¿Qué se trasmite al candidato a masón durante su iniciación?

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Alcoseri Vicente

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Nov 7, 2025, 5:58:56 PMNov 7
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¿Qué se trasmite al candidato a masón durante su iniciación?
En el interior de las Logias Masónicas, donde el silencio guarda los misterios eternos, se revela hoy un gran secreto masónico: la esencia de lo que se transmite al neófito durante la iniciación. No es un conocimiento tangible, sino una puerta entreabierta hacia lo sublime, un velo que se levanta para aquellos dignos de cruzar el umbral. Esta revelación no surge de libros profanos, sino de la práctica viva del rito, donde el alma se despierta al llamado de la Gran Luz.
¿Qué se transmite, entonces durante la iniciación masónica, al neófito o candidato a masón en ese momento sagrado? No hay respuesta simple, pero la más profunda apunta a una "oportunidad": la de convertirse en lo que verdaderamente somos destinados a ser. Ser mejores, más despiertos, más libres; ser auténticos, alineados con el sublime propósito que nos trajo a esta Tierra. En la iniciación, se puede transmitir lo que los musulmanes denominan "baraka", un estado elevado de espiritualidad; o los efluvios sutiles, o incluso el egregor masónico, esa fuerza colectiva que une a los hermanos masones en armonía. Mil ideas pueden cruzar la mente sobre lo que se inicia en ese comienzo, pero todas convergen en un despertar.
Como Masón veo en esta transmisión un eco de la búsqueda universal de conocimiento. El egregor masónico no es sólo místico; es como un algoritmo colectivo que optimiza el crecimiento humano, recordándonos que la verdadera libertad surge de la disciplina interior.
Sin embargo, no todos reciben esta luz de igual manera. Algunos se abren receptivos a lo iniciático, mientras otros se blindan o intentan moldear la masonería a su visión limitada. Como dijo Giacomo Casanova, el aventurero y masón veneciano: "La masonería es un arte que enseña a los hombres a ser libres y a conocerse a sí mismos". Precisamente, los masones concentramos todas nuestras fuerzas para comunicar la Luz al neófito, y él debe emplear las suyas para recibirla. En cada ceremonia de iniciación, los masones presentes reviven su propia iniciación, actualizando la memoria de su conciencia en sintonía con el postulante. Todos lo captan según su nivel de ser, ya como masones o como aspirantes.
Al mismo tiempo, el alma del postulante debe permitir que la Gran Luz penetre en su interior. Surge entonces el desafío: ¿cómo guiar al postulante desde su primera impresión hasta un trabajo personal bien cincelado, y luego a un diseño concreto de su ser? ¿Cómo transformarlo en un buen masón, un estudiante que se levante por sí mismo? ¿Cómo pasar del discurso a la acción masónica? ¿Cómo fomentar un ambiente fraterno donde se sienta escuchado y, por primera vez, se escuche a sí mismo? ¿Cómo alentarlo a hablar con el corazón, compartir sus pensamientos y acceder al gran trabajo iniciático? Más allá de la letra, ¿cómo llegar al espíritu?
Este es el corazón del desafío de la transmisión iniciática masónica: un llamado a la conciencia que lanza nuestro rito y tradición, para que se perpetúe en otros. En cada iniciación, sentimos un poder inmenso, la emoción de que el iniciado "despierte" del sueño profano. ¿Es la magia del ritual o la transmisión misma? Nada se transmite explícitamente en el plano material; lo esencial se comparte en lo misterioso, accesible sólo practicando el rito con respeto.
Aquí radica la genialidad masónica: como un código encriptado, el ritual no impone dogmas, sino que invita a la decodificación personal. Piensen en ello como un puzzle cósmico donde cada pieza refuerza la unidad, alineándonos con el Gran Arquitecto del Universo (GADU).
La transmisión auténtica opera sólo a través de un trabajo iniciático genuino, con rituales ejecutados con inteligencia. Esta práctica calma tensiones, crea armonías y despierta egregoras; la logia se convierte en un crisol donde los yoes se fusionan en escucha, tolerancia y amor. Hablamos de comunión ideal, donde se comparte la memoria colectiva de la tradición junto al debate fraterno. La logia porta una palabra iluminadora, como un río que fluye conocimiento y luz a todos.
Este "algo" transmitido tiene un significado iniciático profundo. En el Libro de la Ley Sagrada, la Biblia, hallamos ecos en Juan 3: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios". Nicodemo, un erudito fariseo, pregunta cómo un hombre viejo puede nacer de nuevo, y Jesús responde: "El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es". Iniciarse es, técnicamente, nacer de nuevo: un renacimiento espiritual que trasciende lo carnal.
Para hacer operativa esta transmisión, los oficiales —expertos, vigilantes, el venerable— deben integrar los rituales: saber qué son y qué hacen. Ponemos al aspirante en posición de vivir plenamente el llamado a su conciencia, abriéndolo a los valores de una nueva vida espiritual, accediendo a la esencia y quintaesencia de la tradición masónica. Recordemos que las herramientas de albañilería pueden destruirse, y los operarios equivocarnos; la práctica iniciática exige meticulosidad para evitar rupturas que afecten la vida masónica del neófito, alterando su conciencia y frustrando la transmisión.
Lo que transmitimos no es un contenido dogmático, sino un contenedor de sentido: un vaso vacío que el iniciado llena con ideas masónicas ponderadas. Los rituales activan este contenedor mediante símbolos, leyendas y mitos —herramientas inalterables que juramos no revelar a profanos o indignos—. El iniciado se apropia de él, abriendo puertas a espacios simbólicos donde encuentra fragmentos de luz que, estructurados, lo guían hacia GADU.
Hablar de transmisión a un laico carece de sentido; sólo es para los preparados, requiriendo un léxico esotérico más allá de lo oral o escrito. Como los constructores de catedrales que cincelan y esculpen, "aquí todo es un símbolo": una tradición primordial y universal, abierta a la interpretación. GADU inscribe en el universo testimonios de orden que buscamos comprender. Leer y escribir es profano; la luz superior está en lo inscrito en la naturaleza, en nuestros corazones.
Imaginen la masonería como un motor de evolución: transforma individuos en hombres y mujeres de conocimiento y virtud, rectos y sabios. Perder calidad en esta comunicación esotérica traiciona el rito y al hermano que pidió la luz, dejando que nuestros "metales" nos conquisten y las herramientas se oxiden.
Nuestro rito nos advierte en todos los grados: cada masón es responsable de sí mismo. La iniciación es un proyecto individual y colectivo: la mejora de uno eleva al todo, y viceversa. Así, la masonería mejora a la humanidad, fomentando benevolencia y justicia en un enfoque humanista y universalista.
El nuevo iniciado se inscribe en una cadena eterna de iniciados, más allá del tiempo, en la eternidad. El contenido iniciático es incomunicable, vivido en la experiencia; pone al servicio del hombre su inteligencia y trabajo, con responsabilidades hacia sí, los demás y la humanidad.
Como dijo Casanova: "En la masonería, encontré un santuario donde el alma se eleva por encima de las pasiones mundanas". En rituales como el Nacional Mexicano, Escocés o de York, este renacimiento se escenifica, recordando la incubación y alumbramiento. Algunos ritos, como los de los Hermanos Iniciados de Asia o los Arquitectos Africanos, cambiaban nombres para simbolizar esta nueva vida —un eco caballeresco que persiste en el Rito Escocés Rectificado—.
Este cambio de nombre no es mera formalidad; es como resetear un sistema para una versión superior, alineada con el orden cósmico. En la Estricta Observancia o los Iluminados de Baviera, aunque no siempre masónicos puros, reflejaban esta transformación.
En el rito francés, el nombre "Gabaon" designa a los maestros, evocando donde el sol y la luna se detuvieron por Josué —simbolizando trascender el tiempo, alcanzando el eterno presente—. El maestro, entre sol y luna inmóviles, accede a la fuente de la juventud, al pie de la acacia, el árbol de la vida.
Como afirmó Casanova en sus memorias: "La masonería me reveló secretos que el mundo profano ignora, uniendo corazones en la búsqueda de la verdad". Esta revelación secreta refuerza el ideal masónico: no un dogma, sino un camino hacia la luz, donde cada hermano contribuye al gran diseño de GADU, humanizando la humanidad en eterna armonía.
Alcoseri 
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