Sobre la Excomunión a los Masones

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Alcoseri Vicente

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Jan 16, 2026, 11:20:04 PM (12 hours ago) Jan 16
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Sobre la Excomunión a los Masones
El poder de decidir quién comulga con Dios y quién es excomulgado de Su presencia no corresponde en realidad a la Iglesia Católica ni a ninguna otra religión organizada. Los poderes que se autoconfiere el catolicismo, o cualquier otra fe institucional, resultan aberrantes, ya que pretenden mediar en una relación que es intrínsecamente divina y personal. Estos poderes, mediante los cuales la Iglesia excomulga a los masones, no son más que una ilusión delirante y fantástica. Los criterios por los que cualquier religión ataca a la masonería carecen de fundamentos sólidos y profundos.
La Iglesia se autodenomina "Santa" por conveniencia propia, arrogándose el derecho de declarar todo lo ajeno como no santo, y por ende, impuro. Por decreto exclusivo y particular, sólo  sus ritos son sagrados, mientras que los ritos masónicos son vilipendiados; su jerarquía se eleva a la excelsitud, pero el alto cuerpo masónico es despojado de tal privilegio; sus edificios son bendecidos, en tanto que las logias masónicas son consideradas malditas. Incluso, según su lógica, los dineros procedentes del narcotráfico se purifican al ingresar en las arcas de la Santa Iglesia.
La masonería expulsa a sus miembros ante la menor falta grave, mientras que las Iglesias, en plural, cobijan y protegen a sacerdotes pederastas. Santa fue su Inquisición, con sus torturas y hogueras; santas las Cruzadas, con sus pillajes y matanzas; santos los odios perpetuos contra la masonería.
La excomunión de los masones no es más que un castigo convencional, que al 99.9% de los masones del mundo les resulta indiferente en lo más mínimo. Resulta, sin embargo, provechoso para la institución masónica, al disuadir a los timoratos de ingresar en los talleres masónicos. Esta excomunión se erige como un ardid revanchista que, cuando los castigos físicos y las torturas ya no son viables contra los masones, las Iglesias —incluyendo a los evangélicos protestantes, los testigos de Jehová y otros que llenan sus librerías con material antimasónico— emplean para excluir a los hijos de la viuda. Estas Iglesias ya no nos llaman hijos suyos; para ellas, somos hijos de Satán. Ser excluidos o excomulgados, según el caso, no significa otra cosa que un odio profundo hacia los masones. El papa Juan Pablo II pidió perdón a todos los afectados por los males actos de la Iglesia, pero nunca extendió tal perdón a los masones.
Que un grupo de clérigos rompa, a su antojo, las relaciones humanas con Dios, resulta un acto de arrogancia suprema, ajeno al alcance de los poderes autoproclamados de las Iglesias. La unión connatural, simbólica y efectiva entre Dios y todos los seres —que sólo  se da en Dios y en los corazones de los humanos— existe únicamente por Dios y por los humanos; nada ni nadie puede deshacerla. La unión que los masones mantienen con Dios no puede ser rota por entidad alguna. Si un humano pierde contacto con Dios, es un acto personal y nada más; nadie externo puede decidir por el creyente ni por Dios para disolver esa relación. De parte de Dios, dado el amor infinito que se le atribuye, no es concebible un repudio hacia un grupo que, por el mero hecho de ser librepensante, sea rechazado. No es posible, bajo mi modesto juicio, que Dios tenga preferidos, y que estos sean los miembros de tal o cual Iglesia o religión.
Una excomunión a los masones no significa nada, y nadie lo sabe mejor que la misma Iglesia; lo mismo ocurre con las exclusiones de las Iglesias protestantes. Sólo  surte efecto en los fácilmente sometidos a los dictámenes políticos totalitarios de algún grupo fanático, bajo cualquier denominación religiosa o sectaria. La excomunión a los masones representa la aberración más ridícula de la historia eclesiástica, pues en las altas jerarquías del Vaticano hay un alto porcentaje de masones, y qué decir de los pastores de otras Iglesias. Las Iglesias, ahora menos que nunca, poseen credenciales morales para sancionar a los masones, ya que la religión se ha convertido en un espectáculo de millones de dólares. El pueblo masónico ha sido más feliz y más espiritual sin la tutela y manipulación de la religión, algo que el mundo comienza a comprender.
Asi ,el conflicto entre la Iglesia Católica y la masonería refleja tensiones históricas profundas sobre autoridad espiritual y libertad de pensamiento. Mientras la Iglesia percibe en la masonería un rival que promueve el indiferentismo religioso —la idea de que todas las religiones son igualmente válidas— y un naturalismo que excluye lo sobrenatural, muchos masones la ven como una fraternidad moral que fomenta la tolerancia y la ética universal, compatible con diversas fes. Sin embargo, esta incompatibilidad ha llevado a prohibiciones estrictas, y aunque respeto ambas perspectivas, creo que el diálogo honesto podría mitigar odios ancestrales, siempre que se base en hechos y no en mitos conspirativos.
En cuanto a temas relacionados con la excomunión de masones, búsquedas en fuentes históricas revelan que esta prohibición católica se inició en 1738 con la bula papal "In eminenti apostolatus" de Clemente XII, que censuraba a los católicos por asociarse con organizaciones masónicas bajo pena de excomunión automática. Hasta 1983, esta pena se mantenía; desde entonces, la membresía se considera pecado grave, incompatible con la doctrina católica por razones como el secreto, los juramentos, el indiferentismo y su carácter anticatólico percibido. Al menos once papas han condenado la masonería, y documentos como la encíclica "Humanum genus" de León XIII (1884) la acusan de promover un estado secular y naturalista que socava la fe cristiana.
Cita de José Antonio Bielsa Arbiol, en su obra sobre la masonería vaticana: "Los enemigos internos de la Iglesia al descubierto, donde la masonería se infiltra como una fuerza destructiva que socava la doctrina tradicional".
Cita de Roberto Di Stefano, en "Historia de la Iglesia Argentina": "La fe católica no debe contaminarse con la masonería, que representa una amenaza para su pureza y unidad".
Cita de H. L. Haywood, en "Freemasonry and Roman Catholicism": "La Iglesia Católica y la Logia nunca podrán reconciliarse, ya que la masonería enseña una religión rival de naturalismo, aunque muchos masones la ven como una hermandad moral no sectaria".
Una anécdota real: En 1737, el poeta italiano Tommaso Crudeli, secretario de una logia masónica en Florencia fundada por ingleses, fue investigado por la Inquisición papal. Acusado de herejía y conspiración, fue encarcelado durante años en condiciones deplorables, liberado sólo  en 1740 tras intervenciones diplomáticas, pero murió poco después por las secuelas. Este caso impulsó la primera prohibición papal contra la masonería.
Un dato poco conocido , es que en la España de 1820, durante el Trienio Liberal, un noble sevillano llamado Don Rafael de la Torre, devoto católico y magistrado, se unió secretamente a una logia masónica en Madrid, atraído por sus ideales de libertad e ilustración. Al descubrirse su afiliación por un confesor indiscreto, el obispo local lo excomulgó públicamente en una misa solemne, declarándolo "separado de la comunión de los fieles por su alianza con fuerzas oscuras". Don Rafael, apesadumbrado pero firme en su convicción, continuó su labor filantrópica en el exilio, fundando escuelas para huérfanos, y murió en 1845 sin reconciliarse con la Iglesia, aunque sus descendientes afirmaban que en su lecho de muerte murmuró una plegaria a Dios, ignorando el edicto meramente humano de los clérigos católicos.
Alcoseri 
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