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Las Danzas Sagradas Las danzas sagradas , tal cuales, no están incluidas dentro del repertorio masónico (aunque algunos piensan que sí), y es uno de esos elementos faltantes en nuestra masonería, ya que la mayoría de las sociedades iniciáticas las incluyen , aún así , al menos en mi oriente hay masones que hemos practicado danzas sagradas en alguna etapa de nuestra vida. Debo admitir que siempre fui un mal ejecutante de estas danzas y gimnasia sagrada ya dentro del sufismo y del sistema cuarto camino; y que aún que era y soy un pésimo danzante, y es que la verdad son bastante complejas de ejecutar , pero a pesar de todo , si capté bien esa poderosa esencia emanada de las danzas sagradas y las grandes posibilidades que a partir de ellas se logran obtener . A todo esto seguiría la pregunta ¿Son las Marchas Masónicas una Danza Sagrada? Esta pregunta la responderé al final. Como bien señalaba Jenofonte, la danza no es un tema simple ni accesible para cualquiera. Ella penetra en las regiones más elevadas del saber: abarca la ciencia rítmica, la geometría y, sobre todo, la filosofía, tanto física como moral, pues es capaz de traducir los caracteres y las pasiones humanas. Tampoco es ajena a la pintura y las artes plásticas; mientras que otras disciplinas interesan a veces sólo al cuerpo o sólo a la inteligencia, la danza abarca ambos mundos: afina el espíritu, ejercita los miembros, instruye y cautiva a la vez los ojos, los oídos y el alma. Esta complejidad que evocaba el filósofo griego se revela como una realidad vibrante al estudiarla en profundidad. Su riqueza reside en su multiplicidad: ha atravesado milenios, diversas etnias y civilizaciones, desplegándose por toda la geografía mundial. Esta inmensidad la convierte en una de las obras más grandes y completas de la humanidad, digna de profunda reflexión y estudio. La mitología nos recuerda que Terpsícore encabezaba el coro de las Musas. Esta visión poética sugiere, quizá, el reconocimiento de la danza como una de las formas de expresión más antiguas, universal y, por qué no, superior a las demás. Esta idea es confirmada por etnólogos, arqueólogos e historiadores, quienes coinciden en que sus orígenes se pierden en los albores de la existencia humana. "Con la creación del Universo nació la danza, símbolo de la unión de los elementos", decía el poeta Luciano. "El giro de las estrellas, el orden de los planetas y la armonía de todo cuanto existe reflejan esa danza primigenia". Sus huellas están presentes desde la prehistoria, y aunque no es nuestro propósito detallar cada vestigio, basta decir que ha sido una compañera eterna del hombre. El origen: Del gesto instintivo al movimiento consciente El ser humano siempre buscó conciliar la realidad tangible con las fuerzas misteriosas que intuía más allá de sí mismo. Pronto comprendió que estaba sujeto a poderes superiores: el sol, el fuego, el agua, el trueno... Todos ellos ejercían una acción irresistible. De ahí nacieron los primeros gestos vitales e instintivos. El gesto es un lenguaje silencioso grabado en el espacio, pero ¿dónde termina el simple movimiento y dónde comienza la danza? Considero que la danza nace del impulso natural y racional de expresar sentimientos, pero se define verdaderamente cuando el gesto se ordena y estructura. Es, en esencia, una manifestación de la voluntad que requiere participación del espíritu. Como dijo el filósofo: "Un movimiento del cuerpo es siempre consecuencia de un movimiento del alma". Es la mente quien gobierna la materia. Platón lo expresó de forma similar: "El movimiento es la esencia y la idea misma del Alma". La danza es, por tanto, la expresión ordenada de un estado afectivo, uniendo sonido, ritmo y movimiento. En sus inicios, el propio cuerpo era el instrumento: pies golpeando el suelo, palmas, chasquidos. Todo era motivo para danzar: alegría, dolor, amor, miedo, nacimiento o muerte. El movimiento permitía al hombre profundizar en su experiencia vital. Antes de convertirse en un rito religioso formal, la danza era una liberación de energía, un camino hacia el éxtasis y la forma natural de sintonizar con las fuerzas del Cosmos. Poco a poco, bajo la influencia de cultos y tradiciones, se transformó en un sistema de pasos y actitudes fijas. Sin embargo, cualquiera sea su forma, su fin último siempre ha sido acercarse a lo divino. Como acto de entrega, la danza es un abandono total de sí mismo. El cuerpo se convierte en el instrumento por donde fluye la potencia trascendente, un canal directo entre lo terrenal y lo celestial. Pienso que cuando bailamos, literalmente "nos salimos" de nosotros mismos para habitar un espacio más grande. Es el único momento en que el cuerpo físico se vuelve ligero y el espíritu se vuelve tangible. Es el puente perfecto entre lo que somos y lo que podemos llegar a ser. La Perspectiva del Cuarto Camino: Georges Ivanovich Gurdjieff dedicó su vida a recopilar estos conocimientos antiguos, entendiendo que el movimiento rítmico no es sólo expresión, sino un método para despertar la conciencia. En su sistema, conocido como el Cuarto Camino, introdujo las famosas "Danzas Sagradas" y Movimientos en acto consciente, todo determinado mediante e Eneagrama o estrella de 9 puntas . La idea del Cuarto Camino sería estar presentes conscientemente en cada movimiento, ya sea danza , movimiento o cualquier cosa que hagamos en nuestra vida diaria . A diferencia del baile artístico, estas danzas tienen un propósito específico: obligar al hombre a estar plenamente presente. Gurdjieff enseñaba que el ser humano ordinario vive en estado de sueño mecánico; al tener que coordinar una postura corporal precisa, una respiración determinada y un ritmo musical complejo al mismo tiempo, la mente no puede divagar y se ve forzada a despertar en el "aquí y ahora". La música que acompañaba estos movimientos fue creada en estrecha colaboración con Thomas de Hartmann. No era música para ser escuchada pasivamente, sino una arquitectura sonora que servía de vehículo para las fuerzas sutiles. Las composiciones fusionaban escalas orientales y estructuras occidentales, creando una atmósfera que conectaba directamente con las emociones superiores y con las tradiciones esotéricas de las que Gurdjieff bebía: sufismo, derviches y monasterios cristianos antiguos. Los Derviches y el Sufismo... Profundidad Esotérica: Ouspensky y Bennett Para comprender por qué estos movimientos tienen tal poder, podemos recurrir a las enseñanzas de P.D. Ouspensky, discípulo y exponente principal de Gurdjieff. Él explicaba que cada postura y cada paso corresponde a una ley del universo. No son movimientos inventados, sino movimientos legales, que existen desde la creación y que el hombre redescubre. Al realizarlos correctamente, el hombre deja de ser una máquina y se convierte en un canal consciente de esas leyes cósmicas. Por su parte, J.G. Bennett, otro gran continuador de la obra, profundizó en la idea de que la danza sagrada es una forma de "estudio de la voluntad". Bennett señalaba que el cuerpo tiene su propia inteligencia y que, mediante la repetición y la precisión rítmica, se puede armonizar el funcionamiento de los centros humanos (intelectual, emocional y motor), logrando una unidad interna que es la verdadera definición de "Iniciación". ¿Por qué en Masonería no hay danzas? Al analizar todas estas tradiciones donde el movimiento es esencial, surge una pregunta inevitable: ¿Por qué en la Masonería, siendo una Orden iniciática de alto valor simbólico, no existen danzas rituales? La respuesta radica en la diferencia de método y de enfoque. El Camino de la Mente y el Corazón: Mientras que tradiciones como el Yoga, el Sufismo o el Cuarto Camino trabajan intensamente sobre el cuerpo y el movimiento (Caminos del Hombre, de la Mujer y del Mago), la Masonería se define fundamentalmente como un Camino de la Mente y del Corazón. Su herramienta principal no es el ritmo físico, sino el pensamiento abstracto, el símbolo, la palabra y la geometría estática. La Estabilidad del Templo: La Masonería busca la "construcción" del edificio interno. El símbolo masónico por excelencia es la clave de bóveda, la Columna, la Piedra. Representan lo firme, lo vertical y lo inamovible. El movimiento constante o la danza implican fluidez y transformación momentánea, mientras que el ritual masónico busca la estabilidad, la quietud reverente y la concentración mental. Se trabaja más desde la "raíz" y la conexión a tierra que desde la expansión dinámica. Control sobre la Máquina: Siguiendo la terminología esotérica, si la danza busca usar el cuerpo para mover el espíritu, la Masonería busca primero frenar la maquinaria corporal para que pueda hablar el espíritu interior. La rigidez de los movimientos rituales (los paseos reglamentados, los giros precisos , la circunvalación del Templo, las posturas fijas) no son danza, pero sí son ritmo y geometría congelada. Existe una coreografía masónica, pero es contenida, solemne y funcional, nunca expresiva o extática. La Ley del Silencio y el Equilibrio: La danza a menudo busca el éxtasis, la salida de sí mismo. La Masonería busca la meditación activa, la presencia interior y el equilibrio. Como dicen los textos, el Masón debe ser como un péndulo que se mueve con medida, pero cuyo centro permanece inmóvil. No es que la Masonería rechace la danza, es que la ha interiorizado. El verdadero Masón aprende a danzar con su mente y su corazón dentro del silencio del Templo, mientras su cuerpo permanece erecto y digno, como una columna viviente que sostiene el universo de su propia conciencia. El simbolismo del cuerpo humano Paul Valéry decía que la danza es algo serio y, en muchos aspectos, venerable. Toda civilización que comprendió el misterio del cuerpo humano cultivó y veneró este arte. No podemos hablar de movimiento sin profundizar en el símbolo de quien lo ejecuta: el hombre, esa dualidad perfecta entre materia y espíritu. Leonardo da Vinci comparaba el cuerpo humano con un mundo en sí mismo, construido rítmicamente, donde todo movimiento obedece a leyes internas. Por su parte, Lamartine hablaba de la danza como pura armonía. Existe un número, una medida interna que estructura el universo y que, por ende, estructura el baile. Por ello, los grandes iniciados, como Pitágoras, estudiaron los números para descifrar los secretos del mundo. Anatómicamente, podemos ver al cuerpo como una cruz estática: el eje vertical por donde asciende y desciende la energía, y el eje horizontal que representa las fuerzas creadoras. En su intersección reside el centro, el "corazón". Al moverse, esta cruz se convierte en una rueda dinámica, simbolizando la capacidad del hombre de orientarse y actuar en el espacio. Es fascinante notar cómo, a través de milenios, los movimientos fundamentales se repiten. Podemos encontrar una postura en una pintura egipcia de hace 4,000 años y verla reflejada sorprendentemente en un cuadro moderno. Aunque el significado haya cambiado (de un rito sagrado a una expresión profana), el lenguaje del cuerpo permanece intacto. Los primeros movimientos: La Ronda y el Giro Una de las mayores diferencias entre el hombre y el animal es su verticalidad. Sus primeros impulsos fueron el desplazarse, saltar y girar. La marcha y la ronda están presentes en todas las culturas. Hace 8,000 años, ya se grababa en cuevas la imagen de personas bailando en círculo, imitando el movimiento del sol y la luna. Era una danza cósmica. Milenios después, los sacerdotes egipcios danzaban alrededor del altar simulando el ciclo del zodíaco. Esta danza astronómica, parte de los misterios de Isis, enseñaba las leyes del tiempo y la naturaleza. Lo encontramos también en los druidas, en las procesiones fúnebres o en los caminos laberínticos de las catedrales, donde caminar con intención ya es una forma de danza sagrada. La Giración: El vórtice del éxtasis Si la ronda nos conecta con el cielo, el giro sobre uno mismo nos lleva al éxtasis. San Ambrosio escribía: "Así como el danzarín pierde la noción del mundo al girar y entra en la ronda sagrada, así el creyente se abandona para entrar en la armonía universal de la creación". En pinturas prehistóricas ya vemos figuras girando sobre sí mismas. El efecto es conocido: vértigo, pérdida del "yo", trance. Y es una constante universal: chamanes, derviches sufíes, curanderos y sacerdotes de todo el mundo utilizan el giro para alcanzar estados alterados de conciencia. El Chamanismo Para el chamán, el giro no es un juego, es una técnica arcaica. Al girar alrededor de un centro, se identifica con el cosmos y reproduce el movimiento de los astros. Es la forma de viajar entre mundos para sanar o comunicarse con los espíritus. En el mundo chamánico de Castaneda, si, si hay movimiento, pero no son danzas folclóricas. En los libros de Castaneda, Don Juan habla de la danza final del guerrero, un baile personal de poder frente a la muerte. Y después, Castañeda creó los pases mágicos — movimientos corporales para manejar energía, que parecen una mezcla de tai chi y danza chamánica. Eso es lo que más se parece a "danzas" en ese mundo. Los Derviches y el Sufismo En la tradición islámica, el derviche gira como símbolo de adhesión a Dios. Su movimiento circular representa el camino del alma hacia la verdad, abandonando lo terrenal para acercarse a lo divino. Cada giro es una oración en movimiento. Las Danza Sagradas de Oriente En Oriente, la danza siempre ha tenido un carácter profundamente espiritual, inseparable de la religión. A diferencia de Occidente, donde el movimiento suele ser expansivo y hacia afuera, en Asia la danza es concéntrica, introspectiva y estática en su apariencia. Mientras que en occidente bailamos principalmente con las piernas y pies, en oriente el pie permanece firme en la tierra, y son los brazos, manos, cuello y rostro quienes cobran vida. Es un lenguaje codificado, minucioso y lleno de simbolismo. Camboya y Tailandia Al ver el Ballet Real Camboyano, uno queda impresionado por su lentitud y solemnidad, como estatuas animadas de los templos de Angkor. Cada gesto, cada flexión de dedos o inclinación de cabeza tiene un significado oculto. Las bailarinas se someten a un entrenamiento riguroso que no sólo busca flexibilidad, sino la capacidad de trascender los gestos humanos para imitar a los seres divinos. Es una verdadera iniciación. La India En la India, la danza es oración. Desde el Bharata Natyam hasta la figura de Shiva Nataraja, el Señor de la Danza, todo movimiento sugiere que lo visible es sólo el símbolo de lo invisible. Rodin declaró que la imagen de Shiva bailando era la más alta concepción del cuerpo en movimiento. Shiva danza en el centro del mundo (el corazón humano) para crear y destruir el universo, liberando a las almas de la ilusión. Para el hinduismo, "el cuerpo que danza es visitado por Dios". Raíces Occidentales: Hebreos, Griegos y Cristianos Los Hebreos Aunque la ley prohibía las imágenes, la Biblia está llena de referencias a la danza: Moisés bailando tras cruzar el Mar Rojo, o el Rey David danzando casi desnudo frente al Arca de la Alianza con fervor absoluto. Grecia Los griegos llamaban a la danza Nomos, que significa "Ley". Para ellos era un Arte Divino, parte esencial de la educación. Consideraban que la danza modelaba el carácter y reflejaba el orden del universo. Filósofos como Sócrates, Platón y el propio Jenofonte escribieron extensamente sobre ella. La Liturgia Cristiana Muchos gestos litúrgicos actuales tienen su origen en danzas y ritos antiguos. Aunque en épocas posteriores la Iglesia prohibió el baile dentro de los templos, durante siglos las procesiones, postraciones y movimientos ceremoniales eran auténticas coreografías sagradas. Sobreviven tradiciones como las danzas de fuego, las procesiones de Semana Santa en España o la famosa procesión de Echternach, donde el movimiento rítmico sirve de plegaria. De la Edad Media a la Danza Clásica En la Edad Media, la danza no desapareció, sino que se transformó. Los juglares y gremios guardaban secretos simbólicos en sus movimientos, transmitidos de maestro a aprendiz, muy similar a los ritos iniciáticos. Con el Renacimiento y el periodo Barroco, la danza se estructuró. En 1581 se creó el primer ballet moderno, definido como una "combinación geométrica" donde los bailarines formaban figuras en el espacio: círculos, cuadrados y triángulos que representaban el orden perfecto. Finalmente, en el siglo XVII, bajo Luis XIV, nace la Danza Clásica. Se codifican las cinco posiciones fundamentales. Noverre y otros maestros definieron un sistema basado en la elegancia y la elevación. El objetivo ya no es sólo moverse, sino elevarse. La danza clásica busca la abstracción perfecta, la "arquitectura animada", como dirían los expertos. Goethe advirtió: "Nadie debería atreverse a bailar sin haber aprendido las reglas", pues la técnica es el puente para alcanzar la verdadera libertad artística y espiritual. Tras este recorrido, podemos definir la danza como el "Arte de los Gestos" por excelencia. Jean-Clarence Lambert la describe bellamente: "Es la incorporación de la voluntad de participar activamente en la Vida del Universo y la nostalgia de superar la condición humana en una metamorfosis gloriosa." Una anécdota para recordar Cuentan que un discípulo preguntó a su maestro: "Maestro, ¿cuál es la diferencia entre caminar y bailar?". El maestro sonrió y respondió: "Cuando caminas, tus pies tocan la tierra para llevarte de un lugar a otro. Pero cuando bailas, tus pies tocan la tierra para que el alma pueda volar". La danza es mucho más que entretenimiento o deporte. Es el lenguaje del alma. Nos permite comunicar lo que las palabras no pueden, conectarnos con lo sagrado y recordar que, en el fondo, todos somos parte de un mismo movimiento universal. Es medio de comunión entre los hombres. Es espíritu hecho carne. Es expresión eterna de la vida. Te propongo ver tu propia vida masónica y profana como una danza. A veces somos la ronda que une, a veces el giro que nos hace perder el miedo, y a veces la pose serena que nos da equilibrio. Lo importante no es ser perfectos, sino mantener el ritmo y nunca dejar de moverse hacia la luz. ¿Son las Marchas Masónicas una Danza Sagrada? A Esta pregunta se puede dar una respuesta subjetiva , ya que dependería de como la interprete cada masón lo relativo a las marchas. En masonería, las marchas son pasos rituales que das dentro de la logia, desde la puerta de entrada, pasando por las columnas hasta llegar al ara sagrada. Aprendiz: pasos iguales, y movimientos de brazos Compañero: esos mismos pasos , más otros adicionales, cambio de movimiento de manos Maestro: esos pasos anteriores y sigue la curva del compás, ya no escuadras, adicionales a movimientos de brazos y manos Cada marcha marca tu grado y tu avance simbólico. Son lentas, solemnes, llenas de significado.
¿Que estas marchas podrían interpretarse como una danza sagrada masónica?
Sí, claro que se pueden interpretar como una danza masónica. Las marchas no son solo caminar: son movimientos rituales, coordinados con el ritmo de la logia, con pausas, giros y posturas que siguen un patrón exacto. Muchos hermanos antiguos las llamaban “danza simbólica” o “danza del templo”. Tienen un flujo, una cadencia y un propósito sagrado, igual que una danza. En algunos ritos antiguos incluso se hacían con música. Así que sí, desde el punto de vista simbólico y ceremonial, las marchas masónicas son una forma de danza ritual. Alcoseri