¿Hiram Abiff y Jesús el Cristo serán ecos de un mismo misterio iniciático?

7 views
Skip to first unread message

Alcoseri Vicente

unread,
Mar 9, 2026, 6:29:08 PM (2 days ago) Mar 9
to secreto-...@googlegroups.com
¿Hiram Abiff y Jesús el Cristo serán ecos de un mismo misterio iniciático?

Existen vínculos profundos entre la francmasonería y el cristianismo , y Hiram junto a Jesús el Cristo son 2  columnas de una sabiduría que exige fe en Dios, el Gran Arquitecto del Universo —primer principio de nuestra regla masónica.
Ambos fueron iniciados: admitidos a una vida superior, una segundo nacimiento o regeneración. Iniciarse es morir para renacer. El ser humano combate la muerte, y de esa lucha surge el mito de la resurrección. Cada nuevo Maestro Masón revive en sí la resurrección de Hiram, accediendo al plano espiritual de la existencia.
En la leyenda de Hiram, el Cristo parece perfilarse como un anuncio velado. Aunque Hiram no es un Dios salvador que muere por la humanidad, encarna al justo que vence la corrupción y el olvido. Muere por guardar la palabra sagrada; no resucita literalmente, pero revive en cada Maestro iniciado, simbolizado por el cuerpo colocado entre escuadra y compás, pies al Este, descubierto por el ramo de acacia —símbolo de inmortalidad y del tercer grado.
Esta muerte iniciática —morir para renacer de las cenizas— evoca la resurrección de Cristo. Jesús se presenta como el Templo vivo; la Iglesia y los cristianos extienden esa simbología. La francmasonería también construye sobre el Templo de Salomón, con ecos cristianos evidentes.
Jesús es el puente supremo al Divino, accesible a todos los mortales. Renace tras entregar su mensaje de amor, que cada hombre debe encarnar. Hiram simboliza el conocimiento siempre renaciente, infinito, que impulsa al avance eterno.
Ambas obras quedan inconclusas: el Templo de Salomón y la misión de Jesús. Sus muertes violentas —asesinatos brutales— sellan eso que quedó inconcluso. Sabían que la humanidad los detendría, dejando a los iniciados la responsabilidad de continuar la obra, transmitir la palabra y edificar sin cesar.
En ambos late el sacrificio: Cristo ofrece su cuerpo y sangre en la comunión para salvar al mundo. Hiram se inmola consciente de lo sagrado, para que la tradición perdure. Jesús, divino, encarna la plenitud de vida-muerte-resurrección. Hiram, humano, muere y renace en el iniciado —mito de la reencarnación del alma maestra en el compañero.
Así, Hiram y Jesús nos llaman a la fidelidad, al amor fraterno y a la búsqueda incansable. Son faros en la oscuridad: el Maestro asesinado que renace en nosotros, y el Hijo que vence la muerte para que vivamos en luz eterna.
Más Similitudes entre Jesucristo y Hiram Abiff
La conexión entre Jesucristo y Hiram Abiff, el legendario Maestro Arquitecto del Templo de Salomón, va más allá de lo superficial, tejiendo un tapiz de simbolismos que resuenan en el corazón de la francmasonería. Estas figuras, separadas por siglos, encarnan arquetipos universales de fidelidad, traición y triunfo sobre la muerte, inspirando a generaciones a buscar la luz interior. Asi es estamos explorando las similitudes, enriquecidas por perspectivas masónicas y esotéricas que refuerzan su paralelismo profundo.
Ambos representan la muerte iniciática y la resurrección simbólica, un renacimiento espiritual que transforma al iniciado. Hiram muere por no revelar el secreto masónico, pero revive en cada Maestro que recrea su leyenda en el ritual del tercer grado; de igual modo, Jesús muere en la cruz y resucita, ofreciendo salvación eterna. Esta dualidad de muerte y vida eterna simboliza la lucha humana contra la corrupción, donde el sacrificio abre puertas a una existencia superior. En rituales masónicos, el drama de Hiram evoca el de Adán y Eva en la creación, paralelo a cómo Jesús se presenta como el nuevo Adán, restaurando la humanidad caída. Además, ambos son traicionados por cercanos: Hiram por tres compañeros ambiciosos, que lo atacan con herramientas simbólicas; Jesús por Judas, uno de sus doce apóstoles, en un acto de codicia. Esta traición subraya el peligro de la ignorancia y el egoísmo, temas centrales en la masonería, donde los "malos compañeros" representan vicios que el iniciado debe superar.
Otro lazo apasionante es el simbolismo del Templo como cuerpo y espíritu. Hiram construye el Templo físico de Salomón, pero su muerte lo convierte en emblema de un templo interior, eterno e inconcluso, que los masones continúan edificando. Jesús, por su parte, declara: "Destruyan este templo y en tres días lo levantaré", refiriéndose a su propio cuerpo resucitado. En interpretaciones masónicas, Jesús emula a Hiram como reconstructor, pero con "piedras humanas" —sus seguidores— en lugar de bloques materiales, fusionando lo material con lo divino.  Sus virtudes también convergen: Hiram encarna devoción a Dios, fiabilidad y carácter intachable, cualidades que el masón debe imitar para ascender espiritualmente; Jesús personifica amor, perdón y obediencia divina, invitando a una transformación similar. En contextos esotéricos, se sugiere que Jesús perteneció a una "francmasonería primitiva" eseniana, donde rituales de iniciación —como el bautismo y la meditación en el desierto— paralelan los grados masónicos, criticando la religión organizada en favor de una verdad interior.
Finalmente, ambos enfrentan una "búsqueda" simbólica: Hiram deambula por el Templo protegiendo su secreto, similar a cómo Adán (y por extensión Jesús) busca la redención; en rituales, esto se representa con gestos como el "apretón" masónico, evocando la mano extendida de la salvación divina. Estas similitudes no son coincidencias; reflejan cómo la masonería preserva ecos de antiguas verdades, fusionando judaísmo, egipcio y cristiano en un camino de iluminación.
La Teoría Masónica: Hiram como Cristo Disfrazado para una Masonería Más Laica
Dentro de corrientes esotéricas y masónicas, surge una teoría intrigante: la leyenda de Hiram Abiff no es solo un mito constructivo, sino una alegoría velada de Jesucristo, adaptada para hacer la masonería más universal y laica, accesible a creyentes de diversas tradiciones sin imponer dogmas cristianos explícitos. Esta interpretación sugiere que los fundadores de la masonería moderna, en el siglo XVIII, "disfrazaron" elementos cristianos en símbolos antiguos para promover la tolerancia religiosa, atrayendo a deístas, judíos y no cristianos, mientras preservaban el núcleo espiritual.
Según esta visión, Hiram representa a Cristo como "Mesías masónico": muere por tres traidores (alegoría de Judas, el Sanedrín y Pilato), guarda un secreto divino (el mensaje de salvación), y resucita simbólicamente en los iniciados, tal como Jesús revive en sus discípulos. La muerte de Hiram por tres asesinos sería una metáfora directa del crucifixión de Jesús, pero reescrita con herramientas masónicas para evitar controversias religiosas y enfatizar valores éticos universales como la lealtad y la búsqueda de conocimiento. Algunos masones afirman que Hiram es "nuestro Mesías masónico", encarnando virtudes crísticas sin la divinidad literal, permitiendo que la orden sea un puente entre fe y razón. Esta "máscara" laica habría surgido de raíces templarias y esenias, donde Jesús es visto como un "gran Arquitecto" —término masónico para Dios— que reconstruye el Templo espiritual, emulando a Hiram pero con un enfoque humanista.
En obras como La clave secreta de Hiram, se argumenta que el conocimiento de Hiram resurge a través de Jesucristo, fusionando tradiciones egipcias y judías en un ritual de resurrección que subyace a la masonería, adaptado para eras laicas. Esta teoría no es dogma oficial —la masonería enfatiza el simbolismo personal—, pero ilumina cómo Hiram permite explorar temas crísticos sin exclusividad religiosa, fomentando una hermandad global en pos de la luz eterna.
Estos paralelismos y teorías invitan a una reflexión profunda: Hiram y Jesús no son idénticos, pero sus ecos nos llaman a edificar un mundo de fidelidad y renovación, donde el sacrificio ilumina el camino.
Alcoseri 

image.png
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages