Sobre la Tabla Esmeralda

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Alcoseri Vicente

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Mar 27, 2026, 10:30:06 PM (8 days ago) Mar 27
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Sobre la Tabla Esmeralda
Explorar las fuentes de las que nuestra Masonería  bebe sus fundamentos es uno de los ejes de investigación que nos propusimos al crear foros masónicos en internet. Con ese espíritu analítico  me acerqué a la filosofía hermética y presento hoy este nuevo comunicado, que no es más que el resultado de mis propias búsquedas y de la comprensión que se han alcanzado hasta ahora.
Primero, recordemos qué significa realmente el hermetismo. Hoy, como masones  libres para investigar, podemos reflexionar abiertamente sobre la energía del universo, la constitución de la materia o los misterios del Universo. Pero no siempre fue así. Basta recordar a Galileo para entender que, hasta hace poco, expresar ciertas ideas podía no solamente perder la libertad, sino  costarnos  la vida.
En el siglo XVI era más seguro pasar por frívolo o loco que revelar descubrimientos que mostraban cómo los números y las leyes naturales permitían al espíritu humano penetrar misterios profundos. Por eso, los sabios ocultaban sus hallazgos bajo capas de fantasía y lenguaje enigmático. Rabelais escribió Gargantúa y Pantagruel, y los alquimistas, espagiristas y astrólogos hablaban de fabricar oro, panaceas universales y profecías extravagantes con términos tan sutiles y retorcidos que resultaban incomprensibles para los no iniciados. De ahí viene la palabra “hermético”: algo perfectamente cerrado, inaccesible sin la clave adecuada.
El hermetismo es, pues, un lenguaje intencionalmente velado. Todo lo que se ha “revelado” sobre sus textos no pasa de ser hipótesis personales, verdades relativas ligadas al nivel de evolución y comprensión de cada intérprete. Ese es precisamente el poder del simbolismo: transmitir de generación en generación una tradición que parece legible para todos, pero cuyo sentido profundo sólo  se abre a quienes, por mérito y apertura de espíritu, encuentran la llave.
En Masonería se insiste en que el simbolismo no es un adorno: es un método de transmisión que actúa por analogía. Apela a lo conocido para abrir la puerta a lo desconocido, despertando la intuición, esa facultad que nuestro sublime Orden Masónica busca precisamente desarrollar.
La vía hermética, proviene del sánscrito Sarameyas, el “perro celestial”, una constelación que guía las almas de los muertos hacia su destino final: la sublime iniciación. Hermés no sería un personaje histórico único, sino más bien un nombre colectivo adoptado por sabios de los siglos incluso antes de nuestra era cristiana. La gran obra —la escritura, la geometría, la aritmética, la astronomía y la medicina— parece el fruto de una tradición colectiva.
Dentro de este corpus destaca el Poimandrés o Pymandre, donde encontramos la famosa Tabla de Esmeralda. Aquí va la versión más conocida en español (basada en Manget y Albert Poisson), supuestamente traducida de un original egipcio:
«Es verdad, sin mentira, cierto y muy verdadero.
Su poder es sin límites sobre la Tierra.
Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, suavemente y con gran industria.
Sube de la tierra al cielo y vuelve a descender a la tierra, recogiendo la fuerza de las cosas superiores e inferiores.
Así obtendrás toda la gloria del mundo y toda oscuridad se alejará de ti.
Es la fuerza fuerte de toda fuerza, pues vencerá toda cosa sutil y penetrará toda cosa sólida.
Así fue creado el mundo. He aquí la fuente de las admirables adaptaciones que aquí se indican.
Por eso fui llamado Hermes Trismegisto, poseedor de las tres partes de la filosofía universal.
Lo que he dicho de la operación del Sol es completo.»
El texto es breve, pero de una profundidad abismal. Contiene dos grandes revelaciones: el secreto de la creación del mundo y la realización triunfal de la Gran Obra. El alquimista la reproduce en su crisol; el masón, en su propio ser.
Como masón, agrego:
La Tabla de Esmeralda no es sólo  un texto antiguo: es un mapa de transformación. Nos dice que todo lo que existe obedece a las mismas leyes, desde lo más pequeño hasta lo más grande. La famosa frase “lo que está abajo es como lo que está arriba” es la base de la analogía universal. En masonería, esto se vive cada vez que unimos el compás y la escuadra: el cielo y la tierra, el espíritu y la materia, deben equilibrarse en nosotros.
Oswald Wirth veía en la Tabla el resumen perfecto de la iniciación: descender a la materia para purificarla y ascender transformado. Gurdjieff insistía en que el hermetismo conserva fragmentos de la Tradición primordial, esa sabiduría única que todas las grandes civilizaciones han expresado con distintos lenguajes.
La Tabla nos enseña que la verdadera obra no consiste en fabricar oro material, sino en transmutar el plomo de nuestro ego en el oro de la consciencia despierta. Separar lo sutil de lo espeso, subir y bajar, recoger las fuerzas de arriba y de abajo: todo eso ocurre dentro de cada uno de nosotros cuando trabajamos sinceramente en la logia y en la vida.
Al final, la Tabla de Esmeralda no es un manual de laboratorio: es una invitación a convertirnos en obreros conscientes del Gran Arquitecto del Universo, capaces de transformar el caos interior en orden, la oscuridad en luz y la dispersión en unidad.
Cuento infantil mexicano corto
En un pueblito de Oaxaca vivía un niño llamado Toñito Valdez  que quería convertirse en alfarero como su abuelo. Todos los días bajaba al río a buscar arcilla, la amasaba con fuerza y formaba vasijas que luego metía al horno. Pero muchas se rompían. Frustrado, le dijo un día a su abuelo: «Abuelito, nunca voy a aprender. La arcilla es muy terca».
El abuelo sonrió y le respondió:
«Mijo, la arcilla no es terca, es sabia. Primero hay que bajarla del cerro (lo de arriba), mezclarla con agua del río (lo de abajo), amasarla con paciencia y luego meterla al fuego. Sólo  cuando lo sutil y lo espeso se separan y se unen de nuevo, la vasija queda fuerte y hermosa. Lo mismo pasa con las personas: hay que bajar a lo profundo de uno mismo, purificar lo que sobra y subir transformado. La verdadera obra no se hace de prisa, se hace con amor y con tiempo».
Toñito entendió. Siguió bajando al río, amasando con cuidado y metiendo sus piezas al fuego. Con el tiempo, sus vasijas ya no se rompían: brillaban con una luz propia.
Moraleja: La Gran Obra no consiste en cambiar el mundo de golpe, sino en transformar primero lo que somos por dentro. Sólo  quien baja a su propia tierra, separa lo inútil y sube purificado puede crear algo verdaderamente hermoso y duradero. Como dice la Tabla: lo que está abajo es como lo que está arriba. Todo empieza y termina en nosotros.
Alcoseri 
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