El Hermano Masón Singular

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Alcoseri Vicente

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Apr 2, 2026, 10:20:33 PM (2 days ago) Apr 2
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El Hermano Masón Singular
Sería ilusorio y hasta ingenuo creer que una logia masónica está formada por hermanos idénticos y uniformes, que todos piensan lo mismo. Por eso quiero hablarles de un masón fuera de serie, pero, a pesar de todo, un buen masón.
Antes de seguir adelante debo decir que: ¡Una persona singular es alguien que destaca por ser único, auténtico y difícil de encasillar! No sigue modas, no copia, y tiene una forma de ser tan propia que cuando la ves, piensas: "Este no se parece a nadie más".
Puede ser el que habla con pasión de temas raros, el que viste como le da la gana sin importar el qué dirán, o el que resuelve problemas de formas que nadie había pensado.
En conclusión alguien singular: no es "raro o extraño " por simple postura , es raro porque es real y autentico.
Cuando era Aprendiz el hermano masón singular , su Segundo Vigilante lo tomó aparte en la sala húmeda y le anunció que pronto sería aumentado de salario, algo normal después de un año en la Columna del Norte. De regreso a casa, nuestro Aprendiz se preguntó por qué los grados masónicos se subían con tanta facilidad. Apenas había presentado una plancha y ya estaba a las puertas del Compañerazgo. Aquella noche duró mucho.
Poco tiempo después, entre las Columnas, nuestro hermano enfrentó el examen que todos conocemos. «¿Qué edad tienes? ¿Dame la primera letra? ¿Cuál es tu lugar en la Logia?». Sus respuestas debieron ser satisfactorias, porque la Logia votó su aumento de salario y se lo comunicó. Todos sabemos el silencio que reina en la Columna del Norte.
La semana siguiente a la tenida, nuestro hermano singular llamó por teléfono  a su Vigilante explicándole que no podía aceptar ese aumento. Argumentó que aún no poseía todos los atributos correspondientes a su grado y que, en esas condiciones, sería un muy mal Compañero. Sugirió posponer su aumento con una razón sólida: «Quiero convertirme en un Maestro Masón irreprochable».
No lo creerán, pero esto se repitió durante siete años seguidos. A pesar de los cambios de Venerable Maestro, nada lo hacía cambiar de opinión. Un día, un Venerable menos tolerante que sus predecesores quiso obligarlo a pasar a Compañero y respetar la decisión de la Logia. La situación se enconó al punto de que nuestro Aprendiz habló de renunciar. Ante tanta obstinación, la Logia, en un espíritu de tolerancia, terminó aceptando esa singularidad.
Esa singularidad causó revuelo en el mundo masónico y alegró al Tronco de la Viuda, porque los visitantes se multiplicaron, curiosos por ver al “Aprendiz de siete años”. Sus planchas se volvieron cada vez más densas y bien estructuradas.
Como era de esperar, repitió la misma actitud al llegar al grado de Compañero: esperó cinco años antes de ser promovido a Maestro Masón. Una vez más, argumentó que su mochila de Compañero aún no estaba lo suficientemente cargada de conocimiento y que no había viajado lo suficiente entre logias, Orientes y obediencias. Sus trabajos ganaban cada vez más profundidad y consistencia.
Ahora era él quien visitaba las logias vecinas y, en cada ocasión, llevaba a los oradores contradicciones llenas de buen sentido que iluminaban al resto de la Logia. Eso, por supuesto, no gustaba a los “tenores” de las logias visitadas, que veían en él un competidor serio en el teatro masónico. Fraternales tal vez, pero no siempre… Los contradictores, numerosos, invocaban el Reglamento General para indignarse contra este “extraño masón”.
Un día, después de cinco años en la Columna del Sur, nuestro Compañero dejó la Estrella Flamígera para conocer la Acacia. No cesó de combatir a los tres malos compañeros que llevaba dentro hasta convertirse en un Maestro Perfecto.
Podría pensarse que nuestro masón fuera de norma llegaría hasta el grado 33. Una vez más, sorprendió al medio masónico: se interesó por la administración de su obediencia y se presentó como Consejero y Gran  Diputado de ese oriente. Asiduo a las reuniones y gracias a su conocimiento iniciático, un buen día se convirtió en el Muy Respetable Gran Maestro de su Gran Logia, muchos piensan que fue elegido mórbidamente  para simplemente ver qué pasaría  , ya que sabemos que todos los pueblos y grupos humanos se auto -regulan o se auto desregulan , y esa era la apuesta oculta al elegir líder a ese hermano raro.
Muchos lo esperaban al acecho, buscando el menor error. Las razones del descontento se centraban en que cuestionaba el sistema no solamente administrativo , sino a todo el sistema masónico en general, terminó con el envío de informes ilegibles que quitaban tiempo al trabajo iniciático de las logias, recordaba que la masonería no es un partido político o religión y que su pretensión no es ser la moralizadora de la vida de los demás . Subrayaba que la masonería en general no puede tomar partido en todos los temas, pues no posee la ciencia infusa.
En las logias reemplazó las preguntas de estudio por una sola: «Según ustedes, ¿la masonería es iniciática? Si sí, ¿por qué? Si no, ¿por qué?». Como corolario añadía: «¿Conocen la verdadera esencia de nuestra Orden?».
Es bien sabido que al género humano no le gusta el cambio y que prefiere calzar las holgadas y cómodas   zapatillas de la costumbre y en la masonería pasa exactamente lo mismo. El descontento de las logias se convirtió en una batalla contra el Singular Gran Maestro , porque en realidad cuestionaba el trabajo monótono de ciertas logias que se imaginaban útiles al mundo masónico y profano.
El Singular Gran Maestro respondió punto por punto a las críticas. Señaló que la masonería había tenido su época de gloria, que la sociedad profana ya no tenía mucho apetito por la Orden y que mucha gente ignoraba incluso su existencia. En realidad, los verdaderos dueños de la vida profana eran ahora los políticos y los financieros. Para ser útil al mundo profano, la masonería debía recuperar los caminos de la Sabiduría y del Conocimiento, situándose por encima de las contingencias materiales y morales. Para cerrar su intervención, subrayó que los masones aún tenían mucho trabajo por hacer en la gestión financiera de la obediencia.
Más tarde terminó su periodo como Gran Maestro, en la Asamblea General de la obediencia, no fue ya bien acogido. En la siguiente elección a la Gran Maestría prefirieron de Muy Respetable Gran Maestro a otro masón más clásico, un masón del aparato, un funcionario de la masonería del sistema de siempre  . Todo volvió al orden anterior al “hermano extraño y singular”.
Recibí noticias suyas: acababa de levantar columnas de una Logia Salvaje (Logia independiente de la Gran Logia Regular ) una logia con apenas una docena o veintena de masones afines al hermano singular  , todo según ellos para encender los fuegos de una logia libre y autentica cuyo título evocador da una idea de sus futuros trabajos: ¡Conócete a ti mismo! Así podía seguir siendo un “hermano extraño” y vivir plenamente su singularidad y diferencia.
Como masón aquí, agrego mi punto de vista
Este “hermano extraño y singular” representa al masón que se niega a seguir el camino fácil de los ascensos automáticos y prefiere la profundidad a la velocidad. En un mundo que premia la apariencia y la rapidez, él encarna la verdadera paciencia iniciática: no avanzar hasta estar realmente preparado.
Masones más dedicados a la Catedra Masónica hablarían aquí de “trabajo consciente”. La mayoría de los masones avanzan mecánicamente por la carrera masónica  (y por sus grados), sin verdadera transformación interior. Este hermano se negó a ser una “máquina” que sube grados sin despertar. Esperó hasta sentir que realmente había integrado lo que cada grado representa. Su actitud es un acto de rebelión consciente contra la mecanicidad.
Carlos Castaneda, a través de Don Juan, nos enseñaría que el guerrero espiritual no busca títulos ni reconocimientos externos. Busca impecabilidad: hacer cada cosa con plena conciencia y responsabilidad, sin prisa ni apego al resultado. Nuestro “hermano singular” vivía exactamente eso: no quería llevar un grado que aún no había conquistado interiormente. Prefería ser un verdadero Aprendiz durante siete años que un Compañero de mentira.
La masonería necesita más “hermanos extraños y singulares ”: aquellos que se atreven a detener la cadena de producción de grados y recuerdan que el verdadero ascenso es interior. No se trata de cuántos grados tienes, sino de cuánto has transformado tu ser. Este hermano nos enseña que la lentitud consciente puede ser la más alta forma de sabiduría.
Moraleja:
No se trata de subir de grados masónicos rápido, sino de subir bien. Un grado  sin la transformación interior sólo  es un mal disfraz. El verdadero maestro masón  no es el que más grados tiene, sino el que ha tardado el tiempo necesario para volverse digno de ellos.
Alcoseri 
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