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Alcoseri Vicente

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Jul 14, 2026, 12:28:34 AM (9 days ago) Jul 14
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El  Eterno Viaje Iniciático Masónico
Para la ciencia materialista, lo que llamamos “paranormal” es simple pseudociencia, fantasía o desvarío de mentes poco rigurosas; y desde hace siglos repite ese señalamiento contra nuestras Logias Masónicas, porque su método sólo admite lo que se pesa, se mide y se toca. Para la Masonería, en cambio, lo llamado paranormal no es más que lo natural, en planos de la existencia que la razón física aún no alcanza a comprender. Enseñamos desde el umbral mismo de la iniciación que tiempo y espacio no son leyes absolutas, sino velos, límites puestos a nuestros sentidos para que aprendamos poco a poco. Quien trabaja con perseverancia sobre su piedra bruta, purifica su voluntad y guarda el sagrado silencio, llega a comprender que existen planos interdimensionales donde el pasado, el presente y el futuro conviven a un tiempo, y donde la distancia no separa a los espíritus afines. Atravesar esos umbrales no es hechicería: es la consecuencia natural de elevar la propia vibración. A eso llamamos los viajes iniciáticos: no son fantasía, son la ciencia del alma, que la Orden ha guardado celosamente desde tiempos inmemoriales.
Esta es la historia de uno de esos viajeros, el hermano Kadyr, uno de los Siete Masones del Tiempo, a quienes se concede caminar por las edades para recoger la sabiduría que une a todos los pueblos bajo un solo Gran Arquitecto del Universo.
El viaje a Sáakun, el nombre que revela el misterio
Tras cruzar largos corredores de luz y sombra, saltando capas de la existencia que el común de los hombres ni siquiera sospecha, Kadyr descendió en el año 1822 sobre Sáakun, aldea maya en el corazón de las tierras cálidas, húmedas y verdes. Allí la vida giraba en torno al maíz y a la cría de puercos; la influencia del hombre blanco aún no había borrado las antiguas formas de pensar. El hermano adoptó el ropaje y el habla de la región —en los planos interdimensionales las barreras de idioma se desvanecen con facilidad— y solo un ligero acento delataba que venía de muy lejos, del norte de lo que hoy es México.
Preguntó por dónde hallar abrigo y alimento, y un vecino, rascándose la cabeza, le respondió:
—No tenemos posada aquí, pero ve con Zamná. Él recibirá a quien busca refugio. Su nombre significa, en nuestra lengua, El Señor del Conocimiento.
Antes de llegar a su humilde choza de palma, un grupo de ancianos que fumaban tabaco en rústica le confirmó: Zamná era el más sabio de toda la comarca, dueño de más de mil cabezas de ganado porcino, y sin embargo vivía en la más estrecha sencillez. La riqueza no le había atado, ni cambiado su corazón. Cuando Kadyr entró, fue recibido con la hospitalidad que sólo conocen quienes han entendido que servir es el primer deber del que sabe. Su mujer y sus hijas atendieron al viajero con lo mejor que tenían, y al despedirse, tras varios días de convivencia, le cargaron provisiones para el camino y Zamná le dijo, con una mirada que parecía ver más allá de la carne y del tiempo:
—Da gracias al Gran Arquitecto del Universo por el don que llevas dentro. Y recuerda siempre: no te dejes engañar por las apariencias… porque ESTO TAMBIÉN PASARÁ.
Kadyr regresó a su punto de partida, doscientos años adelante, al año 2026, pero esas palabras no se le salieron del pecho. Sabía por la enseñanza de la Orden que nada se dice por azar; toda frase, todo encuentro, todo suceso en los viajes trae una lección envuelta en velos. Se sentó bajo la sombra frondosa de un árbol, cerró los sentidos externos y se sumergió en el silencio, tal como nos enseñan: no hay que correr tras la verdad; ella llega cuando el alma está lista para recibirla. Pasaron cinco años más de travesías: estuvo en la época en que se redactaron los Vedas en la India, caminó por Egipto cuando las pirámides eran nuevas, recorrió épocas venideras que aún no han llegado a manifestarse en este plano. Siempre en silencio, siempre observando, siempre aprendiendo. Porque el Eterno Viaje Iniciático no consiste en mover el cuerpo de un lugar a otro, ni de un siglo a otro: es el movimiento perpetuo del espíritu hacia la Luz, atravesando estados, pruebas, altibajos y dimensiones, sin detenerse jamás, hasta fundirse por completo en la Verdad. Los saltos en el tiempo y el espacio son solo su reflejo externo.
La rueda que no se detiene
Volvió dos siglos atrás, a Sáakun. Preguntó por Zamná y le dijeron:
—Está a diez leguas, sirviendo en la hacienda del hacendado.
Kadyr corrió hasta allá y lo encontró encorvado por los años, vestido de andrajos. Una gran inundación se había llevado todo: mil cerdos, su choza, sus bienes, todo lo que el mundo llama riqueza. Ahora trabajaba de sol a sol para un hombre rico y duro de corazón. Y sin embargo, su sonrisa, su paz y su bondad no habían cambiado ni un ápice. Al despedirse de nuevo, ante la compasión del viajero, Zamná solo repitió, tranquilo:
—Esto también pasará.
Siete años más tarde, el tiempo lo trajo de vuelta. El hacendado había muerto sin descendencia, y por su fidelidad y virtud, había legado toda su fortuna y la hacienda entera a Zamná. Otra vez dueño de todo, otra vez viviendo con la misma austeridad de siempre. Y al partir Kadyr rumbo a uno de los viajes más sagrados de su existencia —estar presente en Londres, la noche del 24 de junio de 1717, cuando cuatro logias se reunieron en la taberna del Ganso y la Parrilla para dar nacimiento oficial a la Masonería Especulativa, cita que cumplen invariablemente los Siete Masones del Tiempo—, volvió a escuchar la misma frase, dicha con la misma calma:
—Esto también pasará.
Kadyr comprendió entonces que Zamná también era un iniciado, un guardián de los misterios mayas, que conocía por propia experiencia la Ley del Ritmo: todo sube, todo baja; todo nace, todo muere; todo florece, todo se seca. Nada en el mundo de las formas es para siempre.
Pasaron los años y el viajero regresó una vez más a Sáakun. Ya no estaba Zamná entre los vivos. Lo condujeron hasta una tumba humilde en medio de la selva lacandona, tallada en piedra: ESTO TAMBIÉN PASARÁ. El francmasón Kadyr reflexionó: las riquezas van y vienen, la salud y la enfermedad se turnan, la vida y la muerte se dan la mano… ¿pero cómo puede pasar también la tumba, el último recuerdo material?
El tiempo le dio la respuesta. Años después, un huracán poderoso sacudió la región, las aguas crecieron y se lo llevaron todo: el panteón, la lápida, hasta el mismo nombre del lugar casi se borró de la memoria de los hombres. Ya no había rastro físico de su amigo. Kadyr permaneció horas de pie entre el lodo y los escombros, con el corazón apretado, hasta que del verde profundo del bosque alzó el vuelo un quetzal resplandeciente, con su pecho rojo como el fuego sagrado y su cola larga y verde como la esperanza. Cruzó el cielo lento y majestuoso, y en ese instante todo encajó en su lugar. El hermano inclinó la cabeza y dijo en voz baja, comprendiendo por fin todo el sentido:
—Esto también pasará.
Incluso la muerte. Incluso la piedra. Incluso el dolor de la ausencia. Porque todo lo que pertenece a los planos manifestados, a las formas y a las dimensiones temporales, está sujeto al cambio. Solo la Esencia, la Luz, el Amor y la Sabiduría del Gran Arquitecto permanecen fuera de la rueda.
El anillo que encierra una verdad universal
Ya muy anciano, el francmasón Kadyr fijó su morada a las faldas del Cerro de la Silla, en Nuevo León México, y allí pasaba sus días instruyendo a los hermanos más jóvenes y a todo aquel que buscaba luz. Su fama llegó a oídos de un masón joyero, que anhelaba forjar el anillo más perfecto jamás creado: uno que, al mirarlo, diera fuerza en la adversidad, templanza en la prosperidad, y mantuviera el espíritu anclado en la realidad eterna, no en la pasajera.
—¿Qué grabar en él? —le preguntó.
El Masón Kadyr respondió:
—Pon la Escuadra y el Compás, símbolos de nuestra Orden: la primera para medir nuestros actos con rectitud sobre la tierra; el segundo para elevar nuestros pensamientos y circunscribirlos dentro de los límites de la sabiduría divina. Y en el centro, en letras pequeñas pero profundas: ESTO TAMBIÉN PASARÁ.
Así quedó hecho. Esa frase no es resignación, ni indiferencia: es la Ley del Ritmo, que rige todo lo creado. Cuando estás en lo más alto de la rueda, te recuerda que no te aferres, porque nada es eterno aquí abajo. Cuando estás en lo más hondo de la prueba, te asegura que esa oscuridad también se moverá, y volverá a salir el sol. Sufrimos menos y aprendemos más cuando comprendemos que el cambio es la ley de este mundo, y que el autoconocimiento —la gran obra que la Masonería enseña a edificar dentro de cada uno— es la única herramienta para cruzar la rueda sin ser arrastrado por ella.
Lo que el mundo llama paranormal, para nosotros es simplemente despertar a la realidad completa. Los viajes entre dimensiones, el conocimiento del tiempo que no es línea recta, la comunicación entre espíritus que la carne separa pero que la hermandad une para siempre… nada de eso es milagro ni truco: es consecuencia de haber pulido suficiente la propia alma para ver más allá del velo de la materia.
El Eterno Viaje Iniciático no termina nunca, ni siquiera al dejar este plano físico: seguimos avanzando, aprendiendo, despidiéndonos de formas que ya cumplieron su ciclo, comprendiendo siempre que esto también pasará, hasta que ya no haya nada que cambiar, nada que ganar ni perder, nada que viajar… porque nos habremos convertido por fin, pura y simplemente, en LUZ.
Que el Gran Arquitecto del Universo ilumine siempre sus caminos, hermanos Masones y no Masones.
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Alcoseri Vicente

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Jul 14, 2026, 7:28:56 PM (8 days ago) Jul 14
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El Síndrome del Masón Buscador
En Logias Masónicas, se enseña que el Gran Arquitecto del Universo no colocó al ser humano en el centro de la Creación para permanecer inmóvil ni dormido. La verdadera iniciación no es un acto externo, sino el activador de un reloj despertador interior, una llamada de alarma para despertar la consciencia, al que muchos atienden y otros no, un llamado para pasar de ser piedra bruta a convertirse en piedra cúbica perfecta, digna de ocupar su lugar en el Templo de la Acción que invita a Evolucionar.
Las tradiciones esotéricas coinciden: la mayor parte de la humanidad vive en un estado de sueño hipnótico, movida por hábitos, pasiones y condicionamientos. Como afirmaba Eliphas Lévi, “el hombre es prisionero de sus cadenas, pero ignora que tiene la llave en su propia mano”. Papus añadía que este estado de inconsciencia es la causa de todo sufrimiento, mientras que Dion Fortune definía la búsqueda espiritual como el impulso innato del alma por volver a su origen luminoso. Helena P. Blavatsky lo resumía así: “El sendero se abre sólo  para quien deja de ser sonámbulo y decide caminar con los ojos abiertos”.
Para ejemplificar esto veamos esta Historia a manera de Cuento.
Dos hombres, condenados a muerte, esperaban su ejecución. Uno, inquieto, le dijo al otro:
— “Siento que me vuelvo loco. No pienso con claridad, ni siquiera sé qué día es hoy”.
— “Es lunes”, respondió su compañero.
— “¿Lunes? ¡Qué forma tan desdichada de empezar la semana!”.
Aún al borde de la muerte, el hábito mecánico de reaccionar  sigue rigiendo sus palabras. Ya no habrá semanas, ni días, ni tiempo para ellos… y sin embargo, la mente automática reacciona como si nada hubiera cambiado. Es la condición de quien duerme despierto: vive en apariencia, cree ser libre, pero es guiado por patrones repetitivos, emociones irreflexivas y deseos que no ha elegido realmente.
Si te sientas a observar con la mirada del iniciado, verás que la mayoría transita por la existencia como sonámbulos: caminan, hablan, trabajan, pero su consciencia permanece velada. Como enseñaba G. I. Gurdjieff, una referencia esencial para la psicología esotérica, el ser humano ordinario no tiene un “yo” fijo, sino una multiplicidad de estados cambiantes que lo arrastran sin control. Aleister Crowley también señalaba que esta inconsciencia es la verdadera esclavitud, mucho más dura que cualquier cadena física.
¿Sientes la llamada?
Si nunca has sentido en tu interior esa inquietud profunda, esa sensación de que algo falta, de que la felicidad no se encuentra en lo efímero ni en lo externo, este escrito no te dirá nada nuevo. Pero si sientes que tu alma busca algo más allá de lo visible, entonces has entrado en lo que llamamos el Síndrome del masón Buscador.
No hablamos de la alegría pasajera de un momento de éxito o de un sentimiento que se desvanece con el tiempo. Hablamos de ese estado permanente de serenidad, de paz interior que emana de la armonía con tu esencia real. Es lo que la alquimia llama “el oro interior”, aquello que no se gasta ni se oxida.
LA GRAN PREGUNTA: ¿DUERMES O ESTÁS DESPIERTO?
El verdadero Masón Buscador no se conforma con respuestas fáciles ni con doctrinas aceptadas sin examen. Ha tomado consciencia de la falta de amor auténtico, de la falsedad de muchas relaciones, de la hipocresía que rige la vida cotidiana. A veces llega a sentir asco de tanta apariencia, y es precisamente esa insatisfacción la que se convierte en el motor de su despertar. Al principio, sólo  percibe que algo no encaja, pero no sabe hacia dónde ir; es como quien ha olvidado hasta su propio nombre y busca en la oscuridad ese algo  que sabe importante para él o ella.
Conforme avanza, comienza a reconocer señales: un libro, una persona, una enseñanza que le resulta familiar, como si la memoria del alma despertara de un largo sueño. Blavatsky lo explicaba como el recuerdo de lo que ya sabemos en esencia, pero que hemos olvidado al nacer. Papus comparaba este proceso con la ascensión por la Masónica Escalera Iniciática de Caracol: no es un salto repentino, sino un giro constante, en el que cada vuelta nos acerca más a la luz, aunque al principio parezca que avanzamos muy despacio.
Cada Masón que es sinceramente un Buscador es único, su camino es intransferible, pero la meta es la misma para todos: pasar de la servidumbre del ego a la libertad del Yo Superior. Es un viaje interior, la más ardua de las travesías, porque las batallas más duras no se libran contra otros, sino contra las propias pasiones, la ignorancia y los condicionamientos. Como decía el Masón  Eliphas Lévi: “El mayor enemigo del iniciado está dentro de sí mismo; vencerlo es conquistar el universo”.
Las Claves  Masónicas Del Camino
El auténtico y legitimo masón buscador no se deja deslumbrar por fenómenos extraños, ni por promesas de poderes inmediatos. Rechaza el ocultismo superficial y las emociones pasajeras, sabiendo que son espejismos que desvían la atención. Su objetivo es uno solo : transformarse a sí mismo.
Es el proceso alquímico: convertir el plomo de nuestras debilidades en el oro de la sabiduría. Dion Fortune enseñaba que esta purificación requiere constancia y disciplina; no hay atajos. El Buscador Masón sabe que está en el mundo profano viviendo ahí, pero no pertenece a él; su verdadera patria es el reino de la Luz, la Unidad con el Gran Todo.
Tu tesoro no está en el exterior, ni en lugares lejanos, ni en riquezas materiales. Está oculto en el centro de tu propio ser, intacto, esperando a que lo descubras. La elección es clara: o vives según tu verdadera esencia, o sigues existiendo en la sombra de lo que crees ser.
Somos como quienes duermen en un sueño profundo, hasta que la llamada de la Verdad despierta nuestra consciencia. Las voces de todos los iniciados que nos precedieron —Moisés, Hermes, Pitágoras, Salomón— nos dicen lo mismo: la puerta está abierta, pero sólo  entra quien decide levantarse y caminar.
En el simbolismo de nuestra Orden, el despertar del Buscador representa el momento en que la Luz del Gran Arquitecto del Universo ilumina la mente antes oscurecida. El Síndrome del Masón Buscador no es una enfermedad, sino el primer síntoma de que el alma está lista para dejar de ser como piedra bruta y comenzar a ser labrada.
Recuerda que el camino no es recto, es en espiral; no es rápido, pero es seguro si se recorre con rectitud. Al final, descubrirás que la meta que buscabas fuera siempre estuvo dentro de ti. Como reza el antiguo dicho hermético: “Lo que está arriba es como lo que está abajo, y lo que está adentro es como lo que está afuera”. Despierta, Buscador: tu verdadera obra acaba de comenzar.

Alcoseri

El Síndrome del Masón Buscador

En Logias Masónicas, se enseña que el Gran Arquitecto del Universo no colocó al ser humano en el centro de la Creación para permanecer inmóvil ni dormido. La verdadera iniciación no es un acto externo, sino el activador de un reloj despertador interior, una llamada de alarma para despertar la consciencia, al que muchos atienden y otros no, un llamado para pasar de ser piedra bruta a convertirse en piedra cúbica perfecta, digna de ocupar su lugar en el Templo de la Acción que invita a Evolucionar.

Las tradiciones esotéricas coinciden: la mayor parte de la humanidad vive en un estado de sueño hipnótico, movida por hábitos, pasiones y condicionamientos. Como afirmaba Eliphas Lévi, “el hombre es prisionero de sus cadenas, pero ignora que tiene la llave en su propia mano”. Papus añadía que este estado de inconsciencia es la causa de todo sufrimiento, mientras que Dion Fortune definía la búsqueda espiritual como el impulso innato del alma por volver a su origen luminoso. Helena P. Blavatsky lo resumía así: “El sendero se abre sólo  para quien deja de ser sonámbulo y decide caminar con los ojos abiertos”.

Para ejemplificar esto veamos esta Historia a manera de Cuento.

Dos hombres, condenados a muerte, esperaban su ejecución. Uno, inquieto, le dijo al otro:

— “Siento que me vuelvo loco. No pienso con claridad, ni siquiera sé qué día es hoy”.

— “Es lunes”, respondió su compañero.

— “¿Lunes? ¡Qué forma tan desdichada de empezar la semana!”.

Aún al borde de la muerte, el hábito mecánico de reaccionar  sigue rigiendo sus palabras. Ya no habrá semanas, ni días, ni tiempo para ellos… y sin embargo, la mente automática reacciona como si nada hubiera cambiado. Es la condición de quien duerme despierto: vive en apariencia, cree ser libre, pero es guiado por patrones repetitivos, emociones irreflexivas y deseos que no ha elegido realmente.

Si te sientas a observar con la mirada del iniciado, verás que la mayoría transita por la existencia como sonámbulos: caminan, hablan, trabajan, pero su consciencia permanece velada. Como enseñaba G. I. Gurdjieff, una referencia esencial para la psicología esotérica, el ser humano ordinario no tiene un “yo” fijo, sino una multiplicidad de estados cambiantes que lo arrastran sin control. Aleister Crowley también señalaba que esta inconsciencia es la verdadera esclavitud, mucho más dura que cualquier cadena física.

¿Sientes la llamada?

Si nunca has sentido en tu interior esa inquietud profunda, esa sensación de que algo falta, de que la felicidad no se encuentra en lo efímero ni en lo externo, este escrito no te dirá nada nuevo. Pero si sientes que tu alma busca algo más allá de lo visible, entonces has entrado en lo que llamamos el Síndrome del masón Buscador.

No hablamos de la alegría pasajera de un momento de éxito o de un sentimiento que se desvanece con el tiempo. Hablamos de ese estado permanente de serenidad, de paz interior que emana de la armonía con tu esencia real. Es lo que la alquimia llama “el oro interior”, aquello que no se gasta ni se oxida.

LA GRAN PREGUNTA: ¿DUERMES O ESTÁS DESPIERTO?

El verdadero Masón Buscador no se conforma con respuestas fáciles ni con doctrinas aceptadas sin examen. Ha tomado consciencia de la falta de amor auténtico, de la falsedad de muchas relaciones, de la hipocresía que rige la vida cotidiana. A veces llega a sentir asco de tanta apariencia, y es precisamente esa insatisfacción la que se convierte en el motor de su despertar. Al principio, sólo  percibe que algo no encaja, pero no sabe hacia dónde ir; es como quien ha olvidado hasta su propio nombre y busca en la oscuridad ese algo  que sabe importante para él o ella.

Conforme avanza, comienza a reconocer señales: un libro, una persona, una enseñanza que le resulta familiar, como si la memoria del alma despertara de un largo sueño. Blavatsky lo explicaba como el recuerdo de lo que ya sabemos en esencia, pero que hemos olvidado al nacer. Papus comparaba este proceso con la ascensión por la Masónica Escalera Iniciática de Caracol: no es un salto repentino, sino un giro constante, en el que cada vuelta nos acerca más a la luz, aunque al principio parezca que avanzamos muy despacio.

Cada Masón que es sinceramente un Buscador es único, su camino es intransferible, pero la meta es la misma para todos: pasar de la servidumbre del ego a la libertad del Yo Superior. Es un viaje interior, la más ardua de las travesías, porque las batallas más duras no se libran contra otros, sino contra las propias pasiones, la ignorancia y los condicionamientos. Como decía el Masón  Eliphas Lévi: “El mayor enemigo del iniciado está dentro de sí mismo; vencerlo es conquistar el universo”.

Las Claves  Masónicas Del Camino

El auténtico y legitimo masón buscador no se deja deslumbrar por fenómenos extraños, ni por promesas de poderes inmediatos. Rechaza el ocultismo superficial y las emociones pasajeras, sabiendo que son espejismos que desvían la atención. Su objetivo es uno solo : transformarse a sí mismo.

Es el proceso alquímico: convertir el plomo de nuestras debilidades en el oro de la sabiduría. Dion Fortune enseñaba que esta purificación requiere constancia y disciplina; no hay atajos. El Buscador Masón sabe que está en el mundo profano viviendo ahí, pero no pertenece a él; su verdadera patria es el reino de la Luz, la Unidad con el Gran Todo.

Tu tesoro no está en el exterior, ni en lugares lejanos, ni en riquezas materiales. Está oculto en el centro de tu propio ser, intacto, esperando a que lo descubras. La elección es clara: o vives según tu verdadera esencia, o sigues existiendo en la sombra de lo que crees ser.

Somos como quienes duermen en un sueño profundo, hasta que la llamada de la Verdad despierta nuestra consciencia. Las voces de todos los iniciados que nos precedieron —Moisés, Hermes, Pitágoras, Salomón— nos dicen lo mismo: la puerta está abierta, pero sólo  entra quien decide levantarse y caminar.

En el simbolismo de nuestra Orden, el despertar del Buscador representa el momento en que la Luz del Gran Arquitecto del Universo ilumina la mente antes oscurecida. El Síndrome del Masón Buscador no es una enfermedad, sino el primer síntoma de que el alma está lista para dejar de ser como piedra bruta y comenzar a ser labrada.

Recuerda que el camino no es recto, es en espiral; no es rápido, pero es seguro si se recorre con rectitud. Al final, descubrirás que la meta que buscabas fuera siempre estuvo dentro de ti. Como reza el antiguo dicho hermético: “Lo que está arriba es como lo que está abajo, y lo que está adentro es como lo que está afuera”. Despierta, Buscador: tu verdadera obra acaba de comenzar.

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Alcoseri 

Samoon Pervaiz

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Jul 15, 2026, 6:02:39 PM (7 days ago) Jul 15
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Samoon Pervaiz

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Jul 15, 2026, 6:02:54 PM (7 days ago) Jul 15
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