esta compleja nación de naciones aún desarticuladas.
●Aquí no vamos a discutir la filiación ideológica que adoptó su régimen tras asumir el poder. Aún más, creemos que en el plano general va en la dirección correcta, porque la economía de mercado —no obstante algunas distorsiones perversas que la tornan cuestionable— ha demostrado ser largamente superior al dirigismo estatal. Lo único que se requiere para depurar esas taras ostensibles es aplicar el equilibrador enfoque de tanto mercado como sea posible, pero también tanto Estado como sea necesario.
●En cambio, sí tenemos que recordarle que el primer deber de un gobierno democrático es gobernar con estricta sujeción a la Constitución, a los tratados internacionales vinculantes, a las leyes, a los compromisos político-institucionales voluntariamente asumidos y —sobre todo— a los principios morales que hacen posible la sana convivencia social. Pero un Estado profesional meritocrático y sujeto al control social, para ser eficiente, transparente y confiable; no el de hoy, enervado por la improvisación, el acomodo y la inestabilidad crónica.
●Quizás usted—desbordado por múltiples ocupaciones y preocupaciones propias de su alto cargo— no lo sepa, Presidente. Pero en el caso concreto del agro, el balance entre la gestión de su gobierno y la realidad rural es largamente negativo. Veamos, en apretado resumen, el porqué
El artículo 88 de la Constitución dispone: “El Estado apoya preferentemente el desarrollo agrario”, precepto que rige únicamente para este sector de la economía. Sin embargo, su administración —igual que todas las anteriores— otorga a la Función Agropecuaria en los tres niveles de gobierno apenas el 2-2.5 % del presupuesto nacional. Y este índice no sólo no guarda la menor proporción con el hecho de que el agro aporta el 7% del producto bruto interno, alberga al 25 % de la población nacional y produce el 70 % de los alimentos que consumimos todos los peruanos; sino tampoco responde a la crucial necesidad de reducir sostenidamente el 48 % de pobreza y el 19 % de pobreza extrema en el campo. Es más, el 85 % de ese ínfimo presupuesto se va en pago de sueldos y servicios generales en la ciudad. ¿Sabía usted de esto? Posiblemente no, como también es probable que ignore el inexplicable recorte de 49,7 % en el presupuesto sectorial 2015 para las municipalidades, no obstante que éstas se hallan mucho más cerca del campo que los demás niveles de gobierno.
Otro párrafo del mismo artículo 88 de la Constitución dice: “La ley puede fijar los límites y la extensión de la tierra según las peculiaridades de cada zona”. Sin embargo, la rectoría nacionalista del Congreso de la República ha bloqueado a todos los proyectos de ley orientados a frenar la expansión antisocial, antitécnica y antieconómica del neolatifundio, en contra de lo que Ud. mismo impulsaba antes de llegar al poder. Entretanto, con 79,000 hectáreas irrigadas y tres complejos azucareros en sus manos, un solo neolatifundista ya tiene casi el triple de lo que poseía la mayor hacienda agroindustrial antes de la reforma agraria de 1969. Y dicha superficie equivale a todas las tierras agrícolas con riego de Tacna, Moquegua y Arequipa juntas; mientras que más de 2´000,000 de campesinos tienen que resignarse a sobrevivir con un promedio aproximado de tres hectáreas por cabeza. ¿Su opción es un país de propietarios o de parias y proletarios?
El artículo 63 de la Constitución establece: “Si otro país o países adoptan medidas proteccionistas o discriminatorias que perjudiquen al interés nacional, el Estado puede, en defensa de éste, adoptar medidas análogas”. Sin embargo, como si no supiera que nuestros principales proveedores de alimentos básicos y bienes afines aplican susbsidios abiertos o encubiertos a sus producciones superlativas, en noviembre último su gobierno —vía Economía y Finanzas— eliminó casi todos los aranceles supérstites para las importaciones del ramo, con el pretexto de redinamizar la economía nacional. Esto es lo peor que se ha hecho contra el agro y el país en lo que va de su administración. Pues, por un lado, se ha repotenciado a la injusta y desleal competencia de las importaciones contra la producción nacional que atiende al consumo interno, además en pleno período de baja de los precios alimentarios internacionales. Y, por otro, se haprivado al fisco de ingresos seguros por unos 250´000,000 de dólares al año, en beneficio exclusivo de los oligopolios importadores, puesto que éstos jamás trasladan los márgenes de las rebajas o exoneraciones a los desinformados e inermes consumidores. ¿Eso es cumplir el mandato constitucional y honrar la cacareada inclusión social de los más pobres en el concierto del desarrollo económico?
●No está demás recordarle también que lo dispuesto por los referidos preceptos constitucionales está —asimismo— plasmado en las políticas de Estado XV y XXIII del Acuerdo Nacional, que Ud. firmó antes de subir al poder.
En cuanto a leyes criollamente escamoteadas, los ejemplos son aún más patéticos:
a) La Ley No. 27965, vigente desde el 19 de mayo del 2003 y ampliada por Ley No. 29003, hecha pública el 20 de abril del 2009, dispone el establecimiento del Consejo Nacional de Concertación Agraria y sus equivalentes regionales, con la participación de representantes del Poder Ejecutivo (incluso la Presidencia de la República), los gremios de productores y el Congreso de la República. Esa debería ser la instancia básica—junto con la comisión de coordinación Intergubernamental que prevé la nueva Ley del Ministerio de Agricultura y Riego— para lograr, mediante el diálogo, un mínimo de consenso en torno a los grandesasuntos del sector, incluso para asegurar sinérgicamente la eficiencia, la eficacia y la transparencia de las medidas respectivas. Sin embargo, también esta doble normatividad es clamorosa letra muerta, igual que hasta cinco leyes dadas por los regímenes anteriores sobre la compra directa, obligatoria y descentralizada de alimentos exclusivamente nacionales por los programas de asistencia social financiados por el Estado,como “Qali Warma”. ¿Cómo entender tamaño desacato?
b) La Ley No. 29736 o Ley de Reconversión Productiva Agropecuaria, vigente desde el seis de julio del 2011, faculta a los gobiernos subnacionales para que inviertan directamente parte de sus presupuestos en programas de sustitución o tecnificación de cultivos y crianzas irrentables en todo el país.Sin embargo, su primer y moroso Reglamento ha restringido —sin explicación ni justificación algunas— los alcances de la misma únicamente al algodón en Ica, el arroz en la costa norte y la coca en el VRAEM. ¿Es que una norma de menor jerarquía puede prevalecer sobre otra superior, en abierto perjuicio de los Andes y la Amazonía, principalmente?
c) La Ley No. 29972, publicada el 23 de diciembre del 2012, establece diversos incentivos para estimular la asociatividad de los pequeños agricultores en torno a cooperativas, lo cual resulta encomiable, pero insuficiente. Pues excluye absurdamente a la ganadería, la agroindustria rural y la forestería, como si éstas no existieran y no fuesen necesarias para impulsar la pregonada diversificación productiva. Sin embargo y teniendo pleno conocimiento de esto, ni el Poder Ejecutivo ni el oficialismo parlamentario hacen lo que deben para corregir tamaña exclusión.
d) La Ley No. 30160, hecha pública el 28 de enero del 2014, dispone fomentar la siembra y cosecha de aguas de lluvia en los Andes, tanto para responder mejor a la mayor amenaza que proyecta el cambio climático sobre nuestro país (la escasez hídrica), como para ampliar la frontera agrícola en esa macrorregión vertebral afligida por la pobreza generalizada. Sin embargo, hasta ahora ni siquiera se reglamenta dicha norma, en razón de lo cual ésta permanece inoperante, justo cuando la sequía en el sur amenaza con extenderse a todos los Andes y la aplicación oportuna y masiva de aquélla era y es la mejor alternativa para atenuarla.
e) La Ley No. 29811, impulsada por la bancada nacionalista y publicada el nueve de diciembre del 2011, establece una moratoria (veto) de 10 años al ingreso de productos transgénicos destinados a la reproducción, incluso en defensa de la agrobiodiversidad nacional, que es el patrimonio más valioso y compartible para el desarrollo incluyente del Perú, como lo está demostrando la revolución gastronómica en marcha. Sin embargo, ya han transcurrido más de tres años y esa norma no pasa de ser otro “saludo a la bandera”, sencillamente porque las instancias oficiales que deberían haberla implementado hace rato, están crecientemente infiltradas —incluso en puestos decisivos— por desaprensivos diligencieros y procuradores protransgénicos. ¿Percibe Ud. que casi todos los productos de nuestra agrobiodiversidad pueden dar al campo y el Perú entero tantos o más beneficios que los que ya están brindando la quinua, el maíz morado, la maca y el aguaymanto; mientras que lostransgénicos no sólo barrerían al grueso de este invalorable patrimonio nacional, sino también capturarían el dominio comercial del agro y la seguridad alimentaria del país?
Entre fines del 2013 y mediados del 2014, el pleno del Congreso de la República aprobó —hasta dos veces— la archiconsensuada Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional, que prácticamente contiene todas las bases necesarias para impulsar la producción diversificada del ramo en los tres niveles de gobierno y así garantizar estructuralmente “papeo” adecuado para las actuales y futuras generaciones. Sin embargo, esgrimiendo mil pretextos baladíes y posiblemente influenciados por los oligopolios importadores, los dos últimos conductores de ese poder del Estado maniobraron para encarpetar reiteradamente la ley, hasta hoy, en vez de remitirla para su promulgación. ¿Es que esta norma beneficiosa para los 30’000,000 de peruanos —incluyendo a los industriales que ahora se disputan las cosechas de quinua y maca, como sin duda mañana lo harán con otros productos nativos reivindicados por la demanda internacional—, tiene menos importancia que la recientemente derogada ley sobre el trabajo juvenil o “Ley Pulpín” (aparentemente en pro 2´000,000 de mozos y mozas), como para que su gobierno no exija al Legislativo su inmediato desentrampamiento?
●Podríamos seguir enumerando más casos, pero los expuestos bastan y sobran como para que usted, Presidente Ollanta Humala, vea que entre los mandatos de la Carta Magna, la retórica legislativa, la política agroeconómica de su gobierno y la cruda realidad, hay un abismo sideral.
●Y para que Ud. no piense que pretendemos abrumarlo sólo con palabras, aquí le vamos a mencionar algunas elocuentes cifras oficiales que confirman el diagnóstico empírico: comoconsecuencia de las omisiones y despropósitos antes señalados, en el 2013 el agro creció sólo 1.6%, frente a 5.8% de la economía nacional. Y luego, en el año reciente los indicadores fueron aún más deprimentes: el agro gateó apenas 1.4%, frente a 2.4 de la economía en conjunto. Y con un agravante: laproducción agrícola estuvo a punto de irse a pique, al registrar la miseria de 0,3% de incremento, menor incluso que el magro aumento poblacional.
● ¿Cuál es el objetivo final de esta ajustada recapitulación de hechos minuciosamente expuestos por AGRONOTICIAS a lo largo de los tres años y medio que lleva su gobierno? Muy sencillo, Presidente Humala:
Recordarle que la primera necesidad del serhumano es comer y que el único sector que puede satisfacerla sostenidamente es el agro (actividad productiva y renovable), en complementación con la pesca (actividad extractiva y potencialmente finita).
Hacerle ver que la actual política agroeconómica e institucional de su gobierno no responde a ese elemental axioma,fundamentalmente por falta de voluntad y decisión —en la más alta instancia del poder— para hacer cumplir los mandatos proagrarios de la Constitución, las leyes, el Acuerdo Nacional y la razón, e invocarle que reaccione autocríticamente antes que sea demasiado tarde, para hacer corregir todo lo corregible, incluso confrontando en vivo a los funcionarios con losproductores y técnicos independientes, para deducir mejor en qué lado está la razón.
●En las actuales condiciones político-sociales del país, no hay más alternativa. La persistencia del autismo oficial es una opción autodestructiva y destructora, que sin duda no es la suya.
●Por ello, deseando —casi instintivamente— que por lo menos el último tramo de su gobierno sea llevadero como una buena digestión, Presidente Ollanta Humala, desde el alma del Perú campesino nos permitimos exhortarle —una vez más— a que sintonice con el viejo y sabio Cicerón: “Dios le dio al hombre una sola boca y dos oídos, para que hable menos y escuche".