El Masón que se quedó Dormido

8 views
Skip to first unread message

Alcoseri Vicente

unread,
Apr 19, 2026, 7:19:30 PM (11 days ago) Apr 19
to secreto-...@googlegroups.com
El Masón que se quedó Dormido
(Un cuento para no dormir, sino para despertar)
Desde hacía algún tiempo, nuestro hermano Saulo Martínez, un masón de oficio, acudía a Logia, no por necesidad  de crecimiento espiritual , ni por el placer de Fraternizar con sus hermanos de Logia, sino ya por pura costumbre, pero en ese proceso , comenzó a imaginar y soñar en su propia forma de hacer Masonería, algo que parece más común de lo que pensamos, y esto no solamente pasa en Masonería sino en cualquier , religión , institución , movimiento político, universidad, empresa etc. Apenas daba las buenas noches a sus hermanos en pasos perdidos y fingía ponerse a trabajar en los augustos misterios, en los ágapes se desaparecía en algún rincón de la Sala Húmeda, y se ponía a chatear y a navegar por Facebook con su teléfono. No faltaban escondites en aquel gran edificio de su Logia , para que Saulo Martínez se escondiera, sus hermanos se sorprendían lo hiciera, ya que en tiempos atrás era muy jovial , amigable y siempre contando chascarrillos y anécdotas divertidas, pero al masón Saulo algo le había ocurrido en el proceso.
Todos se preguntaban ¿Qué había de mal  pasado con el Q:. H:. Saulo Martínez?
Durante los Trabajos en Logia, cuando a un golpe de mallete se anunciaba el fin de la jornada en Logia, el Masón Saulo aparecía con aire cansado, como quien ha trabajado y participado activo duramente toda la Tenida. Nadie se percataba de su ausencia dinámica en Logias , ya se habían acostumbrado a su alejamiento social. Los demás masones estaban concentrados en su labor intensa en debates políticos en Logia  y no vigilaban el trabajo ajeno; cada uno conocía su puesto y labor sublime  en el  taller y respetaba el de los otros, Saulo simplemente estaba ocupando su plaza en su respectiva columna, pero sin participar  ni aportar luz al cuadro logial.
Nuestro masón, bien oculto en su rincón personal, mentalmente dormía profundamente… y también soñaba y de cuando en cuando tenia sus pesadillas aparentemente estando despierto. Soñaba que era el mejor masón de toda la Gran Obra, que su trabajo se acercaba al del Masón de la Era y que recibía las felicitaciones del mismísimo Hiram maestro de obras. Al despertar, la frontera entre el sueño y la realidad se volvía borrosa, y terminaba agotado por un “duro trabajo” que sólo había existido en su mente.
En psicología, lo más cercano que describe eso es la ensoñación excesiva o ensoñación desadaptativa, también conocida como maladaptive daydreaming.
La gente se sumerge en fantasías super detalladas y vívidas durante horas, como si vivieran otra vida, y a veces les cuesta volver a la realidad. Pero ojo, ellos saben que es imaginación, no creen que sea literalmente real, como pasa en la psicosis o esquizofrenia.
Si la persona de verdad cree que lo imaginado ocurrió o existe de verdad, eso ya entra en delirios o trastorno psicótico, que es algo diferente y más grave. Y nuestro hermano Saulo Martínez estaba justo en la frontera entre el delirio y una simple e inofensiva imaginación, pero sorprendentemente millones de seres humanos viven sin saberlo  en ese mundo de imaginaciones y fantasías, muchas veces inducidas por la política, la religión o por la misma sociedad que los rodea.
Así, como de costumbre, aquel día el Masón Saulo se dirigió a Logia. Al llegar, se sorprendió por el extraño silencio que reinaba. Pensó que quizá había llegado demasiado temprano. Sin darle mayor importancia, se dirigió a su escondite favorito en aquel gran edificio de la Gran Logia  y, una vez más, se sumergió plácidamente en sus imaginaciones y fantasías , soñando con su gran obra maestra.
Cerca del alba, lo despertaron unos cantos sublimes. Se preguntó ¿Serían los ángeles? Se desperezó, se estiró y se asomó hacia los cantos  con cautela. Lo que vio lo dejó petrificado: en el coro y el transepto de aquel gran edificio masónico, una multitud de dignidades  y oficiales masones participaba en una solemne ceremonia masónica. Intrigado y desconcertado, nuestro masón no alcanzaba a comprender qué significaba aquello.
Conociendo las costumbres de la Masonería, se dio cuenta de que estaba presenciando la consagración del fuego de solsticio de verano . Miró hacia las naves laterales y vio los estandartes de las Logias de los masones presentes. Allí estaba él, escondido en su refugio temporal, asistiendo como testigo masón invisible a la sacralización del Evento Solsticial que pensó había  el mismo había ayudado a elaborar… o que al menos había soñado en hacerlo.
El Masón Saulo Martínez , se dijo a sí mismo, con cierta satisfacción: “Decididamente, he masónicamente trabajado bien… mis sueños e imaginaciones  se ha hecho realidad”. Sólo que él no estaba entre las filas de los verdaderos masones constructores de la Tenida Solsticial , que algunos masones le llaman la fiesta masónica de San Juan Bautista .
En realidad , todo estaba en la imaginación del hermano masón Saulo Martínez , el evento jamás ocurrió en la realidad. Pero para el hermano masón Saulo era real.
Como Masón, agrego mi punto de vista
Esta alegoría del masón dormido es un espejo incómodo pero necesario. Gurdjieff y Ouspensky insistían en que la gran mayoría de los seres humanos viven en un estado de “sueño mecánico”. Se mueven, hablan, trabajan y hasta sueñan, pero lo hacen de forma automática, sin verdadera presencia ni conciencia. Nuestro masón representa exactamente ese “hombre-máquina”: cree estar construyendo algo grande en masonería (su propia evolución interior), pero en realidad sólo duerme y sueña que construye.
J.G. Bennett, discípulo de Gurdjieff, hablaba de los diferentes niveles de atención y de cómo el hombre debe realizar un esfuerzo consciente para “despertar”. El sueño del hermano  masón Saulo Martínez simboliza la identificación con la personalidad falsa: sueña con ser un gran francmasón constructor, recibe elogios imaginarios y se cansa de un trabajo que nunca realizó. Mientras tanto, el Templo real (el Templo interior y el trabajo colectivo) se consagra sin él.
En la tradición sufí y en el zen se repite la misma enseñanza: el mayor obstáculo no es la pereza externa, sino el sueño interior. Mientras dormimos, la vida (y la Obra) continúan sin nosotros.
El relato es una llamada de atención amorosa y firme para todo masón. Es muy fácil llegar a la logia por costumbre, cumplir los rituales de forma mecánica, presentar planchas brillantes y creer que se está avanzando. Pero si no hay presencia consciente, si no hay trabajo real sobre uno mismo, sólo estamos durmiendo en un rincón del Templo mientras la verdadera Obra se realiza a nuestro alrededor.
La consagración masónica del fuego del Solsticio de Verano sin que el masón dormido esté realmente  presente simboliza algo profundo: la iniciación y la evolución espiritual no esperan a que despertemos. El Templo se construye con o sin nosotros. El que duerme puede despertarse un día y descubrir que la ceremonia ya ha terminado, que otros han colocado las piedras que él soñó poner, y que su lugar entre los constructores ha quedado vacío.
La verdadera masonería exige presencia. Exige estar despierto cuando se golpea el mazo, cuando se forma la cadena de unión y cuando se pronuncian las palabras sagradas. Sólo el masón despierto construye el Templo Interior y contribuye al gran Templo de la Humanidad.
Que este cuento nos despierte: mientras dormimos en nuestro rincón favorito, soñando con ser grandes maestros, la ceremonia de Solsticio  de Verano, para muchos masones la ceremonia más relevante de la Masonería  se consagra sin nosotros… y la vida masónica  sigue su curso.
Moraleja
Todo el mundo tiene derecho a dormir, pero mientras dormimos, el mundo (y la Obra) continúa sin nosotros. Despierta, masón. La Masonería no se construye en sueños.

Gurdjieff (George Ivanovich Gurdjieff, 1866-1949) no dedicó páginas enteras ni capítulos específicos a la masonería en sus obras principales. No era masón declarado, ni recomendaba ingresar a logias como vía de trabajo. Sin embargo, su sistema (conocido como el Cuarto Camino) contiene ideas, símbolos y exigencias que muchos de sus discípulos y estudiosos posteriores han relacionado, de forma natural y profunda, con la esencia simbólica y práctica de la masonería.
Lo que dicen directamente sus obras
En Beelzebub’s Tales to His Grandson (el libro más importante de Gurdjieff), no hay menciones explícitas a la masonería. El texto es una sátira cósmica y una crítica feroz a las instituciones humanas, incluidas las “sociedades pseudo-esotéricas” de su época. Gurdjieff critica duramente a las organizaciones que prometen iluminación pero que, en la práctica, se convierten en máquinas de sueño colectivo y vanidad.
En Meetings with Remarkable Men, relata sus viajes y encuentros con maestros y grupos esotéricos. Habla de “escuelas” de conocimiento real que existían en diferentes tradiciones, pero no nombra logias masónicas. Algunos lectores han visto paralelismos con ciertas corrientes rosacruces o paramasónicas que Gurdjieff pudo haber conocido en sus viajes por Europa y Oriente Medio, pero él nunca lo confirma.
En las conversaciones recogidas por Ouspensky en En busca de lo milagroso y en las charlas de Views from the Real World, Gurdjieff tampoco habla directamente de la masonería. Su enfoque era otro: crear un camino nuevo que no dependiera de ninguna institución tradicional.
Paralelismos y resonancias profundas
Aunque Gurdjieff no escribió sobre la masonería, sus ideas encajan de manera sorprendente con algunos de sus símbolos y objetivos más esenciales:

La Piedra Bruta y la construcción del Templo Interior
Gurdjieff insistía en que el hombre ordinario es una “máquina” (un conjunto de “yoes” mecánicos) y que el verdadero trabajo consiste en “cristalizar” un “Yo Real” o “Cuerpo Superior”. Esto resuena fuertemente con el símbolo masónico de tallar la Piedra Bruta para convertirla en Piedra Cúbica. Tanto Gurdjieff como la masonería usan la metáfora de la construcción: no se trata de edificar algo externo, sino de transformar el propio ser.
El Trabajo Consciente y el Sufrimiento Voluntario
Gurdjieff hablaba de “trabajo consciente” y “sufrimiento intencional” como las dos fuerzas necesarias para despertar. En masonería, esto se refleja en el esfuerzo por dominar las pasiones, en el “sufrimiento” simbólico de las pruebas iniciáticas y en la disciplina diaria de pulir el carácter.
Los Tres Centros y la Armonía
Gurdjieff dividía al hombre en tres centros (intelectual, emocional y motor/instintivo). Para él, la evolución real exige equilibrarlos. En la masonería, los tres Grandes Luces (Libro de la Ley, Escuadra y Compás) y los tres Principios (Sabiduría, Fuerza y Belleza) apuntan a una armonía similar.
El “Hombre Nº 4” y el Maestro Masón
Gurdjieff describía al “Hombre Nº 4” como aquel que comienza a tener un centro magnético y una voluntad naciente. Muchos masones ven en el grado de Maestro un paralelo: ya no es sólo un Aprendiz o Compañero que recibe enseñanza; es alguien que debe comenzar a “construir” por sí mismo y ayudar a otros.

J.G. Bennett (discípulo directo de Gurdjieff) fue uno de los que más explícitamente relacionó ambos mundos. En sus escritos y conferencias, Bennett veía en la masonería operativa medieval y en algunos rituales especulativos una forma de “escuela” similar al Cuarto Camino: un trabajo práctico, colectivo y simbólico destinado a producir un cambio real en el ser humano.
Gurdjieff hacia masonería porque su enseñanza era, en esencia, una masonería interior radical. Él buscaba rituales en sus danzas y música, sentía debería hacer una transformación que fuera tan concreta como tallar una piedra. Para él, la mayoría de las logias (como la mayoría de las iglesias o escuelas esotéricas) estaban destinadas a despertar la consciencia, pero tendían a estar con  “personas psicológicamente dormidas”: repetían formas sin producir nuevos  seres despiertos.
Así, una masonería viva —aquella que realmente trabaja la Piedra Bruta, que usa los símbolos para despertar y no para decorar, que exige presencia consciente en cada tenida— sería muy cercana al espíritu del Cuarto Camino. Gurdjieff habría aprobado a un masón que, en lugar de acumular grados, se dedica a “cristalizar” un Yo Real y a servir como “piedra angular” para los demás.
El mensaje más poderoso que Gurdjieff nos deja para la masonería es este:
No basta con pertenecer a una logia.
No basta con conocer los rituales.
No basta con llevar el mandil.
Hay que despertar dentro del ritual. Hay que convertir cada golpe de mazo en un golpe consciente sobre el propio ego. Hay que transformar la logia en un verdadero taller donde se fabrique “hombres nº 4” o, en lenguaje masónico, verdaderos Maestros Masones.
Si la masonería quiere reencontrar su fuerza en el siglo XXI, haría bien en escuchar a Gurdjieff: menos ceremonia mecánica y más trabajo sobre sí; menos grados de oropel , menos títulos pomposos para masones, y más presencia; menos “sociedad” y más escuela de ser.
Alcoseri 
image.png
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages