El Olvidado Arte de Crear Buenos Masones

2 views
Skip to first unread message

Alcoseri Vicente

unread,
Mar 3, 2026, 9:45:05 PM (17 hours ago) Mar 3
to secreto-...@googlegroups.com
El Olvidado Arte de Crear Buenos Masones
La siguiente  historia se vincula profundamente a la masonería especulativa: el "arte olvidado de crear buenos masones" es la Gran Obra alquímica y masónica de construir el Templo Interior, el Hombre Perfecto, el verdadero Iniciado consciente de la chispa divina. El homúnculo o golem representa al masón imperfecto, el profano que ha pasado por rituales pero carece de la verdadera iluminación, un ser hueco que camina entre nosotros en Logias Masónicas, una persona imitando la vida masónica pero sin esa chispa de lo eterno.

En una logia centenaria, donde la luz de los candelabros alrededor del Ara  brillaba  como si deseara revelar lo que acecha en las esquinas del Septentrión , estaba Lorenzo Diaz un Masón  de ideas y acciones  poco comunes, y digamos que atrevidas . No era un simple hermano; era un constructor de cuerpos y almas, un arquitecto o demiurgo  del espíritu que osó imitar —y superar— la Labor Divina.  Estaba el QH Lorenzo obsesionado con crear al Masón Perfecto. Durante décadas se entregó al extraño arte de forjar un hombre perfecto: el buen masón especulativo, el Iniciado cuya conciencia ardiera con la chispa eterna.
Reunió materiales prohibidos: arcilla virgen de tumbas antiguas, sangre simbólica de rituales salomónicos, pergaminos kabbalísticos que se describirían como llaves al secreto más peligroso del mundo —la herejía que une masonería y magia negra—. Con sagacidad legendaria y atrevimiento que resonó hace exactamente 23 años en las sombras de su tierra natal, ejecutó experimentos que rozaban lo blasfemo. Su reputación como sabio masón y científico creció como una sombra devoradora, susurrada en logias clandestinas donde los hermanos temían pronunciar su nombre.
Un día, en las catacumbas de un archivo prohibido, halló un manuscrito hebreo antiguo, un grimorio salomónico que se reconocería como eco de los textos de Johon Dee: instrucciones precisas para infundir vida artificial, para crear un golem o homúnculo que encarnara el Templo Interior. El Masón, cegado por su ambición, ignoró el defecto fatal que lo condenaba: la negligencia. Una grieta sutil en su carácter, una somnolencia espiritual que Greer vería como fracaso en la disciplina de la Gran Obra, donde cada detalle geométrico y cada vigilia cuenta.
Olvidó detalles nimios pero catastróficos: una vocalización mal pronunciada, un círculo mal trazado, un juramento no renovado en la medianoche. Le gustaba dormir, y en esos sueños profundos, las necesidades del ritual se desvanecían como humo. Su inteligencia había marcado inventos anteriores con genialidad; su negligencia marcó esta obra con horror.
Cuando terminó, el homúnculo se alzó: un ser de carne y hueso artificial, que caminaba, hablaba y gesticulaba como un hombre. Pero algo faltaba. Carecía de la chispa divina, esa luz  que es la consciencia impecable, el acuerdo con la realidad eterna. Era un masón hueco, un iniciado sin alma, un eco viviente de lo que se llamaría un templo interior hueco.
Entonces, en la penumbra de la logia, una voz espectral —quizá un eco de los Maestros Antiguos, quizá un demonio goético invocado por error— le habló: "Permanece atento, constructor. La chispa de la verdadera vida se presentará ante ti. Pero si no eres presto, se diluirá como niebla al alba. Atrápala, intégrala, o tu creación será eterna condenación."
El Masón, excitado por la promesa, se acomodó en vigilia. Horas se convirtieron en eternidades. El sueño lo asaltó como una niebla negra. Cabeceó. Por un instante infinitesimal, sus ojos se cerraron. En ese parpadeo, la chispa apareció: un fulgor azul sobrenatural, puro, divino, la consciencia que se describiré  como el regreso al Masón  auténtico, libre de ese falso conocimiento.
Pero él dormía. La chispa danzó ante el homúnculo, rozó su pecho vacío... y se disolvió en la nada. Cuando los ojos del Masón se abrieron del todo, sólo quedaba silencio y un frío que calaba hasta los huesos.
El ángel portador de aquella chispa , le dejó una nota sobre una mesa próxima , he llegado pero tu estabas profundamente dormido, asi que no se realizó la obra de dotar a tu hombre artificial de la chispa divina.
Hoy, el hombre artificial creada por el Masón Lorenzo Diaz aún camina entre nosotros. Habla en logias, gesticula en rituales, imita los signos y palabras sagradas. Parece un hermano más. Pero no lo es. Carece del don de la conciencia divina. Es un golem sin shem, un homúnculo poseído por la ausencia, un ser que muchos masones advertirían como patología espiritual: una "sectario " de uno, donde la simulación de luz oculta sometimiento y vacío. Camina, pero no va a ningún lado. Vive, pero no es un ser vivo.
Sin embargo, los antiguos susurran que aún hay esperanza. Otro Masón, más vigilante, podría atrapar la chispa cuando reaparezca —en un ritual perfecto, en una vigilia inquebrantable—. Debe estar atento, impecable, libre de negligencia. Sólo entonces el homúnculo se convertirá en Ser completo: el buen masón especulativo, el Templo vivo, el Iniciado cuya conciencia arda eternamente.
Pero en todas las logias masónicas siempre habrá un homúnculo sin alma , sin chispa, una piedra que se despedaza al primer cincelazo   por no ser franca un Masón incompleto esperando ser completo , cuando las velas se apagan, se oye un rumor: el homúnculo aún busca. Busca la chispa que le falta. Y en su búsqueda, devora almas descuidadas.
Que la Gran Vigilancia te guarde, Hermano. No duermas en la guardia de la Obra. La chispa podría llegar... y tú podrías fallar al solamente pestañear.
¡Despierta No Duermas Mäs!
 Alcoseri 
image.png
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages