Comparto con ustedes este texto que ha enviado el Prof. Jaime Nubiola.
---------- Forwarded message ----------
From: Jaime Nubiola <jnub...@unav.es>
Date: 2010/11/7
Subject: día de la filosofía
To:
Estimados lectores,
Me han pedido con toda urgencia un artículo breve (600 palabas) para
conmemorar en el Diario de Navarra el próximo 18 de noviembre el día
internacional de la filosofía.
Copio debajo lo que he preparado en esta tarde lluviosa de domingo.
Muchas gracias de antemano por vuestras correcciones, sugerencias y
comentarios. Debo enviarlo a su destino el martes 16.
Muy cordialmente,
Jaime
________________________________________________________________
Para el Diario de Navarra, 18 noviembre 2010
El papel de la filosofía
Jaime Nubiola
"Enseño a mis alumnos detalles de un inmenso paisaje que ellos
posiblemente nunca podrán recorrer". Así describía su propio trabajo
Ludwig Wittgenstein, el filósofo vienés considerado por muchos como el
pensador más profundo del siglo XX. Así veo yo también mis clases o
los artículos en los que, siguiendo la tradición socrática, intento
estimular la creatividad personal de quienes me escuchan o trato de
invitar -¡de urgir!- a mis lectores a pensar por su cuenta y riesgo.
Como enfatizó Hannah Arendt, el mayor peligro que se cierne sobre
nuestras vidas es a fin de cuentas la banalidad.
La superficialidad es -me parece a mí- uno de los componentes
básicos de la cultura contemporánea. Pararse a pensar es considerado
casi siempre como cosa de mal gusto y la filosofía suele ser
menospreciada como ininteligible o irrelevante. En nuestra sociedad el
"soma" de Un mundo feliz -que disipaba todas las preocupaciones y las
melancolías- forma ya parte de la dieta habitual de jóvenes y adultos.
La atención compulsiva a los medios de entretenimiento visuales y
auditivos narcotiza tan eficazmente el espíritu humano que hace
superfluo el pensamiento y evita que se preste atención a los
problemas acuciantes que afectan hoy en día a la humanidad.
Sólo unos pocos, casi siempre en los márgenes de la sociedad,
mantienen la antorcha serena del pensamiento en medio de la algarabía
mediática, se escuchan unos a otros e intentan avalar con sus vidas la
primacía de la creatividad personal sobre el aletargante consumismo
colectivo. Son los artistas, los profesores de filosofía, los
místicos y todos aquellos a quienes importa más el ser que el tener,
aquellos que valoran más el querer y el ser queridos que el medrar en
la escala social.
La filosofía nunca ha estado de moda. Ya el primero de los
filósofos, Sócrates, fue obligado por sus conciudadanos a darse muerte
por irritar a los poderosos de Atenas y perturbar a la juventud con
sus enseñanzas. Hoy tampoco se valora la filosofía, pero el que la
UNESCO haya establecido el tercer jueves de noviembre como el "Día
internacional de la filosofía" hace posible que al menos una vez al
año la filosofía como institución sea noticia y pueda asomarse a las
páginas de la prensa.
Algunos piensan que la filosofía ha perdido el contacto con la
gente, porque se ha convertido en una sofisticada tarea científica del
todo ininteligible para el ciudadano corriente. Hay, sin duda, algo de
esto: todos los saberes en los dos últimos siglos han vivido un
desarrollo formidable gracias, al menos en parte, a su
especialización. Sin embargo, vale la pena recordar que la filosofía
no es -no puede ser- un mero ejercicio académico, sino que es más bien
un instrumento para la progresiva reconstrucción crítica y razonable
de la práctica diaria personal y comunitaria. El rigor de la
especialización debe estar compensado siempre por la relevancia humana
de la búsqueda y el perfeccionamiento personal. La pretensión de
verdad no se conforma con la contemplación; aspira siempre a mejorar
la vida de los seres humanos. Una filosofía que se aparte de los
genuinos problemas humanos -tal como ha hecho buena parte de la
filosofía moderna- es un lujo que a estas alturas del siglo XXI no
podemos permitirnos.
John Dewey escribió en Reconstruction in Philosophy que "la
filosofía se recupera a sí misma cuando cesa de ser un recurso para
ocuparse de los problemas de los filósofos y se convierte en un
método, cultivado por filósofos, para ocuparse de los problemas de los
hombres". Con Hilary Putnam -quizá el mayor filósofo vivo en la
actualidad- creo "que los problemas de los filósofos y los problemas
de los hombres y las mujeres reales están conectados y que es parte de
la tarea de una filosofía responsable lograr esa conexión". Este y no
otro es para mí el papel de la filosofía.
__________________________________________________
*Jaime Nubiola es profesor de filosofía en la Universidad de Navarra
(jnub...@unav.es).