Puede que alguna novia, esposa o madre ya te lo haya dicho antes y no hayas hecho ni caso. Pero es verdad.
Entonces, si eres una persona decente, tienes dos opciones: o limpiar cuidadosamente la zona después de cada sesión de descarga, o bien te consigues un reclinatorio acolchado como éste, donde te podrás arrodillar para acercarte lo más posible al centro de la taza y evitar esas molestas salpicaduras. Y si eres católico practicante, además podrás aprovechar para rezar algún Padrenuestro, que nunca está de más.