San Vito Chietino - il CampanileHoy es el 18 de julio de 2009 camino por los mismos senderos que en la soleada mañana del 11 de febrero de 1952 recorría por vez primera, el empedrado de la dársena norte del puerto de Buenos Aires, de la mano de mi madre y mis hermanas.
Se encuentra desierta y somos unos pocos paseantes que nos acercamos a recorrer el Antiguo Hotel de los Inmigrantes –actual Museo de los Inmigrantes-, entre ellos una jovencita que venía a documentar la llegada de su padre nacido en Teramo (Abruzzo) y dos inmigrantes radicados en La Boca que cuando volvieron para visitar su pueblo en su Calabria natal, no se atrevieron a descencer del tren y recorrerla.
El hotel de los Inmigrantes estaba a disposición de quienes llegaban sin familiares y/o paisanos de acogida. Su cometido fue facilitar a los recién llegados para una mejor inserción, al trasmitir clases de idioma castellano, rudimentos de los oficios que demandaba la nueva Nación, así como también, mostrar en fotografías y mapas la diversidad geográfica, social y cultural argentina, más teniendo en cuenta que también desembarcaban españoles, franceses, ingleses, polacos, armenios, etc.
Llegar al puerto y descender de la nave “Corrientes” para mi familia significó reencontrarnos con quien para mí era totalmente desconocido: “Papá” Veníamos a aprender a pronunciar ese nombre a tiempo completo.
Él había partido en busca de trabajo y permanecido alejado de nuestro afecto, a través de una carta le contó a mamá que, quizás, en estas tierras muy lejanas a nuestro ideario nos iba a ir mucho mejor, pues nuestra tierra estaba desbastada por la guerra.
El Museo está ambientado en el salón comedor del hotel, la más espaciosa. Allí mis pensamientos me llevaron a la casa que habíamos dejado en la fracción Balsamata de San Vito Chietino, mi pueblo. Está en el centro de Italia, allí donde los montes Apeninos se ensanchan, entre el macizo de la Maiella y el mar Adriático.
La casa en la que nací era la típica casa rural de dos plantas. En la planta inferior teníamos ovejas y cerdos, en la superior nuestra vivienda, había una amplia terraza donde jugaba con mis hermanas que nos permitía recoger las cerezas y los higos de primicia. Ambas plantas estaban unidas por una escalera exterior, al pie había un laurel de jardín cuyo perfume no olvido.
Hay un trencito –trenino- que desde la costa se interna en la colina para llevarnos hasta Lanciano, antiguo mercado cuyos inicios se remontan al siglo XII. Ciudad que cada septiembre realiza la Veneración al grano cosechado, recuerdo que desfilábamos llevando cuencos de cobre decorados con los frutos de nuestra tierra.
La segunda Guerra Mundial causó grandes daños y nos trajo a este Gran Buenos Aires en el que en vano busqué sus colinas, mis primos y mis primeros amigos.
La travesía me dio mi primer gran susto y un llanto que me acompañó gran parte de un día al aparecer por la escotilla un marinero negro. Conocer el cine de la mano del gran Carlitos Chaplin y Buster Keaton, aunque de ellos supe de grande.
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Oggi è l'18 di luglio dil 2009, camino per le stessi sentieri che nella bella giornata dil 11 di febraio dil 1952 ho percorso per prima volta, nella Darsena norte dil porto di Buenos Aires, della mano della mia mamma e sorelle, Italia (per mé Ita) e Gilda.Sta deserta e siamo due o tre persone che vogliamo rivedere il Antico Hotel degli Inmigranti -attuale Museo...-, tra loro una giovinetta che veniva a documentare l'arrivo dil suo padre nato a Teramo (Abruzzo) e arrivato agli 6 anni; o di queli due inmigranti di La Boca che nel primo ritorno al paese arrivarono fino alla stazione di treno della sua Calabria, e non hanno avuto il corraggio di rivederlo.Il Hotel degli Inmigranti ospitava a chi non aveva ne famiglia o paisani per la prima accoglienza. Gli insegnavano il castigliano, e le prime passi degli lavori ricercati in Agentina. C'erano mappe e fotografie che faceva intravedere le carateristiche culturali e diversità dil paesaggio e popolazione.Arrivare al Porto e discendere della nave "Corrientes" fu per la mia famiglia l'abraccio di Papà a tempo pieno. Lui aveva partito per lavoro e lontano dil nostro afetto e attaverso di una lettera li dice alla mamma che, forse in queste terre lontani da noi ci darà il meglio, perchè stava distrutta per la guerra.Il Museo sta disposto nel salotto di pranzo dil hotel, la più ampia. Lì i miei pensieri mi portarono alla casa che abbiamo lasciato nella frazione Balsamata di San Vito Chietino, mio paese, sta dove l'Appennino ha il massiccio della Maiella e il mare Adriatico.La casa dove sono nata era la solita casa a due piante. Nel pianterreno c'erano agnelli e maiali, l'altro piano c'era la loggia dove giocavano e abbiamo a mano fichi e altre fruti: E una scala che cominciava in un lauro di giardino d'un profumo che sempre ricordo.C'é il trenino che parte dal mare va verso l'interno a Lanciano, antico borgho dil XII secolo, cittá che ogni settembre omaggia alla Raccolta dil Grano quando si sfila portando la conca di rame ornata di frutti.La seconda guerra danneggió alla pare campagna e paesi e cosí abbiamo venuto al Grand Buenos Aires, dove ho cercato e non ho trovato le sue colline, il mare, i cugini e l'amico con chi ho giocato nella vigilia della partenza.Il viaggio mi lascio la prima paura che ricordo, quando un marianaio nero uscii per la boccaporto e scoprire il cinema della mano di Carlo Chaplin e Buster. anche se di loro ho saputo dopo.