¿Es la Masónica Estrella Flamígera la Alegoría de la Estrella Sirio?

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Alcoseri Vicente

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May 18, 2026, 5:41:26 PM (4 days ago) May 18
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¿Es la Masónica Estrella Flamígera la Alegoría de la Estrella Sirio?
En el cielo nocturno, ninguna estrella brilla con tanta fuerza ni carga tanta historia y significado espiritual como la Estrella Sirio. Desde tiempos inmemoriales ha sido guía, símbolo y puerta de sabiduría para todas las civilizaciones. Pero hay una relación especial, profunda y secreta: su vínculo eterno con la Francmasonería, la luz que ha conservado y transmitido esta enseñanza cósmica a lo largo de los siglos. Sirio no es sólo  un astro; es la fuente original, la maestra y el destino espiritual que la masonería honra, estudia y representa en cada uno de sus símbolos y ritos.
La masonería, en su origen remoto y antes de cualquier tradición religiosa, nació bajo la influencia directa de la Estrella Sirio. Su estructura, especialmente la Logia Azul con sus tres grados, corresponde a las tres grandes jerarquías de vida que habitan en esa estrella, donde no existen nuestros reinos naturales, sino grados de conciencia evolucionada. Allí, lo que para nosotros son iniciados de alto nivel, son apenas los seres menos desarrollados de Sirio. Por eso, nuestra Orden está ligada al Secreto Sendero: el camino de evolución que conduce hacia esa luz suprema.
Con el paso del tiempo, las formas cambiaron, se adaptaron nombres y palabras, y se mezclaron con tradiciones judías y cristianas. Hoy, muchos rituales conservan frases y estructuras ajenas a su esencia original. Pero según la Ley de los Ciclos, ha llegado el momento de purificarla: quitar lo accidental, conservar lo esencial y volver a su verdadera fuente cósmica. La masonería debe ser universal, pertenecer a todos y a ninguno, reflejo puro de la sabiduría que viene de Sirio.
A sólo  8,6 años luz, es el astro más brillante y visible desde todo el planeta. Por eso, egipcios, griegos, indios, nativos americanos y pueblos de todo el mundo le dieron nombres sagrados: Sothis, La Antorcha, El Ojo en el Cielo, Estrella Perro, Lobo Celestial o El Cazador. Para los egipcios, era Isis (la viuda), madre divina; su aparición anunciaba la crecida del Nilo y el inicio del año nuevo, y las grandes pirámides estaban alineadas exactamente para recibir su luz en las cámaras secretas.
Desde la visión esotérica, gnóstica y ocultista, Sirio es mucho más: es la Estrella de la Iniciación, la verdadera Gran Logia del Cosmos. Es el "Sol detrás del Sol", la fuente de la luz espiritual que alimenta toda creación. Representa la síntesis perfecta: Isis (materia / luna), Osiris (espíritu / sol) y Horus (conciencia despierta / Sirio). Es el símbolo del conocimiento absoluto, de la libertad y de la unión con lo divino. Quien comprende su significado, entiende que el objetivo del masón es transformarse hasta alcanzar esa misma claridad y perfección.
En otros idiomas encontramos esta misma verdad:
• En inglés: Blazing Star o Dog Star — en la masonería, es la estrella que brilla en el centro, símbolo de sabiduría y presencia divina.
• En francés: Étoile Flamboyante — se dice que representa la verdad que ilumina al buscador, igual que Sirio ilumina la noche.
• En italiano: Stella Sirio — llamada "luz de las almas", puerta de paso hacia estados superiores.
• En latín: Sirius — "la que brilla con fuerza", identificada con el Ojo de Horus, símbolo central de nuestra enseñanza.
• En sánscrito: Lubdhaka — "el que sabe, el que despierta", reflejando la misión de nuestra Orden.
Albert Pike escribió en Moral y Dogma: "Sirio brilla en nuestras logias como brilla en el cielo". Y es verdad: nuestra Estrella Ardiente, el símbolo que preside nuestros trabajos, no es otra cosa que la representación visible de Sirio, el faro que nos recuerda de dónde venimos y hacia dónde vamos. La masonería es la única institución que ha mantenido viva esta memoria cósmica, enseñando que construimos templos en la tierra para prepararnos a ser dignos hijos de esa luz.
Esta conexión prueba que la masonería no es una invención humana, sino una revelación antigua. Sirio es el maestro silencioso que nos vigila y nos guía. Comprenderlo es comprender que nuestra labor no termina en esta vida ni en este mundo, sino que forma parte de una gran obra universal. Ser masón es caminar hacia Sirio, transformando la oscuridad en luz y la ignorancia en sabiduría.

 Sí, existe una relación directa, profunda y esencial entre la Estrella Sirio y nuestra Estrella Flamígera Masónica.
Si, la Estrella Flamígera que preside nuestras Logias es la representación simbólica, mística y espiritual de la Estrella Sirio. Te lo explico tal como se entiende en la tradición y como lo han dejado escrito los grandes autores de nuestra Orden.
¿Cuál es exactamente esa relación?
Es la misma realidad, reflejada alegóricamente en dos planos.

Para nosotros, la Estrella Flamígera no es sólo  un dibujo o una figura decorativa. Es la imagen exacta de Sirio aquí en la Tierra. De hecho, se le llama también Estrella Ardiente, Brillante o Llameante, justamente porque esas son las características que tiene Sirio en el cielo: es el astro más brillante, el que parece arder con luz propia, el que ha servido de guía a navegantes y buscadores de la verdad desde que el mundo es mundo.
Si consultas el Diccionario Enciclopédico Masónico, o lees a autores como Albert Pike o Manly P. Hall, la conclusión es siempre la misma: la Estrella Flamígera y Sirio son una misma cosa, vistas desde la tierra o desde el cielo.
Tienen el mismo significado profundo
En el cielo, Sirio es conocida como el Ojo que todo lo ve, la fuente de la luz espiritual, lo que los antiguos llamaban el "Sol detrás del Sol". Se considera el centro de la sabiduría, el lugar donde reside la verdadera enseñanza y el origen de todo conocimiento que recibimos.
Dentro de la Logia, la Estrella Flamígera representa exactamente eso mismo: la presencia del Gran Arquitecto del Universo, la luz que disipa la ignorancia, el centro hacia el cual debe dirigirse nuestra búsqueda. Antiguamente, en su centro se colocaba el Ojo de Horus, que es precisamente el símbolo egipcio de Sirio; hoy vemos la letra G, que habla tanto del Gran Arquitecto como de la Geometría, esa ciencia que ordena el universo y que rige el movimiento de esa estrella.
Viene de la misma fuente antigua procedente de Egipto
Esta conexión no es algo que se inventara la masonería moderna. La heredamos directamente de la sabiduría del Antiguo Egipto. Allí, Sirio era Sothis, o la misma Isis, considerada la estrella sagrada, la madre de todo lo que existe. En su simbolismo, Sirio ocupa el lugar central entre la Luna (que representa a Isis, lo femenino, la materia) y el Sol (que representa a Osiris, lo masculino, el espíritu). Sirio, en medio, es Horus: el resultado, la conciencia despierta, el hombre nuevo, el masón que ha logrado iluminarse. Esa misma estructura es la que reproducimos en nuestros templos.
Según la enseñanza esotérica, la masonería que conocemos aquí abajo es como una copia, una escuela preparatoria. Se dice que la verdadera Gran Logia, la original y perfecta, está situada en Sirio. Las iniciaciones que recibimos aquí son sólo  pasos necesarios para ir preparándonos, hasta que un día, cuando hayamos terminado nuestra obra, seamos dignos de ser admitidos en esa Gran Logia Celestial. La Estrella Flamígera nos lo recuerda siempre: estamos construyendo aquí abajo lo que allá arriba ya es una realidad perfecta.
En latín a Sirio se la llama , Stella Ignita, que significa "estrella encendida", la misma descripción que usaban los romanos para hablar de esta estrella.
Sirio es la realidad cósmica, la fuente, la maestra y el destino. La Estrella Flamígera es su reflejo, su imagen y su recuerdo dentro de nuestros trabajos. Cada vez que miras esa estrella en el centro de la Logia, estás mirando el símbolo de la estrella que dio origen a nuestra enseñanza, que vigila lo que hacemos y hacia la cual, como iniciados, estamos llamados a elevar nuestra mente y nuestro corazón. Es la misma luz, la misma verdad, el mismo principio.
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Cuento: Los Visitantes de Sirio
Era una noche despejada, de esas en que Sirio parecía querer bajar del cielo. En una pequeña Logia, el trabajo había terminado y quedaban sólo  tres hermanos, conversando junto a una taza de café , hablando precisamente de esa estrella y de su misterio.
De pronto, una luz azulada llenó la sala. Por la puerta no entraron hombres, sino seres de apariencia serena, vestidos con túnicas brillantes, que llevaban mandiles tejidos con luz misma. Eran altos, sus ojos reflejaban el brillo de las estrellas y se movían sin hacer ruido.
—Hermanos —dijo el que iba al frente, con voz suave y profunda—, hemos viajado desde el lugar que ustedes llaman Sirio. Somos quienes dieron origen a estas enseñanzas hace incontables siglos. Hemos venido porque hoy recordaron nuestra luz.
Los masones, asombrados pero tranquilos, se quedaron en silencio, no sin antes saludarles fraternalmente y dales la bienvenida a su Logia.
—Ustedes trabajan la piedra bruta para convertirla en cubo perfecto —continuó el visitante—. Nosotros hacemos lo mismo, pero con las conciencias. Lo que ustedes llaman Logia, nosotros lo llamamos Casa de Luz. Lo que llaman iniciación, para nosotros es despertar.
Recorrieron la sala del Templo masónico, tocaron el compás, la escuadra y el libro sagrado. Sonrieron al ver la Estrella Flamígera en Oriente, símbolo de la Estrella Sirio.
—¡Qué bien lo han conservado! —dijeron—. Aquí está todo: el símbolo, la búsqueda, el amor a la verdad. No se equivocaron al seguir este camino.
Antes de irse, el jefe de los visitantes puso una mano en el hombro de cada hermano:
—Sigan construyéndose , nosotros los habitantes de la Estrella Sirio fuimos en algún momento en el pasado seres humanos como ustedes. Cada vez que eleven su pensamiento hacia lo alto, nosotros lo recibimos. Y recuerden: un día, cuando su obra esté terminada, ustedes también viajarán hasta nosotros, y entonces comprenderán que aquí, en la tierra, ya estaban en casa.
La luz se desvaneció. Los tres hermanos masones se miraron, sabiendo que algo había para bien  cambiado. Miraron hacia arriba, donde Sirio en época de Canícula brillaba   más fuerte que nunca, y entendieron por qué la masonería siempre ha dicho: “La luz viene de lo alto, y nosotros somos sus reflejos aquí abajo”.
Alcoseri 
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