BIOCOMPARTIENDO # 20 del 2022 / Debate sobre el pan transgénico con trigo HB4

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Fernando Alvarado

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Jul 17, 2022, 10:57:34 PMJul 17
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BIOCOMPARTIENDO 

# 20 del 2022 / Perú, domingo 17 de julio 

¡Por una vida sana y feliz; libre de transgénicos cancerígenos! 

Editor Fernando Alvarado de la Fuente / biof...@hotmail.com 

Ver todos los números de Compartiendo en: www.ideas.org.pe 

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INDICE 

  • ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL EXIGEN AL ESTADO RESPUESTAS OPORTUNAS Y EFECTIVAS AL HAMBRE Y MALNUTRICIÓN EN EL PAÍS 
  • Debate sobre el pan Transgénico con trigo HB4 
    • Aprender a encariñarse con los cultivos transgénicos 
    • ¡Con nuestro pan NO! 
    • Trigo HB4: realidades, mitos y relatos sobre los cultivos transgénicos 
    • Quien controla las semillas, controla los alimentos 
  • CALENDARIO AGROECOLOGICO 2022 

 

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ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL EXIGEN AL ESTADO RESPUESTAS OPORTUNAS Y EFECTIVAS AL HAMBRE Y MALNUTRICIÓN EN EL PAÍS 

Perusan  

El país vive la mayor inflación de las últimas dos décadas (más de 8%). Para un porcentaje creciente de la población urbana y rural el acceso a la alimentación diaria se ha convertido en un desafío incierto y angustiante. Cuando lo logra, está obligada a reemplazar alimentos nutritivos -más caros- por otros de menor calidad –más baratos–, poniendo en riesgo su salud. A ello lo obliga el desempleo, el trabajo mal pagado y una economía semiparalizada.  


Por otro lado, información reciente da cuenta de que el crecimiento del valor del sector agrario en el Perú se incrementó, entre enero y mayo, en un 4.9%, debido principalmente a incrementos en el sector de agroexportación. No obstante, el avance de la siembra de algunos cultivos alimenticios básicos, como el arroz y la papa, han disminuido por encarecimiento o escasez de fertilizantes.  Actualmente nos estamos alimentando, pues, de las cosechas de la  campaña agrícola: agosto 2021 - julio 2022, relativamente normal, pero los anuncios de la nueva campaña –2022-2023– no son los mejores. Ante la inoperancia del Estado, no se  termina de culminar la compra de la urea, de la que depende en parte, que haya suficientes alimentos a finales de este año y en el primer semestre del 2023. 

 

La situación descrita se agrava por la escasa sensibilidad, voluntad y capacidad operativa del gobierno para utilizar más y mejor los recursos institucionales y financieros de los que dispone, y para enfrentar los desafíos del crecimiento económico. Las medidas de apoyo a las iniciativas de la población más vulnerable, como son los comedores populares y ollas comunes, son insuficientes y poco ágiles.  Complementa este desafecto del Poder Ejecutivo por sus ciudadanos más necesitados, la indiferencia del Congreso cuyos miembros, que supuestamente representan los intereses de los ciudadanos, no asumen ninguna responsabilidad hacia ellos, absorbidos como están por conflictos intestinos y mezquinos intereses particulares. 

 

En este lamentable contexto económico, social y político, cuyo horizonte temporal es imposible precisar, los ciudadanos no debemos ceder a la desesperanza ni al nihilismo, y nos sentimos en la obligación de seguir insistiendo en la urgencia de que los dos poderes del Estado más importantes para estos efectos, el Ejecutivo y el Legislativo, den la máxima prioridad a medidas de emergencia entre las cuales consideramos prioritarias las siguientes: 

 

  1. Enfrentar el hambre y hacer posible el acceso a alimentos por parte de la población vulnerable:  
    1. a través de bonos alimentarios, cuyo otorgamiento debe ser aprobado por el Congreso (aprobación de los 2,000 millones en el Congreso) 
    2. claridad, transparencia y eficacia en su distribución a las organizaciones sociales activas para garantizar la alimentación 
    3. apoyo oportuno, suficiente, ágil, eficaz y transparente a las ollas comunes, los comedores populares y a las redes de rescate de alimentos.  

       
  2. Rutas claras de protección de la campaña agrícola 2022-23 que se inicia el próximo mes de agosto: 
    1. en la distribución de los fertilizantes importados, dar prioridad a los productores de alimentos básicos de la canasta familiar para el mercado interno 
    2. promover y adquirir fertilizantes orgánicos 
    3. ampliar la protección de los suelos, del agua y la sostenibilidad de la producción de alimentos. 

       
  3. Redoblar campañas públicas sobre estrategias nutricionales saludables para enfrentar la emergencia y malnutrición. 

     
  4. Participación de la sociedad civil en la Comisión de Alto Nivel para enfrentar la crisis. 

     

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    Aprender a encariñarse con los cultivos transgénicos 

    La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) determinó hace poco que el trigo “HB4″, desarrollado por la empresa argentina Bioceres, es seguro para el consumo humano, acercando esta nueva variedad al desarrollo comercial en Estados Unidos. 

    Agencia Bloomberg 

    Lima, 17/07/2022 05:43 a.m. 

    Por Amanda Little 

     

    Una nueva variedad de trigo resistente a las sequías ayuda a aclarar los hechos sobre los organismos genéticamente modificados (OGM), una tecnología de fitomejoramiento que durante mucho tiempo se ha considerado que no va de la mano con la agricultura sostenible, pero que puede ser esencial para el futuro de la misma. 

    La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) determinó hace poco que el trigo “HB4″, desarrollado por la empresa argentina Bioceres, es seguro para el consumo humano, acercando esta nueva variedad al desarrollo comercial en Estados Unidos. 

     

    El HB4 ya ha sido aprobado para la producción en Argentina y Australia, pero aún requiere la aprobación del Departamento de Agricultura de Estados Unidos —la cual es probable; se están esperando las revisiones del impacto ambiental del cultivo—. Este sería un hito agrícola por dos razones clave: primero, mientras que la mayoría de los cultivos transgénicos que ahora se cultivan en EE.UU. se utilizan para la alimentación del ganado o en derivados como el jarabe de maíz, los humanos consumirían directamente el HB4. En segundo lugar, sería el primer cultivo alimentario significativo diseñado para ser tolerante a la sequía. 

     

    Es difícil subestimar la importancia de un cultivo que puede soportar mejor el inigualable tipo de sequía y calor que devasta los cultivos desde el oeste de Estados Unidos hasta Italia y Somalia. Basta con preguntarle a India, que recientemente prohibió la mayoría de las exportaciones de trigo para preservar suministros adecuados para su propia población, lo que empeoró una escasez mundial ya crítica por la guerra que desató Rusia contra Ucrania. 

     

    No obstante, muchos consumidores e inversionistas, especialmente aquellos que no forman parte de los 53 millones de estadounidenses con inseguridad alimentaria que actualmente dependen de los bancos de alimentos para sobrevivir, siguen siendo escépticos sobre el valor y la seguridad del trigo transgénico. 

     

    Lo entiendo, he sido de las personas que se espantan ante la perspectiva de comer pan modificado genéticamente, o cualquier cosa transgénica, en realidad. Pero cuando analicé la base científica de mis preocupaciones, descubrí que no hay ninguna. 

     

    Durante décadas, el consumo humano de organismos transgénicos ha inspirado un temor inconcebible en los consumidores porque pocos de nosotros entendemos la técnica —que utiliza fragmentos de ADN de otras plantas, animales o incluso bacterias para crear los rasgos deseados en los cultivos—. 

     

    Los críticos han planteado falsas preocupaciones que van desde el cáncer y las alergias hasta la pérdida del valor nutricional de los alimentos transgénicos. A otros les preocupa que la genética modificada escape a la naturaleza y cause estragos en los ecosistemas. 

     

    Muchos desconfían de las grandes empresas agrícolas que crean nuevos cultivos transgénicos para priorizar la seguridad humana sobre las ganancias. Como resultado, los alimentos transgénicos han sido prohibidos en gran medida en Europa y gran parte de África. 

     

    Pero no hay evidencia que demuestre que los OGM perjudican la salud humana. En realidad, todas las principales organizaciones científicas, incluida la National Academy of Sciences y la Organización Mundial de la Salud, han avalado la seguridad de esta tecnología de fitomejoramiento. 

     

    Y si bien los cultivos transgénicos pueden causar “cambios genéticos” en los campos cercanos, se pueden tomar medidas para evitarlo. Los consumidores deben comprender que los transgénicos no son intrínsecamente peligrosos para la salud humana o el medio ambiente más de lo que un televisor perjudica intrínsecamente nuestra inteligencia. El fitomejoramiento es simplemente una plataforma tecnológica: el peligro o el beneficio radica en cómo se aplica. 

     

    Venimos alterando el ADN de las plantas hace milenios, seleccionando y cultivando granos cada vez más grandes y suaves, vegetales menos amargos y frutas más dulces. Antes de los transgénicos, esos rasgos se adquirían cruzando especies de plantas iguales o similares. Los OGM amplían drásticamente las posibilidades al extraer de diferentes organismos y producir resultados rápidos. 

     

    En lugar de tomar una década o más con los métodos de mejoramiento convencionales, las herramientas de edición de genes pueden producir nuevas variedades de plantas en dos o tres años. Las herramientas de edición de genes como Crispr, que pueden “borrar” rasgos no deseados en un genoma, pueden producir resultados aún más rápidos y asequibles. 

     

    Uno de los rasgos más beneficiosos integrados en los cultivos comerciales hoy en día se deriva de una bacteria común del suelo llamada Bacillus thuringiensis (o Bt), que permite que la planta produzca sus propios insecticidas internos que son benignos para los humanos. 

     

    El desarrollo del maíz integrado con Bt, que ahora se cultiva en todo el mundo, y las berenjenas integradas con Bt cultivadas en Bangladesh, han reducido significativamente las fumigaciones con pesticidas químicos, ahorrando dinero a los agricultores y mejorando la salud del suelo. 

     

    Para desarrollar su trigo resistente a la sequía, los científicos de Bioceres agregaron material genético de un girasol que determina cómo la planta utiliza la humedad que canaliza y almacena. 

     

    Descubierto por la científica argentina Raquel Chan, el HB4 se encuentra entre los genes del girasol que rigen la eficiencia del agua. Después de que los experimentos de laboratorio de Chan y su equipo demostraron que los cultivos, incluida la soja, podían prosperar en condiciones cálidas y secas con riegos poco frecuentes, Bioceres patentó el gen. 

     

    La empresa informa que, en pruebas de campo, su variedad de trigo transgénico ha aumentado los rendimientos en un promedio del 20% en condiciones de acceso limitado a agua. 

     

    Estos números deben ser corroborados por un análisis independiente y se necesita realizar mucha más investigación para identificar otros genes que puedan ayudar a los cultivos alimentarios a conferir tolerancia a la sequía. Pero este progreso ofrece alguna esperanza a millones de agricultores en todo el mundo que enfrentan condiciones del tiempo difíciles que solo empeorarán para volverse más calurosas y secas. 

     

    La historia nos ha mostrado las consecuencias de la ingeniería genética en la agricultura cuando su aplicación falla. Las semillas Roundup Ready de Monsanto —que se ha convertido casi en sinónimo de OGM— contenían una genética que las hacía inmunes a los químicos que matan prácticamente a cualquier otro tipo de planta. 

     

    Estas plantas tolerantes a los herbicidas ahora representan el 90% de todo el maíz, el algodón y la soja en Estados Unidos, y muchos de los productos han fracasado, resultando en la aparición de “supermalezas” resistentes a los químicos y que requieren el uso de más fumigaciones que sean más fuertes para matar las malezas. 

     

    Esa es la preocupación que tengo sobre el producto Bioceres. Además del gen HB4 tolerante a la sequía, ha agregado un gen para la tolerancia a los herbicidas. Entiendo el propósito, dado lo ampliamente aceptada que se ha vuelto la característica en los mercados agrícolas. 

     

    Pero los impactos dañinos de los herbicidas socavan el valor central de la innovación HB4 y sus beneficios climáticos revolucionarios. Sin embargo, esa no es razón suficiente para rechazar esta nueva variedad de trigo HB4 y no debería impedir que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos la apruebe para la producción comercial. 

     

    Debemos ir más allá de si los cultivos transgénicos deberían desarrollarse y, en cambio, centrarnos en qué aplicaciones aportarán el mayor valor a nuestro mundo. Hay científicos que trabajan en el desarrollo de cultivos genéticamente modificados con raíces más anchas y profundas que pueden mejorar significativamente el almacenamiento de carbono en el suelo. 

     

    También se están realizando investigaciones para desarrollar variedades transgénicas y de edición de genes de cultivos de cereales básicos y alimentos especiales, desde el café y el cacao hasta cítricos y uvas para vino, que son tolerantes no solo al calor y la sequía, sino también a las tantas otras presiones climáticas que afectan a los agricultores de todo el mundo: inundaciones, insectos invasores, plagas bacterianas y cambios de estación. 

     

    Algunos de estos esfuerzos fracasarán, pero los que no traerán beneficios vitales a las poblaciones más expuestas a la inseguridad alimentaria en los climas más vulnerables. 

     

    En resumen, las crecientes presiones ambientales han comenzado a justificar el uso de herramientas agrícolas controvertidas que pueden ayudar a cambiar el equilibrio a favor de la humanidad, siempre que la tecnología se aplique de manera responsable. 

     

    BioFuente: https://gestion.pe/mundo/aprender-a-encarinarse-con-los-cultivos-transgenicos-noticia/ 

     

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    AGENCIA DE NOTICIAS BIODIVERSIDADLA 

    ¡Con nuestro pan NO! 

    Por Organizaciones campesinas, redes, movimientos sociales, grupos de estudios y colectivos socioambientales Idioma Español País Argentina 

    20 mayo 2022 

     

    El 11 de mayo de 2022 el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, a través de la Resolución 27/2022 de la Secretaría de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo Regional, autorizó a la empresa titular del trigo HB4 a comercializar semillas, productos y subproductos de esta, y de toda la progenie derivada del cruzamiento de este material y otros trigos no transgénicos. Así, Argentina se convierte en el primer país del mundo en aprobar un trigo transgénico. Estamos cada vez más cerca de consumir alimentos elaborados con esta harina. 

     

    La firma de esta resolución se da en el contexto de aprobación de la importación de harina y derivados de trigo transgénico, en Brasil, Australia y Nueva Zelanda, y la aprobación en China de la soja HB4.  

     

    El trigo transgénico autorizado es denominado HB4 (trigo IND-ØØ412-7) y presenta dos características: resistencia a la sequía y tolerancia al herbicida glufosinato de amonio. 

     

    El contexto de crisis climática, pandemia y conflicto armado en Ucrania es usado como excusa para avanzar con esta liberación comercial. La propuesta de solución de problemas productivos no es consistente, especialmente si tenemos en cuenta los muy malos rendimientos que tuvo el trigo HB4 en 2021, publicados en un  informe del INASE (Instituto Nacional de Semillas)  

     

    Esta autorización significa un avance del agronegocio sobre la alimentación y la agricultura de nuestros pueblos. Viene de la mano de la presión para la modificación de la ley de semillas, como lo han manifestado el Ministro Julián Domínguez y representantes de la empresa Bioceres, en el sentido de la privatización. No vamos a aceptar esas presiones. Nuestra obligación, una vez más, es denunciar y resistir estos intentos privatizadores, por todas las vías posibles. 

     

    Presentamos una breve síntesis de los motivos del rechazo a este trigo transgénico desde las muchas vertientes que nos obligan a decir ¡Con nuestro pan NO! 

     

    SUMÁ TU ADHESIÓN 

     

    1- Porque multiplicará el consumo de agrotóxicos 

     

    Los transgénicos con tolerancia a herbicidas multiplican el consumo de herbicidas ya que esa es la razón para la que se han desarrollado. El uso de agrotóxicos se ha incrementado exponencialmente desde la introducción de cultivos transgénicos lo que demuestra la falsedad del discurso con que se impusieron. En Argentina ya se usan más de 525 millones de litros de agrotóxicos por año, de este modo, esta nueva autorización implicará aumentar aún más la utilización de estos compuestos altamente nocivos para la salud. 

     

    2- Porque el herbicida al que es tolerante el trigo aprobado es incluso más tóxico que el glifosato 

     

    El glufosinato de amonio es un herbicida más tóxico aún que el glifosato y está ampliamente cuestionado y prohibido en muchos países por su alta toxicidad aguda y sus efectos teratogénicos, neurotóxicos, genotóxicos y alteradores de la colinesterasa. Además de ser un herbicida, tiene propiedades insecticidas. Es altamente tóxico para organismos benéficos incluyendo arañas, ácaros depredadores, mariposas, numerosos microorganismos del suelo, y puede incrementar la susceptibilidad de la planta a enfermedades, con el consecuente aumento en el uso y dependencia de agrotóxicos. Es tóxico para algunos organismos acuáticos y puede aumentar la lixiviación de nitrógeno de los suelos. En suelos arenosos, el glufosinato es persistente y móvil. 

     

    3- Porque expondrá a nuestra población a fumigaciones con agrotóxicos todo el año 

     

    El trigo es un cultivo de invierno. Hasta ahora, las fumigaciones masivas con agrotóxicos se circunscribían a las temporadas de primavera y verano (aunque también se aplican a finales del invierno como “barbecho químico”). La aplicación del glufosinato de amonio dará lugar a fumigaciones con este herbicida altamente tóxico en invierno, cuando es aún mayor la susceptibilidad a contraer enfermedades respiratorias. 

     

    4- Porque un nuevo veneno estará presente en el pan nuestro de cada día 

     

    El trigo es la base de la alimentación de las argentinas y los argentinos y de una parte muy importante de la humanidad: con él se elabora el pan y gran parte de nuestras comidas que están basadas en sus harinas (otros panificados, empanadas, pizzas, pastas, tartas, entre otras). A partir de esta autorización, el trigo tendrá residuos de glufosinato que se incorporará a las harinas y sus derivados, es decir, habrá presencia de esta sustancia en alimentos básicos de consumo diario, hecho inédito en la historia de nuestro país, con lo cual toda la población estará expuesta a la ingesta de este veneno en su dieta diaria. 

     

    5- Porque contaminará todos los trigos 

     

    El trigo se autofecunda en un gran porcentaje pero también se cruza con cultivos de cercanía, como sucede también con la soja. Los datos científicos hablan de cruzamientos de entre 1 y el 14%. 

     

    Los empresarios y sus aliados nos explican que no tenemos por qué oponernos, que «el que no quiera que no adopte la tecnología». Con fundamentos sólidos podemos afirmar que una vez liberadas las variedades transgénicas en pocos años se van a diseminar por polinización cruzada y por “bolsa blanca”. Si esto sucede vamos a estar expuestos a la locura de que nos contaminen los trigos nacionales y a que nos puedan denunciar por querer «robarles la tecnología». Mantener la trazabilidad separando las cadenas de producción y distribución entre trigos convencionales y trigos transgénicos es imposible de lograr. 

     

    6- Porque este trigo se ha desarrollado para seguir aplicando un paquete tecnológico (siembra directa y uso intensivo de agrotóxicos) que ya ha demostrado los daños que ha producido y que necesita ser replanteado de manera absoluta 

     

    La misma FAO acaba de afirmar que “hemos llegado al límite del paradigma de la revolución verde” y que alcanzar una agricultura sostenible requiere un enfoque integrado. Los transgénicos son hoy la mejor encarnación del paradigma de la «revolución verde» y avanzar hacia una producción agroecológica libre de venenos y transgénicos es el principal desafío que hoy tenemos como humanidad. 

     

    7- Porque se hace uso de un fenómeno climático extremo, la sequía, como un argumento falaz para introducir una tecnología de dudosa eficacia 

     

    Las plantas activan diferentes grupos de genes a lo largo del ciclo de vida, y la incorporación de un único gen difícilmente podría definir la manifestación de mecanismos de resistencia. Por un lado, la inserción de un gen adicional no debe ser interpretada como suficiente para alterar distintos ciclos metabólicos, ya que los genes trabajan en grupo. Tenemos más de 100 mil características y sólo cerca de 30 mil genes para definirlas; muchos de esos genes son compartidos con otros seres como ratones, peces, pájaros y hasta insectos. Por otra parte, la sequía “no es la misma” porque la planta “no es exactamente la misma” en la fase de germinación, emergencia, floración, formación de granos, etc. Así, un gen que permitiera un mejor comportamiento ante la falta de agua en una fase, no ayudaría de la misma manera en otra fase. Y la posibilidad de frenar el desarrollo de alguna fase para reducir el estrés por la escasez de agua, puede perjudicar en vez de ayudar a la planta en el caso que no ocurriera la sequía. Y difícilmente tendría utilidad si la sequía ocurriese en otro período, donde este gen no actúa. Un dato concreto es que los estudios para la obtención de plantas resistentes a la sequía han sido abandonados por falta de éxito en los Estados Unidos. 

     

    8- Porque son parte de la destrucción del sistema de ciencia y técnica que dicen defender 

     

    Porque necesitamos que la ciencia argentina escuche las voces de transformación y apoye los procesos de agroecología y soberanía alimentaria que hoy son una realidad en manos de las organizaciones campesinas y de productores familiares. Necesitamos ciencia independiente que denuncie el accionar de las empresas de los agronegocios: en lo sanitario, en lo ambiental y en lo económico. Rechazamos la complicidad de los sectores científicos que, bajo el paraguas del CONICET, son socios de las empresas biotecnológicas. Esos académicos tienen responsabilidad en las consecuencias que sus «desarrollos» producen en los territorios (más desmontes y afecciones en salud, entre otros). 

     

    9- Porque no queremos consumir alimentos transgénicos 

     

    En Argentina no hay etiquetado de transgénicos. Las empresas del agronegocio y las procesadoras tienen muy claro que el pueblo argentino no los quiere, no los elige, y por eso no permiten que se etiqueten los alimentos con transgénicos. La «equivalencia sustancial» (argumento empresario que dice que un transgénico es igual a un alimento convencional) es un mito creado por los científicos pagados por las corporaciones. Por lo tanto, nada nos garantiza que el pan que comamos sea igual en sus características y el impacto en nuestro organismo que el de un pan hecho con un trigo convencional. 

     

    10- Porque las autorizaciones no nacen de sectores independientes de los sectores corporativos 

     

    La Conabia (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología) recomienda aprobar transgénicos y el Senasa (Servicio de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) autoriza el uso de agrotóxicos: son ejemplos de conflictos de interés. Ambos organismos están controlados o influenciados por representantes de las empresas que producen y venden transgénicos y agrotóxicos. 

     

    La Conabia mantuvo durante muchísimos años su composición en secreto. Hoy sabemos que siempre tuvo una mayoría empresaria, por lo que las empresas con conflictos de interés, todo este tiempo, se regularon a sí mismas. Si bien su composición se modificó en marzo del 2020 la aprobación del trigo transgénico por la misma se dio en el contexto de su composición anterior. El Senasa no cuenta con laboratorios propios, sino que valida los informes presentados por las propias empresas. En Argentina se usan 107 plaguicidas prohibidos en otros países del mundo, 36 de ellos considerados «altamente peligrosos» por la Organización Mundial de la Salud. 

     

    11- Porque los transgénicos promueven los monocultivos y éstos degradan los ecosistemas y la soberanía alimentaria 

     

    Supongamos que el trigo transgénico no fuera resistente al glufosinato y se evite el uso de este agrotóxico. La tan publicitada y prometida «resistencia a sequía» se vende como una ventaja para los productores. El trigo transgénico viene por lo que queda de la destrucción de nuestros bosques y humedales. Los transgénicos agrícolas sirven hoy sólo para generar lucro para unos pocos. No son necesarios para garantizar ningún derecho del pueblo. Por otro lado es imposible no considerar que las sequías que están azotando la región son justamente producto del modelo de agricultura impuesto. 

     

    12- Porque el trigo transgénico ya fue rechazado en el mundo 

     

    A partir del rechazo de diversos sectores vinculados a la comercialización del trigo en América del Norte (como por ejemplo el Consejo Canadiense del Trigo) Monsanto retiró en el año 2004 su trigo resistente al glifosato reconociendo que “como resultado de la revisión de nuestra cartera [de productos] y el diálogo con líderes del sector triguero, admitimos que las oportunidades empresariales del trigo primavera Roundup Ready son menos atractivas en relación con otras prioridades comerciales”. En este momento distintos sectores vinculados a la comercialización en Argentina están dando ese alerta. 

     

    En Argentina un conjunto de organizaciones de la cadena triguera expresaron “El daño que se produciría al mercado de trigo argentino sería irreparable e irreversible, toda vez que la contaminación se propagará y la segmentación resulta inviable”. Esta posición fue adoptada por las siguientes organizaciones: Bolsas de cereales de Buenos Aires, Bahía Blanca, Córdoba, Chaco, Entre Ríos y Santa Fe; la Bolsa de Comercio de Rosario, la Cámara de Industriales Molineros; el Centros de exportadores de cereales, el centro de de corredores; la federación de la Industria de la Molinería, los Acopiadores; y las cuatro entidades de la Mesa de Enlace (CRA, Coninagro, FAA y Sociedad Rural Argentina). También Argentrigo manifestó su preocupación por esta aprobación. 

     

    Lo mismo acaba de expresar la industria molinera brasileña que en una encuesta interna expresó que el 85% no estaba a favor de utilizar trigo transgénico y el 90% dijo estar dispuesto a detener sus compras de trigo argentino. 

     

    13- Porque es parte de la intención de las transnacionales de imponer su ley de semillas 

     

    Ya los grupos corporativos están anunciando que el paso siguiente a la autorización de este trigo debe ser la modificación de la Ley de Semillas vigente para que garantice la recuperación de la “inversión en investigación” realizada por los grupos científicos y corporativos involucrados. 

     

    14- Porque aumentarán aún más las malezas tolerantes y resistentes a agrotóxicos 

     

    En nuestro país ya superamos las 40 malezas resistentes a herbicidas, lo cual genera complicaciones en el manejo de los cultivos, además del aumento de los costos de producción. 

     

    La producción de trigo en nuestro país no presenta problemas significativos de malezas (por ser un cultivo denso, naturalmente buen competidor y por realizarse en invierno, cuando la cantidad de malezas es baja), por lo tanto, no se justifica el evento de tolerancia al glufosinato de amonio. 

     

    Ya se han aprobado muchos eventos en soja y maíz con tolerancia al glufosinato de amonio y otros agrotóxicos. La liberación de este trigo transgénico tolerante al glufosinato de amonio completará el ciclo de uso permanente de este herbicida a lo largo de todo el año. Esto acelerará la aparición de malezas tolerantes y resistentes al glufosinato de amonio, complejizando aún más su control para otros cultivos (de verano e invierno). 

     

    15- Porque no se adecuaron los procedimientos de aprobación de transgénicos a lo recomendado por la Auditoría General de la Nación, siendo la aprobación nula 

     

    El Informe de la Auditoría General de la Nación N° 064/2019 señaló la existencia de graves deficiencias en los controles sobre los eventos transgénicos y que tampoco se tienen en cuenta los impactos sociales, ambientales, además del riesgo sobre la biodiversidad. Además, concluyó que la forma de aprobar el uso de los transgénicos en Argentina es poco transparente e incompleto, desoye convenios internacionales, vulnera leyes ambientales y viola los derechos de los pueblos indígenas. Lejos de haber adecuado ese marco normativo, se siguió adelante con la aprobación comercial de este evento transgénico a través de ese procedimiento viciado, lo cual torna al acto administrativo en nulo de nulidad absoluta. 

     

    16- Porque no se garantizó la participación ciudadana en el proceso de aprobación de este evento transgénico 

     

    La ciudadanía no tuvo ocasión de participar durante el trámite de aprobación de este evento transgénico, lo cual vulnera la Constitución Nacional y los tratados internacionales de derechos humanos con jerarquía constitucional, abonando aún más a la nulidad del acto administrativo. 

     

    A esto se suma que hoy se plantee abiertamente que la decisión está en manos de Brasil, cuando Argentina es uno de los países que más incorporado tiene el trigo y sus derivados al consumo alimentario. 

     

    17- Porque la autorización va en contra de las recomendaciones de los órganos internacionales de protección de los derechos humanos a nuestro país 

     

    El Comité de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas y la Relatora de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación Adecuada, Hilal Elver, tras su visita oficial a la Argentina, instaron al país en 2018 y 2019, respectivamente, a reducir el uso de los agrotóxicos. La autorización va claramente en contra de dichas recomendaciones, lo cual expone a nuestro país a ser responsable internacionalmente por la violación a sus obligaciones en materia de derechos humanos. 

     

    18- Porque la autorización torna inviable la agroecología y la agricultura orgánica que el gobierno nacional dice querer fomentar 

     

    Una parte importante de la producción agroecológica extensiva y la producción orgánica en nuestro país recurren al cultivo de trigo. La introducción de una variedad transgénica de trigo al ambiente, con los riesgos de cruzamiento y de contaminación en el camino de su comercialización ya señalados, torna difícil o imposible la protección efectiva de dichas producciones, con el riesgo también de pérdida de sus mercados a futuro. 

     

    19- Porque el mercado comercial de trigo sufrirá un impacto negativo 

     

    La autorización de este evento, sumado a la imposibilidad de evitar el entrecruzamiento y de garantizar la trazabilidad, generarán desconfianza y rechazo del mercado interno y otros mercados internacionales, lo cual generará un impacto comercial negativo en la cadena del trigo en nuestro país. 

     

    Fueron estas razones comerciales las que llevaron incluso al gobierno de Mauricio Macri –que fue el que más transgénicos aprobó en la historia- a desistir de su aprobación comercial. 

     

    20- Porque aunque el evento tenga un origen nacional, constituye una entrega a los capitales transnacionales 

     

    Más allá de su origen nacional, la empresa Bioceres tiene a su subsidiaria “Bioceres Crop Solutions Corp” que cotiza en la bolsa de Nueva York, tiene alianzas estratégicas con Syngenta/Chemchina, Valent, Dow Agrosciences y tiene entre sus accionistas a Monsanto. Además, si bien el CONICET y la Universidad Nacional del Litoral participaron del desarrollo del evento y cada una tiene el 30% de las patentes sobre el mismo, le confirieron licencia de comercialización exclusiva de sus derechos a Bioceres, representando una nueva entrega a los grandes capitales transnacionales. Por otro lado el rechazo a los transgénicos va mucho más allá del origen del desarrollo de los mismos. 

     

    Es urgente debatir en profundidad qué modelo agropecuario necesitamos como país, poner en marcha las propuestas que realizó el Foro Agrario en el año 2019 y anular la resolución que ha habilitado la producción de trigo transgénico. 

     

    NO al trigo transgénico en Argentina. 

    ¡CON NUESTRO PAN NO! 

    - Para ver las primeras adhesiones y sumar tu firma: ver aquí 

     

    Fuente: Acciones Biodiversidad 

    Temas: Transgénicos 

     

    BioFuente: https://www.biodiversidadla.org/Agencia-de-Noticias-Biodiversidadla/!Con-nuestro-pan-NO 

     

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    Trigo HB4: realidades, mitos y relatos sobre los cultivos transgénicos 

    Por Lisandro Arelovich Idioma Español País Argentina 

    10 junio 2022 

     

    El economista y antropólogo Diego Silva, quien investigó el trabajo de la empresa biotecnológica Bioceres, plantea ejes claves en torno a la aprobación del trigo HB4: el avance de los transgénicos, el contexto global por la guerra en Ucrania, la relación con el cambio climático y el negocio con una tecnología que surge de un convenio público-privado. 

     

    El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca aprobó el 12 de mayo la producción y comercialización del trigo transgénico HB4, resistente a la sequía. El nuevo transgénico está diseñado también para ser resistente al herbicida glufosinato de amonio. La medida beneficia a la empresa Bioceres y es  fuertemente resistida desde amplios sectores. En diálogo con Taller Ecologista, el investigador Diego Silva propone algunos ejes para pensar la complejidad del tema. 

     

    Silva es economista, doctor en antropología e investigador del Centro Internacional de Estudios Ambientales (CIES) de Ginebra, Suiza. Desde hace diez años estudia los debates alrededor de los transgénicos en el mundo y, desde 2018, sigue el desarrollo de la tecnología HB4, con la que se autorizó el primer trigo transgénico del mundo. El investigador del CIES ha realizado trabajo etnográfico en los laboratorios, oficinas y campos experimentales de Bioceres por varios meses. Actualmente se encuentra escribiendo un libro con los resultados de su investigación. 

     

    —¿Qué diferencias y similitudes significativas encuentra entre el trigo HB4 y otros eventos transgénicos ya aprobados en Argentina? 

     

    —Una de las principales diferencias es que el trigo transgénico es el primer evento aprobado para trigo en el mundo. La pregunta es ¿por qué? Y la respuesta es que el trigo es un cultivo mayoritariamente consumido por seres humanos y, si puedo añadir, por los seres humanos que habitan en los centros capitalistas del mundo y que prefieren al trigo sobre el maíz y el arroz. Entre los primeros cultivos transgénicos aprobados para comercialización en el mundo se encuentran el algodón, el maíz y la soja. Es cierto que la semilla del algodón puede usarse para alimentar al ganado y para producir aceite, pero no se consume directamente por los humanos. La soja se usa mayoritariamente para alimentación animal y para la producción de biodiesel y bioetanol, aunque también se usa para el consumo humano sobre todo en forma procesada. Por lo tanto, comenzar la comercialización de los transgénicos en el mundo con el algodón y la soja minimizaba la resistencia que pudiera poner la sociedad a este tipo de cultivos. Principalmente porque nos parece menos riesgoso vestirnos con transgénicos, o comer animales alimentados con transgénicos, que comernos los transgénicos directamente. 

     

    —¿En qué contexto se produce la aprobación del trigo HB4 por parte del Estado nacional? 

     

    —Es bastante notorio que esta tecnología no se haya producido en el norte global, donde se encuentran sus principales consumidores. Con la decisión de Bioceres de producir trigo transgénico, mi impresión es que se esperaba una oposición férrea desde estas áreas del mundo, especialmente de Europa. Sin embargo, dada la coyuntura actual de guerra en Ucrania, una de las cestas alimentarias del mundo, es posible que esto cambie. Además, esta coyuntura pudo haber influido en que finalmente se haya aprobado la soja HB4 en China, desbloqueando su comercialización en el resto del mundo. La geopolítica empieza a jugar un papel relevante en estos procesos. 

     

    Silva explica cómo se dio la historia en Bioceres. Federico Trucco, CEO de la empresa de biotecnología, fue un estudiante doctoral en Estados Unidos que se mostraba escéptico a HB4. "Para los primeros años del 2000 ya había varios eventos ‘tolerantes’ a climas extremos en el mundo. Sin embargo, a pesar de funcionar bien a nivel de laboratorio en plantas modelo, funcionaban mal en plantas comerciales y en condiciones de campo abierto. Es un tema complejo que desarrollé en el artículo  Keep Calm and Carry On: Climate-ready Crops and the Genetic Codification of Climate Myopia (2020)", repasa el investigador del CIES. 

     

    Y agrega: "Trucco solo se convenció del potencial de la tecnología HB4 cuando esta empieza a mostrar resultados positivos en cultivos comerciales a campo. El punto es que HB4 no era necesariamente una tecnología prometedora en sus inicios, dadas las experiencias fallidas con este tipo de cultivos a nivel internacional". Después demostró funcionar mediante mecanismos diferentes que resultaron más exitosos desde el  punto de vista productivo. 

     

    —¿Cómo funciona la tecnología HB4? 

     

    —En términos simples, ante la sequía, plantas como la soja o el trigo aceleran su reproducción para poder dejar descendencia. Con esta reacción buscan dejar algunos granos para proteger la especie, pero su nivel de producción se ve afectado significativamente. Es decir que la planta prioriza la supervivencia de la especie frente a la productividad. Por el contrario, y a grandes rasgos, el mecanismo de acción de HB4 ayuda a que las plantas ‘ignoren’ la sequía para que puedan seguir produciendo normalmente. Ignorar la escasez de agua le da a la planta un tiempo de espera mientras llueve, sin afectar su desarrollo y proceso productivo. Sin embargo, si el agua no llega nunca, la planta muere sin dejar descendencia. Es decir que la planta HB4 prioriza la productividad frente a la supervivencia de la especie. 

     

    En el artículo ya citado, Silva también expone que hay un problema con esta mentalidad que prioriza la producción sobre cualquier otra cosa y que está presente en otras tecnologías frente al cambio climático como las máquinas para la captura de carbono. Las plantas HB4 pueden darse el lujo de ignorar la sequía, porque su reproducción está garantizada por el mercado (al menos por ahora), pero nosotros como humanos no podemos permitirnos ignorar el cambio climático sin generar consecuencias existenciales sobre nuestra reproducción como especie. 

     

     

    Foto: Matías Baglietto 

     

    El mito de la “empresa nacional” 

    El gobierno nacional celebró las aprobaciones de las tecnologías HB4 en China (soja) y en Australia (trigo), entre fines de abril y principios de mayo. Es decir, días antes de la aprobación nacional. En palabras del Gobierno, este evento transgénico es relevante en términos de desarrollo de la ciencia nacional. En este marco, fue presentado y aplaudido como el resultado de un convenio “público-privado” entre la Universidad Nacional del Litoral, el Conicet y la empresa Bioceres. 

     

    —¿Cuál es el principal relato o discurso que esgrimen los propulsores del trigo transgénico HB4? 

     

    —Voy a contestar a esta pregunta más allá del trigo transgénico y en relación a HB4 y Bioceres en general. Por lo general, las empresas criticadas son gigantes transnacionales como Bayer-Monsanto o Syngenta-ChemChina a quienes se les acusa de llevarse la parte de las ganancias más grande en la venta de semillas. Como estas empresas controlan el segmento de la producción que más valor agregado genera, es decir el desarrollo tecnológico, se les acusa de beneficiarse de la mayor tasa de beneficios. Además de esto, como son empresas transnacionales, se dice que poco les interesa el medio ambiente local y que generan sus beneficios a costa de un alto impacto socioambiental. En sus inicios, Bioceres proponía un modelo diferente a este y por lo tanto resultaba ser un blanco complicado para los movimientos anti-OGM (Organismos Genéticamente Modificados). Bioceres se presentaba como una empresa nacional que trabajaba por crear productos con ciencia nacional. Este posicionamiento nacionalista de la empresa ha sido en buena parte exitoso. Ha servido para asegurar el apoyo por parte de varios gobiernos a la tecnología HB4, pero también por parte del Senado, que durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner declaró a HB4 como una tecnología de interés estratégico para la nación. Sin embargo, con la salida de  Bioceres a Wall Street como un holding, la empresa terminó efectivamente por transnacionalizarse. Esto debilita la narrativa nacionalista de la empresa y la hace nuevamente vulnerable a las criticas anti-transnacionales que movilizan los grupos anti-OGM. Otro de los motivos por los que Bioceres ha representado un blanco difícil para los grupos anti-OGM son sus narrativas de agricultura verde. 

     

    —¿Qué ocurrió con ese aspecto? 

     

    —Mientras la sociedad argentina pensó que HB4 era solamente una tecnología de tolerancia a sequías, no hubo mucho ruido mediático. Sin embargo, esto cambió en 2019 cuando se divulgó entre la sociedad que la tecnología también incluía tolerancia al herbicida glufosinato de amonio, en el contexto de las discusiones de aprobación de trigo HB4 en Brasil. HB4 comenzó a vincularse en el imaginario colectivo con herbicidas y con las experiencias dolorosas que ha tenido el país con el uso y el abuso del glifosato. A la sociedad argentina parece importarle más el componente químico que el componente transgénico de las semillas biotecnológicas. 

     

    —¿Por qué se incluyó la tolerancia al glufosinato de amonio en la tecnología HB4? 

     

    —Ha habido mucha discusión acerca de las razones. Unos dicen que simplemente se usó como marcador de selección en el desarrollo de la tecnología de tolerancia a sequía y que los agricultores pueden decidir no usar esa parte de la tecnología. Otros dicen que las empresas desarrolladoras de tecnologías transgénicas en realidad hacen su negocio mediante la venta de agroquímicos, y que esta es la razón por la cual se vinculó la tolerancia a herbicidas con la tecnología. A mi me parece que creer en cualquiera de estas dos posiciones es bastante ingenuo. No creo que se introduzca un evento transgénico en una planta por asuntos puramente técnicos y este evento resulte ser, por accidente, competitivo en el mercado. De manera similar, no se invierte en un desarrollo transgénico por décadas sin saber si va poder llegar al mercado (hablo de HB4), para promover la venta de un herbicida que ya es comercial hace varios años (glufosinato de amonio). 

     

    — ¿Cuál crees que fue la razón entonces? 

     

    —Para mí se trata de un asunto de mercado, y no estoy hablando de trigo transgénico en particular, sino de la tecnología HB4 en general. Mientras existan eventos transgénicos que ofrezcan tolerancia a herbicidas, lo más probable es que los desarrolladores de semillas biotecnológicas introduzcan genes de tolerancia a herbicidas en sus tecnologías para competir en el mercado con otros desarrolladores. Es un problema sistémico vinculado al modelo de agricultura industrial. Sin embargo, hay empresas haciendo esfuerzos por hacer una transición a productos biológicos y es en este contexto que Bioceres compra a la empresa de productos microbiológicos Rizobacter y que acaba de adquirir a Marron Bio, una de las empresas estadounidenses más grandes de insecticidas biológicos, entre otros productos. 

     

     

    Contaminación transgénica de cultivos convencionales 

    Uno de los aspectos cuestionados del trigo HB4 es la contaminación que este evento transgénico puede generar en los cultivos de trigo “convencionales” (es decir, no transgénicos). Para Silva, “los promotores de los transgénicos dirán que la capacidad infecciosa o ‘contaminante’ de estos cultivos depende de dos cosas: del tipo de cultivo y de las medidas que estén en pie para regular la circulación de estos cultivos y de sus elementos (como el polen)”. 

     

    Respecto al primer punto, si los cultivos son autógamos (se fecundan a sí mismos, como el trigo) el riesgo de ‘contaminación’ será menor a que si los cultivos fueran alógamos, como es el caso del maíz. Con respecto al segundo punto, si existen medidas serias de contención y monitoreo (como Bioceres asegura tenerlo con su programa de producción de semillas bajo identidad reservada) y si no hay ventas en el mercado informal, lo que se conoce como “bolsa blanca”, entonces los promotores de los transgénicos dirán que estos riesgos no son serios, porque la mezcla de semillas transgénicas con semillas convencionales podría prevenirse. 

     

    Pero el especialista opina que “el problema radica en que en Argentina no hay ni lo uno ni lo otro”. Al respecto, explica: “Como las medidas de contención restringen el uso y la multiplicación de semillas por parte de los agricultores, estas medidas han tenido una fuerte oposición en el país. Hay por lo tanto bastante espacio para la existencia de mercados informales de semillas, y estos mercados por definición están más allá del control del Estado y de las semilleras”. 

     

    Para el investigador, la liberación comercial del trigo HB4 “pone a los productores de trigo convencional argentino en una situación difícil”. Agrega que mientras haya “bolsa blanca” será muy complicado prevenir la mezcla de semillas transgénicas con las semillas de trigo convencional, así exista la intención de hacerlo. 

     

    Silva señala: “El Estado argentino reconoce esto y por lo tanto condiciona la aprobación de los transgénicos a su aprobación en sus principales países importadores”. Para el caso de la soja la condición fue la aprobación por parte de China —como ocurrió el 29 de abril— y para  el caso del trigo fue Brasil —que dio el visto bueno a la tecnología HB4 en 2021, pero en cuanto a harinas, no a semillas—. 

     

    Para el científico “el Estado nacional pone en una balanza los intereses económicos del país (en términos de exportaciones agrícolas totales) contra los intereses particulares de los productores de cultivos convencionales, cuyos mercados pueden verse afectados”. 

     

    —¿Cuál es la solución? 

     

    —No hay una salida fácil. Establecer medidas más restrictivas al uso y multiplicación de semillas por parte de los agricultores y controlar la “bolsa blanca” reducirían la autonomía de los agricultores argentinos en tanto que dependerían completamente del mercado para obtener sus semillas y en tanto deberían pagar un precio más alto por el uso de las tecnologías transgénicas. La elección está entre un sistema regulatorio estricto con menor autonomía para los agricultores, y un sistema laxo con los riesgos sobre la biodiversidad y los mercados de producto convencional que esto conlleva. 

     

    Silva ofrece un ejemplo de contaminación genética en una planta alógama, como es el maíz. “Dado que México es el centro de origen genético del maíz, los cultivos transgénicos de esta planta prendieron las alarmas en ese país porque existía el riesgo inminente de que las variedades locales adquirieran todas cualidades transgénicas”.  De hecho, se registró este tipo de contaminación en el Estado de Oaxaca. 

     

    Eventualmente se  prohibió el maíz transgénico en México y el mayor argumento que mantiene en pie esta decisión —explica Silva— es que se debe garantizar el derecho de las futuras generaciones a escoger entre variedades convencionales o transgénicas, para lo que hay que primero proteger la existencia de las variedades convencionales. 

     

    ¿Un convenio público-privado? 

    —¿Qué postura tenés respecto a los convenios público-privados como el caso del HB4 en lo que refiere a las líneas de investigación científicas? Sobre todo teniendo en cuenta que no se trata de ciencia básica cuyos resultados pueden luego derivar en otros beneficios, sino que ya desde el inicio de la investigación-financiación se trata de ciencia aplicada con una visión específica de un modelo de negocios. 

     

    —No estoy seguro que esto haya sido así. Lo que entiendo es que el equipo de la doctora Raquel Chan comienza su investigación con el apoyo del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral, y que después de algunos resultados positivos con el gen hahb4 del girasol, en condiciones de laboratorio, se suma Bioceres/Indear. En ese momento, Bioceres era una start-up que actuaba como mediador de conocimiento nacional. Si este fue el caso, sí estaríamos hablando de ciencia básica que fue más adelante financiada por un actor privado para convertir el evento asociado al gen del girasol hahb4 en lo que ahora conocemos como la tecnología HB4. 

     

    Para el entrevistado, el asunto importante está más relacionado a la repartición de beneficios: “Este es un tema bastante sensible que quiero tratar con el mayor cuidado”, aclara. Sobre este punto, indica: “Hasta donde yo sé existen tres patentes sobre HB4 y en la medida en que la tecnología se desarrolla más y más por parte de Bioceres, alejada del grupo de investigación original, las nuevas patentes parecen favorecer más y más a la empresa”. 

     

    “¿Qué patente protegerá a la versión comercial de los productos HB4? ¿Qué tanto se beneficiará la Universidad Nacional del Litoral, sus investigadores y el Conicet de estas patentes?”. Deja los interrogantes y concluye: “Me parece que son preguntas relevantes para la Argentina si este tipo de colaboraciones público-privadas han de continuar”. 

     

    Nota original:  https://tallerecologista.org.ar/trigo-hb4-realidades-mitos-y-relatos-en-torno-de-los-cultivos-transgenicos/ 

     

    Fuente: Agencia Tierra Viva 

    Temas: Agrotóxicos, Semillas, Transgénicos 

     

    BioFuente: https://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Trigo-HB4-realidades-mitos-y-relatos-sobre-los-cultivos-transgenicos 

     

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    AGENCIA DE NOTICIAS BIODIVERSIDADLA 

    Quien controla las semillas, controla los alimentos 

    Por Agencia de Noticias Biodiversidadla Idioma Español País Internacional 

    6 julio 2022 

     

    Aprovechando el debate por la aprobación del trigo transgénico HB4, representantes de las empresas biotecnológicas y algunos funcionarios del gobierno nacional se manifestaron públicamente a favor de avanzar con la modificación de la Ley de semillas. Si bien no hay ningún proyecto concreto que hoy se esté discutiendo, resulta oportuno reflexionar acerca de las implicancias que este debate tiene para la soberanía alimentaria y los derechos de las y los agricultores sobre las semillas. 

     

    Por Tamara Perelmuter Youngerman para Agencia de Noticias Biodiversidadla 

     

    La importancia de las semillas 

    Las semillas constituyen el reservorio de la vida, al transmitir los caracteres que darán continuidad a la especie. Al mismo tiempo, interrelacionan aspectos biológicos, sociales, identitarios, culturales, espirituales y económicos. Históricamente fueron consideradas bienes comunes por las y los agricultores, ya que las mejoraron y las compartieron manteniendo el control de las mismas, lo que condujo a una gran diversidad. 

     

    A diferencia de otros insumos agrícolas, la semilla es un organismo vivo que puede reproducirse, y es por esto que ha sido difícil transformarla en una mercancía. Sin embargo, el capital buscó siempre estrategias diversas para sortear las barreras que suponen una producción asentada sobre procesos biológicos. 

     

    Primero, con la aparición de las semillas híbridas (N. del E.: semillas producto del entrecruzamiento de especies diferentes para mejorar sus rendimientos pero que no pueden reproducirse), masificadas en el marco de la Revolución Verde, que rompieron la identidad semilla-grano y, por lo tanto, significaron la separación de las y los agricultores de su capacidad de replantar y el comienzo de la dependencia de las empresas que proveen los insumos. En Argentina, estas variedades siguen siendo muy utilizadas, sobre todo para la producción hortícola.  

     

    Luego, con el desarrollo de las semillas transgénicas, que significaron grandes cambios en el uso y la reproducción de semillas, habilitando nuevos mecanismos de acumulación y generando profundas consecuencias sociales y ambientales, como resultado del modelo de los agronegocios. Argentina las adoptó tempranamente, con la liberalización en 1996 de la soja Roundup Ready, resistente al glifosato. Durante los años siguientes, el modelo continuó su profundización. Todos los gobiernos, más allá de su signo político, impulsaron con entusiasmo los cultivos transgénicos, creando un modelo hegemónico basado en la agricultura biotecnológica. Al día de hoy, el país tiene 65 eventos transgénicos aprobados, sobre todo de soja, maíz y algodón. Y el recientemente aprobado trigo HB4, con tolerancia a la sequía y al glufosinato de amonio. 

     

    Las semillas se volvieron un punto de interés estratégico en el desarrollo de la agricultura global. Son el primer eslabón de la mayoría de las cadenas agroalimentarias. Quien controla las semillas, controla la cadena productiva y, por lo tanto, la disponibilidad de alimentos. Actualmente, el mercado mundial de semillas es uno de los más concentrados. El 60% está en manos de tres empresas transnacionales: Bayer-Monsanto, Corteva (fusión de Dow y Dupont) y ChemChina-Syngenta. 

     

    Pero las semillas son también la base de la biodiversidad, y ésta se ha convertido en una riqueza estratégica a explotar y controlar. La preponderancia de la biotecnología y la posibilidad de manipular la información genética ha tornado al acervo genético de diversidad del planeta en uno de los elementos más codiciados por los laboratorios científicos. Las “tecnologías de la vida”, desarrolladas en los países del Norte, requieren del oro verde concentrado en los países del Sur. 

     

     

    Foto: Tamara Perelmuter 

     

    ¿Qué son las leyes de semillas? 

    Las leyes de semillas se implementaron en la mayoría de los países en los años sesenta, en el contexto de la Revolución Verde. Son reglamentaciones en torno a la regulación de la certificación, fiscalización y comercialización de semillas, es decir, qué materiales pueden venderse en el mercado y bajo qué condiciones. Según explica Ana Felicien, investigadora en agroecología y soberanía alimentaria en Venezuela, integrante del plan Pueblo a Pueblo y la Campaña Venezuela Libre de Transgénicos, “se crearon bajo el discurso de asegurar la calidad y la confianza a partir de reglas claras pero, en el fondo, su aparición tiene una importancia central para entender los procesos de mercantilización”. Así, bajo la aplicación estricta de estas leyes, que obligan a las y los agricultores a utilizar solo semillas certificadas, los métodos de selección previos a las sanciones de estas legislaciones comenzaron a ser ilegales. 

     

    Otra de las consecuencias fue la constitución de los sistemas formales de semillas, que se caracterizan por tener una organización vertical de la producción y distribución de las mismas. Para Felicien, “son los circuitos de semillas producidas ya no como parte de ecosistemas diversos, sino sólo como elementos de procesos agroindustriales que tienen, como eslabón central, a los centros de investigación tanto públicos como privados, y que desarrollan un conjunto de variedades en función de los intereses de las empresas”. Las y los agricultores pasaron de ser productores, reproductores y mejoradores de semillas, a ser simples usuarios. Y las semillas, “pasaron de ser elementos vivos, producto de la interacción sociedad-naturaleza, a ser consideradas meras innovaciones tecnológicas. Esto no es otra cosa que la cosificación de los bienes comunes”, agregó la investigadora. 

     

    Argentina tuvo una lógica de apropiación de semillas muy precoz y posee un sistema formal muy desarrollado. Fue pionera en América Latina, con la sanción en 1935 de la Ley de Granos y Elevadores N° 12.253 y, en 1973, de la Ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas, aún vigente. La legislación abarca la producción, certificación y comercialización de semillas. Pero también establece una forma de propiedad intelectual sobre variedades vegetales denominada “Derechos de Obtentor (DOV)”, que refieren al derecho que se le otorga a quien desarrolla alguna “mejora” a una semilla, para explotarla en exclusividad. Son válidos para todo tipo de semillas, a diferencia de las patentes, que son solo para las semillas transgénicas, en tanto protege la modificación genética. Para Felicien, “aunque jurídicamente ambos sistemas de propiedad intelectual son diferentes, protegen los conocimientos que, según su lógica, son patrimonio de los fitomejoradores, y son la base para el desarrollo de las semillas como una innovación tecnológica. Ambos comprenden a las semillas como un bien privado, y por lo tanto, apropiable”. 

     

    Asimismo, la Ley de semillas reconoce, en su artículo 27, que “no lesiona ese derecho quien reserva y siembra  semilla  para  uso  propio”. Esta  concepción  del  uso  propio entendido como un “derecho de los agricultores” se enmarca en tratados internacionales, de los que Argentina es signataria, como la Unión para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) en su versión de 1978 y el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la alimentación y la agricultura (TIRFAA), conocido como Tratado de Semillas. 

     

    En los últimos años, en muchos países de la región las leyes de semillas y legislaciones de propiedad intelectual fueron modificadas (y muchas están aún en proceso de discusión) para adecuarlas a las nuevas directrices del comercio mundial de semillas, que busca entregar a un puñado de empresas el control de toda la cadena de la agricultura y la alimentación. “Estos procesos implementados en nuestra región, que es una de las más biodiversas del planeta y, al mismo tiempo, la que tiene mayor superficie con semillas transgénicas cultivadas, nos habla mucho de cómo se ha venido intensificando la apropiación de las semillas, la erosión de la agrobiodiversidad y la profundización de la región como exportadora de commodities”, explicó Felicien. 

     

    Argentina no es la excepción. Desde comienzos de este milenio existen intentos sistemáticos por modificar la Ley de Semillas. A finales de 2019, un dictamen para su modificación que había sido aprobado por el gobierno de Mauricio Macri pero sin el apoyo de ningún otro sector, perdió estado parlamentario. Al día de la fecha, la Ley de semillas vigente sigue siendo la de 1973 y el debate continúa abierto. 

     

    Todos los intentos por modificar la ley tuvieron como objetivo principal cercenar la práctica de las y los productores agrarios de guardar, conservar, intercambiar y reproducir sus propias semillas. Desde los comienzos de la agricultura se proveían a sí mismos de las semillas para el año siguiente, práctica que fue luego reconfigurada en los términos de “derechos de los agricultores”. Pero las empresas comprendieron que podrían ganar mucho más dinero si además de cobrar por la compra de las semillas, lo hacen por la resiembra de las mismas; es decir, si cobran “regalías extendidas”. 

     

    Así, todos los intentos de modificación apuntan a reglamentar y restringir el “uso propio”, remarcando que sólo podrán hacer uso de este derecho los denominados “agricultores exceptuados”. Se trata de una concepción que entiende que el “uso propio” debe dejar de ser libre y gratuito, un “derecho de los agricultores”, para pasar a ser una mera “excepción” que tienen otros: los obtentores. Esto implica un cambio radical en la forma en la que se concibe la agricultura. 

     

    Según el informe del Observatorio Universitario de Buenos Aires (OUBA) “Sembrar vientos. Soberanía alimentaria y patentes en debate parlamentario”, publicado en octubre de 2019, la discusión “se desarrolla en medio del referido contexto internacional de fuerte concentración de poderosas empresas y un universo de agricultores nacionales que no se constituye precisamente como un grupo homogéneo y fuertemente capitalizado, como a veces tiende a creerse”. De esta manera, destaca que “el actual estado de la industria semillera local e internacional deberían ser parte del marco de discusión parlamentaria; sin embargo, se soslaya esto en el tratamiento propuesto”. 

     

    La lucha por la defensa de las semillas 

    En la movilización global en defensa de las semillas ha sido central la “campaña por las semillas”, propuesta por La Vía Campesina desde el año 2003. En Argentina, si la modificación de la Ley de Semillas aún no pudo concretarse, fue debido a los activismos surgidos desde múltiples sectores de la sociedad, sobre todo organizaciones sociales, políticas y de la agricultura familiar, campesina e indígena; e, incluso, desde algunas posturas contradictorias al interior del Estado. 

     

     

    Un momento importante de la resistencia se dio con la conformación de la “Multisectorial contra la Ley Monsanto de semillas”, que destacó el rechazo a la propiedad intelectual en tanto “promueve la privatización y monopolización de nuestras semillas. Con estas regulaciones, las empresas transnacionales quieren apropiarse, incluso, de variedades ´descubiertas´, lo cual es un absurdo, porque toda variedad agrícola es obra humana. Así pretenden expropiar el trabajo ajeno y controlar las semillas campesinas”. 

     

    Carlos Vicente, quién fuera referente de la organización GRAIN y un gran luchador por el derecho de los y las campesinas a usar libremente las semillas, destacaba en 2019, durante una conferencia de prensa realizada en el marco de una jornada de protesta ante la aprobación del dictámen que intentaba avanzar en la modificación de la Ley de Semillas, que “lo único que han hecho es apropiarse de nuestras semillas y eso es apropiarse de nuestro derecho a la alimentación. Por eso sabemos que no lo vamos a permitir (...) Cuidando las semillas, multiplicándolas. Y luchando. Porque sin tierra, sin semillas y sin agua, no nos alimentamos. La soberanía alimentaria y las semillas como patrimonio de los pueblos, al servicio de la humanidad, son banderas que no vamos a bajar nunca”. 

     

     

    Foto: Huerquén 

     

    Hace poco se reglamentó la Ley de “Reparación histórica de la agricultura familiar para la construcción de una nueva ruralidad en la Argentina” (Ley N° 27.118), una iniciativa gubernamental que tomó un reclamo histórico de las organizaciones campesinas y que reconoce y defiende las semillas nativas y criollas.  

     

    Los derechos para cultivar, guardar, reproducir y usar semillas son un campo de batalla clave para determinar quién controla la alimentación y la agricultura. Lo que pase con ellas repercute directamente sobre los alimentos que consumimos, sobre sus precios y su calidad, pero también sobre la soberanía alimentaria y sobre quién decide qué se produce y qué se consume en el país. 

     

    Lo que está en juego es absolutamente vital. Se trata de un debate que va mucho más allá de una discusión legal o una disyuntiva técnico-productiva. En efecto, tiene que ver con discutir el modelo agrario y, por lo tanto, el proyecto de país. 

     

    Este artículo fue realizado con el apoyo de la Fundación New Field.  

     

    Por Tamara Perelmuter Youngerman para Agencia de Noticias Biodiversidadla -  tamiper...@gmail.com 

    Agencia de Noticias Biodiversidadla -  www.biodiversidadla.org 

     

    Temas: Derechos de propiedad intelectual, Semillas, Sistema alimentario mundial, Soberanía alimentaria 

     

    BioFuente: https://www.biodiversidadla.org/Agencia-de-Noticias-Biodiversidadla/Quien-controla-las-semillas-controla-los-alimentos 

     

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    CALENDARIO AGROECOLOGICO 2022 

     

    JULIO 

    * 6 julio, Día del Maestro 

    * 11 julio, Día Mundial de la Población 

    * Jueves 28 de julio: Fiestas Patrias. Feriado 

    * Viernes 29 de julio: Fiestas Patrias. Feriado 

    AGOSTO 

    * 9 agosto, Día Internacional de las Poblaciones Indígenas. 

    * 12 agosto, Día Internacional de la Juventud  

    * 19 de agosto (1989-2022) Trigésimo tercer (33) aniversario RAE Perú 

    * 22 agosto, Día Mundial del Folklore 

    * 27 de agosto (2011-2022) Décimo primer Aniversario del Mercado Saludable de La Molina 

    * Martes 30 de agosto: Santa Rosa de Lima. Feriado. 

    SETIEMBRE 

    * 1 setiembre, Día del Árbol 

    * 12 setiembre, octavo aniversario de la Red de Ferias y Mercados Ecológicos 

    * 16 setiembre, Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono  

    * 21 setiembre, Día Internacional de la Paz. 

    * 23 setiembre, Día de la Juventud y la Primavera. 

    OCTUBRE 

    * Sábado 8 de octubre: Combate Naval de Angamos. Feriado 

    * 15 octubre, Día Mundial de la Mujer Rural 

    * 16 octubre, Día Mundial de la Alimentación 

    * 19 octubre, (2007-2022) Décimo quinto aniversario de la Plataforma PERÚ País LIBRE DE TRANSGÉNICOS 

    * 29 octubre, (2004-2022) décimo octavo aniversario de la Red Peruana de Comercio Justo y Consumo Ético 

    NOVIEMBRE 

    * Martes 1 de noviembre: Día de todos los Santos. Feriado 

    * 7 noviembre, (2002-2022) vigésimo aniversario del Comité de Consumidores Ecológicos 

    * 10 noviembre, Día del Libro 

    * 17 noviembre, (1998–2022) Aniversario 24 del Grupo EcoLógica Perú 

    * 20 noviembre, Día Universal de los Derechos del Niño 

    * 25 noviembre, Día Internacional de la NO Violencia contra la Mujer 

    * 29 noviembre, (1978-2022) el Centro IDEAS celebra su 44 aniversario 

    DICIEMBRE 

    * 1 diciembre, Día de la Prevención del SIDA 

    * 3 diciembre, Día Internacional del No Uso de Agroquímicos.  

    * 3 diciembre, Día nacional de la promoción de la Agricultura Ecológica.  

    * 6 diciembre, (1999-2022) Vigésimo tercer Aniversario de la BioFeria de Miraflores. 

    * Jueves 8 de diciembre: Inmaculada Concepción. Feriado 

    * viernes 9 de diciembre: Batalla de Ayacucho. Feriado 

    * 10 diciembre, Día de la Declaración de los Derechos Humanos 

    * 14 diciembre, día del Cooperativismo Peruano 

    * Domingo 25 de diciembre: Navidad. Feriado 

    * 1 de enero 2021, feriado 

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    BIOCOMPARTIENDO # 20 - 2022 

    ¡ Por una vida sana y feliz, libre de transgénicos cancerígenos ! 

     

    Domingo 17 de julio de 2022 

     

    Editor: Fernando Alvarado de la Fuente 

     

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