El Venerable Cascarrabias

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Alcoseri Vicente

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Apr 3, 2026, 9:32:52 PM (yesterday) Apr 3
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El Venerable Cascarrabias
La composición social de una logia debería ser, en la medida de lo posible, un reflejo de la sociedad: un espejo de su diversidad social, religiosa, política y profesional. Imaginemos que la trama se desarrolla en una logia situada en un punto geométrico óptimo, ya que  , se había logrado una buena mezcla social para que los intercambios masónicos no se limitaran a un corporativismo monótono. Había verdadera diversidad, y eso enriquecía a todos.
En esa Logia había un Q:. H:. con un alto nivel intelectual, un catedrático de lo más sobresaliente. Nuestro Hermano intelectual se convirtió, siguiendo el procedimiento habitual, en Aprendiz de Masón. Durante el tiempo necesario para impregnarse del ambiente del taller, observó, escuchó y tomó sus referencias. Cuando pasó al grado de Compañero, sintió en su interior una alegría profunda: por fin podría tomar la palabra, lucir su saber y brillar, ya que en esa logia a los aprendices sólo tenían derecho a obedecer y callar, negándoles el uso de la palabra .
Al principio, observaba, juzgaba y evaluaba antes de intervenir. Notaba las reacciones de sus hermanos después de cada intervención. Eran reacciones normales en un taller masónico, ni más ni menos. Sin embargo, nuestro hermano compañero los gestos de la clásica tolerancia masónica las interpretaba como una aprobación a cada una de sus palabras.
Llegó el momento en que el Compañero se convirtió en Maestro Masón. Como correspondía, tuvo que presentar una plancha para su primer trabajo de Maestro Masón: el tema de la plancha era: ¿debemos observar las leyes naturales u obedecer las leyes de nuestras sociedades?
Durante tres largos cuartos de hora, con un lenguaje más propio de un académico profano, y sin un atisbo de usar el Léxico Masónico , el nuevo Maestro Masón desarrolló su tema. En las columnas, los más antiguos cabeceaban, otros fingían atención y la mayoría dejaba volar su imaginación. Las intervenciones a su plancha de arquitectura  fueron muy breves.
Cuando circuló la palabra, el nuevo Maestro Masón  se sintió decepcionado por la escasez de preguntas. Rumió en silencio y pensó que los hermano simplemente no estaban a su altura. Ni una sola vez se cuestionó a sí mismo; los equivocados eran siempre los demás. El nuevo Maestro Masón era orgulloso.
Para desgracia de la logia, muchos años después de su iniciación, se convirtió en Venerable Maestro. Por su formación como profesor académico, dirigió la logia como si fuera una clase de alumnos. Se comportó como un pedagogo, olvidando que el papel del Venerable no es una función profana como la de un pedagogo universitario , sino el de  un dispensador de Luz.
Un día de tenida, un carpintero presentó una plancha. En frases concisas, el hermano habló de sus herramientas, de la materia, del saber hacer, del trabajo bien hecho, de los tablones de madera que se trabajan como si fueran una piedra bruta a pulir , y del aroma del bosque y del sudor. Como de costumbre, el Venerable liberó la palabra interviniendo primero. Hizo pocos elogios y, con una mueca de desagrado, mostró su desacuerdo con ese clásico “pero” demoledor. Terminó diciendo que él era un intelectual interesado en las cosas del intelecto, no en el trabajo manual.
La logia se sumió en un silencio digno de un monasterio. Un viejo masón, curtido en la Orden, tomó la palabra con calma:
«Venerable Maestro, me permito recordarte que en una logia no hay intelectuales ni artesanos , así como no hay pobres ni ricos. Cuando los trabajos están abiertos, sólo  hay masones. Si hubieras estado atento al trabajo de nuestro hermano, habrías comprendido la metáfora que brota de él: su mano obedece a su cerebro y también a su corazón, y en realidad está en armonía consigo mismo».
El anciano guardó la compostura, pronunció la fórmula de rigor y volvió a su plaza correspondiente . Bis repetita "cosas repetidas" .
En la Cámara del Medio, un hermano propuso una plancha sobre el mito de Hiram. Fue inscrita en el orden de la Tenida para ser comentada debidamente . Llegado el momento, el orador tomó lugar a la derecha del Venerable y el Maestro de Ceremonias le acercó el atril. Apenas había comenzado a leer cuando el Venerable Intelectual lo interrumpió, a un golpe de Mallete  le ordenó detener la lectura y le dijo que continuaría en otra ocasión (hecho real) seguro por viejas rencillas. El Maestro de Ceremonias acompañó al hermano de regreso a su columna. Luego, el Venerable Intelectual reemplazó lo que podría haber sido instructivo para los Maestros presentes por un largo discurso en el que habló de sí mismo, otra vez de sí mismo, sobre todo de sí mismo y más aún de sí mismo… Una Cámara del Medio sin interés debido al muy Venerable Maestro Cascarrabias .
El hermano humillado se ausentó cada vez más de su propia madre logia, pero visitó otras Logias  en busca de esa esmeralda perdida que de ser encontrada le diera plena satisfacción, pidió su Carta de Quite y se enlistó en una Logia en donde pudiera florecer y trabajar realmente su iniciación, algo de cambiar de Logia  que pasa con mucha frecuencia . Con paciencia y tiempo… de esa manera nuestro hermano  humillado pero eterno buscador encontró un mandil a su medida en otra Logia, llamó a la puerta y se le abrió una logia donde pudo dejar atrás su mala impresión. Se dice que una Banda y un Mandil, incluso de Venerable, no convierten necesariamente a alguien en un iniciado digno de ese nombre.
En cuanto al Venerable Intelectual Cascarrabias que, en pasos perdidos decía, consideraba llegar al grado 33º como un desafío para ganar brillo —como si el camino iniciático fuera una conquista frente a los demás, donde debía destacar —, olvidaba el aforismo sufí: «Los tambores hacen mucho ruido, pero por dentro están huecos». Así, nuestro Masón Cascarrabias sigue cociéndose en su propio jugo de ignorancia.
Este relato nos muestra con crudeza cómo el ego intelectual puede convertirse en el peor enemigo de la masonería. El “intelectual cascarrabias ” de la historia representa a aquel que confunde acumulación de conocimientos con sabiduría, brillo personal con luz compartida.
Oswald Wirth recordaría que el verdadero masón no busca destacar, sino servir. El ego es la piedra bruta que nunca se talla. René Guénon advertiría que la masonería no es un club de debates intelectuales, sino una vía de realización espiritual. Cuando el ego domina, el templo se convierte en un escenario donde se representa una comedia de vanidades en lugar de una obra de transformación interior.
La masonería necesita equilibrio entre cabeza y corazón, entre saber y ser. El Venerable que interrumpe al masón que expone desde la Tribuna de la Elocuencia no sólo  humilla a un hermano: humilla al espíritu mismo de la Orden, que valora tanto la mano que construye como la mente que reflexiona. La verdadera luz no brilla desde el púlpito del que habla de sí mismo, sino desde la humildad del que escucha y aprende.
Este “intelectual” nos recuerda que un título, una Venera ( Collarín de Venerable Maestro ) o un Trono de Venerable no convierten a nadie en Verdadero Masón, solamente es un simple profano con Banda y Mandil  que llego a presidente de su Logia. Sólo  el trabajo sincero sobre uno mismo, el respeto al otro y la disposición a servir sin buscar aplausos pueden lograrlo.
Antes de terminar , la masonería no tiene nada en contra de los académicos , ni contra los intelectuales, ni contra nadie a todos los consideramos valiosos hermanos .
La masonería no es un concurso de oratoria ni un club de egos. Es un taller donde todos —intelectuales y carpinteros— tallan su piedra para contribuir al gran Templo común. Cuando el ego se sienta en el Oriente, la luz simplemente se apaga.
Alcoseri
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