Un Perverso Mercader en Logias, un cuento masónico

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Alcoseri Vicente

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Nov 16, 2025, 8:03:35 PM (14 days ago) Nov 16
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Un Perverso Mercader en Logias, un cuento masónico
Voy a contarles un cuento masónico, queridos hermanos, uno que no deben olvidar jamás, pues es una lección que todo masón debe tener bien presente en su corazón. Esta historia, que nosotros custodiamos con celo, se transmitirá a nuestros aprendices con el solemne encargo de que la repitan a las generaciones venideras de masones, para que continúe propagándose como la luz eterna, y nunca se pierda este cuento en las sombras del olvido , y jamás se olvide esta advertencia que hace este cuento.
En un tiempo antiguo, cuando las logias del planeta Tierra aún se erguían como baluartes de la virtud contra las tinieblas, el Diablo, envidioso del creciente poder de los masones, se disfrazó de vendedor de alhajas. Cargaba un cofre al hombro, repleto de males transformados en joyas relucientes, y recorrió todas las logias del mundo ofreciendo sus mercancías. La Santa Iglesia ya había condenado de excomunión al masón por sus pecados, pero en aquellos días, las logias carecían aún de la variedad de males que hoy las acechan,  todo y a pesar de las sombrías  bulas papales.
El Demonio, celoso de la fraternidad que unía a los hermanos masones, había forjado estos males en forma de alhajas de todos los colores: la miseria y la enfermedad estaban en forma de guantes de seda , la avaricia y el odio estaban en forma de pisa corbatas de oro , la envidia y la opulencia tenía la forma de una pulseras de oro en la muñeca  — opulencia que también es un mal cuando no se gana con rectitud—, y la ambición desmedida, tenía la  forma de un costoso reloj de oro, y así un largo etcétera de males en formas de joyas valiosas. No faltaba ningún vicio en su cofre, y entre todas aquellas joyas brillaba un pin chiquito, con un emblema en blanco, que representaba el desaliento.
Así, en los "pasos perdidos" de las logias, los masones se acercaban curiosos al vendedor. Muchos compraban las alhajas para ocultar su propia maldad y fingir una felicidad aparente. Algunos adquirían la miseria disfrazada de grados masónicos pero ellos mostrándose aparentemente humildes, pero en realidad era la vanidad su motivo; otros, más ambiciosos, optaban por la opulencia y la ambición en forma de títulos o puestos elevados en las logias. Todo ello servía para sembrar discordia entre los hermanos, volviendo a colocar la venda sobre sus ojos y oscureciendo la luz de la verdad, y era que el demonio en su cofre también tenía a la venta grados masónicos .
El Diablo cobraba un buen precio por cada joya, pero aquel pin con el emblema en blanco pasaba desapercibido. "¿Qué es eso, pues?", preguntaban por mera curiosidad. El Demonio se enojaba, pues los masones le parecían demasiado cerrados de mente. Y cuando, por capricho o casualidad, algún querido hermano lo deseaba comprar, inquiría: "¿Cuánto cuesta?". El Diablo respondía con un precio exorbitante, más alto que el de todas las otras joyas juntas. Los masones preferían entonces anillos costosos, que en verdad eran el mal de la envidia, y se reían diciendo que por un pin tan chico y un mal tan insignificante no valía la pena pagar tanto. Insultaban al Diablo, llamándolo tramposo, y él, con cólera contenida, se reía por dentro al ver su ceguera.
Al final, el Diablo vendió todos los males, excepto aquel pin, que nadie quiso adquirir por considerarlo pequeño e inofensivo. "Con este, todos; sin este, ni uno", proclamó el Demonio ante los masones, quienes se burlaron pensando que se había vuelto loco. Sólo quedó el pin en el fondo del cofre, por el que no daban ni un céntimo. Entonces, el Diablo, con más ira aún y una risa diabólica, exclamó: "¡Esta es la mía!", levantó el pin sin logotipos ni piedras preciosas incrustadas  y lo lanzó al viento. Se convirtió en polvo que flotó por todas partes, esparciéndose por las logias del mundo entero.
Desde entonces, todos los males se volvieron peores en las logias, agravados por ese polvo invisible que contaminó a los masones con el desaliento. Sólo hay que observar cómo se resuelven los vicios en las logias para darse cuenta: si un masón es afortunado y poderoso, pero cae en el desaliento, nada le vale y el vicio lo domina; si es humilde y pobre, el desaliento lo pierde aún más rápido. Así fue como el Diablo infligió el mayor daño a todas las logias del planeta Tierra, pues con el desaliento entre masones, todo termina funcionando mal.
Pero , como toda historia hubo masones que pudieron sobresalir al desaliento , y triunfaron, el Demonio no pudo con ellos a pesar de sus perversas intenciones.
Alguna vez un sabio masón observador de las verdades humanas dijo: os digo que el desaliento es algo profundamente negativo, no sólo para un masón, sino para cualquier alma en la Gran Obra de la vida. Es el veneno sutil que erosiona la perseverancia, esa virtud cardinal que nos permite tallar la piedra bruta hasta convertirla en perfecta. Sin buen ánimo, el masón abandona el compás y la escuadra, y el no masón pierde la fe en su propio potencial. Dale Carnegie nos recuerda en su sabiduría: "La mayoría de las cosas importantes en el mundo han sido logradas por personas que siguieron intentándolo cuando parecía no haber esperanza alguna". El desaliento nos roba esa tenacidad, convirtiendo la luz en oscuridad. Oscar Wilde, con su ingenio afilado, advertía: "Lo peor que podría pasarle a cualquiera es dejar de ser útil", y el desaliento nos hace inútiles al paralizarnos ante los desafíos. En la masonería, donde buscamos la elevación moral, el desaliento es el verdadero traidor, pues nos aleja de la fraternidad y la búsqueda de la verdad, como un velo que nubla el ojo que todo lo ve.
Es así como en el mundo hay muchos masones desalentados —en unas logias más, en otras menos—, y este mal nos llega a todos, impidiendo que seamos verdaderamente buenos, pues no resistimos como es debido la lucha fuerte del alma y el cuerpo que es la vida. Dale Carnegie nos insta: "Desarrolla el éxito a partir de los fracasos. El desaliento y el fracaso son dos de los peldaños más seguros hacia el éxito". Oscar Wilde, burlón de las debilidades humanas, añadía: "La ambición es el último refugio del fracaso", pero sin ambición positiva, el desaliento nos deja en la ruina. Masones del mundo: que el desaliento no empuñe nunca vuestro corazón, pues como Wilde proclamaba, "Podemos tener todo en la vida si sólo tenemos la voluntad de intentarlo", y Carnegie nos enseña que "el entusiasmo es el ingrediente más importante para el éxito". Mantengamos la llama eterna, hermanos, y construyamos el templo con manos firmes.
Análisis Masónico del Cuento
Este cuento, es una fábula que, narra cómo el Diablo, disfrazado de vendedor, distribuye los males del mundo en forma de joyas , pines , suvenires, alhajas etc. , representando vicios como la miseria, la enfermedad, la avaricia, el odio, la opulencia desmedida y la ambición. Sin embargo, el mal más sutil, el desaliento (un sencillo pin de metal corriente), es ignorado por los compradores debido a su aparente insignificancia y alto precio. Al final, el Diablo lo esparce al viento, contaminando a todas las Logias Masónicas y agravando todos los demás males, ya que "con éste, todos; sin éste, ni uno", ya que el desaliento está ligado a todos los males del mundo . Esta alegoría, se presta a un profundo análisis masónico, interpretándola como una lección simbólica sobre la lucha interna del iniciado, la importancia de la perseverancia y la victoria sobre las pasiones profanas. A continuación, desgloso este análisis paso a paso, vinculando elementos del cuento con principios, rituales y símbolos masónicos.
El Diablo como Símbolo del Ego Profano y las Tentaciones
En la masonería, el Diablo no se interpreta literalmente como una entidad sobrenatural, sino como una alegoría del "mal" interno: las pasiones descontroladas, el egoísmo y las fuerzas destructivas que obstaculizan el camino hacia la luz. Similar a la figura del "Gran Arquitecto del Universo" (GADU) que representa la divinidad ordenada, el Diablo en este cuento encarna el caos y la disgregación, opuestos a la armonía masónica.
El disfraz de vendedor y el cofre lleno de males: Esto evoca el "mercado de vanidades" del mundo profano, donde los hombres compran "joyas falsas" (vicios) en lugar de buscar la verdadera sabiduría. En los rituales masónicos, el aspirante es despojado de metales y objetos mundanos al entrar en la logia, simbolizando la renuncia a las tentaciones materiales. Los males en forma de joyas o alhajas representan las "piedras brutas" del alma: impurezas que el masón debe pulir con herramientas simbólicas como el mazo (voluntad) y el cincel (discernimiento). El Cuento describe cómo la gente en Logias  compra avaricia, ambición y opulencia para sobresalir ante los demás , "hacerse mal entre los mismos masones", lo que resuena con la advertencia masónica contra la discordia fraterna, recordando el juramento de lealtad y hermandad.
La envidia y ceguera de los compradores: Los personajes del cuento ignoran el desaliento por su tamaño "chiquitito", riéndose del Diablo y subestimando su poder. Esto ilustra la "ceguera espiritual" del profano, similar al vendaje en los ojos durante la iniciación masónica, que representa la ignorancia antes de la revelación de la luz. El masón aprende a discernir lo sutil: no las grandes tentaciones obvias (como la avaricia visible), sino los vicios invisibles que socavan el buen ánimo.
El Desaliento como el Mal Supremo y que resulta en Una Amenaza a la Perseverancia Masónica
El núcleo del cuento radica en el desaliento, el mal que nadie compra pero que el Diablo libera al viento, infectando a todos y potenciando los demás vicios. En términos masónicos, este es el "veneno del alma" que atenta contra la virtud cardinal de la perseverancia, esencial para el "Gran Trabajo" (la auto-mejora moral y espiritual).
Simbolismo del polvo resultado del pin que esparcido: El polvo que "vuela por los aires" simboliza la contaminación sutil e inevitable del mundo profano, afín al "polvo de la muerte" en la leyenda de Hiram Abiff, el maestro constructor del Templo de Salomón asesinado por traidores. Hiram representa la integridad y la resistencia: muere antes de revelar secretos sagrados, enseñando que la verdadera maestría surge de superar adversidades. Sin desaliento, los males no "pescan" al hombre, como dice sutilmente  el cuento; en masonería, sin perseverancia, el iniciado abandona el camino, dejando su piedra bruta sin tallar. El desaliento erosiona la "fe" (una de las tres grandes luces masónicas, junto a la esperanza y la caridad), convirtiendo al masón en un "compañero perezoso" que no avanza de aprendiz a maestro.
Impacto en ricos y pobres: El cuento distingue cómo el desaliento afecta al "afortunado y poderoso" (lo domina el vicio) y al "humilde y pobre" (lo pierde más rápido). Esto refleja la igualdad masónica: en la logia, todos son hermanos sin distinción de rango, pero el desaliento es el gran igualador negativo, recordando que la opulencia (un mal en el cuento) puede ser una "cadena de acero con grilletes de oro" que ata al YO Real, mientras la miseria prueba la resiliencia. La escuadra masónica (rectitud moral) y el compás (control de pasiones) son herramientas para combatir esto, manteniendo el equilibrio.
Lección ética

Como en el grado de aprendiz, donde se enseña a "vencer las pasiones y someter la voluntad", el desaliento es el "traidor interno" que impide resistir "la lucha fuerte del alma y el cuerpo que es la vida". El cuento concluye con una advertencia a los "masones del mundo", pero en clave masónica, es un llamado a los "hijos de la viuda" (masones, en referencia a Hiram) para que el desaliento no "empuñe" su corazón, preservando la llama de la esperanza simbolizada por la acacia (inmortalidad del alma).
Este cuento se alinea con tradiciones masónicas que usan fábulas para transmitir enseñanzas esotéricas:
Similar a la Leyenda de Hiram: Ambas enfatizan la fidelidad y la resistencia ante la tentación. Mientras Hiram rechaza revelar secretos por ambición ajena, los compradores del cuento caen en vicios por ceguera, pero el desaliento es el "asesino silencioso" que Hiram evita al morir con honor.
Eco en "La Flauta Mágica" de Mozart (masón): Las pruebas de Tamino incluyen silencio y fuego, superando desaliento para alcanzar la luz, similar a cómo el polvo del Diablo prueba la fortaleza humana.
La masonería incorpora elementos alquímicos, donde los males son "metales base" a transmutar en oro (virtud). El desaliento es como el "nigredo" (fase oscura de duda), que debe superarse para llegar al "rubedo" (iluminación).
Para un masón, este cuento es una advertencia contra la apatía en la logia y la sociedad. En tiempos de crisis (como las condenas papales históricas contra la masonería), el desaliento podría disolver la fraternidad. La solución masónica: rituales que fomentan la reflexión, como la meditación en la cámara de reflexiones, donde el aspirante enfrenta su mortalidad y vicios. Finalmente, promueve valores como la caridad (ayudar al hermano desalentado) y la educación (transmitir la historia a generaciones, como el mismo cuento nos sugiere).
El cuento es una parábola sobre la vigilancia eterna contra los males sutiles. El desaliento no es sólo un vicio, sino el catalizador de la caída espiritual, y combatirlo es clave para construir el "templo interior" perfecto. Como reza un principio masónico: "La luz disipa las tinieblas", pero sólo si la voluntad no flaquea hacia el desaliento.
Alcoseri 
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