Una pregunta incómoda ¿Qué tan necesarios son los malos masones traicioneros en la masonería?
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Alcoseri Vicente
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Jan 29, 2026, 11:22:16 PM (9 hours ago) Jan 29
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Una pregunta incómoda ¿Qué tan necesarios son los malos masones traicioneros en la masonería? Paralelismos entre la traición de Judas y la traición de los Jubelones Al analizar desde el punto de vista masónico - esotérico los arcanos velados de Cristo y Judas Iscariote en nuestra augusta Orden, sobre estos símbolos gnósticos cristianos, que revelan el sacrificio iniciático y la traición necesaria para la elevación del alma. En este punto es inevitable no encontrar paralelismos entre el drama de la traición de Judas a Cristo y la traición al Maestre Hiram Abiff por parte de los albañiles del Templo, seguro si analizamos esto del asesinato de Hiram Abiff y la de Cristo, encontraremos que ambos episodios fueron necesarios para detonar un cambio necesario para la evolución de la humanidad. «Jubelones» es un término utilizado, según contextos de opinión sobre la masonería, para referirse despectivamente a traidores infiltrados dentro de la logia, derivado de la leyenda masónica de los tres asesinos de Hiram Abif: Jubela, Jubelo y Jubelum. A menudo denota a quienes actúan deslealmente dentro de logias masónicas, incluso hay masones justo ahora traicionando el espíritu masónico. ¿pero esto de traidores en Masonería deben de entenderse como necesarios? Veamos: A lo largo de milenios de la era cristiana, la figura del traidor Judas Iscariote ha permanecido envuelta en enigma, resistiéndose a las interpretaciones de los más sabios. Mientras comprendemos el temor de Pedro, el odio de los fariseos o la debilidad de Pilatos, la abominación de Judas escapa a nuestra comprensión profana: los evangelistas apenas susurran sus motivos para entregar al Maestro a los profanos. ¿Fue mera codicia, o un acto concertado entre Jesús y Judas para cumplir la profecía? Recordemos Zacarías 11:10-14, donde el pastor quiebra sus cayados y recibe treinta piezas de plata como salario despreciado, eco profético del avalúo de Cristo. Sólo dos seres conocieron el secreto: el Cristo y el propio Judas. Jesús y Judas, conocedores de las Escrituras, orquestaron esta transacción simbólica: el pago por la luz entregada a la humanidad. No sólo traición, sino venta ritual, un contrato sagrado donde el Iniciado es intercambiado por monedas, como animales sacrificados en el Templo para expiar pecados. Los sacerdotes Cohen, guardianes profanos, cumplieron el pacto con dinero real, honrando el trato. En la masonería, evitamos introducir "Judas" que vendan al Maestro por treinta dineros, preservando la pureza del Templo. Los evangelios canónicos, manipulados a lo largo de los siglos —especialmente en el Concilio de Nicea, donde se seleccionaron textos y otros se declararon apócrifos—, distorsionan el rol de Judas. Una indagación esotérica, abarcando fuentes gnósticas, apócrifos, el Corán y la Torá, revela a Judas como hombre honorable que obedeció al Maestro para cumplir la profecía del Mesías sacrificado. Jesús, figura política y espiritual, apuntó a la columna religiosa encarnada en su hermano Jaime, primer obispo de Jerusalén, no en Pedro, manipulado por Pablo para una visión exotérica. La resurrección, tal como consta en escritos nazarenos primitivos —, no fue literal, y los primeros cristianos se reconocían por el pez, no la cruz. Los tres traidores de Hiram Abiff —Jubelas, Jubelum y Jubelo— simbolizan las perversiones humanas: ignorancia, ambición e hipocresía. Decapitados, sus cabezas quemadas y cenizas dispersadas a los vientos, representan los demonios internos que crucifican al Cristo íntimo: Caifás (religión dogmática), Judas (deseo profano) y Pilatos (mente débil). El primero golpea con la regla (ley rígida), el segundo con la escuadra (prejuicios), el tercero con el mazo (violencia demagógica). Estos rebeldes, como Coré, Datán y Abirón en la Biblia, controlan los cuerpos de voluntad, mente y emoción, impidiendo la Gran Obra. Cita de Albert Pike, en "Morals and Dogma": "La leyenda de Hiram Abiff es un paralelo alegórico del sacrificio crístico, donde los traidores representan fuerzas profanas que obstaculizan la luz, y Judas evoca el rol necesario en el drama redentor gnóstico". Cita de Manly P. Hall, en "The Secret Teachings of All Ages": "En interpretaciones esotéricas, Judas no es mero traidor, sino instrumento del plan divino, similar a los asesinos de Hiram, que permiten la resurrección simbólica del maestro constructor". Cita de Oswald Wirth, en obras sobre simbolismo masónico: "El sacrificio de Hiram, como el de Cristo, requiere traidores que simbolicen las pasiones humanas; Judas, en visiones gnósticas, cumple el destino sagrado para la elevación del iniciado". Las búsquedas revelan que en corrientes gnósticas y esotéricas masónicas (influenciadas por Pike y Hall), Judas se interpreta como discípulo leal que facilita el sacrificio, paralelo a los traidores de Hiram necesarios para la "muerte y resurrección" iniciática. Temas relacionados incluyen el Evangelio de Judas (gnóstico, donde Jesús pide la traición para liberar su espíritu), y paralelos en gnosticismo y rosacrucismo, donde el traidor interno debe manifestarse para ser transmutado. Esto enriquece la masonería cristiana esotérica, enfatizando que el verdadero "traidor" es el ego profano, y el sacrificio voluntario lleva a la luz eterna. Una anécdota real: En 1738, el papa Clemente XII emitió la bula "In eminenti apostolatus", excomulgando a católicos masones por pertenecer a sociedades secretas, percibiéndolas como amenaza a la fe. Esto afectó a miles, incluyendo nobles y clérigos iniciados, que continuaron en secreto su búsqueda de luz.
El Evangelio de Judas es un evangelio gnóstico del siglo II d.C., escrito originalmente en griego y preservado en una versión copta del siglo III-IV, parte del Códice Tchacos (descubierto en Egipto en los años 70 y publicado en 2006 por National Geographic). Mencionado por san Ireneo de Lyon en el siglo II como herético, presenta una visión radicalmente distinta de los evangelios canónicos: Judas no es el villano codicioso, sino el discípulo más sabio, elegido por Jesús para "traicionarlo" y liberar su espíritu divino del cuerpo material, cumpliendo un plan cósmico. Aquí un fragmento del manuscrito antiguo del Códice Tchacos, donde se conserva este texto revelador: El texto consiste en diálogos secretos entre Jesús y Judas, ocurridos días antes de la Pascua. Jesús se ríe de los discípulos por su devoción superficial y revela a Judas conocimientos esotéricos (gnosis): la creación del mundo por aeones inferiores (demiurgos como Saklas), el reino eterno de Barbelo (divinidad suprema) y la generación divina de Judas, perteneciente a un linaje superior. Jesús le dice: "Tú superarás a todos ellos. Porque sacrificarás al hombre que me viste". La traición es un acto sagrado: Judas entrega el cuerpo físico de Jesús para que su espíritu escape del mundo material corrupto. Interpretaciones gnósticas En el gnosticismo cainita (al que pertenece), Judas es héroe: facilita la liberación del Cristo verdadero del encierro material, criticando al Dios creador del Antiguo Testamento como falso. Jesús es revelador de sabiduría, no salvador por sacrificio expiatorio. Esto choca con el cristianismo ortodoxo, donde Judas es símbolo de traición. Así, este evangelio resuena con temas esotéricos que hemos explorado, como Judas como "traidor necesario" paralelo a los asesinos de Hiram Abiff —instrumentos del drama iniciático para la resurrección simbólica—. En visiones gnósticas masónicas o rosacruces, representa el sacrificio voluntario para la Gran Obra: el ego profano debe "traicionar" lo material para elevar el espíritu. Temas relacionados incluyen el Códice Tchacos (con otros textos gnósticos) y debates sobre Judas en apócrifos como el Evangelio de Bernabé (islámico), donde sobrevive crucificado otro. Una anécdota real: En 2006, la publicación por National Geographic generó controversia mundial; la Iglesia católica lo rechazó como herético, pero estudiosos como Bart Ehrman lo valoran como ventana al gnosticismo primitivo, mostrando diversidad cristiana temprana. En la Alejandría de 180 d.C., un escriba gnóstico llamado Teodosio, guardián de textos prohibidos, copió el Evangelio de Judas en secreto. Perseguido por obispos ortodoxos, lo escondió en una jarra del desierto, murmurando: "Judas no traicionó; liberó la chispa divina". Siglos después, su códice emergió, recordándonos que la verdad oculta resiste edictos profanos. Alcoseri