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El Masón que se convirtió en dueño de su Tiempo Desde que el mundo es mundo, la humanidad ha sentido la necesidad de codificar y ordenar en rituales los aspectos de la vida cotidiana, religiosa y espiritual, pero sobre todo convertirse en dueño de su destino y de su tiempo. De ese impulso nació la función del ritual: asegurar que las mismas verdades sean comprendidas por todos, permitiendo vivir en una sociedad organizada y armónica. La masonería no escapa a esta necesidad unificadora. En muchas logias existen los “ratones de biblioteca”, hermanos incansables que buscan en archivos y manuscritos antiguos. En la logia que nos ocupa había uno de ellos, pero con una obsesión particular: los primeros rituales masónicos. Se negaba a aceptar que estos hubieran surgido sólo de la imaginación humana. Recorrió ciudades europeas visitando todo lugar que pudiera guardar documentos antiguos: archivos departamentales, sabiendo que las huellas masónicas visibles que comenzaban en el siglo XlI; ya que la primera Catedral Gótica es la Basílica de Saint- Denis que se comenzó a construir en 1135, ahí se usaron por primera vez los elementos que definen el Arte Gótico que usaron luego todos los albañiles medievales, también las del obispado de Coutances. Intrigó a un hermano conservador del Mont Saint-Michel para acceder a las archives prohibidas al público de la Merveille. Pasó noches enteras a solas entre pergaminos del pasado. No encontró lo que buscaba, pero ese esfuerzo le permitió dominar mejor el latín y el viejo francés. Finalmente llegó al museo de pergaminos y miniaturas pictográficas de Avranches. Ante la inmensa cantidad de documentos, se preguntó por dónde empezar. El azar —o la Providencia— intervino: las campanas de la iglesia vecina dieron las once. Decidió comenzar por los archivos del siglo XI. Durante semanas viajó a través de la belleza, la gracia y la minuciosidad de los monjes copistas. Rendía homenaje a aquellos hombres por la calidad de su trabajo. A pesar del brillo de las miniaturas pictográficas , no hallaba rastro de rituales de los albañiles constructores medievales, nada que satisficiera la curiosidad del masón especulativo. Los días y semanas transcurrían sin resultado. El buscaba afanosamente los orígenes de la Masonería , a partir de los gremios de albañiles constructores de Catedrales , pero, como cualquier ser humano, se comenzó a desesperar. Ya acudía a la biblioteca más por hábito que por la pasión inicial. “No hace falta esperar para emprender”, dice el refrán. Y fue precisamente la Providencia del Gran Arquitecto del Universo la que lo volvió a poner en marcha. En la sala de lectura, su mirada recorrió los estantes y notó que nunca había explorado la fila superior. Subió por la escalera con cuidado y comenzó su búsqueda, manejando los manuscritos con delicadeza. Su atención se detuvo en una hermosa miniatura que representaba a un monje, una clepsidra también conocida como "reloj de agua", una escalera, el sol y las estrellas. Debajo, el título: Le Maistre du Temps, seguido de un texto donde cada línea comenzaba con una letra inicial iluminada. Siguiendo el ejemplo de los copistas medievales, nuestro hermano transcribió el texto lo más fielmente posible. Estaba en latín. Regresó a casa para aislarse y descifrarlo. Tras días y noches de trabajo intenso, ayudado con el traductor de Google , así, captó el sentido general del pergamino. He aquí una parte del texto: El Maestro del Tiempo Para dominar el tiempo que pasa, he aquí algunas recomendaciones: No lamentes los malos recuerdos. Olvida los buenos momentos de tu vida. No eres joven ni viejo. Olvida el día, olvida la noche; ante la fuga del tiempo, permanece inmóvil. Vive tu jornada como si fuera la única de tu existencia. El sol se pone, la luna sale: haz como ellos. Seguía un ritual para dominar el tiempo que pasa: ¡Todos los días honra a tu Creador! ¡Todos los días medita sobre tu vida! ¡Todos los días haz el Bien! Luego venía una serie de ejercicios espirituales imposibles de transcribir aquí, cuyo fin era convertirse en Maestro del Tiempo. Durante meses, nuestro masón se aplicó con devoción a poner en práctica este antiguo ritual. Al principio no notaba ningún efecto, aunque su corazón estaba plenamente entregado. Una madrugada, al primer canto del gallo, en la casa de nuestro hermano masón , todos los relojes —mecánicos y digitales— se detuvieron exactamente a las 4:30 AM. No se oía ningún tictac, ninguna alarma intempestiva. Sólo silencio. Fue precisamente ese silencio lo que lo despertó: la ausencia de los ruidos familiares y del bullicio cotidiano, pasaba el tiempo y volteaba a ver el reloj y las manecillas del reloj marcaban justo 4:30 AM, lo primero que pensó era que se encontraba dentro de un sueño lúcido, si esos donde volteas a ver el reloj y marca la misma hora siempre que volteas a ver al reloj aunque sientas objetivamente que pasa mucho tiempo. Nuestro Hermano masón , fue a donde estaba el ultimo manuscrito por estudiar , pero no podía leerlo , había perdido la capacidad de poder leer, quiso escribir y no podía ni leer , ni escribir , pero por alguna razón entendía lo que el manuscrito transmitía. Con todo esto se había convertido en Maestro de su tiempo. Él, que durante años había trabajado en logia de mediodía a medianoche, ahora se encontraba en la inmovilidad más completa: ni pasado, ni futuro, sólo el Presente sin comienzo ni fin. Esto le otorgaba una tranquilidad de espíritu inefable, imposible de comunicar al común de los mortales. Podía ver cómo el mundo exterior se agitaba a su alrededor, pero él ya no estaba concernido. Por un instante creyó haber pasado al Oriente Eterno, viviendo entre dos mundos. ¡No! Seguía vivo en el sentido habitual: no tenía hambre, ni sed, ni sueño, ni deseos que satisfacer. El viejo hombre se había transformado en el Hombre Verdadero. Como toda criatura, nuestro hermano abandonó esta Tierra para unirse, por la eternidad, a la Logia de Arriba si la Logia del Eterno Oriente, pero aún estaba con vida y en perfecta salud. Comprendió ahí, que el origen de las 3 liturgias masónicas originales era evidentemente una interpretación Ritualística de los sueños lúcidos; eran como bucles repetitivos , te sentías como niño, el tiempo era muy distinto al tiempo del mundo profano. Los rituales masónicos son una interpretación simbólica de qué sucede en los sueños lúcidos. La historia de que los rituales o textos fueron “recibidos” en un sueño lúcido, donde el tiempo se distorsiona, no puedes leer ni escribir correctamente y sientes o te percibes en esos sueños que tienes 3 años o un poco más, ya que tiendes a realizar juegos infantiles , todo es una forma metafórica de decir que el conocimiento no vino de la razón despierta, sino de una experiencia interior profunda, casi como una revelación. En ese estado, el cerebro funciona de manera diferente: el tiempo se siente elástico, los textos se mueven y el lenguaje se vuelve simbólico. Por eso muchos masones antiguos usaban la imagen del “sueño” para explicar de dónde vino la inspiración de ciertos rituales. En esos sueños lúcidos, cuando se tiene práctica, se pueden modificar los sueños y soñar lo que uno quiera , eso es equivalente al poder , que se pretende en estado de vigilia, algo que en masonería se pretendería ese poder controlar el entorno y al mismo tiempo a sí mismo. En el primer grado, el de Aprendiz, la ceremonia está llena de símbolos que hablan de un despertar, de pasar de la oscuridad a la luz, y de recibir conocimiento de forma misteriosa. La tradición masónica usa la idea de que ciertos conocimientos o rituales fueron "recibidos" en un estado de conciencia alterada, como un sueño lúcido, donde el tiempo se siente diferente y la razón normal no funciona igual. No es que alguien literalmente se durmió y escribió el ritual en un sueño, sino que es una manera simbólica de decir que ese conocimiento viene de una parte profunda de la mente, no de la lógica cotidiana. Es una forma poética y muy masónica de explicar el origen de los símbolos. Este relato recuerda que el verdadero dominio del tiempo no consiste en controlarlo desde fuera, sino en trascenderlo desde dentro. Se explicaba en Logias que el tiempo profano es ilusorio y lineal, mientras que el tiempo sagrado es cíclico y se resuelve en el “presente eterno” (nunc stans), punto fijo donde coinciden todos los instantes. El ritual del “Maistre du Temps” apunta precisamente a esa realización: vivir cada día como el único, en una atención plena que disuelve el apego al pasado y la ansiedad por el futuro. P.D. Ouspensky y Gurdjieff, en su Cuarto Camino, insistían en el “recuerdo de sí”: la práctica constante de estar presente, consciente de uno mismo en el momento actual, aun estuviéramos dormidos por la noche. Sin ese esfuerzo, el ser humano vive “dormido”, arrastrado por el tiempo mecánico. El pergamino enseña algo similar: permanecer inmóvil ante la fuga del tiempo para acceder a un estado superior de conciencia. Nuestro masón de esta historia, al detener los relojes de su vida cotidiana, alcanzó ese estado donde el tiempo deja de ser tirano y se convierte en aliado. En las tradiciones orientales (budismo zen, sufismo) y en la hermética, el “Maestro del Tiempo” es aquel que vive en el eterno presente. Eckhart Tolle, en línea con estas ideas, enseña que el dolor surge cuando la mente habita el pasado o el futuro; la liberación llega al habitar plenamente el ahora. La masonería, en su esencia más pura, siempre ha sido un camino para conquistar el tiempo. No se trata de rituales externos ni de grados, sino de transformar el ser para que cada instante se vuelva sagrado. El hermano masón de esta historia descubrió que la verdadera iniciación no está en los archivos polvorientos, sino en la capacidad de vivir el presente con intensidad y desapego. Cuando logramos “detener los relojes” internos —los tictacs del ego, el arrepentimiento y la preocupación—, entramos en la inmovilidad creativa donde nace lo divino. Ahí, el masón deja de ser esclavo del tiempo y se convierte en co-creador junto al Gran Arquitecto del Universo. El pergamino de esta historia no es sólo un manuscrito antiguo: es una invitación viva. Cada mañana, al despertar, podemos elegir ser Maestros del Tiempo: honrar al Creador, meditar sobre nuestra vida y hacer el Bien. En ese sencillo ritual cotidiano reside la llave que abre las puertas de la eternidad aquí y ahora. Alcoseri