Lo Paranormal en Masonería
Hay una línea que pocas veces se cruza, ni se dice en voz alta. Se dice que la Masonería, en su esencia más profunda, no es sólo escuela de ética ni laboratorio de virtudes: es también puerta entre mundos. Tras sus puertas cerradas se guarda algo que ningún hermano confiesa libremente: la presencia de fuerzas que no se explican con la razón, fenómenos que pertenecen a planos que la ciencia no ha nombrado y que la religión teme tocar. Se susurra que en los grados azules mismos —cuna de la Orden— hay quienes han despertado dones que trascienden lo cotidiano; que la palabra ritual, cuando se pronuncia con la voluntad unida, puede convocar presencias, mover energías y abrir caminos que el mundo profano ni siquiera sospecha. ¿Es esto el secreto verdadero que se oculta a la humanidad? ¿Se calla no por discreción, sino por temor a revelar que la frontera entre lo visible y lo invisible es mucho más delgada de lo que se nos ha dicho?
Lo que no se escribe en las actas
Al escribir estas líneas, sé que me adentro en terreno donde pocos se atreven a pisar. Tanto dentro como fuera de la Logia, existe una complicidad silenciosa: todos intuyen que hay algo más, pero la mayoría prefiere mirar hacia otro lado —por miedo, por costumbre, o por lealtad a intereses establecidos que prefieren la luz de la razón antes que las sombras que la rodean.
La Masonería no es ajena a lo inexplicable. Sin embargo, lo que sucede en el ámbito psíquico nunca sale a la luz pública; queda confinado al anecdotario oral, compartido en voz baja entre hermanos masones de una misma tenida, sin traspasar las puertas de otras Logias. Se guarda como un secreto dentro del secreto: aquello que, de divulgarse, haría temblar la imagen racional y solemne que la institución masónica ha construido ante el mundo.
Los fenómenos extraños no son exclusivos de películas hollywoodenses , de laboratorio psíquicos : ocurren en hogares, en iglesias y pero también en Logias. El masón auténtico, humilde ante la inmensidad del saber, reconoce que su ignorancia es vasta. Que algo no tenga explicación no significa que no exista. La investigación de lo paranormal enfrenta una dificultad única: no se puede encerrar en frascos ni medir con instrumentos; se manifiesta en el ámbito de la percepción, donde la confianza y la sinceridad son más valiosas que el método empírico. Por eso, el masón verdadero mantiene una postura equilibrada: "Sabe bien que es malo creer demasiado, pero es igualmente malo rehusarse a creer lo suficiente."
La presencia que vino de la oscuridad
Cierta noche, tras una tenida masónica solemne, un grupo de hermanos masones se reunió en el ágape. La conversación derivó, como a veces ocurre entre luces tenues y copas compartidas, hacia el tema prohibido: la figura de Lucifer y su vínculo, real o supuesto, con la Orden Masónica. Risas, música y palabras se entrelazaban… hasta que todo calló.
No hubo golpe ni señal externa que lo provocara: el bullicio se apagó de golpe, como si alguien hubiera borrado el sonido. Un silencio denso, frío y expectante llenó la azotea del edificio de la Gran Logia. Todos giraron la mirada hacia el rincón más oscuro de la terraza.
—Está aquí —dijo Emilio Duarte, con voz que todos escucharon a pesar de su tono bajo.
—¿Quién está aquí? —preguntó otro, con temor.
—Es él. Lo hemos llamado con nuestras palabras ya que hablábamos de Lucifer.
Inmediatamente, una voluntad colectiva se alzó como un muro invisible: todos unieron su fuerza interior en una sola barrera de resistencia mental ante aquella fuerza oscura , era algo instintivo defenderse de la amenaza, en segundos era como si todos los masones presentes se hubieran puesto de acuerdo . Desde la sombra, una figura comenzó a tomar forma, conforme aquella silueta se acercaba a ese lugar de la terraza del quinto piso que estaba mejor iluminado : la figura era alta, imponente, vestida de negro que parecía fundirse con la penumbra. Barba oscura y recortada, ojos que lanzaban destellos rojizos como brasas encendidas, sonrisa blanca con esa hilera de dientes que sonreían de forma helada y perfectamente visibles .
—Nuestras mentes te han invocado —dijo Emilio, sin retroceder.
—Así ha sido —respondió la figura.
El terror no provenía de lo que se veía, sino de lo que se sentía: la presencia traía consigo algo más antiguo y profundo que la conversación de esa noche. No era sólo el pensamiento colectivo lo que la había atraído; venía por algo más. El aire se volvió eléctrico; los ojos parecían arder. Y entonces, lentamente, la imagen se disolvió en la nada, dejando la terraza tal como estaba, sin rastro, como si todo hubiera sucedido en una realidad paralela que apenas rozó la nuestra.
Nadie pudo confirmar si fue visión, fenómeno psíquico o algo real que se retiró. La duda permaneció, silenciosa y persistente: ¿cuánto de lo que ocurre tras esas puertas tiene lugar en el mundo que conocemos, y cuánto en otro que apenas empezamos a intuir?
El francmasón Baltasar Torón y la mujer diabólica que vino de las sombras
Hay otro relato, aún más inquietante, que se cuenta en voz muy baja en logias. El protagonista, a quien llamaremos Baltasar Torón —no es su nombre verdadero, y lo protejo por respeto a quienes aún lo recuerdan—, era un hermano que un día lo tuvo todo y luego lo perdió.
Lo encontré una tarde frente a la farmacia, cerca de la Logia de los Lerma, en Guadalupe, Nuevo León. Me dijo que el Gran Arquitecto del Universo había escuchado sus súplicas, y que buscaba algo más que consejo: quería contactar fuerzas que, según creía, podían devolverle su fortuna. Le advertí del peligro, pero insistió. Le hablé de un plano paralelo, del mundo astral, de lo que podía encontrar allí… y de lo que podía perder.
Días después volvió a verme: había establecido contacto.
—No pude hablar de mis asuntos de pedirle favores a esa entidad diabólica —me confesó—. Ella apareció antes. Era hermosa… demasiado hermosa.
—Era Lilith —le dije—. La primera, la que huyó del Edén.
Sonrió, pero en sus ojos se apagó la luz. Algo se había instalado en él y no se iría fácilmente. Le escribí via WhatsApp entonces, y le envié, una advertencia que guardaba la esencia de ese encuentro:
Lo que me contó fue que Esa noche, que algo extraño llenó el ambiente. De pronto todo silencia. Un aroma desconocido impregna la habitación, y ella apareció: Le dije esa es Lilith, la que no pertenece a la muerte, la que salió del Paraíso buscando lo que no halló junto a Adán. Se acerca, se sienta a tu lado, te susurra secretos que hielan la sangre y enloquecen la razón. Su piel vibra; su tacto despierta fuerzas que creías dormidas. Te atrae, te envuelve, te consume. Se dice que quien logre dominarla reinará sobre la tierra, pero nadie lo ha logrado jamás. Ella será tuya sólo mientras ella quiera. Disfrútala, pero no te dejes atrapar. Porque una vez que se va… regresa cuando menos lo esperas.
Baltasar asintió. Sabía que ella volvería. Y volvió.
La memoria de Lilith: antes del primer Templo
Antes de Sumeria, antes de reyes y de leyes, Adán soñó a su compañera. La diseñó con todo detalle: estatura, rasgos, mirada, voz. Y Jehová se la entregó: perfecta, hecha de su misma sustancia, sin necesidad de recarga ni reposición, dotada de belleza que dejó a los ángeles asombrados. Los primeros días fueron de dicha sin igual. Pero la perfección ajena pronto reveló su sombra: en sus ojos brillaba el orgullo, y en su naturaleza, la voluntad propia. No aceptó subordinación. Se fue.
Desde entonces recorre los mundos, madre de los seres de la noche: íncubos, súcubos, los lilim que se alimentan de energía vital. Ella y su descendencia rechazan al Creador y a Adán, transformando el amor en rencor. Se dice que la primera Logia se formó en el Edén mismo: Jehová, Adán, Lilith , y los hijos de la primera pareja y la Serpiente, sentados juntos para trazar el destino de la humanidad. Y si la Orden nació allí, ¿qué secretos originales custodian sus cimientos?
El final del hermano Torón
Poco después, Baltasar falleció. Justo antes de recibir un cargo de gran peso en el gobierno, viviendo ya en la miseria, en una bodega sombría. Se fue de este mundo sólo. Ella, se dice, lo llevó consigo a su reino entre dimensiones. Lo que buscó con ansia lo encontró: no riqueza, ni poder, sino un vínculo que lo arrastró más allá de la vida.
¿Fue su propia voluntad la que lo atrajo? ¿O algo más antiguo que aprovechó su desesperación? La pregunta queda flotando, como tantas cosas en Masonería, sin respuesta escrita.
Esta publicación explora el lado oculto y paranormal de la Masonería: fenómenos inexplicables que ocurren en Logias y que se callan por temor a revelar que la Orden guarda vínculos con fuerzas que trascienden la realidad cotidiana. Narra el encuentro de un grupo de hermanos con una presencia que se manifiesta tras hablar de Lucifer, y la historia trágica de Baltasar Torón, quien busca resolver sus problemas contactando a seres del plano astral y encuentra a Lilith, la primera esposa de Adán, cuya leyenda se cuenta desde el Edén como ser de belleza y peligro. Se sugiere que la primera Logia nació en el Paraíso mismo, y que Lilith, al no someterse, se convirtió en fuerza que arrastra a quienes la buscan. Baltasar muere en la miseria, llevado por la presencia que convocó. La enseñanza final es que hay conocimientos que no se revelan a la ligera, y que tras las puertas cerradas de la Masonería puede guardarse algo mucho más antiguo y poderoso que cualquier doctrina: la verdad sobre lo que nos rodea y no vemos.
Alcoseri