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Las Herramientas Olvidadas Esa noche, en la orden del día, un hermano iba a hablar del nivel, la escuadra y el compás como las más sobresalientes herramientas masónicas. Era una plancha que se escucha con frecuencia en las logias masónicas de todo el Mundo. Sin ser elemental, abordaba con acierto uno de los múltiples sentidos que encierra el estudio de los símbolos. Al menos, su exposición instruyó a los Aprendices y refrescó la memoria de los Maestros. Durante los ágapes, un viejo masón curtido en la Orden se acercó al masón que presentó la plancha. — Hermano mío, has omitido dos herramientas indispensables para la práctica masónica: la Voz y la Mano. El Masón de la Plancha se quedó perplejo. El anciano masón, al ver su desconcierto, lo tomó del brazo y lo apartó del bullicio de la sala húmeda. Entraron juntos en el Templo ahora vacío. — Es muy frecuente olvidar dos herramientas esenciales de nuestra existencia, aquellas que nos distinguen de los animales. Comencemos por la Voz, o la Palabra si prefieres. Gracias a ella, desde hace milenios, la humanidad comunica, expresa sentimientos y establece intercambios. La voz individualiza al ser humano, revela su personalidad, transmite pensamiento, comprensión y satisfacción. Pero, como todo en la vida, tiene su lado oscuro: puede servir al odio, a la maldad y a la estupidez. Mira el poder de la Voz. La historia contemporánea nos ofrece ejemplos concretos: todos los dictadores conocen esa fuerza y la utilizan para enardecer a las multitudes y cometer, con demasiada frecuencia, lo irreparable contra la humanidad. Sin embargo, la misma voz puede ser un poderoso instrumento del bien. Con palabras de sabiduría, eleva al individuo y lo impulsa en su camino espiritual. Piensa en los mantras como el AUM. Podrías decir que no ves la relación con la masonería, pero la hay: el ritual debe pronunciarse con convicción, no con rapidez mecánica. Es la voz la que nos pone en estado de receptividad, nos ayuda a olvidar la vida profana y nos permite realizar un trabajo auténtico. Un canto, o incluso una simple melodía, puede transportarnos lejos de lo cotidiano. La voz humana posee un gran poder, para el bien y para el mal. Sirve tanto para la evocación como para la invocación. Cuando el iniciado domina su voz y su palabra, puede reencontrar el Verbo Creador. Y ahí comienza para él otra vida, paradójicamente imposible de explicar a quienes aún están más abajo en la escala espiritual. Como ves, esta herramienta es uno de los bienes más preciosos. Úsala con sabiduría y recuerda que hay pueblos privados de la palabra. En cuanto a la Mano, es inútil subrayar su importancia para el hombre y para las civilizaciones. Gracias a las manos, el ser humano conquistó la Tierra y se convirtió en la especie dominante, para bien y para mal, pues la mano puede empuñar un arma o sostener un ramo de olivo. Para el masón de hoy, nuestro ritual le concede un lugar destacado. Piensa en la Cadena de Unión, que muchos forman de cualquier manera. Una cadena eficaz debe hacerse así: la palma de la mano derecha vuelta hacia la Tierra, para recibir la energía que circula; la mano izquierda orientada hacia el Cielo, para transmitirla al hermano siguiente. Pero la mano debe obedecer a la palabra, y está al pensamiento. Representa el aspecto material, pues es ella quien maneja el mazo, la regla, la escuadra y finalmente el compás. Hay, pues, una progresión en su uso que refleja la progresión espiritual. En el mundo profano, no se confían ciertas herramientas al aprendiz, que está al comienzo de su saber y necesita perfeccionarlo. Tallar la piedra bruta exige saber hacer, voluntad y coraje. Como se dice: hay que tomarse de la mano. En el Rito Escoces Antiguo y Aceptado, notarás que el ritual utiliza con frecuencia la mano para realizar signos , tocamientos, saludos , si acciones muy precisas, con significados muy definidos. Eso nos llevaría al lenguaje de los mudras, pero no es el objetivo de esta ocasión. Estas dos herramientas olvidadas son también complementarias. Sin la mano, la voz quedaría estéril; sin la voz, que nace de la reflexión, ocurriría lo mismo con la mano. En realidad, son más que útiles para la manifestación de la Vida: bien utilizadas, ellas son la Vida misma. Como ves, hermano mío, son las cosas más elementales las que olvidamos con mayor frecuencia. Nos lanzamos a grandes consideraciones filosóficas, pero descuidamos las funciones básicas que hacen que el hombre sea verdaderamente hombre. Regresaron a la sala húmeda y brindaron a la gloria de Dios El Gran Arquitecto del Universo. Como masón, agrego mis puntos de vista a este relato masónico Esta hermosa reflexión del anciano masón nos recuerda una verdad profunda y a menudo olvidada: los verdaderos instrumentos de la iniciación no son sólo los símbolos visibles, sino aquellos que habitan en nuestro propio ser. En Masonería observamos que la palabra (la Voz) es el vehículo primordial de la influencia espiritual. En las tradiciones primordiales, el Verbo es creador: “En el principio era el Verbo”. Cuando el ritual se pronuncia con convicción y presencia, actúa como un mantra que despierta fuerzas sutiles en el interior del hombre. Pronunciado mecánicamente, pierde su eficacia y se convierte en ruido vacío. El masón Oswald Wirth destacaba el simbolismo de la mano como puente entre el pensamiento y la acción. La mano derecha recibe (energía, influencia espiritual), la izquierda transmite. La Cadena de Unión no es un simple gesto formal: cuando se realiza correctamente, crea un circuito vivo de energía fraterna que une los corazones y eleva la logia entera. En la tradición hermética, la voz y la mano representan los dos polos necesarios para la Gran Obra: el Verbo (pensamiento creador) y la Operación (acción material). Sin su perfecta armonía, no hay verdadera transformación. El anciano masón tenía razón: olvidamos con demasiada frecuencia que la masonería no se practica sólo con escuadras y compases, sino con la voz que convoca y la mano que construye. La Voz es el primer instrumento del Verbo Creador que cada masón debe aprender a usar con precisión y respeto. La Mano es la que materializa esa palabra en el mundo: desde el golpe medido del mallete hasta el apretón fraterno que sella la cadena. Cuando la voz se vuelve mecánica y la mano se mueve sin conciencia, el ritual pierde su alma. Por eso es tan importante volver a lo esencial: pronunciar las palabras como si fueran nuevas, formar la cadena con plena atención y recordar que cada gesto, cada palabra y cada silencio en la logia son actos sagrados. La verdadera masonería no consiste en acumular conocimiento intelectual, sino en integrar la Voz y la Mano en un sólo movimiento consciente: pensar, decir y hacer en perfecta coherencia. Sólo entonces el Templo deja de ser un lugar de reunión y se convierte en un espacio vivo donde la Luz puede descender y transformarnos. Que nunca olvidemos estas dos herramientas olvidadas. Porque sin Voz auténtica y sin Mano consciente, el mandil se convierte en un simple disfraz y la logia en un teatro vacío. Moraleja Los símbolos más poderosos no siempre están tallados en piedra o dibujados en el cuadro de logia. A veces están tan cerca que los olvidamos: la voz que eleva y la mano que construye. Úsalas con sabiduría, y verás cómo el Templo cobra vida.