Por Jonatan Serrano
18/06/09.- Hasta bien entrada la década de los ochenta, y no, no vamos
a hablar de la movida madrileña, para ir de Castellón a Alicante en
vehículo terrestre a motor no quedaba más remedio que pasar por
Valencia. Pero no solamente por la Valencia provincia, obviamente,
sino por la Valencia ciudad, urbe cuyos semáforos filtraban toda la
circulación turística del Levante nacional y casi por extensión de
todo el Mediterráneo. Así que ya se puede uno imaginar los ‘pitotes’
que en verano se formaban por las principales arterías circulatorias
valencianas atestadas de turistas de paso entremezclados con
‘aborígenes’ del lugar, lo cuales entendían poco o nada como era
posible que no existiese una vía paralela para el tráfico flotante.
Debido a la miríada de acentos en los que los turistas preguntaban
cómo llegar ¿a Benidorm, plis?, aquel punto negro se acabó bautizando
como ‘el semáforo de Europa’.
Pues bien, veinte años después éste se ha trasladado a Málaga, y más
concretamente a San Pedro de Alcántara, el nuevo nudo gordiano del
tráfico turístico en el territorio nacional desde hace ya un tiempo.
La estratégica situación del hermano pobre de Marbella lo convierten
en lugar de paso indispensable en el litoral malacitano y los atascos
veraniegos, donde se juntaban cientos de turistas con otros tantos
‘curreles’ lugareños, eran ya como un souvenir de la tierra, como una
actividad para cruceristas que se pudiera adquirir en la agencia de
viajes. Pero lo de este verano ya no tiene nombre. El necesario y
demandado proyecto de soterramiento llega, como casi todo en este
bendito país, tarde y mal. Y para más inri parecen haber dejado la
fase de la obra que más molestias produce para la temporada alta, lo
que carece de sentido y sólo puede dañar la ya maltrecha imagen de
Marbella. Por eso, no se entiende que no se limitasen las obras a
tiempos demográficamente menos saturados o que directamente se
liberase la autopista de peaje (o sea, de paganini) que rodea la
localidad y que se suponía iba a oxigenar el tráfico urbano
sampedreño. Claro, que eso lo suponían ‘los de siempre’ porque el
pueblo llano sabía de antemano que todo esto iba a acabar en caos y
desastre… como casi siempre.