Una de las consecuencias evidentes que está teniendo la crisis y sus
efectos, es poner en evidencia cual es el verdadero papel de los
gobiernos, los estados y los ciudadanos a la hora de poder resolver
sus problemas. Después de décadas desmantelando el poder de decisión
de los ciudadanos, creando superestructuras ajenas al poder político
con blindajes a prueba de todo tipo, acabamos por descubrir que los
gobiernos elegidos por nosotros ni pinchan ni cortan. Tienen voz pero
no tienen poder y son arrodillados ante el poder financiero.
Hemos cedido nuestra soberanía a parlamentos callados, cuando no a
representantes en la UE que actúan cada cada vez con más secreto. (las
directivas secretas sobre seguridad aérea o a las negociaciones del
ACTA, por ejemplo). Y acabamos de descubrir que ni siguiera todo el
Ecofin junto es capaz de legislar sino es a favor del “mercado”.
Nuestro gobierno se muestra impotente y fía cualquier medida a la
comprensión ciudadana, a la excusa del “es una decisión europea”, lo
“están haciendo todos en Europa”.
Llegados a este punto, creo que deberíamos poner las cartas sobre la
mesa. Si nuestro gobierno es impotente para poder hacer nada que no le
digan en Europa y nuestro parlamento es papel mojado que delega las
decisiones más importantes que nos afectan en otras instancias,
deberíamos ahorrar en intermediarios.
Yo quiero saber quien nos gobierna. Pero con nombres y apellidos, que
a mi eso de “los mercados” me parece falaz. Quiero ponerle cara a los
que deciden. A los que realmente mandan. A los que pedirles cuentas.
En realidad, lo que quiero es elegir mi propio destino. Y con esto
quiero decir que en esta etapa crucial que parece habernos tocado, yo
quiero más democracia. Quiero que mi gobierno someta a la
consideración de los ciudadanos las medidas que van a tomar. Quiero
que la ciudadanía elija la política fiscal y los sacrificios que haya
que hacer. No me valen discursos neotécnicos diciendo que como somos
gilipollas y no entendemos la diferencia entre una subprime y un
berberecho no podemos ni debemos ni opinar ni decidir.
Si es la hora de hacer el mayor recorte de la historia de la
democracia, también puede ser la hora de cuestionar todo el armazón en
el que se sustenta este chiringuito en el que la banca siempre gana.
Es la hora de recuperar el verdadero sentido de la palabra Democracia.
Es la hora de que nos devuelvan el poder.Un saludo. Edy
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