La Masonería y la Búsqueda de un Estado de Lucidez

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Alcoseri Vicente

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Mar 8, 2026, 4:38:49 PM (3 days ago) Mar 8
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 La Masonería y la Búsqueda de un Estado de Lucidez
En el sagrado taller de la logia, donde cada tenida es un esfuerzo renovado por pulir la piedra bruta y elevar el Templo Interior hacia el Gran Arquitecto del Universo, el trabajo masónico de adquirir un estado de lucidez y estado de alerta  se asemeja a un ciclo eterno de recomienzo. Cada día exige un nuevo impulso para no recaer en la somnolencia psicológica, esa ausencia de sí mismo que nos mantiene dormidos en el mundo profano.
Todo esfuerzo consciente fortalece el “músculo mental”: aumenta la energía, afianza la voluntad y eleva el nivel de presencia. Como el aprendiz que repite una y otra vez la misma lección en el aula iniciática, el masón debe volver a empezar diariamente, enfrentando distracciones cada vez más sutiles y complejas. Sin embargo, los resultados son inexorables: la lucidez se expande, la conciencia se afianza.
Gurdjieff y Ouspensky, cuya Cuarta Vía resuena profundamente con la masonería especulativa, nos recuerdan que el hombre común vive en una “prisión mecánica”: dormido entre sus “yo” fragmentados, repitiendo roles automáticos sin dueño real. El condicionamiento social —religioso, político, educativo— actúa como un opio sutil que nos vuelve crédulos, fanáticos y supersticiosos. Nacemos limpios, pero nos enfermamos por imitación, por el deseo de complacer a los demás y por una educación que, en su sentido amplio, se convierte en enemiga de la verdadera libertad interior. Aunque los vestigios infantiles se diluyan, las reacciones siguen siendo las de un niño caprichoso de cuatro o cinco años.
Louis Pauwels y Jacques Bergier, en su exploración del “realismo fantástico” y los orígenes ocultos de la civilización, nos invitan a ver más allá: el condicionamiento no es sólo social, sino cósmico. La humanidad ha sido “domesticada” por fuerzas invisibles que nos mantienen en un estado de inconsciencia colectiva, donde la lucidez es el acto más revolucionario posible. En la logia, este despertar no es abstracción: es el sacrificio consciente de la mecanicidad para recuperar la luz interior.
Aquí radica el verdadero significado masónico del sacrificio, ejemplificado en la leyenda del Maestro Hiram Abiff. No se trata de un asesinato histórico ni de un ritual sangriento primitivo, sino de una alegoría profunda: la conciencia luminosa del hombre es “asesinada” por el mundo profano, la luz es apagada por lo mundano. Sin embargo, mediante el esfuerzo sostenido de mantenerse alerta y presente —al ejercitar la presencia en Logia—, el masón puede resucitar esa conciencia. Hiram no muere para siempre: su “resurrección” simbólica es la victoria del iniciado sobre la mecanicidad.
En los tiempos antiguos, los sacerdotes malinterpretaron esta enseñanza y la convirtieron en sacrificios literales —humanos o animales— para “alimentar a los dioses” o compensar desequilibrios cósmicos. Los aztecas, hindúes, semitas y griegos multiplicaron las víctimas; incluso en el Mahabharata se habla de dioses nutridos por ofrendas. Pero el verdadero sacrificio masónico es interno: renunciar al sueño mecánico, al fanatismo, a la complacencia con el sufrimiento automático.
En el cristianismo degenerado, el sacrificio se pervirtió: en lugar de cultivar alerta y presencia, se convirtió en renuncia masoquista a todo lo placentero. Los puritanos prohibieron baile, canto, teatro, caza y sexo porque “si es placentero, debe ser malo”. Así, todos hemos sido fanáticos en algún grado: sacrificamos todo menos nuestro sufrimiento mecánico. El masón verdadero invierte esto: sacrifica el fanatismo, la identificación ciega y la ausencia de sí para recuperar la libertad interior.
Los deberes básicos —ser buen padre, madre, esposo, esposa, hermano, hijo, ciudadano— se cumplen con lucidez y presencia, no con automatismo. Cuando fallan, surge desequilibrio social. La masonería nos enseña que el sacrificio auténtico no es renuncia externa, sino renuncia interna: soltar los “yo” mecánicos para que el Ser despierto emerja.
En nuestra era de aceleración y distracción constante, la lucidez masónica es un acto de resistencia heroica. No se trata de aislarse del mundo, sino de habitarlo con plena conciencia, como Hiram que construye el Templo mientras permanece vigilante. Cada esfuerzo diario —recordarse a sí mismo en medio del ruido profano— es un martillazo sobre la piedra bruta. El resultado: un nivel de ser más alto, una voluntad fortalecida y una luz que ya no puede ser apagada por lo mundano.

El tema del "estado de alerta" es uno de los más potentes y centrales en El Retorno de los Brujos (Le Matin des Magiciens, 1960), de Louis Pauwels y Jacques Bergier. Aparece en la tercera parte del libro, dedicada a "El hombre, este infinito", específicamente en el capítulo titulado "Noción del estado de alerta" (o "Redescubrimiento del espíritu" en algunas ediciones), que forma parte de una sección sobre el potencial humano oculto, la mutación interior y la superconciencia.
La frase del libro —"el estado de Alerta. Sigo pensando que no hay búsqueda más importante"— resume perfectamente la visión de los autores (y especialmente de Pauwels, que era muy influido por corrientes como Gurdjieff). Ellos afirman que la mayoría de la humanidad vive en un estado de "sueño" o semi-sueño permanente: mecánico, automático, dormido en la rutina, las emociones reactivas y la identificación con el ego. El estado de alerta sería lo opuesto: un despertar radical de la conciencia, una vigilia total, un nivel superior de percepción, atención y presencia donde el ser humano accede a facultades latentes (intuición amplificada, memoria total, coordinación mental extraordinaria, incluso fenómenos que la tradición esotérica asocia a "poderes").
¿Qué significa exactamente este "estado de alerta" según el libro?
No es sólo estar "despierto" en el sentido ordinario (no dormir), sino un estado de consciencia expandida y sostenida, diferente tanto del sueño como de la vigilia cotidiana.
Los autores lo conectan con ideas científicas de la época (psicología de las alturas, opuesta al psicoanálisis de las profundidades) y con tradiciones antiguas: sufíes, yoguis, taoístas, rosacruces, alquimistas y sobre todo G. I. Gurdjieff, de quien toman mucho.
Dicen que en la vida normal sólo usamos una fracción mínima del cerebro y de nuestras capacidades (¡ni la décima parte!). El estado de alerta permitiría activar mucho más: atención decuplicada, penetración intuitiva, memoria eidética, etc.
Tradiciones atribuyen a este estado poderes como inmortalidad simbólica (o real en algunos casos), levitación, clarividencia, control sobre el cuerpo y la materia, pero los autores lo plantean con un tono más "realista fantástico": no magia sobrenatural, sino evolución biológica y psicológica posible, una mutación hacia el "hombre despierto" o "hombre superior".
¿Por qué es "la búsqueda más importante"?
Porque, según Pauwels y Bergier, sin ese despertar interior:
El progreso técnico y científico exterior (bombas atómicas, cohetes, etc.) es peligroso en manos de "hombres dormidos".
La humanidad corre el riesgo de autodestruirse o estancarse.
Sólo el estado de alerta permite al individuo (y eventualmente a la especie) manejar responsablemente el poder inmenso que está surgiendo.
Es una llamada urgente al trabajo interior: autoobservación constante, romper la mecanicidad, recordar el Ser (recordarse a sí mismo, como dice Gurdjieff), vivir en presencia plena sin identificarse con pensamientos automáticos o emociones reactivas.
Influencias y ecos que se ven en el capítulo
Gurdjieff → El "recuerdo de sí" y el estado de vigilia activa.
Tradiciones esotéricas → Rosacruces como seres en "estado superior", alquimistas que transmutan no sólo metales sino a sí mismos.
Ciencia de los 50-60 → Estudios sobre estados alterados de conciencia, potencial cerebral no usado (el mito del 10% del cerebro estaba muy presente entonces).
Mutantes o "mutandos" → Personas que ya han dado pasos hacia ese estado (genios, sabios, etc.).
En el Libro el Retorno de los Brujos es donde hay anécdotas, paradojas e hipótesis sobre el "hombre despierto". Muchos lectores lo consideran el corazón filosófico del libro, más allá de los temas más "fantásticos" como nazis ocultistas o civilizaciones perdidas.
Fraternalmente, que este trabajo de lucidez y la búsqueda de estar despierto y alerta te siga iluminando tu camino en la logia y más allá.
Alcoseri
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