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Orlando Palacios

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Aug 30, 2026, 10:34:21 PMAug 30
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El Monstruo que fue despertado por Masones
 
Bajo la advertencia que todo verdadero Iniciado lleva grabada en el alma…
 
Dicen los antiguos que la Masonería tiene dos enemigos visibles: la tiranía que la persigue desde fuera, y la superstición que la corroe desde dentro. La primera se reconoce fácilmente; la segunda, en cambio, suele vestirse de celo, de sabiduría y de fervor. Y es precisamente bajo esa máscara donde hace más daño. Esta historia nos enseña que hay puertas que no se abren con la ciencia, sino con la humildad; y fuerzas que no se dominan por el conocimiento, sino por la prudencia.
 
 
Los Cuatro Viajeros Masones
 
En una Logia de tiempos remotos trabajaban cuatro hermanos masones que habían estudiado las siete artes liberales y las ciencias herméticas con los maestros más eminentes de su tiempo. Tres de ellos, Eudoxio, Agatón y Teofrasto, se tenían por sabios consumados. El cuarto, Amias, no ostentaba tantos títulos ni citaba a los antiguos sabios con la misma facilidad, pero poseía algo que los otros no: la sabiduría de la prudencia.
 
Al salir a recorrer los Orientes, los tres eruditos miraban a Amias con condescendencia. “No comprende la profundidad de lo que hemos aprendido”, decían entre sí. Intentaron que regresara a su hogar, pero él permaneció firme:
—Donde van mis hermanos masones, voy yo. No por igualar su ciencia, sino por acompañarlos con mi comprensión.
 
Lo dejaron seguir, pero lo excluyeron de sus deliberaciones importantes. Creyeron que su presencia rebajaba la altura de sus conocimientos.
 
 
 
La Pirámide Olvidada
 
Caminando por tierras antiguas, hallaron la entrada de una pirámide medio enterrada. Al descender, encontraron una cripta sellada y, en su centro, un sarcófago de piedra pesada. Al abrirlo, vieron los restos de un antiguo rey hierofante: huesos, vendas deshechas y polvo que un día fue carne y poder.
 
Eudoxio señaló con gesto seguro:
—Percibo quién fue: un soberano que dominaba fuerzas que hoy se han olvidado.
 
Agatón añadió con voz de quien recita una fórmula:
—Conozco el arte de devolverle a su forma visible.
 
Y Teofrasto cerró el círculo:
—Y yo poseo el secreto de insuflarle vida. Él nos enseñará lo que ningún libro dice.
 
En ese instante, Amias el francmasón prudente los tomó del brazo con firmeza:
—Hermanos, deteneos. Lo que yace aquí no es conocimiento dormido: es fuerza que fue contenida por algo más grande que la ciencia. Si lo despertáis sin saberlo gobernar, nos destruirá.
 
Los tres sabios sonrieron con lástima:
—Temes lo que no comprendes. Quédate si quieres; nosotros avanzamos.
 
 
 
La Lección que Costó Todo
 
Comenzaron los ritos. Repitieron las palabras, trazaron los signos, concentraron su voluntad. Y la forma del Rey Hierofante se reconstituyó: la carne volvió a los huesos, la respiración retornó al pecho, los ojos se abrieron… y en ellos brilló algo que no era luz, sino fuego devorador.
 
—¿Por qué me despertasteis? —tronó la voz que no había sonado en siglos—. ¿Quiénes sois para romper mi reposo?
 
Los tres eruditos intentaron dominarlo, pero sus fórmulas se quebraron como ramas secas. El ser cayó sobre ellos con furia incontenible. Amias, comprendiendo que la ciencia no podía vencer lo que la prudencia había advertido, salió de la cripta, arrastró la pesada puerta de piedra y la aseguró desde fuera. Los gritos cesaron tras el muro.
 
Regresó sólo a su Logia. No se vanaglorió ni explicó en detalle lo ocurrido. Sólo dijo:
—Creen saberlo todo quienes no saben que hay límites que la sabiduría respeta. Lo que no se comprende, no se debe forzar.
 
 
 
La Superstición que Se Hace Pasar por Sabiduría
 
Y he aquí lo que debemos ver: la superstición no es sólo creer en duendes o presagios. Es creer que se posee el dominio sobre fuerzas que no se comprenden. Y dentro de la propia Masonería, hay quienes confunden el ritual con el poder, la repetición con la sabiduría y el celo masónico con la verdad. Esa es la superstición más peligrosa: la que se disfraza de ortodoxia, de fidelidad a la Orden, de conocimiento exclusivo.
 
- Quien dice “sólo así se hace” sin saber por qué, no es fiel: es supersticioso.
- Quien cree que las palabras mágicas lo resuelven todo, no conoce la esencia: sólo la forma.
- Quien se siente dueño de secretos para dominar, no es masón: es ignorante con mandil.
 
La verdadera ciencia masónica comienza cuando reconocemos que no todo debe ser desvelado, y que hay puertas que se dejan cerradas no por miedo, sino por respeto. La ignorancia que se cree sabia es la más destructiva de todas.
 
 
 
Conclusión — Directa y Sin Pelos en la Lengua
 
Escúchalo bien, hermano masón o no masón:
 
El monstruo no estaba en la cripta: estaba en la soberbia de creer que podían dominar lo que no habían aprendido a respetar.
 
Hay muchos dentro de nuestras propias Logias que confunden la arrogancia con el conocimiento y la superstición con la tradición. Creen que por repetir lo que oyeron, ya lo poseen. Se creen poderosos porque dominan palabras, cuando en realidad no dominan ni sus propios impulsos.
 
La puerta que se cierra a tiempo salva más vidas que la que se abre por curiosidad. Y el verdadero sabio no es quien todo lo puede: es quien sabe cuándo no debe.
 
Que así quede grabado en el corazón de cada hermano.
Alcoseri


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