¿Están los orígenes de la Masonería en Los Collegia Fabrorum?

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Alcoseri Vicente

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Apr 18, 2026, 10:09:29 PM (12 days ago) Apr 18
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¿Están los orígenes de la Masonería en Los Collegia Fabrorum?
Durante siglos se ha investigado por masones e historiadores sobre el origen de la Masonería, no hay documentos fiables que den cuenta precisa de donde surgió la Masonería el registro más antiguo es de la Logia de Edimburgo (Mary's Chapel) No1 datan su fundación en el año de 1599. La masonería escocesa es considerada la cuna de la masonería moderna, con sus raíces en el siglo XV-XVI. La Logia Madre Kilwinning n.° 0 (Mother Kilwinning Lodge No. 0) es ampliamente reconocida como la logia más antigua del mundo en tradición, pero no hay registros escritos de su fundación. Lo que sucedió en Londres en 1717 fue que 4 logias masónicas ya con años de estar operando se confederaron en una Gran Logia. En la ciudad de México en pleno Zócalo  fue quemado vivo Guillén de Lampart acusado de masón en el año  de 1659, datos proporcionados por el historiador Vicente Riva Palacio .
Otra de las tantas Teorías del origen de la Masonería es la del Gremio de Albañiles del Imperio Romano, los  Collegia Fabrorum  , y es de lo que trataremos hoy.

En nuestra sociedad profana, al igual que en las sociedades iniciáticas de las masonerías regulares e irregulares , existen individualidades movidas por una curiosidad sana y profunda. No se trata de esa curiosidad malsana que husmea en la vida ajena buscando sólo lo sórdido.
Nuestro hermano masón Pablo Lijas pertenecía a una clase de buscadores sinceros un curioso legitimo si se quiere ver asi.

Lo que le interesaba era descubrir documentos sobre el verdadero origen de la masonería. No se conformaba con las explicaciones oficiales tan usadas en Logias, que solían adaptar la historia según su propia cultura. Para algunas, la masonería había nacido de cuatro logias inglesas que se reunían a beber en una taberna; aquello le parecía demasiado simple, casi una leyenda más. Otros, incluso un clérigo inglés, que afirmaban que habían sido extraterrestres los que introdujeron el concepto masónico en la Tierra. Había mucha literatura maravillosa, pero poco rigurosa. «Buscad y encontraréis…»
Nuestro hermano fue recompensado por su perseverancia. Una noche, durante los ágapes, un hermano le comentó:
— Pablo, deberías visitar el sótano de la Logia Tricentenario # 85. Allí hay un archivo  masónico que duerme desde hace más de 100 años.
Efectivamente, encontró documentos que relataban la llegada de la masonería a los salones y guarniciones de su ciudad a mediados del siglo XVII, gracias a los intercambios comerciales con Escocia. Nada extraordinario. Ahí, entre los documentos de sótano de aquella Logia descubrió que la catedral de su ciudad había sido construida con la ayuda de masones ingleses ya en el siglo XI. Debido a los bombardeos de la última guerra, parte de los archivos habían sido trasladados al obispado para su protección.
Todo el mundo conoce la antigua tensión entre la Iglesia y la masonería. Para Pablo, pedir acceso a esos documentos era delicado. Tras una noche de reflexión, su deseo de saber venció cualquier reparo. Ir al obispado no podía ser un obstáculo para su búsqueda.
Un jueves por la tarde tuvo lugar el encuentro entre la sotana y el mandil. La primera conversación fue más bien un round de observación. Cuando Pablo pidió al abad permiso para consultar el fondo masónico, el sacerdote se sorprendió al ver a un masón presentarse abiertamente. Pablo, intuyendo su incomodidad, le explicó con calma que en su ritual utilizaban la Biblia abierta en el salmo 133, y que el Gran Arquitecto del Universo era una forma respetuosa de referirse a Dios sin herir sensibilidades. Aquello tranquilizó al abad, quien puso a su disposición un viejo baúl repleto de cuadernos, hojas sueltas y cajas de cartón  llenas de documentos.
Pablo quedó sorprendido al encontrar, en una de aquellas cajas, los decorados de Caballero Rosacruz y el ritual de una logia desaparecida hacía mucho tiempo.
Durante años, Pablo visitó regularmente al abad archivista. Entre ambos surgió una corriente de respeto mutuo. El abad le explicaba el simbolismo de los colores de las vestiduras eclesiásticas; Pablo le compartía su comprensión de Dios. Lo que realmente los unió fue el reconocimiento sincero de que ambos servían, a su manera, a una misma búsqueda de lo sagrado. El abad seguía llevando sotana y Pablo se definía como masón tradicionalista, aclarando que no era “un come curas”. Esa sinceridad abrió puertas que el prejuicio había cerrado durante siglos.
Trabajad y tomad pena. Pablo, siempre con la nariz metida en los sótanos de aquel obispado, dio con un legajo de hojas escritas con una letra difícil de descifrar. Se instaló en la mesa improvisada destinada para Pablo y sus textos amarillentos . El texto estaba en latín, pero no el de la liturgia católica: era un latín más antiguo. Pablo y el latín eran como agua y aceite, así que pidió ayuda al abad archivista.
Dos o tres meses después, el abad lo llamó para entregarle su traducción. He aquí algunos extractos:
«Mi querido Pablo, vuestra masonería se remonta al menos a los Collegia Fabrorum y a las sociedades de constructores de la Antigua Roma. Según este texto, estas confraternidades habrían surgido con la construcción de Roma, aunque es difícil dar una fecha precisa. También debo señalar que todas estas cofradías de constructores tenían como dios protector a Jano, el bifronte. Hay además un pequeño tratado de metafísica sobre la Tradición Primordial. Confieso mis divergencias con este texto: la Tradición Primordial es la transmisión de un mensaje cuya fuente no es de naturaleza humana. Todos los hombres son potencialmente portadores de ese mensaje, que debería despertar a la humanidad hacia una realidad diferente de la cotidiana. Ahí encuentro, en parte, la enseñanza de Cristo. Pero donde soy más reticente es en creer que esta Tradición sólo concierne a una minoría que vosotros llamáis “iniciados”. Para mí, Pablo, Cristo es universal. Hay también un Texto que he traducido lo más fielmente posible; me parece que se trata de un ritual, pues habla de prácticas que abren la Puerta de los Dioses.»
El Abad tomó el Texto, leyó algunos pasajes y le dijo a Pablo:
— Parecéis escéptico Pablo , y Pablo dijo : durante la Elevación, ¿no abrís también vosotros, mediante la transubstanciación, la Puerta de Cristo?
Durante meses, Pablo estudió la traducción de aquel antiguo ritual y practicó los ejercicios espirituales que prescribía, aunque al principio temía estar practicando una especie de magia.
Fue un detalle aparentemente insignificante el que le hizo comprender que había cambiado: lo notó en la mirada de los demás. Su presencia parecía cautivar; su mirada y sus palabras adquirieron una profundidad que antes no tenían. El fenómeno se repitió en varias ocasiones.
Fue en un sueño donde Pablo lo entendió todo. Había abierto la Puerta de los Dioses. Pasando del Dios Jano, con sus dos rostros orientados al este y al oeste (el mundo binario), había accedido al rostro oculto del norte: el ternario. Había reencontrado la Palabra Perdida y retomaba la misión que el Gran Arquitecto del Universo había confiado a Adán: cumplir el Plan Divino. Su palabra se había vuelto creadora.
Tiempo después visitó nuevamente al abad y le dijo:
— Gracias a usted y a su traducción comprendo mejor la iconografía religiosa y por qué los santos llevan aureola. Por mi iniciación masónica había recibido la Luz, pero nunca esa Luz había llenado mi cuerpo y mi espíritu. Es un poco mi Pentecostés.
El abad sonrió:
— No blasfemes, Pablo… pero en el fondo, estamos más cerca de lo que parece.
Años más tarde, Pablo siguió frecuentando las logias, pero nunca habló de su grado de avance. En cambio, sí compartió sus adquisiciones con su entorno, ayudando a distinguir a los falsos masones de aquellos sinceros y verdaderamente deseosos de alcanzar una iniciación auténtica.
Hace algunos años, Pablo paso a ocupar su plaza y columna en el Eterno Oriente. Sin embargo, no hace mucho tiempo, algunos masones afirman haberlo visto como visitante en numerosas logias, el mismo día, hablando de la Palabra Creadora. Pero ya se sabe… las leyendas tienen ese misterio .
Como Masón, agrego mi visión
La historia nos enseña que la verdadera búsqueda iniciática no respeta fronteras institucionales. Cuando el buscador sincero abandona el dogmatismo (“mi obediencia dice esto”) y se abre con humildad a otras fuentes de sabiduría, puede producirse un encuentro fértil. El diálogo entre Pablo y el abad muestra que la Tradición Primordial trasciende las divisiones aparentes entre masonería e Iglesia: ambos sirven, a su manera, al mismo Misterio.
Pablo descubre que la Palabra Perdida no es una fórmula mágica, sino un estado de ser: cuando la palabra se alinea con el corazón y la acción, se vuelve creadora. Eso es lo que Gurdjieff llamaba “el Verbo consciente”. Ya no habla desde el ego, sino desde una presencia más profunda que toca a los demás sin esfuerzo.
La lección final es hermosa y exigente: la masonería no se agota en los rituales ni en los grados. Su esencia está en esa búsqueda incansable que lleva al hombre a reencontrar su misión original: ser co-creador junto al Gran Arquitecto, cumpliendo el Plan Divino aquí en la Tierra.
Mientras existan  masones como  Pablo Lijas que se atrevan a buscar más allá de lo establecido, la cadena iniciática seguirá viva, aunque a veces deba esconderse en archivos polvorientos o en conversaciones inesperadas entre una sotana y un mandil.
Buscad y encontraréis… pero buscad con el corazón abierto y sin prejuicios. La Palabra Perdida no se encuentra en los libros ni en los rituales externos, sino en el encuentro sincero entre tradiciones que, en apariencia, se oponen. Cuando dos buscadores se reconocen más allá de sus diferencias, la Luz se hace más fuerte
Los Collegia Fabrorum (o “colegios de los artesanos/fabricantes”) fueron asociaciones o corporaciones de artesanos y constructores en la antigua Roma. Se les considera uno de los posibles antecedentes históricos más antiguos de las organizaciones que luego darían origen a la masonería operativa medieval y, por extensión, a la masonería especulativa moderna.
¿Qué eran exactamente los Collegia Fabrorum?
Según las fuentes históricas (Plutarco, Plinio y otros), el rey Numa Pompilio (sucesor de Rómulo, alrededor del siglo VII a.C.) organizó a los artesanos de Roma en colegios o gremios profesionales llamados collegia. Entre ellos destacaban los Collegia Fabrorum, dedicados principalmente a los oficios de la construcción: canteros, carpinteros, albañiles, arquitectos y trabajadores relacionados con la edificación de templos, monumentos públicos y obras civiles.
Estos colegios no eran solo grupos laborales. Tenían características que los acercan a las futuras guildas medievales:

Organización interna — Elegían sus propios oficiales (magistri), tenían reglas propias, fondos comunes (arca) y celebraban asambleas.
Aspecto religioso — Cada colegio tenía un dios protector (en el caso de los fabrorum, a menudo se asociaba con Jano Bifronte, dios de las puertas y los comienzos, o con divinidades relacionadas con la construcción). Realizaban ritos, banquetes y ceremonias religiosas.
Privilegios — Gozaban de ciertos derechos legales: podían tener personalidad jurídica, enterrar a sus miembros y, en algunos casos, estaban exentos de ciertas obligaciones fiscales.
Transmisión de conocimiento — El saber técnico (geometría, técnicas de construcción, uso de herramientas) se transmitía de maestro a aprendiz de forma práctica y secreta dentro del grupo.

Con la expansión del Imperio Romano, estos colegios se extendieron por las provincias, acompañando a las legiones y participando en la construcción de ciudades, acueductos, anfiteatros y templos.
Relación con la Masonería
La conexión entre los Collegia Fabrorum y la masonería es histórica y simbólica, pero no una línea directa e ininterrumpida como a veces se presenta en las leyendas masónicas. Aquí va un resumen claro y equilibrado:

Antecedentes operativos
Los colegios romanos de constructores son vistos como uno de los modelos organizativos que influyeron en las guildas de constructores medievales (especialmente en Inglaterra, Francia y Alemania). Estas guildas de “masones libres” (free-masons) construyeron las grandes catedrales góticas y conservaron secretos técnicos, símbolos y formas de organización fraternal. Muchos historiadores masónicos (como Albert Mackey o autores del siglo XIX) ven en los Collegia Fabrorum el germen de esa tradición operativa.
Elementos comunes
Transmisión secreta de conocimientos técnicos y simbólicos.
Estructura jerárquica (aprendices, oficiales, maestros).
Aspecto fraternal y mutualista (ayuda entre miembros, funerales dignos).
Uso de símbolos (herramientas de construcción como la escuadra, el compás, el nivel, etc.).
Ceremonias y ritos de admisión.

Lo que no es directo
No existe una prueba documental de que los Collegia Fabrorum sobrevivieran intactos hasta la Edad Media ni de que transmitieran directamente rituales especulativos. Con la caída del Imperio Romano de Occidente, muchos colegios desaparecieron o se transformaron. Las guildas medievales surgieron en un contexto cristiano y feudal diferente. La masonería especulativa (la que conocemos hoy, con énfasis filosófico y simbólico) surgió principalmente en Inglaterra y Escocia entre los siglos XVII y XVIII, cuando personas no operativas (nobles, intelectuales) fueron admitidas en las logias de constructores.

Autores como René Guénon o historiadores más rigurosos ven en los Collegia un eslabón importante en la cadena de las “corporaciones de oficio” que preservaron saberes tradicionales, pero advierten contra las reconstrucciones románticas que pretenden una continuidad lineal perfecta desde Roma hasta la masonería moderna.
¿Por qué interesa tanto a los masones?
Porque conecta la masonería con una de las grandes civilizaciones de la Antigüedad y le da un aura de antigüedad y legitimidad. El simbolismo de la construcción (edificar templos, tanto físicos como espirituales) encaja perfectamente con la idea masónica de “construir el Templo interior” y mejorar la humanidad.
En resumen:

Los Collegia Fabrorum fueron corporaciones romanas de constructores con organización, ritos y transmisión de saber.
Influyeron en las guildas medievales de masones operativos.
Sirven como eslabón histórico y simbólico en la larga cadena que lleva a la masonería moderna, aunque la transición hacia la masonería especulativa fue un proceso gradual y complejo, no una herencia directa.
Alcoseri
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