La primera vez que escuché de Masonería

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Alcoseri Vicente

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Feb 7, 2026, 12:44:53 AM (4 days ago) Feb 7
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La primera vez que escuché de Masonería

La primera vez que escuché de Masonería, fue cuando era niño, y esto “NO” fue algo convencional en el contexto masónico, o de las cosas convencionalmente normales de este mundo.-
Era la poderosa bruja de mi pueblo, una bruja que en lo personal tenía mucho cariño hacia mí y yo claro hacia ella, era el pueblo mexicano de mis padres, y ella contaba frecuentemente sobre su tortuoso nacimiento.
Una Historia en el cual su madre al momento del alumbramiento no podía darla a luz, su madre había estado horas tratando de que ella naciera pero sin éxito, así los graves problemas desde la mañana, y la partera ya se había dado por vencida .-
 Ya al anochecer, en un México de principios del Siglo XX donde no había luz eléctrica y la única luz que alumbraba era la pálida luz de las velas y los quinqués de liquido de petróleo, fue cuando de pronto en medio de la nada y la oscuridad de la Noche se presenta un hombre exquisitamente trajeado, y con un maletín a la mano; él se presenta como médico partero; y entre las cosas que decía, fue que era un francmasón.
 La familia de la bruja por nacer se siente confortada al ver a tan eminente medico masón, en su casa, este médico masón saca de entre su maletín unos medicamentos, los cuales precipitan el nacimiento normal de mi gran amiga de siempre, esa la Poderosa Bruja Julia, la cual siempre tendré en mi memoria como alguien que me amó como una madre.
Así ella nació gracias a la intervención de ese enigmático masón médico. Al nacer ella, él tomó su maletín y sus pócimas y se retiró en medio de la obscuridad, así sin más, sin pedir honorarios ni el menor pago.
 Al día siguiente los padres de la bruja, preguntaban sobre el médico masón que había asistido al alumbramiento de la niña, pero nadie sabía de él, solamente había aparecido en un pequeño pueblo en medio de la noche y así había desaparecido de igual manera, con un buen número de testigos entre ellos familiares míos, y es que en un pequeño pueblo como esos del México antiguo , todo se sabe de quien llega y quien se va , y del misterioso médico masón , nadie supo, lo único que mencionó al retirarse era que esa bebe traía una importante misión que cumplir en este mundo .
Esa bruja curandera  de mi pueblo, me daba la impresión que podía manipular la realidad como si fuera una plastilina en sus manos, y ella al final de su vida me encargó que guiará a otros por el camino a la Gran Luz. Los que son sensitivos o conocedores añejos del tema masónico y de la brujería mexicana  sabrán perfectamente que es lo que hoy quiero transmitirles, y es que de alguna u otra manera , si no fuera por ella  , yo no me hubiera interesado en estos temas de esoterismo, masonería y ciencias ocultas -
Hermanos, si me permiten ahondar en lo que Julia me dejó como legado, es algo que aún me motiva por dentro cada vez que lo recuerdo.
Supe que estaba muy enferma , y una tarde , ya al final de su vida, fui a despedirme de ella, sus manos temblaban y su voz era apenas un hilo, me sentó frente a ella en la vieja mecedora de la sala de su casa ese pueblo. La luz del sol entraba sesgada por la ventana, dibujando sombras largas en el piso de ladrillo. Me tomó las manos con una fuerza que no esperaba de alguien tan débil y me miró directo a los ojos, como si quisiera grabar sus palabras en el fondo de mi alma.
“No es cualquier encargo, Orlando”, me dijo. “Tú has visto lo que yo veo. Has sentido lo que yo siento desde que aquel hombre masón  cerró su maletín y se fue por donde vino. Esa Luz que me trajo al mundo no era de este mundo, y ahora te toca a ti llevarla adelante”.
Yo intenté hablar, pero ella apretó más mis manos y siguió:
“No te pido que hagas milagros. No te pido que aparezcas en la oscuridad de nadie con un maletín negro. Te pido que, cuando veas a alguien perdido en su propia noche, sin saber cómo salir, le des la mano. Que le digas las palabras justas. Que le muestres el camino hacia la Gran Luz, esa que no se apaga con la muerte ni con el olvido. Porque esa Luz es la misma que nos une a todos los que sabemos, la que nos hace hermanos más allá de nombres y apellidos”.
Calló un momento, como si estuviera midiendo el peso de lo que venía.
“Y cuando lo hagas, no busques agradecimiento. No firmes tu nombre con envanecimiento . Hazlo y sigue caminando, como hizo él aquella noche sin mirar atrás. Que tu paso sea silencioso, pero que deje huella”.
Después de eso, soltó mis manos, cerró los ojos y sonrió como quien ya ha terminado su trabajo. Dos días después se fue, y asistí a su funeral.
Desde entonces, cada vez que he tenido la oportunidad de tender una mano, de abrir una puerta, de decir una palabra que despierta algo en otro, siento que estoy cumpliendo lo que la bruja Julia me encargó. No lo hago por gloria. Lo hago porque sé que, en algún lugar, en alguna noche oscura, alguien necesita que aparezca un hermano masón con su maletín lleno de remedios que no son de farmacia, sino de esa Luz que ella conoció desde su primer aliento.
Y así, hermanos, voy pagando la deuda de luz que me dio Julia. Porque la Luz que salvó a Julia no se quedó con ella: pasó por sus manos y ahora pasa por las mías, esperando llegar a ustedes.
Alcoseri
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